Versículo destacado

Ezequiel 36:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" También tú, hijo de hombre, profetiza a los montes de Israel y di: «Montes de Israel, escuchen la palabra del SEÑOR». "

Ezequiel 36:1

menu_book El versículo en contexto

1 También tú, hijo de hombre, profetiza a los montes de Israel y di: «Montes de Israel, escuchen la palabra del SEÑOR».

2 Así dice el Señor DIOS: «Porque el enemigo ha dicho contra ustedes: “¡Ajá! Hasta los antiguos lugares altos han pasado a ser posesión nuestra”».

3 Por tanto, profetiza y di: «Así dice el Señor DIOS: Porque los han dejado desolados y los han devorado por todos lados, para que fueran posesión del resto de las naciones; y ustedes han estado en labios de los habladores y se han convertido en infamia del pueblo».

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Al profeta se le había dicho que se volviera hacia los montes de Israel y profetizara contra ellos (Ezequiel 6:2). Entonces Dios venía a contender con su pueblo, pero ahora regresaba a ellos con misericordia; por eso Ezequiel debía dirigir a esos montes palabras buenas y consoladoras (Ezequiel 36:1, Ezequiel 36:4). Dios les habla a los montes y, por medio de ellos, a las colinas, los ríos, los valles, los lugares arruinados y las ciudades desiertas, para que escuchen su palabra (Ezequiel 36:4, Ezequiel 36:6). El pueblo había sido dispersado en todas direcciones, y no quedaba nadie allí a quien dirigirse, excepto la tierra misma, que los babilonios no se habían llevado. La tierra permanece para siempre.

Para mostrar la misericordia que Dios había reservado para su pueblo, habla como si todavía conservara una bondad serena hacia la tierra. Si el SEÑOR hubiera tenido la intención de abandonarla para siempre, no la habría llamado a escuchar su palabra ni le habría hecho promesas como esas. Aquí vemos, en primer lugar, la compasión de Dios por la tierra de Israel en su estado arruinado. Se había convertido en presa y en motivo de burla para las naciones vecinas (Ezequiel 36:4). Era una presa porque todos se enriquecían con su saqueo. Cuando Babilonia conquistó a Israel, sus vecinos se apresuraron como quienes saquean un barco naufragado: cada uno tomó lo que pudo (Ezequiel 36:3). Te dejaron desolada y te devoraron por todos lados, hasta convertirte en posesión de las naciones y de los pocos que apenas habían escapado de una ruina semejante. A nadie le parecía mal despojar a un israelita. Como suele suceder, elogiaban el éxito y despreciaban el fracaso.

La tierra también se convirtió en motivo de burla para ellos. Se llevaron todo y después se rieron de lo que habían hecho. El enemigo decía: «¡Ajá! Hasta los antiguos lugares altos son nuestros» (Ezequiel 36:2). Ni la antigüedad de la tierra, ni su honor, ni su santidad, ni sus defensas pudieron protegerla. Cuanto más honrada había sido esa tierra y cuanto más la habían admirado las personas, mayor era el placer que sus enemigos encontraban en saquearla. Eso muestra un espíritu vil y mezquino, porque cuanto mayor es la gloria anterior, más dolorosa resulta la caída. Dios menciona esto como parte de la miseria presente de Israel: hablaban de ellos por todas partes y los trataban como una vergüenza entre las naciones (Ezequiel 36:3). En toda la región se hablaba de la caída de Judá, y casi siempre se agregaba algún comentario mordaz o burlón. Eran el objeto de la burla de quienes vivían cómodamente y del desprecio de los orgullosos (Salmo 123:4). Las personas que siempre tienen algo que decir sobre los demás, pero nunca nada amable, se aseguraron de que el pueblo de Dios fuera motivo de reproche público. Así también sucedió con el cristianismo en sus épocas de sufrimiento, cuando se hablaba de él con desprecio en todas partes.

En segundo lugar, vemos la justa ira de Dios contra quienes celebraron la ruina de Israel, especialmente los pueblos vecinos que quedaban y Edom. Se apoderaron de grandes partes de la tierra del pueblo de Dios, y esa tierra es llamada «mi tierra» porque verdaderamente le pertenecía a él (Ezequiel 36:5). No se limitaron a apoderarse de la propiedad de un vecino; metieron las manos en lo que era posesión del propio Dios. Era tierra santa, y ellos pusieron sobre ella sus manos codiciosas. No reconocieron que Dios todavía tuviera algún derecho allí y actuaron como si la hubieran ganado legítimamente en una guerra. Lo hicieron sin temor de Dios, sin considerar sus juicios y sin compadecerse del sufrimiento de Israel. Se alegraron porque habían ganado tierras y odiaron a Israel porque Israel había perdido. Para un corazón dominado por el mundo, obtener ganancias de cualquier manera es motivo suficiente de alegría. Para un corazón rencoroso, también lo es el sufrimiento de otra persona. Quienes no tuvieron la oportunidad de saquear al pueblo de Dios, al menos se burlaron de él, y así Israel se convirtió en una vergüenza entre las naciones (Ezequiel 36:6). Todos se reían de ellos. Es cierto que Israel había provocado gran parte de esto por su propio pecado, de modo que Dios tenía razón al juzgarlo. Aun así, las naciones actuaron con crueldad.

¿Cómo responderá Dios a quienes abusaron de su pueblo con palabras y acciones? Ha hablado contra las naciones y ha dictado sentencia contra ellas. Tratará con ellas en el fuego de sus celos, por su propio honor y por el honor de su pueblo (Ezequiel 36:5). Su amor por ambos es fuerte, y también lo es su preocupación por su buen nombre. Ellas hablaron contra el pueblo de Dios con malicia, y Dios hablará contra ellas con celo. No hay duda de cuál voz es más poderosa. Hablará con celo y furia (Ezequiel 36:6). Dios no es una criatura dominada por las pasiones, pero actuará contra ellas con tal fuerza que será tan severo como la furia humana. Les hablará con ira y las afligirá con su intensa indignación. Lo que dice es definitivo, porque lo confirma con un juramento. Ha levantado su mano y ha jurado por sí mismo, y no cambiará de parecer.

¿Y cuál es esta promesa tan firme y declarada con tanto cuidado? Es esta: las naciones que rodean a Israel cargarán con su propia vergüenza (Ezequiel 36:7). Dios, que es justo y a quien pertenece la venganza, devolverá vergüenza por vergüenza. Quienes derramaron desprecio sobre el pueblo de Dios, tarde o temprano cargarán con ese mismo desprecio, quizá incluso en esta vida por causa de su propia necedad o de sus dificultades, y, a más tardar, el día en que todos los que se niegan a arrepentirse resuciten para vergüenza y desprecio eterno.

En tercer lugar, vemos las promesas de favor de Dios hacia Israel y la certeza de que todavía les esperaba una gran misericordia. Dios usa los insultos y la crueldad de sus enemigos como una ocasión para mostrar cuánto le importan y cuán dispuesto está a hacerles bien. David esperaba que Dios le devolviera bienes en lugar de la maldición de Simei, y aquí aparece el mismo patrón. Que ellos maldigan, pero tú bendice. De esta manera, como en otras, incluso las heridas causadas por los enemigos de Dios pueden servir para el bien de su pueblo, aunque sus enemigos nunca tengan esa intención. No tenemos razón para quejarnos si, cuanto menos amables son las personas con nosotros, más bondadoso es Dios; si, cuanto más lleno de gracia nos habla por medio de su palabra y de su Espíritu, más lleno de gracia actúa a nuestro favor en su providencia.

El profeta debía decirles a los montes de Israel, ahora arruinados y despreciados, que Dios estaba a favor de ellos y que cuidaría de ellos (Ezequiel 36:9). Así como la maldición de Dios alcanza la tierra a causa del pecado humano, también su bendición puede alcanzarla. Lo que sigue es una promesa de esperanza para la tierra y para el pueblo.

Los verdaderos dueños regresarían a la tierra. Dios dice: «Mi pueblo Israel está cerca de regresar» (Ezequiel 36:8). Podían estar lejos de su propio país, dispersos por muchas tierras y retenidos por sus enemigos, pero regresarían a su propio territorio (Jeremías 31:17). Se dice que el tiempo estaba cerca porque era seguro que llegaría, y algunos de ellos vivirían para verlo. Mil años son como un día para Dios.

Los montes de Israel estaban desolados, pero Dios haría que la gente volviera a caminar sobre ellos, especialmente su propio pueblo. No pasarían por allí como viajeros, sino que vivirían allí como residentes y dueños. Poseerían la tierra, no solo por un tiempo breve, sino para ellos y para sus hijos. Sería su herencia. Esto señalaba hacia la Canaán celestial, el hogar final de todo el pueblo verdadero de Dios, reunido de todos los lugares donde había sido dispersado.

En segundo lugar, la tierra les proporcionaría una vida abundante y tranquila. Después de haber descansado durante tantos años sabáticos, sería más fértil, pues el descanso suele preparar el camino para recuperar nuevas fuerzas, especialmente el descanso sabático. «Serán cultivados y sembrados» (Ezequiel 36:9), y producirían su fruto para el pueblo de Dios, Israel (Ezequiel 36:8). Es una bendición para la tierra servir bien a las personas, especialmente a quienes viven rectamente y usan sus dones para servir a Dios con alegría.

En tercer lugar, Israel no tendría solamente alimento, sino que volvería a tener un hogar estable. «Las ciudades serán habitadas y las ruinas serán reconstruidas» (Ezequiel 36:10). Dios dice: «Los estableceré como en sus tiempos antiguos» (Ezequiel 36:11). Su propio pecado los había arrojado al desorden, pero ahora el favor de Dios los pondría nuevamente en su lugar. Como el hijo pródigo arrepentido, serían restaurados a la casa de su padre, y aun en mejores condiciones que antes. Con frecuencia, Dios da a su pueblo más consuelo al final del camino que el que tenía al principio.

En cuarto lugar, después de regresar, crecerían y se multiplicarían. Así, la tierra no solo volvería a estar habitada, sino que también quedaría bien poblada, como antes. Dios traería de regreso a «toda la casa de Israel, todos ellos» (Ezequiel 36:10). Ese énfasis muestra que quienes regresarían serían el verdadero remanente de Israel, el pueblo al que Dios había impulsado a volver. Aunque al principio regresaron solo unos pocos, después llegaron otros, hasta que todos fueron reunidos nuevamente. Entonces Dios dice: «Multiplicaré a las personas y a los animales» (Ezequiel 36:10), y «se multiplicarán» (Ezequiel 36:11). El reino de Dios sigue creciendo. Su iglesia puede disminuir por un tiempo, pero se recuperará y volverá a llenarse.

En quinto lugar, la antigua vergüenza asociada con la tierra será quitada. Mucho tiempo atrás, los espías malvados habían difundido un mal informe; y, más recientemente, ese informe había vuelto a circular: decían que la tierra era una tierra que se devoraba a sus habitantes por medio del hambre, las enfermedades y la guerra. Canaán se había ganado una mala reputación. En una ocasión había «vomitado» a sus antiguos habitantes (Levítico 18:28), y quienes debieron haberlo entendido correctamente habían tergiversado ese hecho para convertirlo en un motivo de reproche (Números 13:32). Más recientemente, también había «devorado» a los israelitas y los había expulsado.

Pero Dios promete que eso nunca volverá a suceder. «Ya no te quedarás sin hijos», dice, y «ya no devorarás más a los seres humanos» (Ezequiel 36:12, 14). Las personas vivirán todos sus años; sus vidas no serán truncadas. Compárese esto con la promesa de Zacarías 8:4. Dios quita la vergüenza de su pueblo al eliminar la causa de esa vergüenza. Cuando una nación prospera en paz, abundancia y fortaleza, cesa la burla de las demás naciones (Ezequiel 36:15). Y cuando Dios transforma a un pueblo, quitando el pecado mismo, que es la verdadera vergüenza de cualquier pueblo —especialmente de su pueblo que profesa seguirlo—, entonces desaparece su reproche. Cuando Dios vuelve con misericordia a un pueblo que ha vuelto a él con obediencia, sus dificultades pronto serán remediadas y su honor será restaurado.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Ezequiel 36:1 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.