Versículo destacado
Deuteronomio 11:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Por tanto, guardarán todos los mandamientos que les ordeno hoy, para que sean fuertes, entren y posean la tierra a la cual van para poseerla; "
Deuteronomio 11:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 ni lo que hizo con Datán y Abiram, hijos de Eliab, hijo de Rubén: cómo la tierra abrió su boca y se los tragó, junto con sus familias, sus tiendas y todos los bienes que poseían, en medio de todo Israel.
7 Pero los ojos de ustedes han visto todas las grandes obras que hizo el SEÑOR.
8 Por tanto, guardarán todos los mandamientos que les ordeno hoy, para que sean fuertes, entren y posean la tierra a la cual van para poseerla;
9 y para que prolonguen sus días en la tierra que el SEÑOR juró dar a sus padres y a su descendencia, una tierra que fluye leche y miel.
10 Porque la tierra en la que entras para poseerla no es como la tierra de Egipto, de donde ustedes salieron, donde sembrabas tu semilla y la regabas con tu pie, como un huerto de hortalizas.
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Moisés sigue insistiendo en el mismo tema, como si no quisiera detenerse hasta ganar el corazón del pueblo. Si querían entrar en la vida, y si querían entrar en Canaán, tierra que representaba esa vida, y disfrutarla verdaderamente, tenían que guardar los mandamientos de Dios. Lo resume así: debían guardar todos los mandamientos que él les daba ese día, amar a Dios y servirle con todo el corazón.
Moisés da varias razones para esto. En primer lugar, la obediencia era el camino para obtener y conservar la tierra prometida. Era la manera de entrar en ella y tomar posesión, porque así serían fuertes para la guerra y tendrían éxito (Deuteronomio 11:8). Moisés habla como si la batalla no fuera tan difícil que necesitaran una habilidad militar extraordinaria. No les enseña a tensar el arco ni a usar la espada; les enseña a guardar los mandamientos de Dios, porque su fe sería su fuerza y su ayuda más segura.
La obediencia también era el camino para conservar la tierra una vez que la hubieran recibido (Deuteronomio 11:9). Les ayudaría a vivir mucho tiempo en la tierra que Dios había puesto delante de ellos. El pecado acorta los días de una persona y también acorta la paz y el éxito de una nación. La obediencia, en cambio, contribuye a prolongar su tiempo de tranquilidad y prosperidad.
En segundo lugar, la tierra de Canaán dependería de la bendición de Dios de una manera aún más evidente que Egipto (Deuteronomio 11:10-12). Egipto era fértil, pero era una tierra plana y recibía agua del Nilo, no de la lluvia como otras tierras. Hacía falta mucho trabajo para mantener los campos irrigados, de modo que los egipcios podían llegar a pensar que su propio esfuerzo les proporcionaba la riqueza. Canaán, en cambio, era una tierra de colinas y valles. No tenía grandes ríos, excepto el Jordán, pero recibía el agua de la lluvia del cielo.
Esto les ahorraría mucho trabajo. Mientras los egipcios cavaban zanjas y canales en el lodo, los israelitas podían permanecer en sus casas y confiar en que Dios regaría la tierra con la lluvia temprana y la lluvia tardía, llamada el río de Dios (Salmo 65:9). Dios había provisto tan bien para sus necesidades materiales que ellos debían entregarse aún más plenamente a su servicio. Cuanto menos tuvieran que hacer por sus cuerpos, más debían hacer por Dios y por sus almas.
Esto también elevaba sus pensamientos hacia Dios, quien da la lluvia del cielo y estaciones fructíferas (Hechos 14:17), y quien prometió ser como el rocío para Israel (Oseas 14:5). Las bendiciones brindan el mayor consuelo cuando reconocemos que vienen directamente del cielo como regalos del cuidado de Dios. Y cuanto más dependamos de Dios, con mayor libertad debemos obedecerle. Por eso Moisés considera a Canaán superior a otras tierras: el ojo de Dios estaba siempre sobre ella, cuidándola para que nada le faltara mientras el pueblo permaneciera cerca de él y cumpliera con su deber. Su fertilidad no provendría principalmente del suelo, sino de la bendición directa de Dios. Esto se ve en su condición posterior, pues cuando Dios se apartó de ella, quedó tan estéril como casi cualquier otra tierra bajo el cielo. «No la llames Noemí; llámala Mara».
En tercer lugar, Dios ciertamente los bendeciría con abundancia en todo lo bueno si lo amaban y le servían (Deuteronomio 11:13-15). Les daría lluvia en el tiempo apropiado, ni demasiado poca ni demasiada. Tendrían la lluvia temprana al tiempo de sembrar y la lluvia tardía antes de la cosecha (Amós 4:7). Esto señalaba todas las bendiciones oportunas que Dios enviaría, especialmente el consuelo espiritual, que llega como la lluvia temprana y la lluvia tardía (Oseas 6:3). Con ese riego, la tierra produciría alimentos para el pueblo, como grano, vino y aceite (Salmo 104:13-15). También produciría pasto para el ganado, de modo que hasta los animales servirían para las necesidades humanas, y el pueblo tendría alimento y quedaría satisfecho (Deuteronomio 11:15). La piedad tiene promesa para esta vida y también para la venidera, pero el favor de Dios pone en el corazón un gozo más profundo que el que jamás podrían producir la abundancia de grano, vino y aceite.
En cuarto lugar, apartarse de Dios para acudir a los ídolos ciertamente los arruinaría. Moisés les advierte que se cuiden mucho para que sus corazones no se dejen desviar (Deuteronomio 11:16-17). Quien abandona a Dios y entrega su amor o su adoración a cualquier criatura descubrirá que ha sido profundamente engañado, y ese engaño lo llevará a la destrucción. La gravedad aumenta porque un poco de cuidado habría podido evitarlo. Un poco de vigilancia los habría mantenido a salvo de caer en la trampa del gran engañador.
Para animarlos a tomarlo en serio, Moisés habla con claridad. Si se apartaban para seguir a otros dioses, provocarían la ira de Dios, y nadie puede medir el poder de esa ira. Las cosas buenas les serían quitadas, porque los cielos retendrían la lluvia y la tierra dejaría de producir su fruto. Peor aún, les sobrevendría el mal y pronto perecerían de aquella buena tierra. Cuanto mejor fuera la tierra, más amarga sería su pérdida. Su bondad no los protegería cuando su propio pecado los hubiera hecho merecedores del juicio.
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De este capítulo
Deuteronomio 11:1
"Por tanto, amarás al SEÑOR tu Dios y guardarás siempre su encargo, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos."
Deuteronomio 11:2
"Reconozcan hoy esto, porque no hablo con sus hijos, que no han conocido ni han visto la disciplina del SEÑOR su Dios, su grandeza, su mano poderosa y su brazo extendido,"
Deuteronomio 11:3
"ni sus milagros y sus obras, que hizo en medio de Egipto contra el faraón, rey de Egipto, y contra toda su tierra;"
Deuteronomio 11:4
"y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos y a sus carros; cómo hizo que las aguas del mar Rojo los cubrieran mientras ellos los perseguían a ustedes, y cómo el SEÑOR los destruyó hasta el día de hoy;"
Deuteronomio 11:5
"ni lo que hizo con ustedes en el desierto, hasta que llegaron a este lugar;"
Deuteronomio 11:6
"ni lo que hizo con Datán y Abiram, hijos de Eliab, hijo de Rubén: cómo la tierra abrió su boca y se los tragó, junto con sus familias, sus tiendas y todos los bienes que poseían, en medio de todo Israel."
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