Versículo destacado
Ester 7:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Así que el rey y Amán vinieron a banquetear con la reina Ester. "
Ester 7:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Así que el rey y Amán vinieron a banquetear con la reina Ester.
2 El segundo día, durante el banquete del vino, el rey volvió a decirle a Ester: «¿Cuál es tu petición, reina Ester? Se te concederá. ¿Cuál es tu solicitud? Se cumplirá, aun hasta la mitad del reino».
3 Entonces la reina Ester respondió: Si he hallado favor ante tus ojos, oh rey, y si al rey le parece bien, que se me conceda la vida por mi petición, y mi pueblo por mi solicitud.
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El rey, complacido con el banquete, y Amán, angustiado, se encuentran en la mesa de Ester. Por tercera vez, el rey la anima a decirle qué desea. Nuevamente le asegura que se lo concederá y deja claro que quiere conocer su petición (Ester 7:2). Si hubiera olvidado que ella tenía algo que pedirle y no se lo hubiera preguntado otra vez, quizá Ester no habría tenido una manera fácil de sacar el tema. Pero él lo recordó y ahora estaba comprometido por su promesa, repetida tres veces.
Por fin, Ester sorprende al rey con una petición que no es de riquezas, honra ni promoción para algún amigo, como quizá él esperaba. Pide su propia vida y la vida de su pueblo, para librarlos de la muerte y la destrucción (Ester 7:3, Ester 7:4). Incluso a un extraño o a un criminal generalmente se le permite pedir que le perdonen la vida. Pero conmueve profundamente que una esposa y amiga tenga que hacer semejante petición: «Que me sea concedida la vida por mi petición, y la de mi pueblo por mi súplica».
Hay dos cosas que hacen que la vida de una persona sea especialmente valiosa y digna de ser salvada, si es inocente, aun a un costo muy alto. La primera es la posición que ocupa. Si la vida de una persona coronada está en peligro, se necesita actuar de inmediato. La vida de Ester era una vida así. En efecto, ella está diciendo: «Si te importa la esposa que tienes junto a ti, este es el momento de demostrarlo, porque su vida está en riesgo». La segunda es la cantidad. Si muchas vidas, muchísimas vidas, están en peligro sin merecerlo, no se debe perder tiempo ni escatimar esfuerzos para detener el daño. «No se trata solamente de uno o dos amigos —dice ella—, sino de mi pueblo, una nación entera que me es querida, y te estoy pidiendo que la salves».
Para conmover más profundamente al rey, Ester añade dos detalles. Primero, dice que ella y su pueblo habían sido vendidos. No se habían vendido a sí mismos por haber cometido algún crimen contra el gobierno. Los habían vendido para satisfacer el orgullo y la venganza de un solo hombre. Segundo, explica que no solo se había vendido su libertad, sino también sus vidas. Si hubieran sido vendidos como esclavos, quizá no se habría quejado; con el tiempo podrían haber recuperado su libertad. Además, el rey ni siquiera habría hecho un buen negocio, porque perder a tantos trabajadores útiles habría perjudicado al reino más de lo que su precio podría haberlo beneficiado. Perseguir a personas buenas es tan insensato como pecaminoso, y perjudica tanto a los gobernantes y a los Estados como a las propias víctimas.
Pero ese no era el caso. «Hemos sido vendidos para ser destruidos, asesinados y exterminados». Entonces era momento de hablar. Ester señala las palabras del decreto (Ester 3:13), cuyo propósito no era nada menos que destruirlos. Si al rey todavía le quedaba algo de compasión, aquello debía tocarle el corazón y ablandarlo.
El rey queda atónito por lo que Ester dice y pregunta: «¿Quién es, y dónde está, el que se ha atrevido a hacer semejante cosa?». Le horroriza que alguien haya planeado asesinar a la reina y a todos sus compatriotas. «¿Quién es este hombre, este monstruo? ¿Quién se ha atrevido a concebir algo así en su corazón?». Primero, le asombra que alguien pueda ser tan malvado como para siquiera pensar en semejante acto. Sin duda, Satanás había llenado aquel corazón. Segundo, le sorprende que alguien pueda ser tan atrevido como para llevar a cabo semejante maldad.
Debemos recordar dos cosas. Primero, es difícil imaginar cuánta maldad terrible existe realmente en el mundo. ¿Quién se atreve a desafiar la existencia y el gobierno de Dios, burlarse de su palabra, profanar su nombre, perseguir a su pueblo y, aun así, desafiar su juicio? Esas personas existen, y pensar en ellas debería hacernos estremecer (Salmo 119:53). Segundo, a veces nos sorprende la maldad de la que nosotros mismos somos culpables. Asuero se asombra ante la misma maldad que ayudó a permitir, porque había aprobado el decreto sangriento contra los judíos. Ester podría haberle dicho con toda razón: «Tú eres ese hombre».
Entonces Ester señala a Amán y lo identifica claramente delante del rey: «El adversario y enemigo es este malvado Amán» (Ester 7:6). Él era quien había planeado su muerte. Peor aún, había llevado vergonzosamente al rey a participar en el crimen, aunque el rey no entendía aquello con lo que estaba de acuerdo.
Amán se da cuenta rápidamente del peligro en que se encuentra. Tiene motivos para temer ante el rey y la reina. La reina lo acusa, el rey lo juzga y su propia conciencia testifica contra él. La manera sorprendente en que la providencia había obrado contra él esa misma mañana solo podía aumentar su temor. Ahora encuentra poca alegría en haber sido invitado al banquete del vino. Se descubre atrapado cuando pensaba estar seguro y satisfecho. Ha caído en una red que él mismo tendió con sus propios pies.
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De este capítulo
Ester 7:2
"El segundo día, durante el banquete del vino, el rey volvió a decirle a Ester: «¿Cuál es tu petición, reina Ester? Se te concederá. ¿Cuál es tu solicitud? Se cumplirá, aun hasta la mitad del reino»."
Ester 7:3
"Entonces la reina Ester respondió: Si he hallado favor ante tus ojos, oh rey, y si al rey le parece bien, que se me conceda la vida por mi petición, y mi pueblo por mi solicitud."
Ester 7:4
"Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, asesinados y exterminados. Pero si hubiéramos sido vendidos como esclavos y esclavas, habría guardado silencio, aunque el enemigo no habría podido compensar el daño del rey."
Ester 7:5
"Entonces el rey Asuero respondió y le dijo a la reina Ester: «¿Quién es y dónde está el que se atrevió en su corazón a hacer eso?»."
Ester 7:6
"Ester dijo: «El adversario y enemigo es este malvado Amán». Entonces Amán tuvo miedo ante el rey y la reina."
Ester 7:7
"El rey se levantó enfurecido del banquete del vino y fue al jardín del palacio. Amán se levantó para suplicarle por su vida a la reina Ester, porque vio que el rey había decidido el mal contra él."
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