Versículo destacado
Salmos 99:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Moisés y Aarón están entre sus sacerdotes; Samuel está entre los que alabaron su nombre. El Señor les respondía cuando ellos pedían su ayuda.
Salmos 99:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 ¡Alaben al Señor, nuestro Dios, y arrodíllense delante de sus pies! ¡Dios es santo!
6 Moisés y Aarón están entre sus sacerdotes; Samuel está entre los que alabaron su nombre. El Señor les respondía cuando ellos pedían su ayuda.
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La felicidad de Israel bajo el gobierno de Dios se muestra aquí mediante algunos ejemplos claros de cómo él trató con su pueblo, especialmente por medio de Moisés, Aarón y Samuel. Estos fueron los líderes principales que guiaron al pueblo en sus respectivos tiempos. Con Moisés y Aarón comenzó el gobierno directo de Dios sobre Israel, pues él los usó para formar a Israel como nación. En Samuel, ese gobierno llegó, en gran medida, a su fin, porque cuando el pueblo rechazó a Samuel y le exigió que dejara de dirigirlo, se dijo que en realidad estaba rechazando a Dios mismo, para que él ya no fuera su Rey directo como antes (1 Samuel 8:7). El pueblo quería tener un rey como las demás naciones.
Moisés aparece contado entre los sacerdotes de Dios, al igual que Aarón, porque desempeñó funciones sacerdotales hasta que Aarón fue apartado formalmente para ese servicio. Además, Moisés consagró, es decir, apartó, a Aarón y a sus hijos para ese oficio. Por eso los judíos llaman a Moisés el sacerdote de los sacerdotes. En cuanto a estos tres gobernantes principales, debemos notar primero su estrecha comunión con Dios y el maravilloso favor que él les mostró.
Ninguna otra nación de la tierra podía señalar a tres hombres como ellos, hombres que tuvieron una relación tan real con el cielo y a quienes Dios conocía por nombre (Éxodo 33:17). Ellos honraron a Dios de dos maneras principales. Primero, lo honraron mediante la oración. Samuel no era uno de los sacerdotes, pero estaba entre los que invocaban el nombre de Dios. Los tres eran conocidos por esto: invocaban al SEÑOR. No confiaban en su propia sabiduría ni en sus propias fuerzas. En cada crisis acudían a Dios, ponían su esperanza en él y dependían de él.
Segundo, honraron a Dios mediante la obediencia. Guardaban sus testimonios y las leyes que él les había dado. Tomaban en serio su deber y hacían de la palabra y la ley de Dios su norma en todo. Sabían que, si no obedecían, no tenían razón para esperar que sus oraciones fueran escuchadas (Proverbios 28:9). Moisés hacía todo conforme al modelo que Dios le había mostrado. La Escritura repite esto con frecuencia al decir que hizo todo lo que Dios le ordenó. Aarón y Samuel hicieron lo mismo. Las personas más grandes y honradas son las que muestran mayor fidelidad al guardar los testimonios de Dios y vivir conforme a su palabra.
Dios también mostró su favor al responderles y concederles lo que le pedían. Los tres tuvieron un poder extraordinario en la oración. Por su petición ocurrieron milagros. Más aún, Dios no solo actuó a favor de ellos como un rey que concede una petición. Habló con ellos como un amigo habla con su amigo (Salmo 99:7). Les habló desde la columna de nube. A menudo habló con Samuel, y desde su niñez la palabra del SEÑOR vino a él. También es posible que le hablara por medio de una nube resplandeciente que lo cubría. En cualquier caso, con frecuencia habló con Moisés y Aarón desde la famosa columna de nube (Éxodo 16:10; Números 12:5). Se le recuerda esto a Israel para fortalecer su fe. Aunque en ese momento ya no viera señales tan claras de la presencia de Dios como la columna de nube, Dios se había manifestado de esa manera a sus primeros líderes y a su gran reformador.
Además, estos hombres hicieron mucho bien por Israel. Intercedieron por el pueblo, y por medio de ellos muchas oraciones trajeron paz. Moisés se puso en la brecha, y Aarón se colocó entre los vivos y los muertos. Cuando Israel estaba en dificultades, Samuel clamó al SEÑOR por ellos (1 Samuel 7:9). Eso significa este versículo cuando dice: «Tú les respondiste, SEÑOR nuestro Dios». En respuesta a sus oraciones, Dios fue perdonador con el pueblo por el que ellos intercedían. Aunque castigó sus malas acciones, no los destruyó como nación, aun cuando su pecado merecía ese castigo. Como ha dicho un escritor, Dios fue bondadoso con ellos por causa de sus siervos y perdonó al pueblo ante su petición, aun cuando su ira estaba a punto de estallar y destruirlo por completo.
Estos fueron ejemplos sorprendentes del gobierno de Dios en Israel, mayores que todo lo que se veía entre las demás naciones. Por eso se vuelve a llamar al pueblo a alabarlo. Debían exaltar al SEÑOR su Dios por lo que había hecho por ellos tanto en el pasado como en el presente, y adorar en su santo monte de Sion, donde ya había establecido su templo y pronto establecería a su Rey (Salmo 2:6). El templo era una imagen del Rey que había de venir. Allí, como centro de unidad del pueblo de Dios, debía reunirse todo Israel para adorarlo. El SEÑOR nuestro Dios es santo, y muestra su santidad no solo en su santa ley, sino también en su santo evangelio.
De este capítulo
Salmos 99:1
"¡El Señor es Rey! ¡Él tiene su trono sobre los querubines! Tiemblen las naciones, y aun la tierra entera."
Salmos 99:2
"El Señor es grande en el monte Sión; el Señor está por encima de todos los pueblos."
Salmos 99:3
"Sea alabado su nombre, grande y terrible; ¡Dios es santo!"
Salmos 99:4
"Tú eres un Rey poderoso que ama la justicia; tú mismo estableciste la igualdad. Has tratado a los hijos de Jacob con justicia y rectitud."
Salmos 99:5
"¡Alaben al Señor, nuestro Dios, y arrodíllense delante de sus pies! ¡Dios es santo!"
Salmos 99:7
"Dios habló con ellos desde la columna de nube, y ellos cumplieron sus mandatos y la ley que les dio."
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