Versículo destacado
Éxodo 38:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Hizo el altar del holocausto de madera de acacia. Medía cinco codos de largo y cinco codos de ancho; era cuadrado y medía tres codos de alto. "
Éxodo 38:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Hizo el altar del holocausto de madera de acacia. Medía cinco codos de largo y cinco codos de ancho; era cuadrado y medía tres codos de alto.
2 Hizo sus cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos formaban una sola pieza con el altar, y lo recubrió de bronce.
3 Hizo todos los utensilios del altar: los calderos, las palas, los tazones, los tenedores para la carne y los braseros. Hizo de bronce todos sus utensilios.
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Bezalel había terminado el trabajo de oro que, aunque era la parte más valiosa, estaba destinada a ser la menos visible, dentro del tabernáculo. Ahora pasó a construir el atrio, que permanecía abierto y a la vista de todos. El atrio contaba con dos elementos, y ambos estaban hechos de bronce.
En primer lugar, estaba el altar del holocausto (Éxodo 38:1-7). Allí se ofrecían todos sus sacrificios. Puesto que Dios lo había destinado para ese propósito, el altar apartaba la ofrenda presentada con fe y la hacía aceptable. Cristo fue el altar de su propio sacrificio de expiación, es decir, la ofrenda que aparta el juicio de Dios contra el pecado; y también es el altar de todas nuestras ofrendas de alabanza y agradecimiento. Cuando las presentamos, debemos acudir a él, así como Dios mira a Cristo cuando las acepta.
En segundo lugar, estaba la fuente, un recipiente para contener el agua con la que los sacerdotes se lavaban al entrar a servir (Éxodo 38:8). Esto señalaba la provisión del evangelio en Cristo para limpiar nuestra alma de la suciedad moral del pecado por medio de sus méritos y su gracia, de modo que podamos estar preparados para servir al Dios santo con deberes santos. El texto dice que esta fuente fue hecha con los espejos de las mujeres que se reunían a la entrada del tabernáculo.
Al parecer, estas mujeres eran especialmente devotas y daban un ejemplo de adoración, pues acudían con más frecuencia y con mayor fervor que las demás. El texto las honra por ello. Más adelante, Ana fue así: no se apartaba del templo, sino que servía a Dios con ayunos y oraciones de día y de noche (Lucas 2:37). En todas las épocas de la iglesia, algunas personas se han distinguido por una devoción seria y ferviente, y esa devoción también las ha hecho destacar. Las mujeres devotas son verdaderamente dignas de honor (Hechos 13:50), y no dejan de serlo porque quienes se burlan de ellas las consideren necias.
Es probable que estas mujeres también demostraran su fervor ayudando en la obra que se realizaba para el tabernáculo. Se reunían en grupos, como parece indicar el texto. Era hermoso ver a tantas mujeres deseosas de participar y unidas en una buena obra. Entregaron sus espejos, hechos de bronce fino y pulido para usarlos, al servicio del tabernáculo.
Las mujeres que se enorgullecen mucho de su belleza, que están enamoradas de su propio reflejo y que hacen de la ropa y la apariencia exterior su principal forma de belleza, difícilmente renunciarían a sus espejos. Sin embargo, estas mujeres se los ofrecieron a Dios. Tal vez lo hicieron como señal de arrepentimiento por haberlos usado mal anteriormente, pues los espejos habían alimentado su orgullo y vanidad. Ahora que habían reconocido su necedad y se habían entregado al servicio de Dios en el tabernáculo, renunciaron a algo que, aunque útil en sí mismo, se había convertido en una trampa para el pecado. De esa manera fueron como María Magdalena, quien había sido pecadora y, al arrepentirse, enjugó los pies de Cristo con su cabello.
También pudieron haberlo hecho como señal de un fuerte fervor por la obra del tabernáculo. En vez de permitir que faltara bronce, o que faltara el mejor bronce, estuvieron dispuestas a entregar sus espejos, aunque todavía podían necesitarlos. El servicio y la honra de Dios siempre deben estar por encima de nuestra comodidad o conveniencia. Nunca debemos quejarnos por carecer de algo si podemos honrar a Dios al renunciar a ello.
Estos espejos se usaron para hacer la fuente. Tal vez fueron unidos hábilmente, o quizá se fundieron para volver a moldearlos. También es posible que la fuente se puliera con tanto brillo que sus lados siguieran funcionando como espejos. De ese modo, cuando los sacerdotes llegaban a lavarse, podían ver sus rostros, notar las manchas y lavarlas hasta quedar limpios.
Aquí encontramos una enseñanza sobre el arrepentimiento. Al lavarnos mediante el arrepentimiento, necesitamos el espejo del autoexamen. La palabra de Dios es ese espejo, y en ella podemos vernos tal como somos (Santiago 1:23). Debemos comparar con ella nuestro corazón y nuestra vida, reconocer nuestras manchas y luego lavarlas con profundo dolor y con fe en la sangre de Cristo para la limpieza de nuestra alma. Por lo general, cuanto más cuidadosamente confesamos nuestros pecados, mayor consuelo encontramos al saber que han sido perdonados.
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De este capítulo
Éxodo 38:2
"Hizo sus cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos formaban una sola pieza con el altar, y lo recubrió de bronce."
Éxodo 38:3
"Hizo todos los utensilios del altar: los calderos, las palas, los tazones, los tenedores para la carne y los braseros. Hizo de bronce todos sus utensilios."
Éxodo 38:4
"Hizo para el altar una rejilla de bronce en forma de red, debajo de su borde, desde abajo hasta la mitad del altar."
Éxodo 38:5
"Fundió cuatro anillos para los cuatro extremos de la rejilla de bronce, a fin de que sirvieran de soportes para las varas."
Éxodo 38:6
"Hizo las varas de madera de acacia y las recubrió de bronce."
Éxodo 38:7
"Metió las varas por los anillos que estaban a los lados del altar, para transportarlo con ellas. Hizo el altar hueco, con tablas."
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