Versículo destacado

Romanos 4:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Pero entonces, ¿qué diremos que obtuvo Abraham, nuestro antepasado? "

Romanos 4:1

menu_book El versículo en contexto

1 Pero entonces, ¿qué diremos que obtuvo Abraham, nuestro antepasado?

2 En efecto, si Abraham hubiera sido reconocido como justo por sus propios hechos, tendría razón para gloriarse, aunque no delante de Dios.

3 Pues la Escritura dice: «Abraham creyó a Dios, y por eso Dios se lo tuvo en cuenta y lo reconoció como justo».

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí el apóstol muestra que Abraham fue declarado justo delante de Dios, no por las obras, sino por la fe. Los judíos, más que cualquier otro pueblo, insistían en que tenían parte en la justicia debido a sus privilegios y sus buenas obras. Por eso Pablo señala a Abraham, su padre, y también habla en su propio nombre, porque él mismo era hebreo entre hebreos: «Abraham, nuestro padre». Si la posición de Abraham era tan grande como ellos afirmaban que era la de sus descendientes, entonces la pregunta cobraba todavía más importancia: ¿qué había hallado Abraham?

Las personas pasan la vida buscando, pero la mayoría termina persiguiendo cosas vacías. Solo de quienes son declarados justos delante de Dios puede decirse verdaderamente que han encontrado lo que importa. Abraham era como un comerciante sabio que buscaba perlas finas, y encontró esa perla de gran valor. Pero ¿qué halló según la carne, es decir, por medio de la circuncisión, los privilegios externos y las acciones externas? Pablo llama carne a estas cosas (Filipenses 3:3). ¿Obtuvo Abraham la aceptación de Dios por medio de ellas? ¿Fue su propia obra la que le ganó el favor de Dios? De ninguna manera. Pablo lo demuestra de varias formas.

Si Abraham hubiera sido declarado justo por las obras, habría habido lugar para jactarse, y toda jactancia debe quedar excluida para siempre. Si eso fuera cierto, tendría algo de qué gloriarse (Romanos 4:2), pero eso no puede permitirse. Los judíos podrían decir: «¿Acaso no fue engrandecido su nombre?» (Génesis 12:2). «¿Y no podía jactarse de eso?». Sí, podía ser honrado entre los seres humanos, pero no podía reclamar mérito delante de Dios. Pablo mismo tenía razones para jactarse delante de las personas, y algunas veces habló de ellas, pero siempre con humildad. Sin embargo, no tenía nada de qué jactarse delante de Dios (1 Corintios 4:4; Filipenses 3:8-9). Lo mismo ocurría con Abraham. Pablo da por sentado que nadie puede atribuirse gloria delante de Dios, ni siquiera Abraham, por grande y bueno que haya sido. Por eso, quien se jacta debe jactarse solamente en el Señor.

La Escritura también dice claramente que la fe de Abraham le fue contada como justicia. «¿Qué dice la Escritura?» (Romanos 4:3). En toda controversia religiosa, esa debe ser nuestra pregunta principal. No se trata de preguntar qué dice este gran hombre o aquel hombre bueno, sino qué dice la Escritura. Debemos acudir a la ley y al testimonio (Isaías 8:20), porque esa es la autoridad final. La Escritura dice que Abraham creyó, y que esa fe le fue contada como justicia (Génesis 15:6). Por eso no tenía ninguna razón para jactarse delante de Dios. Dios lo contó así únicamente por gracia. La fe misma no poseía en sí toda la naturaleza formal de la justicia; Dios, en su gracia, decidió contarla de esa manera.

Esto se dijo en Génesis después de un acto notable de fe relacionado con el hijo prometido. Es especialmente significativo porque ocurrió después de una intensa lucha contra la incredulidad. Su fe se había convertido en una fe victoriosa, como quien acababa de regresar de la batalla. Para la justificación, es decir, para ser declarado justo delante de Dios, no se requiere una fe perfecta. Puede haber una fe verdadera y agradable a Dios aun cuando todavía quede algo de incredulidad. Lo importante es una fe que prevalece, una fe que logra imponerse sobre la incredulidad.

Si Abraham hubiera sido justificado por la fe entendida como una obra, entonces la recompensa se le habría debido, en vez de serle dada por gracia; y eso no puede ser. Pablo lo dice en Romanos 4:4-5. La recompensa de Abraham era Dios mismo, tal como Dios acababa de decirle: «Yo soy tu recompensa muy grande» (Génesis 15:1). Si Abraham hubiera ganado esa recompensa mediante una obediencia perfecta, entonces el regalo de Dios ya no sería gracia. Abraham podría exigirla como un trabajador exige el salario que ha ganado. Pero eso es imposible. Ningún ser humano, y mucho menos un ser humano culpable, puede hacer que Dios se convierta en su deudor (Romanos 11:35). Dios tendrá toda la gloria de la gracia gratuita, una gracia concedida por pura gracia (Juan 1:16).

Por eso, cuando Pablo habla de la persona que no trabaja, se refiere a quien no reclama ningún mérito y no puede presentar valor alguno en sus obras que haga merecida una recompensa así. En vez de eso, renuncia a toda pretensión y confía por completo en la gracia gratuita de Dios en Cristo, mediante una fe viva, activa y obediente. A esa persona, la fe le es contada como justicia. Dios la acepta como la señal necesaria de quienes serán perdonados y salvos. Dios justifica al impío, es decir, a la persona que antes vivía en impiedad. La impiedad del pasado no es un obstáculo para la justificación cuando una persona cree. La expresión de Pablo apunta a «ese impío», es decir, al mismo Abraham, quien antes de su conversión parece haber sido arrastrado por la idolatría de los caldeos (Josué 24:2). Por eso no hay lugar para la desesperación. Dios no declara inocente al culpable que permanece sin arrepentirse, pero por medio de Cristo justifica al impío.

Luego Pablo añade las palabras de David tomadas de los Salmos, donde David habla del perdón de los pecados, una de las partes principales de la justificación, y llama bienaventurada a esa persona. No se refiere a alguien que no tiene ningún pecado, ni a alguien que no tiene pecado digno de muerte. Si esa fuera la norma, ¿quién podría ser bienaventurado, puesto que los seres humanos son pecadores y Dios es santo? Más bien, bienaventurada es la persona a quien el Señor no le toma en cuenta el pecado. Esa persona no puede decir: «No soy culpable», pero sí puede pedir perdón, y esa petición es aceptada (Salmo 32:1-2).

Esto muestra la naturaleza del perdón. Es como cancelar una deuda o perdonar un delito. Es cubrir el pecado, como algo impuro, semejante a la vergüenza de un alma desnuda. Se dice que Dios arroja el pecado detrás de su espalda y que esconde su rostro de él. Estas expresiones muestran que nuestra bienaventuranza no depende de que nunca hayamos pecado. El pecado sigue siendo pecado, aun cuando es cubierto. La justificación no hace como si el pecado nunca hubiera ocurrido. Más bien, significa que Dios no nos lo atribuye. Eso es lo que Pablo dice aquí acerca de que Dios no toma en cuenta el pecado (Romanos 4:8). Por eso, la justificación es un acto completamente lleno de gracia. Dios no trata con nosotros conforme a la justicia estricta que nuestros pecados merecen. No entra en juicio con nosotros ni toma en cuenta nuestras iniquidades. Puesto que todo esto es gracia, la aceptación y la recompensa no pueden considerarse un salario. Por eso Pablo concluye que Dios cuenta como justicia algo independiente de las obras.

Pablo también muestra la bienaventuranza del perdón. «Bienaventurados aquellos» significa que las personas perdonadas son verdaderamente felices. Cuando la Escritura dice: «Bienaventurados los que andan por el camino sin mancha» o «Bienaventurado el hombre que no sigue el consejo de los malvados», describe la clase de personas que son bienaventuradas. Pero cuando dice: «Bienaventurados aquellos cuyos pecados son perdonados», nos dice en qué consiste realmente esa bienaventuranza y de dónde proviene. Quienes tienen sus pecados perdonados son las únicas personas verdaderamente bienaventuradas. El mundo dice que las personas felices son las que tienen bienes claramente a su nombre y no tienen deudas con nadie. Pero la Palabra de Dios dice que las personas felices son aquellas cuyas deudas con Dios han sido canceladas.

Por eso es tan importante asegurarnos de que nuestros pecados han sido perdonados. Esta es la base de toda otra bendición. Dios dice: «Haré esto y aquello por ellos, porque tendré misericordia» (Hebreos 8:12).

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Romanos 4:1 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

De este capítulo

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.