Versículo destacado
Éxodo 34:5 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y el SEÑOR descendió en la nube, estuvo allí con él y proclamó el nombre del SEÑOR. "
Éxodo 34:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Que nadie suba contigo, ni se vea a nadie en todo el monte; tampoco dejes que los rebaños ni el ganado pasten delante de ese monte.
4 Y él cortó dos tablas de piedra como las primeras; Moisés se levantó muy de mañana y subió al monte Sinaí, tal como el SEÑOR le había mandado, llevando en su mano las dos tablas de piedra.
5 Y el SEÑOR descendió en la nube, estuvo allí con él y proclamó el nombre del SEÑOR.
6 Y el SEÑOR pasó por delante de él y proclamó: El SEÑOR, el SEÑOR Dios, misericordioso y compasivo, lento para la ira y abundante en bondad y verdad,
7 que conserva la misericordia para millares, perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y de ningún modo tendrá por inocente al culpable; visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación.
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Apenas Moisés llegó a la cima del monte, Dios se encontró allí con él (Éxodo 34:5). El SEÑOR descendió con una señal visible de su presencia y gloria. Su descenso muestra su humildad: se inclina para prestar atención a quienes se humillan y caminan con él (Salmo 113:6).
Descendió en la nube, probablemente la misma columna de nube que había guiado a Israel y que se había encontrado con Moisés en el tabernáculo el día anterior. Esa nube tenía el propósito de llenar a Moisés de reverencia, para que la estrecha amistad que Dios le permitía tener con él no se convirtiera en una familiaridad descuidada. Incluso los discípulos tuvieron miedo cuando entraron en la nube. Dios hizo de la nube su cobertura para mostrar que, aunque revela mucho de sí mismo, todavía hay mucho que mantiene oculto.
Observemos cómo Dios proclamó su nombre al pasar delante de Moisés. En esta vida, no se nos conceden visiones claras y completas de Dios; esa plenitud está reservada para la vida venidera. Lo mejor que tenemos ahora son momentos breves y pasajeros. Dios estaba cumpliendo lo que había prometido el día anterior: que su gloria pasaría delante de Moisés (Éxodo 33:22). Proclamó el nombre del SEÑOR, el nombre por el cual se da a conocer.
Dios ya le había mostrado a Moisés la gloria de su propia existencia y autosuficiencia cuando dijo: «Yo soy el que soy». Ahora le muestra la gloria de su gracia, su bondad y su completa suficiencia para nosotros. Está a punto de volver a dar la ley, y comienza con esta proclamación porque es su gracia y su bondad las que dan la ley, especialmente la ley que ofrece una solución para el pecado. El pecado de Israel al adorar el becerro estaba a punto de ser perdonado, y Dios quería que supieran que los perdonaba libremente, solo porque él había decidido perdonarlos, no porque lo merecieran.
Esta proclamación también muestra el amplio alcance de la misericordia de Dios. Él no solo es bueno con Israel, sino con todos, y todos deben prestar atención a ello. Todo el que tenga oídos debe escuchar, conocer y creer.
Primero, el Dios con quien tratamos es un Dios grande. Él es Jehová, el SEÑOR, quien existe por sí mismo y es la fuente de todo lo que existe. Él es Jehová Dios, el Dios fuerte, la fuente original de todo poder. Este título aparece antes de la manifestación de su misericordia para enseñarnos a pensar y hablar de su gracia con profundo respeto y santo temor. También nos anima a confiar en esas misericordias. No son las misericordias de un ser humano frágil y cambiante, sino las misericordias del SEÑOR Dios: misericordias seguras y soberanas en las que podemos confiar, pero que nunca debemos tomar a la ligera.
Segundo, él es un Dios bueno. Su grandeza y su bondad brillan con mayor claridad cuando las vemos juntas. Su grandeza podría llenarnos de temor, por eso se nos dice cuán bueno es. Su bondad podría hacernos descuidados, por eso se nos dice cuán grande es. Aquí se usan muchas palabras para mostrarnos y convencernos de la bondad de Dios, y para enseñarnos que su bondad es tanto su gloria como su deleite.
Él es misericordioso. Esto significa que siente una compasión tierna, como la de un padre hacia sus hijos. Esta cualidad aparece primero porque es el primer momento decisivo en toda la bondad de Dios hacia los seres humanos caídos, cuya miseria los convierte en objeto de compasión (Jueces 10:16; Isaías 63:9). Por eso no debemos pensar mal de Dios ni endurecer nuestro corazón hacia los demás.
Él es clemente. Esto significa que es libre y bondadoso al dar el bien. No solo siente compasión por sus criaturas, sino que se complace en hacerles bien, y lo hace por su propia voluntad, no por algo que encuentre en ellas. Su misericordia es gracia gratuita. Esto nos enseña a ser no solo compasivos, sino también considerados y amables (1 Pedro 3:8).
Él es paciente. Esta parte de la bondad de Dios se ve especialmente cuando los pecadores actúan con maldad, como había sucedido con Israel. Ellos habían puesto a prueba su paciencia y habían comprobado que era verdadera. Él es lento para la ira. Retrasa el juicio, espera para mostrar gracia y da más tiempo a la misericordia.
Él es abundante en bondad y verdad. Esto significa que su bondad es rica y desbordante, mucho más allá de lo que merecemos o incluso de lo que podemos comprender o expresar. Las fuentes de su misericordia siempre están llenas, y sus corrientes de misericordia siguen fluyendo. En Dios hay misericordia suficiente para todos, para cada persona y para todos los tiempos. También significa que su bondad está respaldada por sus promesas. La bondad de Dios está unida a la verdad, de modo que su promesa la sostiene y su fidelidad la asegura. Él no solo hace el bien; también promete el bien y se compromete a mostrar misericordia.
Él guarda misericordia para miles. Esto significa que su misericordia alcanza a miles de personas. Cuando muestra misericordia a algunos, todavía conserva misericordia para otros y nunca se queda sin ella. Tiene misericordia suficiente para todos los miles de Israel, aun cuando lleguen a ser tan numerosos como la arena. También significa que su misericordia continúa por miles de generaciones, incluso hasta quienes viven en el fin de los tiempos. Su alcance llega hasta la eternidad.
Él perdona la maldad, la rebelión y el pecado. La misericordia que perdona se menciona aquí porque la gracia de Dios se muestra con mayor claridad en el perdón. Además, el perdón es la puerta por la que llegan todos sus otros dones, y Dios acababa de dar una prueba contundente de ello. Él perdona toda clase de ofensa. Multiplica sus perdones, y en él hay abundante redención.
Tercero, él también es un Dios justo y santo. De ninguna manera dejará sin castigo al culpable. Algunos entienden esto en el sentido de que, aun cuando castiga, no destruye por completo; es decir, no trae el juicio más severo hasta que ya no queda ningún remedio. Tal como está expresado, significa que no pasará por alto la culpa como si no viera el pecado. También puede significar que no declarará inocentes a los culpables que no se arrepienten, a quienes persisten en sus pecados. No perdonará la culpa sin que se satisfaga su justicia y sin sostener el honor de su gobierno.
Él castiga la maldad de los padres en los hijos. Tiene derecho a hacerlo porque todas las almas le pertenecen, y porque el pecado tiene un poder corruptor que se extiende por las familias. A veces lo hace, especialmente al juzgar a quienes practican la idolatría. De esta manera muestra cuánto aborrece el pecado y cuánto le desagrada. Sin embargo, no conserva su enojo para siempre, sino que limita este castigo a la tercera y cuarta generación, mientras conserva su misericordia para miles. Este es el nombre de Dios para siempre y así será recordado en cada generación.
Parece que Moisés recibió esta declaración como una respuesta suficiente a su petición de que Dios le mostrara su gloria. No leemos que entrara en la hendidura de la roca para intentar ver la espalda de Dios.
Tal vez esto fue suficiente para Moisés y no quiso saber más. No leemos que Tomás haya metido la mano en el costado de Cristo, aunque Cristo lo invitó a hacerlo. Después de que Dios proclamó su nombre de esta manera, Moisés parece haber dicho: «Es suficiente. Esperaré hasta el cielo para conocer más». Al menos, no consideró apropiado contarnos todo lo que vio.
Ahora se nos dice, primero, qué impresión produjo esto en él. Moisés se inclinó rápidamente para adorar (Éxodo 34:8). Con esto mostró una reverencia humilde ante la gloria de Dios y le dio el honor debido al nombre que acababa de proclamar. Incluso la bondad de Dios debe recibirse con profundo respeto y santo temor. También mostró alegría y gratitud por esta nueva revelación del carácter de Dios.
Tenemos buenas razones para agradecer a Dios por su bondad, no solo por la manera en que actúa, sino también por la manera en que habla de sí mismo en su Palabra. Debemos agradecerle no solo porque es clemente con nosotros y seguirá siéndolo, sino también porque se complace en permitirnos saberlo. Moisés también mostró una santa sumisión a la voluntad de Dios tal como había sido revelada. Aceptó tanto la justicia como la misericordia de Dios, y puso a Israel y a sí mismo bajo el gobierno y la dirección de este Dios que ahora se había dado a conocer. «Que este Dios sea nuestro Dios para siempre».
Segundo, se nos dice cómo Moisés usó lo que había aprendido. Inmediatamente lo convirtió en oración (Éxodo 34:9), y fue una oración ferviente y sincera. Oró por la presencia de Dios con Israel en el desierto, porque la presencia de Dios era indispensable para su seguridad y su éxito. También oró por perdón: «SEÑOR, perdona nuestro pecado y nuestra culpa, porque de otro modo no podemos esperar que vayas con nosotros». Además, pidió el privilegio de pertenecer de manera especial a Dios: «Tómanos como tu herencia, como el pueblo que reclamas, cuidas y en el que te deleitas».
Dios ya había prometido estas cosas y le había dado a Moisés seguridad acerca de ellas. Aun así, Moisés siguió orando por ellas, no porque dudara de la verdad de Dios, sino porque quería que esas promesas quedaran plenamente confirmadas. Las promesas de Dios tienen el propósito de guiar y estimular la oración, no de reemplazarla. Quienes por la gracia de Dios tienen una buena esperanza de que sus pecados han sido perdonados deben seguir orando por perdón, por la renovación de ese perdón y por una seguridad más clara de ello en su corazón.
Cuanto más vemos la bondad de Dios, más avergonzados deberíamos sentirnos por nuestros propios pecados y más deseosos deberíamos estar de participar de esa bondad. Dios acababa de decir que castigaría el pecado en los hijos, y Moisés le pide que detenga ese juicio: «Señor, no solo nos perdones a nosotros, sino también a nuestros hijos, y permite que nuestra relación de pacto contigo pase a ellos como una herencia». Así, Moisés demuestra un verdadero espíritu de solidaridad con el pueblo, pues intercede incluso por los hijos que todavía no han nacido.
Sin embargo, usa un argumento extraño: «Porque es un pueblo de dura cerviz» (Éxodo 34:9). Dios había usado esas mismas palabras como razón para no acompañarlos (Éxodo 33:3). En efecto, Moisés dice: «Sí, y precisamente por eso debes ir con nosotros, porque cuanto peor es el pueblo, más necesita tu presencia y tu gracia para cambiar». Moisés reconoce lo obstinados que son y siente que no tiene ni la paciencia ni la fuerza para tratar con ellos. Por eso dice: «Señor, tienes que ir en medio de nosotros; de lo contrario, nunca lograrán mantenerse en orden. Tú los perdonarás y tendrás paciencia con ellos, porque eres Dios y no un ser humano» (Oseas 11:9).
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De este capítulo
Éxodo 34:1
"Y el SEÑOR dijo a Moisés: Corta para ti dos tablas de piedra como las primeras, y yo escribiré sobre estas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas, las cuales rompiste."
Éxodo 34:2
"Prepárate para la mañana, sube por la mañana al monte Sinaí y preséntate allí ante mí, en la cima del monte."
Éxodo 34:3
"Que nadie suba contigo, ni se vea a nadie en todo el monte; tampoco dejes que los rebaños ni el ganado pasten delante de ese monte."
Éxodo 34:4
"Y él cortó dos tablas de piedra como las primeras; Moisés se levantó muy de mañana y subió al monte Sinaí, tal como el SEÑOR le había mandado, llevando en su mano las dos tablas de piedra."
Éxodo 34:6
"Y el SEÑOR pasó por delante de él y proclamó: El SEÑOR, el SEÑOR Dios, misericordioso y compasivo, lento para la ira y abundante en bondad y verdad,"
Éxodo 34:7
"que conserva la misericordia para millares, perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y de ningún modo tendrá por inocente al culpable; visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación."
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