Versículo destacado
Rut 2:4 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En ese momento, Booz llegó de Belén y saludó a los segadores: —¡Que el Señor esté con ustedes! —¡Que el Señor lo bendiga a usted! —le respondieron ellos. "
Rut 2:4
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
2 Un día Rut le dijo a Noemí: —Déjame ir al campo, a ver si algún segador me permite recoger espigas detrás de él. —Ve, hija mía —le respondió su suegra.
3 Rut fue, pues, al campo y comenzó a recoger las espigas que dejaban los segadores. Y tuvo la suerte de que aquel campo perteneciera a Booz, el pariente de Elimélec.
4 En ese momento, Booz llegó de Belén y saludó a los segadores: —¡Que el Señor esté con ustedes! —¡Que el Señor lo bendiga a usted! —le respondieron ellos.
5 Luego Booz le preguntó al capataz de los segadores: —¿De qué familia es esa muchacha?
6 El capataz le respondió: —Es una moabita que vino de Moab con Noemí.
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Ahora aparece el mismo Booz, y vemos mucha rectitud en la manera en que trata tanto a sus siervos como a esta extranjera pobre. En primer lugar, con sus propios trabajadores, los que cosechaban y recogían el grano, demuestra ser un buen patrón. La época de la cosecha era muy ocupada y se necesitaban muchas manos. Booz era un hombre rico, así que tenía a muchas personas trabajando para él y viviendo de sus tierras. Cuando aumentan las posesiones, también aumentan las bocas que dependen de ellas; y ¿qué obtiene el dueño, sino el trabajo de estar observándolas? (Eclesiastés 5:11).
Booz nos ofrece un buen ejemplo de un administrador sabio de su casa. Tenía a un siervo encargado de los segadores (Rut 2:6). En una casa grande, es apropiado que una persona supervise a las demás, asigne a cada una su trabajo y se asegure de que reciban el cuidado necesario. En la casa de Dios, los ministros son como esos siervos, y deben ser sabios y fieles, informándole todo a su Señor, como lo hacía aquel mayordomo (Rut 2:6).
Sin embargo, Booz no dejaba todo el trabajo en manos de otros. Él mismo iba a ver a sus segadores para saber cómo avanzaba la labor, corregir lo que estuviera mal y dar nuevas instrucciones cuando fuera necesario. Esto era bueno para sus propios intereses, porque el trabajo que se deja completamente en manos de otros muchas veces queda a medias, y la presencia del dueño ayuda a que todo marche bien. También animaba a sus siervos, porque trabajaban con más alegría cuando su patrón iba y mostraba interés por ellos. Los patrones que viven cómodamente deberían mirar con bondad a quienes trabajan arduamente y soportan el peso y el calor del día.
Booz y sus segadores intercambiaron saludos amables y piadosos. Él les dijo: «El SEÑOR esté con ustedes», y ellos respondieron: «El SEÑOR te bendiga» (Rut 2:4). Esto mostraba respeto mutuo. Booz los trataba como buenos siervos, y ellos lo trataban como un buen patrón. Cuando llegó, no comenzó a regañarlos como si hubiera venido únicamente a encontrar faltas. Oró por ellos, pidiendo que el Señor estuviera con ellos, los prosperara y los protegiera. Y ellos, por su parte, no esperaron a que él estuviera fuera de su alcance para quejarse de él, como a veces hacen los malos siervos. Respondieron a su bondad y le pidieron a Dios que lo bendijera y que hiciera que su trabajo contribuyera a su prosperidad.
Esto también muestra que compartían una confianza común en la providencia de Dios. Se mostraban bondad al orar unos por otros. Por eso aprendemos a usar saludos corteses como expresiones sinceras de buena voluntad, y también oraciones breves que eleven el corazón a Dios para pedir su favor. Sin embargo, debemos tener cuidado de que esas palabras no se conviertan en una costumbre vacía, para no tomar el nombre del Señor en vano. Si somos sinceros, estas oraciones breves pueden mantenernos en comunión con Dios y traer de parte de él misericordia y gracia. Este parece haber sido el saludo común entre los segadores, como también lo sugieren los Salmos (Salmo 129:7-8).
Booz también preguntó por la extranjera que había visto en el campo y dio instrucciones claras acerca de ella: les dijo a los segadores que no la tocaran (Rut 2:9) ni hablaran mal de ella (Rut 2:15). Los patrones deben vigilar no solo su propia conducta, sino también la conducta de quienes están bajo su autoridad. Booz también les dijo que fueran amables con ella e incluso que dejaran caer a propósito algunas gavillas para que las recogiera. Aunque los patrones deben impedir que sus siervos desperdicien los bienes, no deben prohibirles ser generosos. Más bien, deben permitir la generosidad y guiarla con sabiduría.
Booz fue muy bondadoso con Rut y le mostró gran favor. Lo conmovió lo que había oído acerca de ella, lo que había visto en ella y la propia mano de Dios, que estaba inclinando su corazón hacia ella. Cuando llegó al lugar donde estaban los segadores, notó a aquella extranjera y le preguntó a su mayordomo quién era. El mayordomo le dio un informe favorable que la recomendaba a su bondad (Rut 2:6-7).
Le explicó que era una extranjera y, por lo tanto, una de aquellas personas a quienes la ley de Dios permitía recoger el grano que quedaba después de la cosecha (Levítico 19:9-10). Le dijo que era la joven moabita. También señaló que estaba relacionada con la familia de Booz, pues había regresado con Noemí, la esposa de Elimelec, quien era pariente de Booz. Mencionó que había venido de Moab para vivir en Israel; por lo tanto, era una convertida, alguien que había dejado a su antiguo pueblo para unirse al pueblo del Señor. También dijo que era modesta, porque no había comenzado a recoger espigas hasta pedir permiso. Y señaló que era trabajadora, pues había permanecido ocupada desde la mañana hasta ese momento.
Las personas pobres que son diligentes y están dispuestas a trabajar merecen recibir ánimo. Durante el calor del día, Rut descansó un poco en la casa o refugio instalado en el campo para proteger a los trabajadores del clima. Algunos piensan que quizá también aprovechó ese tiempo para orar. Pero pronto volvió a su trabajo y continuó todo el día, excepto por ese breve descanso, aunque ese tipo de labor era nuevo para ella. Los siervos deben ser honestos cuando informan a sus patrones; no deben presentar a nadie de manera falsa ni desalentar injustamente la generosidad de su patrón.
Entonces Booz le mostró gran cortesía de varias maneras. Le dijo que permaneciera con sus criadas y que se mantuviera cerca de ellas en todos los campos donde recogieran grano, en vez de ir a otro lugar a espigar, porque no necesitaba buscar un trato mejor en otra parte (Rut 2:8). También les ordenó a todos sus siervos que fueran amables y respetuosos con ella, y seguramente lo serían al ver la bondad que su patrón le mostraba. Ella era extranjera, y su idioma, su ropa y sus costumbres probablemente les parecían diferentes; pero Booz les dijo que no la insultaran ni la trataran con rudeza, como con tanta frecuencia hacen los siervos maleducados con los forasteros.
También le dio la bienvenida a la comida y la bebida preparadas para sus propios trabajadores. Le dijo que podía beber del agua que habían sacado para ellos, probablemente del pozo de Belén junto a la puerta, el mismo que David anhelaría más adelante (2 Samuel 23:15). A la hora de comer, debía acercarse y comer del pan de ellos (Rut 2:14). Incluso podía comer de su salsa: podía mojar allí su pan para hacerlo más sabroso. Dios nos permite disfrutar de alimentos que no solo nos nutren, sino que también nos dan placer. Para animarla aún más y darles ejemplo a sus siervos, cuando los segadores se sentaron a comer, Booz mismo le ofreció grano tostado.
No es una deshonra que incluso las personas más importantes extiendan la mano para ayudar a los necesitados (Proverbios 31:20) y servir a los pobres. Booz no era tacaño con sus trabajadores. Les daba más de lo que necesitaban, lo suficiente para recibir también a una extranjera. Por eso es verdad que quien reparte generosamente puede prosperar aún más.
Booz también elogió a Rut por el respeto fiel que había mostrado hacia su suegra, Noemí, aunque nunca la había visto y solo la conocía por lo que otros contaban (Rut 2:11). Le dijo que todo lo que había hecho por Noemí había llegado a sus oídos. Quienes hacen lo correcto deben recibir reconocimiento por ello. Pero lo que más admiraba era que hubiera dejado su propia tierra y se hubiera convertido en creyente del Dios de Israel. El Targum arameo lo explica así: «Has venido para convertirte y vivir entre un pueblo que no conocías». Quienes lo dejan todo para abrazar la verdadera fe merecen un honor especial.
Booz también oró por Rut, diciendo: «Que el SEÑOR recompense tu trabajo» (Rut 2:12). El profundo amor que ella sentía por Israel, aunque había nacido fuera de esa nación, era una obra de la gracia de Dios en ella. Como había venido a refugiarse bajo las alas de Dios, ciertamente recibiría de él una recompensa completa. Quienes por la fe se refugian bajo la protección de la gracia divina y descansan en ella con plena confianza pueden estar seguros de que recibirán una recompensa completa. A partir de esta imagen, los judíos describen a un convertido como alguien que ha sido reunido bajo las alas de la majestad de Dios.
Booz animó a Rut a seguir recogiendo espigas y no intentó apartarla de su trabajo. La mejor bondad que podemos mostrar a nuestros familiares pobres es ayudarlos y animarlos a trabajar honestamente. Les dijo a sus siervos que le permitieran recoger espigas entre las gavillas, donde normalmente no se permitía hacerlo a otros que recogían, y que no la avergonzaran; es decir, que no la acusaran de robar ni sospecharan que estaba tomando más de lo permitido (Rut 2:15). Esto demuestra que Booz tenía un espíritu generoso y que, como exigía la ley, pensaba cuidadosamente en las necesidades de una extranjera.
Rut recibió su bondad con profunda humildad y gratitud. Se comportó con modestia en su posición, así como Booz se comportó con dignidad en la suya, aunque ella no tenía idea de que pronto se convertiría en la dueña del campo donde entonces recogía espigas. Le mostró todo el respeto, se postró rostro en tierra y se inclinó, conforme a la costumbre de aquella tierra (Rut 2:10). Los buenos modales son un verdadero adorno de la fe, y debemos dar honor a quien honor merece.
Ella también reconoció humildemente que no era digna de su favor: «Soy extranjera» (Rut 2:10) y no era como una de sus siervas (Rut 2:13). Se consideraba menos refinada, menos preparada, menos arreglada y menos capaz. Es apropiado que todos tengamos un concepto humilde de nosotros mismos y reconozcamos nuestras debilidades y carencias, mientras consideramos a los demás como superiores a nosotros. Rut también reconoció con gratitud la bondad de Booz y, aunque a él le costaba poco y no hacía mucho más de lo que exigía la ley, la valoró profundamente y se preguntó: «¿Por qué he hallado gracia ante tus ojos?» (Rut 2:10).
Ella pidió que su buena voluntad continuara, diciendo: «Permite que siga hallando gracia ante tus ojos» (Rut 2:13). Dijo que sus palabras bondadosas la habían consolado, porque él le había hablado con mucha amabilidad. Quienes ocupan posiciones de autoridad a menudo no se dan cuenta de cuánto bien pueden hacer con una mirada amable o unas pocas palabras afectuosas. Sin embargo, esos pequeños actos cuestan poco y no deberían escatimarse cuando son verdaderas expresiones de caridad.
Cuando Booz le dio a Rut comida junto con sus segadores, ella comió solo lo suficiente para saciarse y luego dejó el resto. Después se levantó de inmediato para seguir espigando (Rut 2:14-15). No usó su necesidad ni su arduo trabajo como excusa para comer demasiado o quedar incapacitada para trabajar durante la tarde. El dominio propio ayuda a mantener un trabajo constante, y debemos comer y beber para fortalecernos para nuestras responsabilidades, no para debilitarnos frente a ellas.
De este capítulo
Rut 2:1
"Noemí tenía un pariente por parte de su esposo Elimélec, llamado Booz, que era muy rico e influyente."
Rut 2:2
"Un día Rut le dijo a Noemí: —Déjame ir al campo, a ver si algún segador me permite recoger espigas detrás de él. —Ve, hija mía —le respondió su suegra."
Rut 2:3
"Rut fue, pues, al campo y comenzó a recoger las espigas que dejaban los segadores. Y tuvo la suerte de que aquel campo perteneciera a Booz, el pariente de Elimélec."
Rut 2:5
"Luego Booz le preguntó al capataz de los segadores: —¿De qué familia es esa muchacha?"
Rut 2:6
"El capataz le respondió: —Es una moabita que vino de Moab con Noemí."
Rut 2:7
"Me pidió permiso para recoger espigas detrás de los segadores, y ha estado trabajando toda la mañana, hasta ahora mismo que vino a descansar un poco."
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