Versículo destacado
Jeremías 39:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Nabucodonosor, rey de Babilonia, dio órdenes acerca de Jeremías a Nabuzaradán, capitán de la guardia, diciendo: "
Jeremías 39:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Entonces Nabuzaradán, capitán de la guardia, llevó cautivos a Babilonia al remanente del pueblo que había quedado en la ciudad, a los que se habían pasado, que se habían pasado a él, y al resto del pueblo que quedaba.
10 Pero Nabuzaradán, capitán de la guardia, dejó en la tierra de Judá a los pobres del pueblo que no tenían nada, y al mismo tiempo les dio viñedos y campos.
11 Nabucodonosor, rey de Babilonia, dio órdenes acerca de Jeremías a Nabuzaradán, capitán de la guardia, diciendo:
12 Tómalo, cuídalo bien y no le hagas ningún daño; más bien, haz con él exactamente lo que él te diga.
13 Entonces enviaron Nabuzaradán, capitán de la guardia, Nebusazbán, Rabsaris, Nergal-sarezer, Rabmag, y todos los príncipes del rey de Babilonia;
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Aquí debemos cantar acerca de la misericordia, así como la primera parte del capítulo cantó acerca del juicio. Debemos alabar a Dios por ambas cosas. En este pasaje vemos, en primer lugar, el cuidado bondadoso de Dios por Jeremías. Cuando Jerusalén estaba en ruinas y el corazón de todos desfallecía de miedo, Jeremías podía levantar la cabeza con esperanza, sabiendo que su rescate estaba cerca, como los seguidores de Cristo cuando se acercaba la destrucción posterior de Jerusalén (Lucas 21:28).
Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado órdenes especiales para que Jeremías fuera protegido y tratado bien (Jeremías 39:11, 12). Nabuzaradán, el comandante babilonio, y los demás oficiales del rey cumplieron esas órdenes. Sacaron a Jeremías de la prisión e hicieron todo lo posible para que estuviera bien (Jeremías 39:13, 14). Podemos considerar esto de varias maneras.
En primer lugar, fue un acto generoso de parte de Nabucodonosor. Aunque era un gobernante orgulloso, prestó atención a este pobre profeta. Probablemente había escuchado de labios de los desertores que Jeremías había hablado del éxito de Babilonia contra Judá y otras naciones, había instado a su propio pueblo a rendirse y había sufrido mucho por decir esas cosas. En vista de todo esto, y quizá incluso después de enterarse de que Jeremías también había profetizado la futura destrucción de Babilonia, el rey le mostró un favor especial. Es señal de grandeza reconocer el servicio y el sufrimiento aun de la persona más humilde. Fue honorable que el rey diera esta orden antes de que la ciudad fuera tomada, y fue honorable que los capitanes la obedecieran incluso en medio de la batalla. Este relato merece ser imitado.
En segundo lugar, fue una reprensión vergonzosa para Sedequías, el rey de Judá, y para los líderes de Israel. Ellos habían encarcelado a Jeremías, pero el rey de Babilonia y sus oficiales lo pusieron en libertad. El pueblo de Dios y sus ministros con frecuencia han recibido un trato más bondadoso de parte de extranjeros e incrédulos que de quienes afirman pertenecer a la ciudad santa. Pablo encontró más justicia en el rey Agripa que en Ananías, el sumo sacerdote.
En tercer lugar, esto fue el cumplimiento de la promesa que Dios le había hecho a Jeremías como recompensa por su servicio fiel. Dios había dicho: «Haré que tus enemigos te traten bien en el día de la angustia» (Jeremías 15:11). Jeremías había sido fiel como profeta, y ahora Dios se muestra fiel a él y a su promesa. Jeremías recibe consuelo precisamente en el momento en que había sido afligido, y ve caer a muchos mientras él es protegido. Los falsos profetas cayeron bajo los mismos juicios que habían dicho que nunca llegarían (Jeremías 14:15), lo que hizo que su ruina fuera aún más terrible. El verdadero profeta escapó de los juicios que había anunciado, lo que hizo que su rescate fuera aún más dulce. El mismo poder que castigó a los perseguidores se convirtió en el medio para ayudar a aquel a quien habían perseguido. Jeremías no consideró menos valioso su rescate porque había llegado por medio del rey de Babilonia. Al contrario, vio con mayor claridad la mano de Dios en ello. En el capítulo siguiente se ofrece un relato más completo de este asunto.
En segundo lugar, vemos un mensaje lleno de gracia dado a Ebed-melec, el funcionario etíope que había tratado con bondad a Jeremías. El propio Jeremías le entregó el mensaje y, al agradecerle su ayuda, lo puso en las manos de Dios como su recompensador. Ebed-melec había ayudado a un profeta en nombre de un profeta, y por eso recibió recompensa de profeta. Este mensaje fue dado justo después de que ayudó a Jeremías, pero se coloca aquí, después de la caída de la ciudad, para mostrar que, así como Dios fue bondadoso con Jeremías en aquel momento, también fue bondadoso con Ebed-melec por causa de Jeremías. Fue un favor especial para ambos que no fueran arrastrados por la calamidad común, y debían recibirlo de esa manera.
Primero, se le dijo a Jeremías que anunciara que Dios ciertamente traería sobre Jerusalén la ruina que había advertido durante tanto tiempo y con tanta frecuencia. Para consuelo de Ebed-melec, ahora vería que Jeremías había hablado la verdad y que realmente era un profeta (Jeremías 39:16). Segundo, Dios había visto el temor que sentía ante el juicio que se acercaba. Aunque había sido valiente al servir a Dios, todavía temía la espada del juicio divino. Tenía miedo de los enemigos en cuanto hombres. Dios sabe cómo adaptar su consuelo a los temores y las tristezas de su pueblo, porque conoce el corazón de los suyos en medio de la angustia.
En tercer lugar, Dios prometió que Ebed-melec sería librado de compartir la calamidad. «Yo te libraré. Ciertamente te libraré». Él había ayudado a rescatar de la cisterna al profeta de Dios, y ahora Dios prometía rescatarlo a él. Dios no olvida a nadie que sirve a su nombre, ya sea de manera directa o indirecta. «Tú salvaste la vida de Jeremías, y ahora tu vida te será dada como premio».
En cuarto lugar, el Señor dice que la razón de este favor especial era que Ebed-melec había confiado en Dios. Cuando Dios recompensa el servicio de las personas, mira el corazón que lo motivó. Él recompensa conforme al principio que impulsó sus acciones. No hay principio de obediencia más agradable a Dios, ni más provechoso para nosotros, que confiar plenamente en él. Ebed-melec confió en que Dios lo reconocería como suyo y estaría a su lado, y por eso no tuvo miedo de las amenazas humanas. Quienes confían en Dios como lo hizo este buen hombre, mientras hacen lo correcto, descubrirán que su esperanza no los avergüenza, aun en medio del mayor peligro.
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De este capítulo
Jeremías 39:1
"En el noveno año de Sedequías, rey de Judá, en el décimo mes, llegaron Nabucodonosor, rey de Babilonia, y todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron."
Jeremías 39:2
"En el año undécimo de Sedequías, en el cuarto mes, el noveno día del mes, se abrió una brecha en la ciudad."
Jeremías 39:3
"Todos los príncipes del rey de Babilonia entraron y se sentaron en la puerta central: Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim, Rabsaris, Nergal-sarezer y Rabmag, junto con todos los demás príncipes del rey de Babilonia."
Jeremías 39:4
"Y sucedió que, cuando Sedequías, rey de Judá, y todos los hombres de guerra los vieron, huyeron y salieron de la ciudad de noche por el camino del jardín del rey, por la puerta entre los dos muros; y él salió por el camino de la llanura."
Jeremías 39:5
"Pero el ejército de los caldeos los persiguió y alcanzó a Sedequías en las llanuras de Jericó. Cuando lo capturaron, lo llevaron ante Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Ribla, en la tierra de Hamat, donde dictó sentencia contra él."
Jeremías 39:6
"Entonces el rey de Babilonia mató a los hijos de Sedequías en Ribla ante sus ojos. El rey de Babilonia también mató a todos los nobles de Judá."
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