Versículo destacado
Apocalipsis 6:3 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Cuando el Cordero rompió el segundo sello, oí que el segundo de los seres vivientes decía: «¡Ven!»
Apocalipsis 6:3
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Cuando el Cordero rompió el segundo sello, oí que el segundo de los seres vivientes decía: «¡Ven!»
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Los siguientes tres sellos presentan un cuadro triste de los grandes y destructivos juicios que Dios envía sobre quienes rechazan o hacen mal uso del evangelio eterno. Algunos entienden que se refieren a las persecuciones que sufrió la iglesia de Cristo. Otros creen que hablan de la destrucción de los judíos. Sin embargo, parece que señalan de manera más general los terribles juicios de Dios, por medio de los cuales venga la afrenta hecha a su pacto contra quienes lo toman a la ligera.
Cuando se abre el segundo sello, se le dice a Juan que observe, y aparece otro caballo, esta vez rojo (Apocalipsis 6:4). El caballo rojo señala el juicio destructivo de la guerra. Su jinete tiene poder para quitar la paz de la tierra, de modo que las personas se maten unas a otras. No queda claro si este jinete es Cristo mismo, como Señor de los ejércitos, o los agentes que él utiliza para llevar a cabo la guerra. Pero hay tres cosas claras. Primero, quienes no se sometan al gobierno bondadoso del evangelio deben esperar ser quebrantados por la espada de la justicia divina. Segundo, Jesucristo gobierna no solo en el reino de la gracia, sino también en su providencia, es decir, en su gobierno sabio sobre todos los acontecimientos. Tercero, la espada de la guerra es un juicio terrible. Quita de la tierra la paz, una de las mayores bendiciones de la vida, y convierte a las personas en asesinas unas de otras, cuando deberían amarse y ayudarse.
Cuando se abre el tercer sello, aparece otro caballo, negro, que señala el hambre, ese terrible juicio. El jinete lleva en la mano una balanza (Apocalipsis 6:5), lo cual muestra que ahora las personas deben racionar cuidadosamente su pan, tal como Dios había advertido en Levítico 26:26: «Les entregarán el pan pesado». Algunos intérpretes creen que la voz de Apocalipsis 6:6, que dice que una medida de trigo costará un denario, tres medidas de cebada costarán un denario, y que no se dañen el aceite ni el vino, significa abundancia y no hambre. Pero esa objeción desaparece si recordamos lo pequeña que era la medida y cuánto valía el denario en aquel tiempo. La medida era de apenas un cuarto de galón, aproximadamente, y el denario equivalía a unos siete peniques y medio de aquella época; era, por tanto, un precio muy alto por un cuarto de galón de trigo.
Este hambre parece haber afectado sobre todo a los pobres. El aceite y el vino, que eran lujos para los ricos, no fueron afectados. Pero si se quita el pan, que sostiene la vida, los lujos no pueden reemplazarlo. Aquí debemos observar dos cosas. Primero, cuando las personas desprecian su alimento espiritual, Dios puede quitar justamente su pan diario. Segundo, un juicio rara vez llega solo. La guerra naturalmente trae hambre, y quienes no se humillan bajo un juicio deben esperar otro, incluso mayor, porque cuando Dios entra en juicio, prevalecerá. El hambre de pan es un juicio terrible, pero el hambre de la palabra es peor, aunque los pecadores descuidados no perciban su gravedad.
Cuando se abre el cuarto sello, aparece otro caballo, de color pálido. Su jinete es la Muerte, el rey de los terrores. Se trata de la peste: la muerte ejerciendo su poder, gobernando sobre una ciudad o una nación, recorriendo el lugar y cobrando nuevas víctimas a cada hora. Junto con este rey de los terrores viene el infierno, es decir, la miseria eterna de todos los que mueren en sus pecados. En tiempos de una destrucción tan extendida, muchos descienden sin estar preparados al lugar de la ruina. Es un pensamiento aterrador, capaz de hacer temblar al mundo entero: el juicio eterno sigue inmediatamente después de la muerte del pecador que no se ha arrepentido.
Aquí debemos observar varias cosas. Existe una relación natural, además de judicial, entre un juicio y otro. La guerra debilita a un pueblo y después trae escasez y hambre. El hambre, al privar a las personas de alimento adecuado y obligarlas a comer lo que les hace daño, a menudo también trae pestilencia. Dios siempre tiene más que suficientes medios para castigar a un pueblo malvado. En el libro de sus propósitos ha preparado juicios para quienes se burlan de él, así como misericordia para quienes regresan a él. En las Escrituras ha dado a conocer tanto advertencias como promesas, y es nuestro deber escuchar y creer las advertencias, al igual que las promesas.
Después de que se abren estos sellos de los juicios venideros y se describe cada uno, se nos dice en general que Dios les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra para matar con la espada, el hambre, la muerte y las fieras de la tierra (Apocalipsis 6:8). Les dio poder, es decir, dio ese poder a los instrumentos de su ira o a los juicios mismos. Aquel que sostiene los vientos en su mano tiene bajo su mando todas las calamidades públicas. Estas solo pueden avanzar cuando él las envía y únicamente hasta donde él lo permite.
Junto con la guerra, el hambre y la pestilencia, se añaden las fieras de la tierra como otro juicio severo, mencionado en Ezequiel 14:21. Aquí aparecen al final porque, cuando una nación ha sido despoblada por la espada, el hambre y la pestilencia, los pocos sobrevivientes quedan en una tierra desolada y aullante. Eso solo anima a las fieras a establecerse allí y hace que esas personas sean una presa fácil. Otros entienden que las fieras del campo representan a hombres brutales y salvajes que se han despojado de toda humanidad y se complacen en destruir a los demás.
De este capítulo
Apocalipsis 6:1
"Luego vi cuando el Cordero rompía el primero de los siete sellos, y oí que uno de aquellos cuatro seres vivientes decía con una voz que parecía un trueno: «¡Ven!»"
Apocalipsis 6:2
"Miré, y vi un caballo blanco, y el que lo montaba llevaba un arco en la mano. Se le dio una corona, y salió triunfante y para triunfar."
Apocalipsis 6:4
"Y salió otro caballo. Era de color rojo, y el que lo montaba recibió poder para quitar la paz del mundo y hacer que los hombres se mataran unos a otros; y se le dio una gran espada."
Apocalipsis 6:5
"Cuando el Cordero rompió el tercer sello, oí que el tercero de los seres vivientes decía: «¡Ven!» Miré, y vi un caballo negro, y el que lo montaba tenía una balanza en la mano."
Apocalipsis 6:6
"Y en medio de los cuatro seres vivientes oí una voz que decía: «Solamente un kilo de trigo por el salario de un día, y tres kilos de cebada por el salario de un día; pero no eches a perder el aceite ni el vino»."
Apocalipsis 6:7
"Cuando el Cordero rompió el cuarto sello, oí que el cuarto de los seres vivientes decía: «¡Ven!»"
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