Versículo destacado
Deuteronomio 10:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En aquel tiempo el SEÑOR me dijo: Labra para ti dos tablas de piedra como las primeras, sube a verme al monte y haz para ti un arca de madera. "
Deuteronomio 10:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 En aquel tiempo el SEÑOR me dijo: Labra para ti dos tablas de piedra como las primeras, sube a verme al monte y haz para ti un arca de madera.
2 Yo escribiré en las tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que rompiste, y tú las pondrás en el arca.
3 Entonces hice un arca de madera de acacia, labré dos tablas de piedra como las primeras y subí al monte con las dos tablas en la mano.
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Hubo cuatro maneras en que Dios mostró que se había reconciliado con Israel y que los había hecho verdaderamente grandes y dichosos. En cada una de ellas, su bondad transformó el fracaso del pueblo en una manifestación aún más clara de su misericordia.
Primero, les dio su ley, y se las dio por escrito como una señal permanente de su favor. Las primeras tablas de piedra habían sido quebradas porque Israel había quebrantado los mandamientos, y Dios justamente podría haber roto también el pacto. Sin embargo, cuando su ira se apartó, las tablas fueron renovadas (Deuteronomio 10:1, 10:2). La ley de Dios forma parte de nuestra reconciliación con él y es la mejor garantía de la felicidad que encontramos en él. A Moisés se le ordenó labrar las tablas él mismo, porque la ley prepara el corazón para la gracia mediante la convicción y la humildad; pero solo la gracia puede escribir la ley en el corazón.
Moisés también hizo un arca de madera de acacia (Deuteronomio 10:3), un cofre sencillo, muy probablemente el que después se usó para guardar las tablas. Éxodo dice que Besalel la hizo (Éxodo 37:1), porque él fue quien después la terminó y la recubrió de oro. O quizá se dice que Moisés la hizo porque, cuando subió al monte por segunda vez, le ordenó a Besalel que la preparara antes de que él descendiera. Vale la pena notar que Dios primero dio instrucciones sobre el arca (Éxodo 25:10), para que hubiera un lugar seguro donde guardar la ley. Dios enviará su ley y su evangelio a corazones preparados como arcas para recibirlos. Cristo es el arca en la que ahora se guarda segura nuestra salvación, para que no se pierda como se perdió en el primer Adán, cuando estaba en sus propias manos.
Observemos también qué escribió Dios en las dos tablas: los Diez Mandamientos, o literalmente, las diez palabras (Deuteronomio 10:4). Esto muestra cuánta verdad se contenía en tan poco espacio. No eran diez volúmenes, sino diez palabras. Era la misma escritura de antes y correspondía exactamente a lo que Dios había hablado en el monte. La segunda copia no necesitaba ninguna corrección. La palabra escrita es tan verdaderamente palabra de Dios como lo que él habló por medio de sus profetas.
Observemos también el cuidado que se tuvo con ella. Las dos tablas grabadas fueron colocadas fielmente dentro del arca, y allí están, dice Moisés, probablemente señalando hacia el santuario (Deuteronomio 10:5). Lo que se le había confiado, él se lo entregó al pueblo puro y completo. Ahora ellos debían guardarlo, asumiendo esa responsabilidad. Podemos decir lo mismo a la siguiente generación: Dios nos ha confiado Biblias, días de reposo, sacramentos y otras señales de su presencia y favor, y allí están. Nosotros se los transmitimos a ustedes (2 Timoteo 1:13, 1:14).
Segundo, Dios los condujo hacia Canaán, aunque en su corazón ellos estaban regresando a Egipto, y él podría haber decidido dejarlos seguir sus propios deseos obstinados (Deuteronomio 10:6, 10:7). Los llevó a una tierra de ríos y agua, después de atravesar un desierto seco y estéril. A veces Dios suplió sus necesidades mediante el curso ordinario de la naturaleza. Cuando eso no fue suficiente, los ayudó por medio de milagros. Aun después de todo esto, cuando enfrentaron una pequeña dificultad, desconfiaron de él y se quejaron (Números 20:3, 4).
Tercero, estableció entre ellos un ministerio permanente para encargarse de los asuntos sagrados en favor del pueblo. Cuando Moisés subió al monte por segunda vez, o poco después, Dios le dijo que apartara para sí a la tribu de Leví y la dedicara a su servicio directo, porque había demostrado celo contra los adoradores del becerro de oro (Deuteronomio 10:8, 10:9). Los coatitas llevaban el arca. Ellos y los demás levitas permanecían delante del Señor para servir en el tabernáculo, y los sacerdotes, que pertenecían a esa tribu, debían bendecir al pueblo. Esta era una disposición permanente que ya llevaba casi cuarenta años, hasta ese día. Dios también proveyó para que continuara al darles a los levitas un sustento estable, de modo que pudieran seguir sirviendo sin distracciones. El Señor era su herencia.
Un ministerio establecido es una gran bendición para un pueblo y una señal especial del favor de Dios. Como los mismos sacerdotes no podían vivir para siempre, Dios también mostró su cuidado por el pueblo al asegurar una sucesión. Moisés menciona esto aquí (Deuteronomio 10:6). Cuando Aarón murió, el sacerdocio no murió con él. Eleazar, su hijo, ocupó su lugar y cuidó del arca, donde se guardaban a salvo de todo daño aquellas preciosas tablas de piedra. Allí están, y él está encargado de ellas. Bajo la ley, el ministerio continuaba mediante una línea establecida, vinculada a una tribu y una familia determinadas. Pero bajo el evangelio, donde el Espíritu es derramado de manera más plena y poderosa, el ministerio continúa por medio de la obra del Espíritu en el corazón de las personas, preparando y moviendo a algunas en cada generación para ese servicio, a fin de que el nombre de Israel no sea borrado.
Cuarto, Dios aceptó a Moisés como su abogado, es decir, como su intercesor, alguien que habla con Dios a favor del pueblo, y por eso lo estableció como su gobernante y líder (Deuteronomio 10:10, 10:11). «El Señor me escuchó y me dijo: “Levántate y marcha delante del pueblo”». Fue una misericordia para Israel tener un amigo tan fiel, leal tanto al Dios que lo había designado como al pueblo en cuyo favor había sido designado. Era apropiado que quien los había salvado de la ruina mediante la oración también tuviera autoridad sobre ellos. En esto, Moisés era una figura de Cristo, quien vive siempre para interceder por nosotros y tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra.
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De este capítulo
Deuteronomio 10:2
"Yo escribiré en las tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que rompiste, y tú las pondrás en el arca."
Deuteronomio 10:3
"Entonces hice un arca de madera de acacia, labré dos tablas de piedra como las primeras y subí al monte con las dos tablas en la mano."
Deuteronomio 10:4
"Él escribió en las tablas, conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que el SEÑOR les había hablado en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea; y el SEÑOR me las entregó."
Deuteronomio 10:5
"Luego me volví, bajé del monte y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como el SEÑOR me mandó."
Deuteronomio 10:6
"Los hijos de Israel partieron de Beerot de los hijos de Jaacán hacia Mosera. Allí murió Aarón y allí fue sepultado; y su hijo Eleazar ejerció el sacerdocio en su lugar."
Deuteronomio 10:7
"De allí partieron hacia Gudgoda, y de Gudgoda hacia Jotbata, tierra de ríos de aguas."
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