Versículo destacado
Deuteronomio 1:19 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando partimos de Horeb, atravesamos todo aquel desierto grande y terrible que ustedes vieron por el camino del monte de los amorreos, tal como el SEÑOR nuestro Dios nos había mandado, y llegamos a Cades-barnea. "
Deuteronomio 1:19
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
17 No muestren parcialidad en el juicio; escuchen por igual al pequeño y al grande. No tengan miedo del rostro de ningún hombre, porque el juicio es de Dios. Tráiganme la causa que sea demasiado difícil para ustedes, y yo la escucharé.
18 En aquel tiempo les ordené todas las cosas que debían hacer.
19 Cuando partimos de Horeb, atravesamos todo aquel desierto grande y terrible que ustedes vieron por el camino del monte de los amorreos, tal como el SEÑOR nuestro Dios nos había mandado, y llegamos a Cades-barnea.
20 Entonces les dije: Han llegado al monte de los amorreos, que el SEÑOR nuestro Dios nos da.
21 Mira, el SEÑOR tu Dios ha puesto la tierra delante de ti. Sube y toma posesión de ella, tal como el SEÑOR, Dios de tus padres, te ha dicho. No tengas miedo ni te desanimes.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí Moisés presenta un relato completo del giro fatal que el pecado del pueblo y la ira de Dios provocaron en su nación. Desde el mismo límite de Canaán, perdieron el honor de conquistarla y la alegría de poseerla, y toda aquella generación fue enviada de regreso al desierto para morir allí. Era una historia bien conocida, registrada en Números 13 y 14, pero aquí Moisés añade detalles que no aparecen allí.
Primero les recuerda el viaje desde Horeb hasta Cades-barnea (Deuteronomio 1:19), atravesando aquel desierto grande y terrible. Lo hace para mostrar cuán bueno había sido Dios al guiarlos y protegerlos en un lugar tan peligroso. Recordar nuestros peligros debería hacernos dar gracias por la manera en que Dios nos rescató. También usa este recuerdo para avergonzar a quienes, en su descontento, querían regresar a Egipto atravesando ese mismo desierto, aunque ya habían perdido todo derecho a esperar que Dios los guiara en un movimiento tan contrario a su voluntad.
Luego muestra lo cerca que estaban de Canaán en aquel momento (Deuteronomio 1:20-21). Moisés les había dicho con confianza: «La tierra está delante de ustedes; suban y tomen posesión de ella». Quería que entendieran cuán cerca estaban de establecerse felizmente en la tierra cuando ellos mismos bloquearon el camino, para que su pecado se viera aún más grave. La ruina final de los hipócritas será más terrible porque no estaban lejos del reino de Dios y, aun así, no entraron en él (Marcos 12:34).
Moisés también atribuye al pueblo la responsabilidad de haber pedido que enviaran espías, algo que no aparece con tanta claridad en Números. Allí se dice que el SEÑOR ordenó enviarlos (Números 13:1-2), pero aquí aprendemos que el pueblo lo pidió primero y que Dios, al permitirlo, los entregó a sus propios planes: «Ustedes dijeron: “Enviemos hombres delante de nosotros”» (Deuteronomio 1:22). Moisés ya les había dado la palabra de Dios (Deuteronomio 1:20-21), pero ellos no pudieron confiar en ella. Los planes humanos les parecían más convincentes que la sabiduría divina. Querían encender una vela frente al sol; como si no bastara con que Dios fuera delante de ellos, también necesitaban que unos hombres se adelantaran.
Después repite el informe de los espías sobre la bondad de la tierra que habían explorado (Deuteronomio 1:24-25). Incluso los incrédulos tuvieron que admitir que las bendiciones prometidas por Dios eran realmente valiosas y deseables. Nadie contempló jamás la tierra prometida sin reconocer que era una buena tierra. Sin embargo, los espías trataron las dificultades de conquistarla como si fueran imposibles de superar (Deuteronomio 1:28). Hablaron como si la batalla no tuviera esperanza porque «la gente es más alta que nosotros», y como si un sitio militar fuera imposible porque «las ciudades están fortificadas hasta el cielo». Era una exageración deliberada para atemorizar al pueblo y quizá también para insultar al Dios del cielo, como si pudieran desafiarlo igual que los constructores de Babel, cuya torre pretendía llegar al cielo (Génesis 11:4). Los únicos lugares verdaderamente «fortificados hasta el cielo» son aquellos que están protegidos por el favor de Dios como por un escudo.
Moisés también les cuenta cuánto se esforzó para animarlos cuando sus hermanos intentaban desanimarlos (Deuteronomio 1:29). «No tengan miedo», les dijo. Sus palabras bastaron para calmar la agitación y mantenerlos mirando hacia Canaán. Les dijo que Dios estaba con ellos, en medio de ellos, y que pelearía por ellos (Deuteronomio 1:30). Para demostrar el poder de Dios sobre sus enemigos, les recordó Egipto, donde sus enemigos tenían todas las ventajas y, aun así, fueron humillados y obligados a ceder. Para demostrarles la bondad y el propósito de Dios hacia ellos, les recordó el desierto (Deuteronomio 1:31, 33), donde Dios los había guiado por medio de la nube y del fuego. Estos les indicaban cuándo avanzar y cuándo descansar, y Dios los había llevado con el cuidado y la ternura de un padre que carga a su hijo. Ya no quedaba ninguna razón para desconfiar de un Dios así. Después de señales tan claras de su bondad, su dureza de corazón demostraba una ingratitud extrema. Moisés se había quejado anteriormente de que Dios le había dicho que llevara a este pueblo como una nodriza lleva a un bebé (Números 11:12), pero aquí declara claramente que Dios mismo había estado cargándolos. Esto también puede ser lo que significa Hechos 13:18, donde se dice que Dios soportó sus costumbres o tuvo paciencia con ellos.
Después, Moisés los acusa del pecado que habían cometido en aquella ocasión. Aunque estaba hablando con una nueva generación, les atribuye la culpa: «Ustedes se rebelaron y murmuraron». Muchos de los que habían vivido aquel momento todavía estaban vivos, aunque tenían menos de veinte años, y quizá habían participado en la rebelión. Los demás habían heredado los pecados de sus padres y ahora sufrían sus consecuencias. Moisés señala su desobediencia y rebelión contra la ley de Dios: «Ustedes no quisieron subir, sino que se rebelaron» (Deuteronomio 1:26). Rechazar el favor de Dios es, en realidad, rebelarse contra su autoridad. También deja al descubierto sus pensamientos perversos acerca de la bondad de Dios. Ellos dijeron cruelmente: «El SEÑOR nos odia; por eso nos sacó de Egipto» (Deuteronomio 1:27). Nada podía ser más necio, deshonesto o insultante para Dios.
En la raíz de todo estaba la incredulidad: «Ustedes no creyeron en el SEÑOR su Dios» (Deuteronomio 1:32). Toda desobediencia a la ley de Dios y toda desconfianza en su poder y bondad nacen de no creer en su palabra. Es una condición lamentable que no se confíe en el Dios de la verdad eterna.
Moisés también repite la sentencia que se dictó contra ellos por ese pecado y que ellos ya habían visto cumplirse. Todos fueron condenados a morir en el desierto, y ninguno entraría en Canaán, excepto Caleb y Josué (Deuteronomio 1:34-38). Vagaron durante tanto tiempo que la mayoría murió de manera natural, y los más jóvenes fueron excluidos antes de entrar en la tierra. Así que no pudieron entrar por causa de su incredulidad. No fue la transgresión de una sola ley la que los dejó fuera, ni siquiera el becerro de oro, sino su negativa a creer en la promesa, una promesa que señalaba de antemano a la gracia del evangelio. Esto enseña que ningún pecado nos destruye como la incredulidad, porque la incredulidad peca contra el mismo remedio.
Más adelante, Moisés también quedó bajo el desagrado de Dios por una palabra impulsiva que el pueblo lo provocó a decir: «El SEÑOR se enojó conmigo por causa de ustedes» (Deuteronomio 1:37). Como toda la generación mayor tenía que desaparecer, a Moisés mismo no se le permitió permanecer. La incredulidad había traído la muerte al campamento y, una vez que entró, incluso Moisés quedó bajo su juicio.
Aun así, la misericordia está mezclada con la ira. Aunque a Moisés no se le permitió llevarlos a Canaán, Josué lo haría (Deuteronomio 1:38). Moisés le dice al pueblo que anime a Josué, porque probablemente él se sentiría desalentado al asumir una tarea que había puesto a Moisés bajo un peso tan grande. Sin embargo, debía tener la seguridad de que completaría la obra para la cual Dios lo había levantado: él haría que Israel heredara la tierra.
Así que lo que la ley no pudo hacer, porque era débil, Jesús, nuestro Josué, lo hace al introducir una esperanza mejor. El nombre Josué señala hacia Jesús, quien verdaderamente guía al pueblo de Dios al descanso. Aunque aquella generación no entraría en Canaán, la siguiente sí entraría, como dice Deuteronomio 1:39. Sus hijos habían sido escogidos por causa de sus padres, y por esa misma razón podrían haber sido rechazados por causa de ellos. Sin embargo, la misericordia triunfa sobre el juicio.
Moisés también les recuerda el intento necio e inútil de cambiar la sentencia cuando ya era demasiado tarde. Trataron de arreglar las cosas cambiando su conducta en ese único asunto. Después de negarse a subir contra los cananeos, ahora dijeron que subirían de inmediato y se pusieron sus armas de guerra para emprender la tarea (Deuteronomio 1:41). Pero cuando la puerta está cerrada y el tiempo de la gracia ha pasado, las personas todavía pueden quedarse afuera y llamar.
Lo que parecía un cambio para bien era en realidad otro acto de rebelión. Dios, por medio de Moisés, les dijo que no subieran (Deuteronomio 1:42), pero ellos subieron de todos modos con orgullo obstinado hacia la región montañosa (Deuteronomio 1:43). Antes habían ignorado la promesa de Dios; ahora ignoraban su advertencia. Era como si siempre se resistieran a cualquier cosa que Dios dijera. El resultado fue exactamente el que Moisés había anunciado: fueron perseguidos y destruidos (Deuteronomio 1:44). Su derrota, después de obligar a Dios a actuar contra ellos, les mostró el éxito que podrían haber tenido si hubieran permanecido en su amor y le hubieran obedecido.
También intentaron revocar la sentencia con oraciones y lágrimas. Regresaron y lloraron delante del SEÑOR (Deuteronomio 1:45). Antes, cuando estaban enojados y se quejaban, habían llorado en rebelión (Números 14:1). Estas lágrimas posteriores parecían más una expresión de arrepentimiento y humildad delante de Dios. Las lágrimas de frustración egoísta necesitan ser lloradas por sí mismas, porque la tristeza del mundo lleva a la muerte y también debe ser objeto de arrepentimiento. La tristeza que viene de Dios es diferente, porque conduce hacia el gozo.
Aun así, su llanto no sirvió de nada. El SEÑOR no escuchó su voz porque ellos se habían negado a escuchar la voz de Dios. El juicio ya había sido declarado y, como Esaú, no encontraron lugar para el arrepentimiento, aunque lo buscaron con cuidado y con lágrimas.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Deuteronomio 1:1
"Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel a este lado del Jordán, en el desierto, en la llanura frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab."
Deuteronomio 1:2
"(Hay once días de camino desde Horeb, por el camino del monte Seír, hasta Cades-barnea)."
Deuteronomio 1:3
"En el año cuarenta, en el mes undécimo, el primer día del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todo lo que el SEÑOR le había mandado decirles;"
Deuteronomio 1:4
"después de haber matado a Sehón, rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, y a Og, rey de Basán, que habitaba en Astarot, en Edrei."
Deuteronomio 1:5
"A este lado del Jordán, en la tierra de Moab, Moisés comenzó a explicar esta ley, diciendo:"
Deuteronomio 1:6
"El SEÑOR nuestro Dios nos habló en Horeb y dijo: Ya han permanecido bastante tiempo en este monte."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.