Versículo destacado
Éxodo 14:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando Faraón se acercó, los hijos de Israel alzaron los ojos y vieron que los egipcios marchaban tras ellos. Entonces sintieron muchísimo miedo, y los hijos de Israel clamaron al Señor. "
Éxodo 14:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 El Señor endureció el corazón de Faraón, rey de Egipto, y este persiguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel salieron con mano alzada.
9 Los egipcios los persiguieron con todos los caballos y carros de Faraón, sus jinetes y su ejército, y los alcanzaron mientras acampaban junto al mar, al lado de Pi-hahirot, frente a Baal-zefón.
10 Cuando Faraón se acercó, los hijos de Israel alzaron los ojos y vieron que los egipcios marchaban tras ellos. Entonces sintieron muchísimo miedo, y los hijos de Israel clamaron al Señor.
11 Y dijeron a Moisés: ¿Acaso porque no había sepulcros en Egipto nos sacaste para que muriéramos en el desierto? ¿Por qué nos has tratado así, sacándonos de Egipto?
12 ¿No es esto lo que te dijimos en Egipto: “Déjanos en paz para que sirvamos a los egipcios”? Porque habría sido mejor para nosotros servir a los egipcios que morir en el desierto.
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Aquí vemos, en primer lugar, el temor que se apoderó de los hijos de Israel cuando se dieron cuenta de que Faraón los perseguía (Éxodo 14:10). Conocían muy bien la fuerza y la furia de su enemigo, y también conocían su propia debilidad. Eran numerosos, pero todos iban a pie, sin armas ni entrenamiento, y los largos años de esclavitud los habían dejado atemorizados. Peor aún, su campamento estaba atrapado, de modo que no podían escapar.
De un lado estaban Pi-hahirot, una línea de rocas escarpadas que no se podía atravesar. Del otro estaban Migdol y Baal-zefón, que algunos consideran fortalezas o puestos militares en la frontera de Egipto. Delante de ellos estaba el mar, y detrás, los egipcios. Así que no tenían otra salida que hacia arriba, y de allí vendría su rescate. Podemos estar caminando en obediencia a Dios, avanzando hacia el cielo, y aun así encontrarnos en grandes dificultades, presionados por todos lados (2 Corintios 4:8).
No es de extrañar que los hijos de Israel tuvieran muchísimo miedo. Su antepasado Jacob había sentido algo parecido en una situación similar (Génesis 32:7). Cuando hay conflictos y amenazas afuera, también habrá temores adentro. Pero el resultado del miedo depende de lo que produce. Algunos clamaron al Señor, y el miedo los impulsó a orar. Ese fue un buen efecto, porque Dios muchas veces nos lleva a lugares difíciles para llevarnos de rodillas.
Otros clamaron contra Moisés, y el miedo los llevó a quejarse (Éxodo 14:11-12). Se dieron por perdidos, como si el poder de Dios se hubiera agotado de repente y ya no pudiera hacer milagros. Desesperaron de ser rescatados y esperaron solamente la muerte en el desierto. Su desconfianza estaba profundamente equivocada. ¿Acaso no se habían visto bajo la protección de la columna que venía del cielo? ¿Podía fallar el poder todopoderoso, o podía resultar falsa la bondad infinita?
Peor aún, culparon a Moisés por haberlos sacado de Egipto. Al culpar a Moisés, en realidad estaban atacando a Dios mismo y provocando precisamente a Aquel cuyo favor era ahora su única ayuda. Los egipcios estaban enojados consigo mismos por haber hecho lo mejor que habían hecho en toda su vida. Los israelitas estaban enojados con Dios por la mayor bondad que jamás les había mostrado. Así de retorcida puede llegar a ser la incredulidad.
También demostraron tener una baja estima de la libertad, pues preferían la esclavitud solo porque la libertad venía acompañada de algunas dificultades. Un espíritu noble habría dicho: si ocurriera lo peor, es mejor morir libres que vivir encadenados. Además, bajo la dirección de Dios, no podían fracasar. Podrían haber dicho que era mejor vivir como el pueblo libre de Dios en el desierto abierto que como esclavos de Egipto entre los hornos de ladrillos. Pero, como estaban angustiados por lo que ocurría en ese momento, deseaban haber sido dejados allí, incluso para morir enterrados en la casa de esclavitud.
También mostraron una vergonzosa ingratitud hacia Moisés, quien los había guiado fielmente hacia la liberación. Lo trataron como si hubiera sido cruel e injusto con ellos. Sin embargo, era evidente que, hiciera lo que hiciera y cualquiera que fuera el resultado, estaba actuando por dirección de Dios y para el bien de ellos. Repitieron lo que habían dicho durante una angustia anterior: «Déjanos en paz». Aunque aquello había sido imprudente, era algo más comprensible entonces, antes de que hubieran visto tantas obras de Dios a su favor. Pero olvidaron las misericordias de Dios con la misma rapidez con que los egipcios olvidaron sus juicios. Al igual que los egipcios, endurecieron su corazón, y eso los llevó a la ruina. Egipto, después de diez plagas, e Israel, después de diez provocaciones, fueron destinados a morir en el desierto; y esta fue la primera de las provocaciones de Israel (Números 14:22).
En segundo lugar, vemos el oportuno ánimo que Moisés les dio en medio de su angustia (Éxodo 14:13-14). No respondió a aquellas palabras insensatas con una insensatez propia. Dios había soportado el insulto que le habían dirigido y no quiso entregarlos a sus temores. Por eso Moisés pudo pasar por alto correctamente el insulto que ellos le habían dirigido a él. En vez de reprenderlos, los consoló. Con calma y valor, sin dejarse sacudir por las amenazas de Egipto ni por el temblor de Israel, tranquilizó sus quejas con la promesa de una liberación pronta y completa: «No tengan miedo».
Cuando no podemos salir de una dificultad, es nuestro deber y también nuestro bien elevarnos por encima del miedo. El miedo debe impulsarnos a orar y a actuar, pero no debe hacer callar la fe ni la esperanza. Moisés les aseguró que Dios mismo los libraría, que defendería su causa y que destruiría a sus perseguidores. «El Señor peleará por ustedes». Moisés estaba seguro de esto aun antes de saber cómo sucedería. Dios ya le había dicho que Faraón y su ejército serían destruidos, así que Moisés les dio al pueblo el mismo consuelo que lo había fortalecido a él.
También les dijo que dejaran el asunto en manos de Dios y esperaran tranquilamente el resultado. «Quédense quietos» significa que no intentaran salvarse por medio de la lucha o la huida. Debían esperar las órdenes de Dios y seguirlas. No debían seguir planeando su propia escapatoria, sino seguir a su líder. Debían observar la obra de Dios y aprender de ella cuán insensato es desconfiar de él. Debían tranquilizarse con una confianza plena en Dios y esperar en paz el gran rescate que él estaba a punto de realizar por ellos. Que guardaran silencio. Ni siquiera necesitaban lanzar un grito contra el enemigo, como en Jericó (Josué 6:16). Esta victoria llegaría sin ninguna ayuda de parte de ellos.
Si Dios mismo lleva a su pueblo a lugares estrechos, también le mostrará la salida. Y cuando la dificultad es grande y el desenlace parece inminente, la sabiduría llama a mantener un espíritu tranquilo y firme. Esa es la mejor condición para cumplir con nuestro deber y observar la obra de Dios. «Su fortaleza está en quedarse quietos» (Isaías 30:7), porque la ayuda de Egipto será inútil y sus amenazas también fracasarán.
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De este capítulo
Éxodo 14:1
"Y el Señor habló a Moisés, diciendo:"
Éxodo 14:2
"Habla a los hijos de Israel para que regresen y acampen frente a Pi-hahirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal-zefón; acamparán delante de ese lugar, junto al mar."
Éxodo 14:3
"Porque Faraón dirá acerca de los hijos de Israel: “Están atrapados en la tierra; el desierto los ha encerrado”."
Éxodo 14:4
"Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los persiga; y seré honrado por medio de Faraón y de todo su ejército, para que los egipcios sepan que yo soy el Señor. Y ellos lo hicieron así."
Éxodo 14:5
"Cuando le informaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el corazón de Faraón y el de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: «¿Por qué hemos hecho esto y hemos dejado ir a Israel, para que ya no nos sirva?»."
Éxodo 14:6
"Entonces preparó su carro y llevó consigo a su pueblo."
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