Versículo destacado
Romanos 4:17 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" como dice la Escritura: «Te he hecho padre de muchas naciones». Este es el Dios en quien Abraham creyó, el Dios que da vida a los muertos y crea las cosas que todavía no existen. "
Romanos 4:17
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
15 Porque la ley trae castigo; pero donde no hay ley, tampoco hay faltas contra la ley.
16 Por eso, para que la promesa hecha a Abraham conservara su valor para todos sus descendientes, fue un don gratuito basado en la fe. Es decir, la promesa no es solamente para los que se basan en la ley, sino también para todos los que se basan en la fe, como Abraham. De esa manera, él llega a ser padre de todos nosotros,
17 como dice la Escritura: «Te he hecho padre de muchas naciones». Este es el Dios en quien Abraham creyó, el Dios que da vida a los muertos y crea las cosas que todavía no existen.
18 Cuando ya no había esperanza, Abraham creyó y tuvo esperanza, y así llegó a ser «padre de muchas naciones», conforme a lo que Dios le había dicho: «Así será el número de tus descendientes».
19 La fe de Abraham no se debilitó, aunque ya tenía casi cien años y se daba cuenta de que tanto él como Sara estaban casi muertos y eran demasiado viejos para tener hijos.
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Después de mostrar cuándo Abraham fue considerado justo por la fe y por qué, Pablo ahora describe y elogia la fe de Abraham. Lo hace para honrar a Abraham y para que sea un ejemplo para nosotros, ya que llamamos a Abraham nuestro padre en la fe.
Primero, observemos en quién creyó Abraham: en Dios, quien da vida a los muertos. La fe siempre descansa en Dios mismo. No puede colocarse ningún otro fundamento. Abraham fijó especialmente su atención en aquello de Dios que podía sostener mejor su fe en la promesa.
Dios es quien da vida a los muertos. La promesa decía que Abraham llegaría a ser padre de muchas naciones, aunque tanto él como Sara estaban prácticamente muertos en lo que se refiere a su capacidad física para tener hijos (Hebreos 11:11, Hebreos 11:12). Por eso Abraham miró a Dios como aquel que podía dar vida a unos huesos secos. El Dios que da vida a los muertos puede hacer cualquier cosa. Puede darle un hijo a un hombre anciano y puede dar vida espiritual a los gentiles, que están muertos en sus pecados (Efesios 2:1). Compárese con Efesios 1:19, Efesios 1:20.
Pablo también dice que Dios llama las cosas que no existen como si existieran. Esto significa que él crea todas las cosas por medio de su palabra poderosa, como lo hizo al principio (Génesis 1:3; 2 Corintios 4:6). La salvación de los pecadores y la bienvenida de los gentiles, que antes no eran un pueblo, son ejemplos llenos de gracia de cómo Dios llama lo que no existía como si existiera. Él da existencia a lo que no existía. Esto muestra el gobierno y el poder absoluto de Dios, y constituye un firme apoyo para la fe cuando todo otro apoyo falla.
Es una fe sabia aferrarse a aquello de Dios que corresponde a la dificultad que enfrentamos. La fe se fija especialmente en el aspecto del carácter de Dios que responde de manera más directa a nuestras objeciones. Esa es la verdadera fe: descansar en la capacidad completa de Dios para hacer lo que ninguna otra cosa puede hacer. Así que Abraham llegó a ser padre de muchas naciones delante de Dios, aquel en quien creyó; es decir, a los ojos de Dios y según su consideración. O, en cierto sentido, Abraham llegó a parecerse al Dios en quien creyó, ya que Dios es el Padre de todo su pueblo. Por la fe en Dios, él nos acepta y nos hace cada vez más semejantes a él.
Segundo, observemos cómo creyó Abraham. Pablo exalta grandemente la firmeza de la fe de Abraham de varias maneras. Contra toda esperanza, creyó con esperanza (Romanos 4:18). Desde el punto de vista natural, todo estaba en su contra. Todo argumento basado en lo que veía, en la razón y en la experiencia estaba en su contra. No parecía haber ninguna causa externa que apoyara su esperanza. Sin embargo, frente a todas esas razones para dudar, siguió creyendo porque tenía una esperanza proveniente de Dios. Su esperanza surgió al considerar el poder absoluto de Dios. Dios le permitió creer de esa manera para que fuera un modelo de fe firme para todas las generaciones.
Era apropiado que quien llegaría a ser el padre de todos los creyentes tuviera una fe por encima de lo común. En él, la fe fue elevada a un nivel muy alto, para que los creyentes posteriores fueran guiados, animados y fortalecidos por su ejemplo. O quizá Pablo se refiere a la promesa misma, aquella que Abraham creyó, de Génesis 15:5: «Así será tu descendencia», tan numerosa como las estrellas. Esta era la promesa que Abraham creyó cuando Dios se la contó como justicia (Romanos 4:6). Es importante notar que este aspecto de la fe de Abraham fue contra toda esperanza, contra los pensamientos y susurros de incredulidad. Poco antes, él había pensado que moriría sin hijos y que su siervo sería su heredero (Romanos 4:2, Romanos 4:3). Aquella incredulidad anterior hizo que su fe posterior resaltara aún más: fue una fe contra toda esperanza.
Tercero, aunque su fe era fuerte, no se quedó concentrado en su propio cuerpo muerto (Romanos 4:19). Su cuerpo ya estaba prácticamente muerto en cuanto a la posibilidad de tener hijos, aunque más adelante Dios le dio suficiente vida y fuerza para tener hijos con Cetura. Cuando Dios se propone dar alguna bendición especial o cumplir alguna promesa relacionada con un hijo, con frecuencia primero somete aquello mismo y todo camino hacia su cumplimiento a una sentencia de muerte. José tuvo que ser esclavizado y encarcelado antes de ser levantado a una posición de honor.
Abraham no mantuvo su mente fija en ese obstáculo. Sí pronunció estas palabras: «¿Acaso puede nacerle un hijo a un hombre de cien años?» (Génesis 17:17). Pero esas palabras expresaban asombro y el deseo de comprender mejor, no desconfianza. Su fe fue más allá de esa dificultad y se concentró en la fidelidad de la promesa. Eso mantuvo viva su fe. La fe débil permanece mirando el tamaño del problema. Puede que la gente llame a eso sabiduría práctica, pero en realidad es debilidad de fe seguir contemplando cada dificultad que se opone a la promesa de Dios.
Cuarto, Abraham no dudó de la promesa de Dios por incredulidad (Romanos 4:20). No dudó porque no se concentró en las señales desalentadoras provenientes de las circunstancias externas. La idea es que no discutió consigo mismo. No sostuvo un debate privado sobre si debía creer o no. No vaciló ni tropezó con la promesa. Más bien, con una santa valentía, lo entregó todo a esa promesa. Consideró la promesa como algo establecido, no como una pregunta abierta al debate, y no permaneció en suspenso. No dudó por incredulidad. La incredulidad está debajo de toda nuestra inconstancia frente a las promesas de Dios. La promesa no falla; lo que falla es nuestra fe.
Quinto, fue fuerte en la fe y dio gloria a Dios; fue fortalecido en la fe. Su fe creció al ponerla en práctica. Aunque la fe débil no será rechazada —como una caña quebrada que no se rompe o una mecha humeante que no se apaga—, la fe fuerte es elogiada y honrada. La fortaleza de la fe de Abraham se manifestó en la victoria que obtuvo sobre el temor. De esta manera dio gloria a Dios. La incredulidad deshonra a Dios al tratarlo como mentiroso (1 Juan 5:10), pero la fe lo honra al confirmar esta verdad: que él es veraz (Juan 3:33). La fe de Abraham dio gloria a Dios por su sabiduría, poder, santidad y bondad, y especialmente por su fidelidad, porque Abraham descansó en la palabra que Dios había pronunciado. Entre las personas, decimos que confiar en alguien le da crédito y lo honra, porque aceptamos su palabra. Del mismo modo, Abraham dio gloria a Dios al confiar en él. Nuestro Señor Jesús nunca elogió algo tanto como la gran fe (Mateo 8:10; Mateo 15:28), y eso se debe a que la gran fe da gran honra a Dios.
Sexto, Abraham estaba completamente convencido de que Dios podía cumplir lo que había prometido. La palabra expresa que estaba sostenido por una confianza y una seguridad plenas, como un barco que entra al puerto con todas las velas desplegadas.
Abraham veía las tormentas de duda, temor y tentación que podían levantarse contra la promesa de Dios. Muchas personas se habrían retirado, habrían esperado tiempos más fáciles y habrían deseado una señal más favorable de parte de la razón y de lo que percibían sus sentidos. Pero Abraham tomó a Dios como su piloto y a la promesa como su carta de navegación y su brújula. Decidió seguir adelante, como un viajero valiente en el mar que despliega todas sus velas y continúa avanzando a pesar del viento y las nubes.
Confió en la fuerza de su barco y, más que eso, en la sabiduría y fidelidad de su piloto. De esa manera llegó a salvo al puerto y regresó grandemente enriquecido. Esa es la clase de confianza plena que tuvo Abraham, y estaba fundada en el poder todopoderoso de Dios; es decir, en la verdad de que Dios podía hacer lo que había prometido.
La mayor parte de nuestra inconstancia proviene de no confiar en el poder de Dios. Por eso, si queremos permanecer firmes, debemos creer no solo que Dios es fiel, sino también que tiene poder para cumplir su promesa. Por esa razón se dice que la fe de Abraham le fue contada como justicia (Romanos 4:22). Como lo arriesgó todo por la promesa de Dios con tanta confianza, Dios lo aceptó bondadosamente e incluso superó lo que Abraham esperaba.
Esta manera de honrar a Dios, confiando firmemente en su promesa sin más, correspondía al plan de Dios y le daba gran gloria. Por eso Dios se la contó como justicia y justificó a Abraham; es decir, lo aceptó como justo delante de él, aunque en ese acto mismo no había nada que pudiera ganarle tal aceptación. Esto nos ayuda a entender por qué la fe fue escogida como la condición principal de nuestra justificación, es decir, de ser declarados justos delante de Dios. La fe da más gloria a Dios que cualquier otra virtud, porque confía plenamente en él.
De este capítulo
Romanos 4:1
"Pero entonces, ¿qué diremos que obtuvo Abraham, nuestro antepasado?"
Romanos 4:2
"En efecto, si Abraham hubiera sido reconocido como justo por sus propios hechos, tendría razón para gloriarse, aunque no delante de Dios."
Romanos 4:3
"Pues la Escritura dice: «Abraham creyó a Dios, y por eso Dios se lo tuvo en cuenta y lo reconoció como justo»."
Romanos 4:4
"Ahora bien, si alguien trabaja, el pago no se le da como regalo, sino como algo que se le debe."
Romanos 4:5
"En cambio, si alguien cree en Dios, que hace justo al pecador, Dios toma en cuenta su fe para reconocerlo como justo, aunque no haya hecho nada que merezca su favor."
Romanos 4:6
"David mismo habló de la dicha de aquel a quien Dios reconoce como justo sin tomar en cuenta sus hechos."
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