Versículo destacado
Deuteronomio 26:16 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Hoy el SEÑOR tu Dios te ha ordenado cumplir estos estatutos y juicios; por tanto, los guardarás y los cumplirás con todo tu corazón y con toda tu alma. "
Deuteronomio 26:16
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
14 No he comido de ello durante mi duelo, ni he apartado nada de ello para ningún uso impuro, ni he dado nada de ello por los muertos; sino que he escuchado la voz del SEÑOR mi Dios y he actuado conforme a todo lo que me has ordenado.
15 Mira desde tu santa morada, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel y la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, una tierra que fluye leche y miel.
16 Hoy el SEÑOR tu Dios te ha ordenado cumplir estos estatutos y juicios; por tanto, los guardarás y los cumplirás con todo tu corazón y con toda tu alma.
17 Hoy has declarado que el SEÑOR es tu Dios, que andarás en sus caminos, guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus juicios, y escucharás su voz.
18 Y el SEÑOR ha declarado hoy que tú eres su pueblo especial, tal como te prometió, y que has de guardar todos sus mandamientos;
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Moisés presenta aquí dos razones para fortalecer todos estos mandamientos. Primero, eran los mandamientos de Dios mismo, no ideas basadas en la sabiduría de Moisés ni leyes establecidas por su propia autoridad. La sabiduría infinita los había establecido, y el poder del Rey de reyes los hacía obligatorios. «El SEÑOR tu Dios te ha ordenado»; por eso, ellos estaban obligados a obedecerle por deber y gratitud, y era peligroso desobedecer. Eran sus leyes, así que debían cumplirlas porque para eso les habían sido dadas. Debían cumplirlas sin discutir contra ellas, sin retroceder ante ellas y no de manera descuidada ni hipócrita, sino con todo su corazón y con toda su alma.
Segundo, su pacto con Dios les exigía guardar estos mandamientos. Moisés no solo señala la autoridad de Dios sobre ellos, sino también el derecho que tenía sobre ellos y la relación cercana que mantenían con él. Un pacto es un vínculo entre dos partes, y requiere obediencia de ambas. Ellos ya habían reconocido al SEÑOR como su Dios, su gobernante y su Rey. Él era su Dios por derecho propio, pero también por la decisión de ellos.
Lo habían hecho de manera general al escuchar y seguir su palabra, y lo habían declarado públicamente antes en el monte Sinaí (Éxodo 24). Debían hacerlo de nuevo antes de continuar su camino (Deuteronomio 29:1). Ese compromiso también nos obliga a guardar los estatutos y mandamientos de Dios, tanto porque lo prometimos como porque debemos lealtad a nuestro soberano. Si aceptamos al Señor como nuestro Dios y aun así ignoramos sus mandamientos, rompemos nuestra palabra y deshonramos nuestras promesas más serias.
La parte de Dios en el pacto también debía cumplirse, y su propósito debía llevarse a cabo. El SEÑOR había declarado públicamente que ellos eran su pueblo especial, su tesoro especial, tal como lo había prometido. Esa promesa debía entenderse en todo su sentido verdadero. La obediencia no era solamente la condición para recibir y conservar ese favor, pues la desobediencia traería rechazo; también era la razón principal por la que Dios les concedía ese favor desde el principio.
Dios los había tomado como su pueblo para que guardaran sus mandamientos y para que tuvieran la mejor dirección y el mejor estímulo en su relación con él. De la misma manera, somos escogidos para obedecer (1 Pedro 1:2). Somos escogidos para ser santos, limpiados y apartados para Dios (Efesios 1:4). Somos purificados como un pueblo especial para que no solo hagamos buenas obras, sino que también deseemos hacerlas con entusiasmo (Tito 2:14).
Aquí se dice que Dios tenía dos propósitos al hacerlos su pueblo especial: engrandecerlos y, para lograrlo, hacerlos santos. La santidad es el verdadero honor y el único camino hacia un honor duradero. El mayor honor que podemos recibir en este mundo es entrar en pacto con Dios y servirle.
Debían ser un pueblo digno de alabanza, porque Dios los aceptaría, y esa es la verdadera alabanza (Romanos 2:29). Sus amigos los admirarían (Sofonías 3:19-20). También debían ser reconocidos por su nombre, lo que algunos entienden como una alusión a la permanencia de esa alabanza: un nombre que no sería eliminado. Debían ser honrados, es decir, disfrutar de las ventajas de riqueza y poder que los harían superiores a las naciones que los rodeaban (Jeremías 13:11).
Dios también quería que fueran un pueblo santo, apartado para él, dedicado a su servicio y ocupado continuamente en hacer su voluntad. Ese era su propósito al tomarlos como su pueblo. Por tanto, si no guardaban sus mandamientos, recibirían toda esa gracia en vano.
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De este capítulo
Deuteronomio 26:1
"Y sucederá que, cuando hayas entrado en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da como herencia, hayas tomado posesión de ella y habites allí;"
Deuteronomio 26:2
"tomarás de lo primero de todo fruto de la tierra que recogerás de la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, lo pondrás en una canasta e irás al lugar que el SEÑOR tu Dios elija para poner allí su nombre."
Deuteronomio 26:3
"Irás al sacerdote que haya en aquellos días y le dirás: Declaro hoy ante el SEÑOR tu Dios que he entrado en la tierra que el SEÑOR juró a nuestros padres que nos daría."
Deuteronomio 26:4
"Entonces el sacerdote tomará la canasta de tu mano y la pondrá delante del altar del SEÑOR tu Dios."
Deuteronomio 26:5
"Y declararás ante el SEÑOR tu Dios: Mi padre era un sirio a punto de perecer; descendió a Egipto y residió allí con unos pocos, y allí se convirtió en una nación grande, poderosa y numerosa."
Deuteronomio 26:6
"Los egipcios nos maltrataron, nos afligieron y nos impusieron una dura servidumbre."
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