Versículo destacado
Deuteronomio 9:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Escucha, Israel: hoy vas a cruzar el Jordán para entrar y apoderarte de naciones más grandes y poderosas que tú, y de ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo, "
Deuteronomio 9:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Escucha, Israel: hoy vas a cruzar el Jordán para entrar y apoderarte de naciones más grandes y poderosas que tú, y de ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo,
2 un pueblo grande y alto, los hijos de los anaceos, a quienes conoces y de quienes has oído decir: ¿Quién puede mantenerse en pie ante los hijos de Anac?
3 Reconoce, pues, hoy que el SEÑOR tu Dios es quien va delante de ti. Como fuego consumidor, él los destruirá y los derribará ante ti; así los expulsarás y los destruirás rápidamente, como el SEÑOR te ha dicho.
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La llamada de atención «Escucha, Israel» (Deuteronomio 9:1) muestra que este era un mensaje nuevo, dado algún tiempo después del anterior, probablemente el sábado siguiente.
Moisés primero les recuerda cuán fuertes eran las naciones que estaban a punto de enfrentar. Los pueblos que expulsarían eran más poderosos que Israel; no eran una multitud sin preparación que pudiera ser derrotada fácilmente. Si Israel sitiaba sus ciudades, encontraría defensas muy firmes. Si se enfrentaba con ellos en batalla, tendría delante a personas grandes y poderosas, de quienes otros decían que nadie podía hacerles frente (Deuteronomio 9:2).
Esto se parece mucho a lo que habían dicho los espías malvados anteriormente (Números 13:28, Números 13:33), pero el propósito era muy diferente. Los espías usaron ese informe para apartar al pueblo de Dios y destruir su confianza en él. Moisés usa una advertencia semejante para conducirlos hacia Dios y fortalecer su esperanza en él. Como ningún poder menor que el poder de Dios podía protegerlos y darles la victoria, necesitaban confiar plenamente en él.
Después les asegura la victoria mediante la presencia de Dios, aunque el enemigo fuera fuerte (Deuteronomio 9:3). Debían entender de dónde vendría el éxito y dónde debían buscar ayuda. El Señor su Dios iría delante de ellos, no solo como su líder y comandante, sino también como un fuego consumidor que juzga a sus enemigos. Él los destruiría, y luego Israel los expulsaría. Pero Israel no podría expulsarlos si Dios no los derribaba primero, y Dios no los derribaría si Israel no cumplía sinceramente con su parte.
Por eso, debían cumplir con su deber mientras dependían de la gracia de Dios, y recibirían esa gracia mientras perseveraran en el cumplimiento de su deber.
Moisés también les advierte que no imaginaran que su propia justicia les había ganado ese favor de Dios. No debían decir: «El Señor me trajo para tomar posesión de esta tierra porque soy justo» (Deuteronomio 9:4). No debían pensar que se debía a su buen carácter, a su conducta correcta o a alguna cualidad buena que hubiera en ellos (Deuteronomio 9:5). Moisés repite esto porque las personas tienden a pensar que tienen muchos méritos propios, y es muy importante corregir esa idea (Deuteronomio 9:6). Debían entender, creer y tener siempre presente que el Señor les estaba dando la tierra, no recompensando su justicia. Si la entrada dependiera de eso, habrían quedado excluidos para siempre, porque eran un pueblo terco, de dura cerviz, obstinado y poco dispuesto a ceder.
Lo mismo sucede con nuestra entrada en el Canaán celestial, el descanso prometido al pueblo de Dios. No debemos atribuirla a nuestra propia fuerza ni a nuestros propios méritos. Es el poder de Dios el que nos hace entrar, y es la gracia de Dios la que nos concede ese regalo. En Cristo tenemos tanto la justicia —es decir, una posición correcta delante de Dios— como la fuerza. Por eso, solo en él debemos gloriarnos, y no en nosotros mismos ni en ninguna capacidad que creamos tener.
Moisés explica entonces la verdadera razón por la que Dios quitaría la buena tierra a los cananeos y se la daría a Israel. La razón está relacionada con el honor de Dios, no con los méritos de Israel. Primero, Dios sería honrado al destruir a los idólatras, personas que adoraban dioses falsos y se oponían a él. Él los trata justamente como sus enemigos y castiga su maldad. Por eso los expulsaría, y las Escrituras lo repiten una y otra vez (Deuteronomio 9:4, Deuteronomio 9:5). Todos los que Dios rechaza son rechazados por su propia maldad. Ninguno de los que él acepta es aceptado porque lo merezca.
Segundo, Dios sería honrado al cumplir su promesa a quienes pertenecían a su pacto. Él había jurado a los patriarcas, los primeros padres de Israel —hombres que lo amaron y dejaron todo para seguirlo— que daría esa tierra a sus descendientes. Por eso cumpliría esa promesa de misericordia con miles de los que lo aman y obedecen sus mandamientos. No permitiría que su palabra fallara. Israel era amado por causa de sus antepasados, no por su propio valor (Romanos 11:28). De este modo, toda jactancia queda excluida para siempre (Efesios 1:9, Efesios 1:11).
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De este capítulo
Deuteronomio 9:2
"un pueblo grande y alto, los hijos de los anaceos, a quienes conoces y de quienes has oído decir: ¿Quién puede mantenerse en pie ante los hijos de Anac?"
Deuteronomio 9:3
"Reconoce, pues, hoy que el SEÑOR tu Dios es quien va delante de ti. Como fuego consumidor, él los destruirá y los derribará ante ti; así los expulsarás y los destruirás rápidamente, como el SEÑOR te ha dicho."
Deuteronomio 9:4
"Después que el SEÑOR tu Dios los haya expulsado de delante de ti, no digas en tu corazón: Por mi justicia el SEÑOR me ha hecho entrar para poseer esta tierra; sino que por la maldad de estas naciones el SEÑOR las expulsa de delante de ti."
Deuteronomio 9:5
"No por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón entras para poseer su tierra, sino que por la maldad de estas naciones el SEÑOR tu Dios las expulsa de delante de ti, y para cumplir la palabra que el SEÑOR juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob."
Deuteronomio 9:6
"Reconoce, pues, que el SEÑOR tu Dios no te da esta buena tierra para que la poseas por tu justicia, porque eres un pueblo de dura cerviz."
Deuteronomio 9:7
"Recuerda y no olvides cómo provocaste a ira al SEÑOR tu Dios en el desierto. Desde el día en que saliste de la tierra de Egipto hasta que ustedes llegaron a este lugar, se han rebelado contra el SEÑOR."
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