Versículo destacado
Daniel 2:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces Daniel respondió con prudencia y sabiduría a Arioc, capitán de la guardia del rey, quien había salido para matar a los sabios de Babilonia. "
Daniel 2:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 Por esta causa, el rey se enojó y se enfureció mucho, y mandó destruir a todos los sabios de Babilonia.
13 Se promulgó el decreto de que los sabios fueran asesinados, y buscaron a Daniel y a sus compañeros para matarlos.
14 Entonces Daniel respondió con prudencia y sabiduría a Arioc, capitán de la guardia del rey, quien había salido para matar a los sabios de Babilonia.
15 Respondió y dijo a Arioc, capitán del rey: «¿Por qué es tan apresurado el decreto del rey?». Entonces Arioc dio a conocer el asunto a Daniel.
16 Daniel entró y pidió al rey que le diera tiempo y que él mostraría al rey la interpretación.
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Cuando el rey mandó llamar a sus sabios para que le dijeran su sueño y su significado (Daniel 2:2), parece que Daniel no fue llamado con ellos. El rey se había complacido con él cuando lo puso a prueba y había descubierto que era diez veces más sabio que los demás; sin embargo, olvidó a Daniel justo cuando más lo necesitaba. Esto no sorprende, porque todo se había hecho en medio de la ira y sin pensar con calma. Pero Dios permitió que sucediera así para que los magos quedaran indefensos y la grandeza del Dios de Daniel se manifestara con mayor claridad.
Aunque no habían consultado a Daniel, y aquello iba en contra de la ley y la justicia, una sola orden general lo condenó junto con los demás. Él no supo nada hasta que le dijeron que se preparara para morir. ¡Qué triste es vivir bajo un gobernante con poder absoluto, como Nabucodonosor! ¡Qué bendición es vivir bajo la ley y la justicia, sin quedar a merced de un príncipe caprichoso!
Ya hemos visto en Ezequiel que Daniel era conocido tanto por su sabiduría como por su oración. Como líder, tenía influencia sobre las personas, y por medio de la oración tenía influencia ante Dios. De ambas maneras tuvo éxito. Estos versículos ofrecen un ejemplo impactante de los dos dones.
Primero, Daniel usó la sabiduría al tratar con las personas y se ganó su favor. Cuando Arioc, capitán de la guardia del rey, que había recibido la orden de matar a todos los sabios de Babilonia, apresó a Daniel, Daniel le respondió con prudencia y dominio propio (Daniel 2:14). No estalló en ira ni acusó al rey de ser injusto y cruel. Tampoco planeó resistirse. En cambio, preguntó con gentileza: «¿Por qué es tan urgente el decreto?» (Daniel 2:15). Mientras que los otros sabios habían dicho que la petición del rey era imposible, lo cual solo aumentó su furia, Daniel se ofreció a darle una respuesta completa si tan solo le concedía un poco de tiempo (Daniel 2:16).
Ahora el rey se dio cuenta de que había cometido un error al no llamar antes a Daniel y comenzó a recordar la reputación de Daniel. Así que fue persuadido rápidamente para retrasar la ejecución y darle una oportunidad. Una respuesta amable suele ser la mejor manera de calmar la ira, incluso la de un rey, que puede ser como un mensajero de muerte. La palabra de un rey tiene poder, pero aun esa palabra a veces puede ser detenida y cambiada. Algunos entienden el versículo de esta manera: «Entonces Daniel regresó y, por medio de Arioc, funcionario del rey, detuvo la orden y el decreto» (Daniel 2:14).
Segundo, Daniel sabía cómo hablar con Dios en oración y halló favor delante de Él tanto al pedir como al dar gracias, que son las dos partes principales de la oración. Cuando obtuvo tiempo, no fue con los otros sabios para averiguar si sus artes o sus libros podían ayudar. En cambio, se fue a su casa para estar a solas con Dios, porque esperaba recibir este gran don únicamente de Dios, el Padre de las luces.
Daniel no oró solo por sí mismo. También les pidió a sus compañeros que oraran con él. Les dijo a aquellos que habían sido sus amigos cercanos durante mucho tiempo que le pidieran al Dios del cielo misericordia acerca de ese misterio (Daniel 2:17-18). Probablemente Daniel era el mayor de ellos y, sin duda, el más fuerte; aun así, les pidió que compartieran aquella petición. La fuerza unida es mayor que la fuerza individual. Los amigos que oran son amigos valiosos. Es bueno conocer y valorar a las personas que viven cerca de Dios y tienen acceso al trono de la gracia. Incluso las personas más grandes y mejores deberían recibir con agrado las oraciones de los demás. Pablo les pidió con frecuencia a sus amigos que oraran por él. De esta manera demostramos que valoramos a nuestros amigos, la oración y las oraciones de ellos.
Daniel fue específico al orar, pero aun así dependió de la misericordia general de Dios. Pidió que buscaran misericordia del Dios del cielo respecto de aquel misterio (Daniel 2:18). Al orar, debemos elevar la mirada a Dios como el Dios del cielo, por encima de nosotros y sobre nosotros; aquel a quien debemos adoración y lealtad, y el Dios de poder que puede hacer todas las cosas. Jesús nos enseñó a orar a Dios como nuestro Padre que está en el cielo. Cualquier cosa buena que pidamos debe depender de la misericordia de Dios, no de nuestros propios méritos. No podemos esperar recibir nada como pago por lo que merecemos, sino únicamente como un regalo de su misericordia.
Pidieron misericordia acerca de aquel misterio. Todo lo que nos agobia debe convertirse en un motivo de oración. Debemos pedirle a Dios misericordia por todo lo que nos preocupa o nos atemoriza. Dios nos permite hablar con Él de manera abierta y humilde, y presentarle los detalles de nuestras necesidades y cargas. Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios; por eso, si necesitamos misericordia acerca de algo oculto, debemos acudir a Él. No podemos esperar milagros como regla general, pero sí podemos orar con fe al que sostiene cada corazón y obra maravillas en su providencia aun sin milagros. Podemos pedirle que nos revele lo que está oculto para nosotros y que provea lo que está fuera de nuestro alcance, en la medida en que eso le dé gloria y nos haga bien. Nada está oculto para Él y nada es demasiado difícil para Él.
El peligro que enfrentaban era urgente. Pidieron misericordia para que Daniel y sus compañeros no perecieran junto con los demás sabios de Babilonia, y para que los justos no fueran destruidos con los malvados. Cuando la vida de personas buenas y útiles está en peligro, es momento de suplicar fervientemente a Dios por ellas, como hizo la iglesia por Pedro cuando estaba en prisión (Hechos 12:5).
La misericordia que Daniel y sus compañeros pidieron les fue concedida. El misterio le fue revelado a Daniel en una visión nocturna (Daniel 2:19). Algunos piensan que, mientras dormía, tuvo el mismo sueño que había tenido Nabucodonosor. Parece más probable que, mientras permanecía despierto y continuaba orando, un ángel le diera el sueño y su significado, lo cual lo convenció por completo. La oración ferviente de las personas justas tiene mucho poder. Hay misterios y secretos que la oración nos abre. Con esa llave se abren los tesoros del cielo, porque Cristo ha dicho: «Pidan, y se les dará».
La respuesta agradecida de Daniel vino después de que Dios le respondió: «Entonces Daniel bendijo al Dios del cielo» (Daniel 2:19). No esperó a ver si el rey aceptaba el sueño como verdadero. Estaba seguro de que Dios le había concedido lo que había pedido, así que pasó de inmediato de la oración a la alabanza.
Había orado con plena confianza en que Dios actuaría, y dio gracias con la misma confianza de que Dios ya lo había hecho. Tanto al orar como al dar gracias, miró a Dios como el Dios del cielo. Aquí no se registra su oración, pero sí su alabanza. Esto nos recuerda lo apropiado que es darle gloria a Dios tan pronto como responde.
Daniel honra a Dios con palabras ricas y variadas: «Bendito sea el nombre de Dios por los siglos de los siglos». Hay algo en Dios que merece alabanza para siempre, porque Él permanece igual y nunca cambia. Y la obra de alabarlo también debe continuar para siempre, porque la bondad de Dios nunca termina.
Daniel reconoce lo que Dios es en sí mismo: «De Él son la sabiduría y el poder». Algunos entienden esto como sabiduría y fuerza. Todo lo que es correcto hacer, Dios lo hará. Todo lo que planea, puede llevarlo a cabo, y lo hace con sabiduría perfecta y poder ilimitado. En Dios, la fuerza y la sabiduría nunca están separadas, como tantas veces sucede en las personas.
También reconoce el gobierno de Dios sobre los asuntos humanos. Dios tiene autoridad sobre todas las personas y sobre todo lo que hacen. Si los tiempos cambian, es Dios quien los cambia. Si los gobernantes son removidos, es Dios quien quita a los reyes. Si los pobres son levantados y colocados entre los príncipes, es Dios quien establece a los reyes. Él es quien pone y quita a los gobernantes, porque todo poder proviene de Él, el Rey de reyes y Señor de señores.
Daniel también dice que Dios les da sabiduría a los sabios. Los filósofos y los gobernantes, aquellos que piensan profundamente y ven con claridad, no tienen su sabiduría por sí mismos. Dios les da conocimiento a quienes comprenden. Esa es una buena razón para no sentir orgullo por lo que aprendemos. Más bien, debemos usarlo para servir y honrar a Dios, y proponernos conocerlo.
Después Daniel alaba a Dios por esta revelación específica. Dice que Dios revela «lo profundo y lo escondido», cosas ocultas a los ojos de todos (Daniel 2:22). Dios le mostró a la humanidad la verdadera sabiduría cuando nadie más podía hacerlo (Job 28:27-28). También revela a sus siervos y profetas las cosas que sucederán. Nada está demasiado oculto para Él, porque sacará a juicio todo secreto. Al final, la verdad quedará completamente clara.
Daniel dice que Dios sabe lo que hay en la oscuridad y lo que se hace en la oscuridad. Nada está oculto para Él, ya sea en la noche o en lugares secretos (Salmo 139:11-12). La luz habita con Él, y Él vive en una luz inaccesible (1 Timoteo 6:16). Aun así, desde nuestra perspectiva, se rodea de ocultamiento y misterio. Algunos entienden esto como una referencia a que la luz de la profecía y de la revelación divina procede de Dios, porque Él es el Padre de las luces.
Daniel entonces agradece a Dios como el Dios de sus antepasados. Aunque los judíos eran cautivos en Babilonia, Dios todavía los amaba por causa de sus antepasados. Daniel alaba a la fuente de la sabiduría y del poder por darle sabiduría para entender el secreto y fortaleza para soportar la noticia. Toda la sabiduría y la fortaleza que tenemos son dones de Dios. Daniel lo declara claramente: «Tú me has dado a conocer esto» (Daniel 2:23). Lo que había permanecido oculto para los famosos caldeos, quienes se dedicaban a interpretar sueños, fue revelado a Daniel, un joven cautivo judío, mucho menor que ellos. De esta manera, Dios honró el espíritu de profecía precisamente cuando estaba dejando en vergüenza el espíritu de adivinación.
Daniel estaba agradecido con Dios por mostrarle lo que salvaría su vida y la de sus amigos. Nosotros tenemos una razón mucho mayor para agradecerle por dar a conocer la gran salvación del alma, concedida a nosotros y no al mundo, a nosotros y no a los sabios y entendidos.
Daniel también demuestra respeto por sus compañeros en su acción de gracias. Aunque recibió principalmente la respuesta por medio de sus propias oraciones, los incluye en ella. Era lo que «nosotros deseábamos» de Dios, y Dios les había dado a «nosotros» a conocer el asunto del rey. Es posible que estuvieran con Daniel cuando llegó la revelación, o que él se los contara de inmediato, como diciendo en efecto: «¡Lo encontré, lo encontré!». Quería que quienes lo habían ayudado a orar también compartieran la alabanza.
Esta es una hermosa muestra de la humildad y la modestia de Daniel, cualidades propias de quienes son llevados a tener comunión con Dios. Pablo hacía algo parecido algunas veces cuando mencionaba a Silvano, a Timoteo o a otro colaborador junto con él al comienzo de sus cartas. Cuando Dios nos honra, debemos alegrarnos de que nuestros hermanos y hermanas compartan ese honor con nosotros.
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De este capítulo
Daniel 2:1
"En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, Nabucodonosor tuvo sueños; su espíritu quedó turbado por ellos y se le fue el sueño."
Daniel 2:2
"Entonces el rey mandó llamar a los magos, astrólogos, hechiceros y caldeos para que le mostraran sus sueños. Ellos llegaron y se presentaron ante el rey."
Daniel 2:3
"El rey les dijo: «He tenido un sueño, y mi espíritu está turbado por saber cuál fue el sueño»."
Daniel 2:4
"Entonces los caldeos le hablaron al rey en siríaco: «¡Oh rey, vive para siempre! Cuenta el sueño a tus siervos, y nosotros mostraremos su interpretación»."
Daniel 2:5
"El rey respondió a los caldeos: El asunto se me ha ido. Si ustedes no me dan a conocer el sueño y su interpretación, serán cortados en pedazos y sus casas serán convertidas en estercoleros."
Daniel 2:6
"Pero si muestran el sueño y su interpretación, recibirán de mí regalos, recompensas y gran honor. Por tanto, muéstrenme el sueño y su interpretación."
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