Versículo destacado
Éxodo 15:22 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Moisés hizo partir a Israel del mar Rojo, y salieron al desierto de Shur. Anduvieron tres días por el desierto y no encontraron agua. "
Éxodo 15:22
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
20 Entonces Miriam, la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en la mano, y todas las mujeres salieron tras ella con panderos y danzas.
21 Y Miriam les respondió: Canten al SEÑOR, porque ha triunfado gloriosamente; al caballo y a su jinete arrojó al mar.
22 Moisés hizo partir a Israel del mar Rojo, y salieron al desierto de Shur. Anduvieron tres días por el desierto y no encontraron agua.
23 Cuando llegaron a Mara, no pudieron beber de las aguas de Mara porque eran amargas; por eso aquel lugar recibió el nombre de Mara.
24 Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos?
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Parece que a Moisés le costó lograr que Israel se alejara de la orilla donde acababan de entonar aquel gran cántico de alabanza. Estaban tan cautivados por lo que habían visto, por el cántico mismo o por recoger lo que podían de los cadáveres, que tardaban en seguir adelante. Moisés tuvo que sacarlos del mar Rojo y llevarlos al desierto. Las comodidades que encontramos en nuestro camino hacia Canaán, la tierra prometida, no deben retrasarnos. Más bien, deben impulsarnos a avanzar, aun cuando delante de nosotros haya un desierto.
Aquí se nos dice que en el desierto de Shur no encontraron agua (Éxodo 15:22). Fue una dura prueba para aquellos viajeros que apenas comenzaban su camino, y les quitó parte de la alegría de su triunfo. Dios los estaba preparando para enfrentar dificultades. David, en una tierra seca y sedienta donde no había agua, dirigió su mirada hacia Dios (Salmo 63:1).
En Mara encontraron agua, pero era amarga; tan amarga que, después de tres días sin agua, todavía no podían beberla (Éxodo 15:23). Tal vez tenía un sabor desagradable, era dañina para la salud o era tan salobre que aumentaba la sed en lugar de aliviarla. Dios puede convertir en amargo aquello que más esperábamos disfrutar, y muchas veces lo hace en este mundo. Lo hace para que nuestras necesidades y las decepciones que sufrimos con las cosas creadas nos impulsen hacia el Creador, en quien encontramos verdadero consuelo.
En medio de esta angustia, el pueblo se quejó y discutió con Moisés, como si él les hubiera hecho algún mal. Toda su queja se resumía en esto: «¿Qué beberemos?» (Éxodo 15:24). Quienes viven por lo que ven y no por la fe suelen convertir sus mayores esperanzas en sus temores más profundos. Lo que parecía alegría pronto se convirtió en tristeza.
Moisés oró. Clamó al Señor (Éxodo 15:25). Llevó ante Dios las quejas que el pueblo había llevado ante él, demostrando que, aun en su elevada posición, dependía de Dios en todo momento. Esto es un gran alivio para los gobernantes y ministros cuando las personas bajo su responsabilidad les hacen la vida difícil: pueden llevar el asunto a Dios en oración. Él es quien guía a los líderes de la iglesia, y los pastores que sirven bajo su autoridad deben acudir al Pastor principal en cada necesidad.
Dios respondió con bondad. Le mostró a Moisés un árbol, y cuando Moisés lo arrojó al agua, esta se volvió dulce de inmediato. Algunos piensan que la madera tenía un poder especial para ese propósito, porque la Escritura dice que Dios le mostró el árbol. Debemos honrar a Dios no solo por crear cosas útiles, sino también por mostrarnos cómo pueden ser útiles. Otros creen que el árbol fue únicamente una señal, no la causa del cambio, como la serpiente de bronce o el tazón de sal de Eliseo que fue arrojado a las aguas de Jericó. Algunos ven en este árbol una imagen de la cruz de Cristo, que endulza las aguas amargas del sufrimiento para todos los que confían en él y los ayuda a alegrarse aun en medio de las dificultades. La tradición judía dice que la madera misma era amarga, pero que hizo dulces las aguas de Mara. De la misma manera, la amargura del sufrimiento y la muerte de Cristo transforma el carácter de nuestros propios sufrimientos.
En esa ocasión, Dios también estableció claramente sus condiciones con ellos. Ahora que habían salido de Egipto y habían llegado al desierto, estaban bajo una prueba definida. Allí resolvió el asunto con ellos. Estableció un estatuto y una ordenanza, y los puso a prueba; es decir, los examinó y los trató como un pueblo cuya lealtad se demostraría. En resumen, les dijo lo que esperaba de ellos y lo que ellos podían esperar de él (Éxodo 15:26).
Lo que esperaba de ellos era sencillo: obediencia. Debían escuchar atentamente su voz y prestar atención a sus mandamientos, para conocer su deber y no pecar por ignorancia. Debían hacer lo recto ante los ojos de Dios y guardar todos sus estatutos. No debían pensar que, por haber sido liberados de Egipto, ya no tenían ningún amo. Al contrario, debían considerarse siervos de Dios, porque él había roto sus cadenas (Salmo 116:16; Lucas 1:74-75).
Esto es lo que podían esperar de él: «No traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios». Estas palabras también advertían que, si se volvían obstinados y desobedientes, las mismas plagas que habían visto sobre sus enemigos podían caer sobre ellos (Deuteronomio 28:60). Los juicios de Dios contra Egipto fueron misericordias para Israel, porque abrieron el camino para su liberación. Pero también fueron advertencias destinadas a humillar a Israel y conducirlo a la obediencia. Los israelitas no debían pensar que, porque Dios los había honrado grandemente y los había dado a conocer al mundo como su pueblo, él pasaría por alto sus pecados y les permitiría vivir como quisieran.
Dios no muestra favoritismo. Un israelita rebelde no tendría mejor suerte que un egipcio rebelde, y aprenderían esa lección a un alto costo antes de llegar a Canaán. Sin embargo, si obedecían, estarían seguros y serían bendecidos. La advertencia está implícita, pero la promesa es clara: «Yo soy el Señor, el que los sana». Él cuidaría de su bienestar adondequiera que fueran. Dios es el gran médico. Si conservamos la salud, es él quien nos mantiene bien; si nos recuperamos, es él quien nos restaura. Él es nuestra vida y quien prolonga nuestros días.
En Elim encontraron agua buena y en abundancia (Éxodo 15:27). Aunque Dios permita que su pueblo acampe por un tiempo junto a las aguas amargas de Mara, ese no será siempre su destino. La vida en este mundo cambia con frecuencia: de mejor a peor y de peor a mejor. Por eso debemos aprender a vivir con humildad cuando estamos en necesidad y a vivir correctamente cuando tenemos abundancia. Debemos alegrarnos como si no estuviéramos aferrados a la alegría cuando tenemos mucho, y llorar como si no fuéramos a permanecer para siempre bajo la tristeza cuando tenemos poco.
Había doce fuentes, una por cada tribu, para que no discutieran por el agua como en ocasiones lo habían hecho sus antepasados. También había setenta palmeras que ofrecían descanso y sombra, donde sus líderes podían sentarse al amparo de su follaje. Dios puede encontrar lugares de descanso y renovación para su pueblo aun en el desierto de este mundo. Él hace brotar fuentes en el valle de Baca, para que no desfallezcamos bajo un cansancio prolongado. Sin embargo, cualesquiera que sean las alegrías que encontremos en esta tierra por la que peregrinamos, debemos recordar que solo estamos acampando aquí por un tiempo. Aquí no tenemos una ciudad permanente.
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De este capítulo
Éxodo 15:1
"Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al SEÑOR. Dijeron: Cantaré al SEÑOR, porque ha triunfado gloriosamente; al caballo y a su jinete arrojó al mar."
Éxodo 15:2
"El SEÑOR es mi fuerza y mi canto, y se ha convertido en mi salvación. Él es mi Dios, y le prepararé una morada; es el Dios de mi padre, y lo exaltaré."
Éxodo 15:3
"El SEÑOR es un hombre de guerra; el SEÑOR es su nombre."
Éxodo 15:4
"Arrojó al mar los carros del faraón y su ejército; también sus capitanes escogidos se ahogaron en el mar Rojo."
Éxodo 15:5
"Los abismos los cubrieron; se hundieron hasta el fondo como una piedra."
Éxodo 15:6
"Tu mano derecha, SEÑOR, se ha hecho gloriosa en poder; tu mano derecha, SEÑOR, hizo pedazos al enemigo."
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