Versículo destacado
Salmos 91:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Ya que has hecho del Señor tu refugio, y del Altísimo tu lugar de protección, "
Salmos 91:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 pues mil caerán muertos a tu izquierda y diez mil a tu derecha, pero a ti nada te pasará.
8 Solamente habrás de presenciarlo: verás a los malvados recibir su merecido.
9 Ya que has hecho del Señor tu refugio, y del Altísimo tu lugar de protección,
10 no te sobrevendrá ningún mal ni la enfermedad llegará a tu casa;
11 pues él mandará a sus ángeles que te cuiden por dondequiera que vayas.
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Aquí se presentan más promesas que expresan lo mismo que las anteriores. Son muy grandes, valiosas y seguras para todo el pueblo de Dios.
El salmista asegura primero a los creyentes, basándose en su propia experiencia, que Dios los protege. Lo que dice es palabra de Dios, y podemos depender de ella. Observa qué clase de personas reciben estas promesas: quienes hacen del Altísimo su hogar (Salmo 91:9). Permanecen cerca de Dios, descansan en él y hacen de su nombre tanto su templo como su torre fuerte. Viven en amor y, por eso, viven en Dios.
Es nuestro deber sentirnos como en casa en Dios. Debemos elegirlo y luego vivir toda nuestra vida en él, como nuestro refugio. Debemos pasar tiempo con él, deleitarnos en él y depender de él. Entonces se convierte en nuestro privilegio estar en casa con Dios. Él nos recibe como una persona es recibida en su propia casa, sin que la ley nos detenga ni la conciencia nos acuse. También estaremos seguros en él y seremos guardados en perfecta paz (Isaías 26:3).
Para animarnos a hacer del Señor nuestro hogar, el salmista comparte el consuelo que él mismo encontró allí. En esencia, dice: «Aquel a quien ustedes hacen su hogar es mi refugio. He descubierto que es firme y fiel, y que en él hay suficiente espacio y protección para los dos». En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; por eso, una persona no deja a otra sin espacio.
Estas son las promesas para todos los que hacen del Altísimo su hogar. Primero, pase lo que pase, nada podrá hacerles un daño verdadero (Salmo 91:10). Pueden venirles dificultades y sufrimientos, pero ningún mal genuino resultará de ellos, porque vienen del amor de Dios y serán santificados para producir algo bueno. Tal vez les causen dolor por un tiempo, pero al final verán que nada verdaderamente malo les ocurrió. No se trata de un mal absoluto, porque lleva algo bueno mezclado y de él resulta el bien. Su hogar también será protegido, de modo que ninguna plaga se acercará a él ni habrá nada que lastime a sus habitantes o a su familia.
Segundo, los ángeles de luz estarán a su servicio (Salmo 91:11-12). Esta es una promesa preciosa. Les brinda gran honor y consuelo a los hijos de Dios, aunque el diablo la usó indebidamente cuando tentó a Cristo (Mateo 4:6). Dios, quien gobierna a los ángeles y les da sus órdenes, mandará a sus ángeles que te cuiden. Esto no se aplica solamente a la iglesia en conjunto, sino también a cada creyente. Los ángeles cumplen las órdenes de Dios, y esta es la tarea que él les encomienda.
Esto demuestra cuánto cuida Dios a sus santos, pues incluso los ángeles son puestos a su servicio. La promesa dice que te cuidarán en todos tus caminos. Esto tiene un límite: significa mientras permanezcas en el camino del deber. Quienes abandonan ese camino se colocan fuera de la protección de Dios. El diablo omitió esa parte cuando citó la promesa, porque obraba en su contra. Aun así, la promesa tiene un alcance amplio. Incluye todos tus caminos, incluso aquellos en los que no parece haber peligro, y también los que presentan el mayor riesgo. Dondequiera que vayan los creyentes, los ángeles reciben la orden de acompañarlos, como sirvientes que atienden a los hijos de una casa.
Los ángeles también cuidan al pueblo de Dios de acuerdo con esta encomienda. Te sostendrán en sus manos. Esto muestra tanto su poder como su ternura. Pueden mantener a los creyentes fuera de peligro, y lo hacen con el cuidado de una enfermera que carga a un niño pequeño. Esto muestra que nosotros somos débiles y que ellos están dispuestos a ayudarnos. Su servicio es humilde y bondadoso. Vigilan los pies de los santos para que no tropiecen con una piedra, caigan y se precipiten en el pecado o en la aflicción.
Tercero, los poderes de las tinieblas serán derrotados por ellos (Salmo 91:13). Pisarás al león y a la cobra. Al diablo se le llama león rugiente, serpiente antigua y dragón rojo. Por eso, el apóstol parece referirse a esta promesa cuando dice que el Dios de paz pronto aplastará a Satanás bajo los pies de su pueblo (Romanos 16:20). Cristo quebró la cabeza de la serpiente y despojó de su poder a nuestros enemigos espirituales (Colosenses 2:15). Por medio de él somos más que vencedores. Es como si Cristo nos llamara, tal como Josué llamó a los capitanes de Israel, a poner nuestros pies sobre el cuello de los enemigos derrotados.
Algunos piensan que esta promesa se cumplió plenamente en Cristo, quien mostró un poder milagroso sobre toda la creación al sanar a los enfermos, expulsar demonios y darles a sus discípulos poder para tomar serpientes en sus manos (Marcos 16:18). También puede aplicarse a la providencia de Dios, por medio de la cual somos protegidos de animales salvajes dañinos. Los animales salvajes del campo estarán en paz contigo (Job 5:23), y las personas incluso aprenden maneras de domesticarlos (Santiago 3:7).
Luego el salmista presenta a Dios mismo hablando palabras de consuelo a sus santos y diciéndoles qué misericordia ha preparado para ellos (Salmo 91:14-16). Algunos entienden que estas son palabras dirigidas a los ángeles, para explicar por qué reciben esta encomienda respecto a los santos. Sería como si Dios dijera: «Cuídenlos, porque son importantes para mí y me preocupo profundamente por ellos». Una vez más, debemos observar a quiénes pertenecen estas promesas. Se les describe de tres maneras.
Primero, son personas que conocen el nombre de Dios. No podemos conocer plenamente su naturaleza, pero él se ha dado a conocer por su nombre, y debemos aprender quién es. Segundo, son quienes ponen en él su amor. Todo el que verdaderamente lo conoce lo amará, hará de él el único objeto digno de su amor, derramará con alegría su amor sobre él y se aferrará a él con un corazón firme, negándose a volverse hacia cualquier rival. Tercero, son quienes lo invocan, manteniendo una conversación constante con él por medio de la oración y llevando ante él cada situación difícil.
Estas son las promesas de Dios para tales personas. Él las librará de la aflicción en el momento oportuno: «Yo lo libraré» (Salmo 91:14-15). Esto apunta a una doble liberación, en la vida y en la muerte; una liberación mientras están en la aflicción y otra que los sacará de ella. Si Dios mide nuestras aflicciones conforme a nuestras fuerzas, nos guarda de pecar contra él en medio de ellas y hace de la muerte la liberación de todas nuestras aflicciones, entonces esta promesa se cumple. Consulta (Salmo 34:19; 2 Timoteo 3:11; 2 Timoteo 4:18).
También estará con ellos en la aflicción (Salmo 91:15). Si no pone fin de inmediato a su sufrimiento, les dará su amorosa presencia en medio de él. Verá su dolor, conocerá de cerca su alma en la aflicción, los visitará por medio de su Palabra y su Espíritu, permanecerá a su lado, los sostendrá y consolará, y hará que sus pruebas les sean útiles. Ese cambio en el corazón y esa ayuda constante son la señal más segura de que él está con ellos en la aflicción.
Él responderá sus oraciones. Ellos lo invocarán, y Dios dice: «Derramaré sobre ellos un espíritu de oración»; después responderá. Responde por medio de sus promesas (Salmo 85:8), por medio de su providencia, al enviar ayuda en el momento oportuno, y por medio de su gracia, al fortalecer su vida interior (Salmo 138:3). Al apóstol Pablo le respondió con una gracia suficiente para él (2 Corintios 12:9).
También los levantará y les dará honor. «Lo pondré en alto», fuera del alcance de la aflicción, por encima de la tormenta, sobre una roca que se eleva por encima de las olas (Isaías 33:16). Por la gracia de Dios, aprenden a mirar las cosas del mundo con una distancia santa y a mirar hacia las cosas de la vida venidera con santo deseo y preocupación. De ese modo son puestos en alto. «Lo honraré». Son verdaderamente honrados aquellos a quienes Dios honra al llevarlos a una relación de pacto, es decir, a una relación firme de gracia y comunión con él, y al prepararlos para su reino y su gloria (Juan 12:26).
También tendrán suficiente vida en este mundo (Salmo 91:16). «Lo colmaré de una larga vida» significa, primero, que vivirán el tiempo suficiente. Permanecerán en este mundo hasta haber terminado la obra que Dios les dio y estar listos para el cielo, y eso es suficiente. ¿Quién querría vivir un solo día más de lo que Dios tiene trabajo que hacer, ya sea por medio de él o en él? También significa que sentirán que es suficiente. La gracia de Dios aflojará su apego a este mundo y los hará estar dispuestos a dejarlo.
Una persona puede morir joven y aun así morir con una vida plena, satisfecha con sus días. Una persona malvada y mundana nunca está satisfecha, ni siquiera con una larga vida, sino que sigue diciendo: «Dame más». Quien tiene su tesoro y su corazón en otro mundo pronto considera suficiente este mundo. No desearía vivir aquí para siempre.
Sobre todo, tendrán vida eterna en el mundo venidero. Esa es la corona de esta bendita promesa: «Le mostraré mi salvación». Algunos entienden que esto significa que le mostrará al Mesías, y el buen anciano Simeón quedó satisfecho con su vida cuando pudo decir: «Mis ojos han visto tu salvación». Los creyentes del Antiguo Testamento no tenían mayor gozo que ver el día de Cristo, aunque fuera desde lejos.
Lo más probable es que la expresión se refiera a la patria mejor, la celestial, que los patriarcas anhelaban y buscaban. Dios le mostrará esa patria y lo llevará a ese estado de bendición. Su gozo se encuentra, en gran medida, en ver a Dios cara a cara, en vez de verlo solo de manera tenue, como a través de un espejo. Mientras tanto, Dios les permite a los creyentes vislumbrarla aquí. Algunos piensan que todas estas promesas apuntan primero a Cristo y que encontraron su cumplimiento pleno en su resurrección y exaltación.
De este capítulo
Salmos 91:1
"El que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso,"
Salmos 91:2
"dice al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, ¡mi Dios, en quien confío!»"
Salmos 91:3
"Solo él puede librarte de trampas ocultas y de plagas mortales,"
Salmos 91:4
"pues te cubrirá con sus alas, y bajo ellas estarás seguro. ¡Su fidelidad te protegerá como un escudo!"
Salmos 91:5
"No tengas miedo de los peligros nocturnos ni de las flechas lanzadas de día,"
Salmos 91:6
"ni de las plagas que llegan con la oscuridad ni de las que destruyen a pleno sol;"
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