Versículo destacado
Salmos 91:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
El que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso,
Salmos 91:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso,
2 dice al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, ¡mi Dios, en quien confío!»
3 Solo él puede librarte de trampas ocultas y de plagas mortales,
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En estos versículos encontramos primero una gran verdad expresada de manera general: todos los que viven en estrecha comunión con Dios están siempre seguros bajo su protección. Por eso pueden mantener en todo momento una mente tranquila y firme (Salmos 91:1). El que habita, es decir, el que se establece, en el lugar secreto del Altísimo permanecerá bajo la sombra del Todopoderoso. La persona que, por fe, elige a Dios como su protector encontrará en él todo lo que necesita o pudiera desear.
Esta es la señal de un verdadero creyente: habita en el lugar secreto del Altísimo. Se siente en casa con Dios, vuelve a Dios y descansa en él. Presta atención a la vida interior, es decir, a una adoración real que nace del corazón, y hace del servicio a Dios un asunto del corazón. Adora, por así decirlo, detrás del velo, y disfruta estar a solas con Dios para hablar con él en quietud.
Este también es su privilegio y consuelo: descansar bajo la sombra del Todopoderoso. Dios los protege y se interpone entre ellos y cualquier cosa que pudiera hacerles daño, ya sea durante la tormenta o bajo el sol. No solo tienen acceso a la protección de Dios, sino que hacen allí su hogar. Él será su descanso y refugio para siempre.
Luego el salmista aplica esto a su propia vida de manera personal (Salmos 91:2). Dice: «Diré acerca del Señor», sin importar lo que otros digan de él: «Él es mi refugio». Elige a Dios como su refugio y confía en él. Otros hacen de los ídolos su refugio, pero él afirma que el Señor, el Dios verdadero y viviente, es su refugio. Cualquier otro refugio es solamente falso. El Señor también es su fortaleza y su baluarte.
Los idólatras llamaban a sus ídolos sus fortalezas (Daniel 11:39), pero se engañaban a sí mismos. Solo están verdaderamente seguros quienes hacen del Señor su Dios y su fortaleza. Como no hay razón para dudar de su poder ni de su suficiencia, el salmista añade con razón: «En él confiaré». Si el Señor es nuestro Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza, ¿qué más podríamos necesitar que no podamos encontrar en él? Él no es cambiante ni falso, y tampoco es débil ni mortal. Él es Dios, no un ser humano; por eso no tenemos que temer que nos decepcione. Sabemos en quién hemos confiado.
A partir de ahí, el salmista anima a otros a hacer lo mismo, no solo basándose en el consuelo que él mismo ha experimentado, pues la experiencia a veces puede equivocarse, sino en la verdad de la promesa de Dios, en la cual no hay engaño (Salmos 91:3, Salmos 91:4 y los versículos siguientes). «Ciertamente él te rescatará». Quienes han encontrado consuelo al hacer de Dios su refugio naturalmente desean que otros hagan lo mismo.
La promesa es que los creyentes serán protegidos de los peligros que los amenazan y podrían destruirlos. Serán librados de la trampa del cazador, que está oculta y atrapa al ave de repente, y de la peste mortal, que ataca sin advertencia y contra la cual no existe una defensa natural. Esta promesa protege tanto la vida natural como la vida espiritual. En la vida natural, Dios con frecuencia nos libra de peligros muy cercanos y graves sin que siquiera nos demos cuenta, tal como un ave no ve la trampa antes de quedar atrapada. Le debemos a la providencia de Dios mucho más de lo que comprendemos, pues nos guarda de enfermedades infecciosas y de personas malvadas e irracionales. En la vida espiritual, la gracia divina protege a los creyentes de las tentaciones de Satanás, que son como trampas ocultas, y de la propagación del pecado, que es como una enfermedad mortal. El que da gracia para embellecer el alma también pondrá una defensa alrededor de esa gloria.
La promesa también dice que Dios mismo será su protector. Seguros estarán quienes lo tienen como guardián, y prosperarán aquellos de quienes él se hace cargo (Salmos 91:4). «Él te cubrirá». Te esconderá y te mantendrá a salvo (Salmos 31:20; Salmos 27:5). Dios protege a los creyentes con gran ternura y afecto, como muestran las palabras: «Te cubrirá con sus plumas, y debajo de sus alas hallarás refugio». Esto alude a la gallina que reúne a sus polluelos debajo de sus alas (Mateo 23:37). Por instinto natural, no solo los protege, sino que también los llama a un lugar seguro, los mantiene calientes y cuida de ellos. A Dios le agrada comparar su cuidado por su pueblo con ese tipo de protección. Su pueblo es indefenso como los polluelos y puede sufrir daño con facilidad, pero está invitado a confiar bajo la sombra de las alas de la promesa y la providencia de Dios. Esta es una manera adecuada de describir a quien se ha vuelto a la fe verdadera: alguien que ha llegado a confiar bajo las alas del Dios de Israel (Rut 2:12).
Dios protege tanto con gran poder como con ternura. Las alas y las plumas, aunque se ofrecen con amor, siguen siendo débiles y pueden quebrarse. Por eso el versículo añade: «Su verdad será tu escudo y tu armadura», es decir, una defensa fuerte. Dios está dispuesto a cuidar de su pueblo como una gallina cuida de sus polluelos, y tiene el poder para protegerlo como un guerrero revestido de armadura.
También los guardará no solo del mal, sino del temor al mal (Salmos 91:5, Salmos 91:6). El peligro que se describe aquí es suficientemente real como para atemorizarnos. Estamos expuestos tanto de día como de noche, y las personas temerosas pueden sentirse inseguras en cualquiera de los dos momentos. Cuando estamos en nuestras habitaciones y camas, y hemos hecho todo lo posible para mantenernos seguros, todavía puede haber terror nocturno causado por ladrones, tormentas e incluso temores imaginarios, que muchas veces son los que más nos asustan. La Escritura habla del «terror de la noche» (Cantares 3:8). También existe la peste que avanza en la oscuridad, como la plaga que mató a los primogénitos en Egipto y al ejército de los asirios. Ninguna cerradura ni barra puede impedir la entrada de una enfermedad, pues llevamos sus semillas en nuestro propio cuerpo.
Sin embargo, también hay peligro a plena luz del día. Hay una flecha que vuela durante el día, y vuela sin que la veamos. Hay destrucción que arrasa al mediodía, cuando estamos despiertos y rodeados de amigos. No podemos protegernos por completo, y tampoco los demás pueden protegernos plenamente. Algunos piensan que este salmo fue escrito después de la peste enviada para castigar a David por haber censado al pueblo, y que esa enfermedad llegó durante el día.
Aun así, a los creyentes se les promete seguridad en medio de semejante peligro: «No tendrás miedo». Dios, por su gracia, te guardará de ese temor ansioso y desconfiado que causa tormento incluso en medio de un gran peligro. La sabiduría nos libra de temer sin motivo, y la fe nos libra de temer demasiado. No tendrás que temerle a la flecha, porque aunque te alcance, no podrá hacerte un daño verdadero. Si te quita la vida natural, no puede dañar tu vida espiritual. De hecho, para el creyente, la muerte se convierte en la culminación de la vida. El creyente no necesita temer ninguna flecha, porque su punta ha sido quitada y su veneno ha desaparecido. Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? Además, la flecha está bajo la dirección de Dios y solo alcanzará el lugar que él haya dispuesto. Cada bala cumple una misión asignada.
Todo lo que sucede está dentro de la voluntad de nuestro Padre celestial, y eso no nos da razón para tener miedo. El pueblo de Dios puede ser protegido de una manera especial incluso en medio de desastres generalizados (Salmos 91:7). Cuando la muerte parece avanzar triunfante y la enfermedad se extiende, de modo que miles y decenas de miles caen, ya sea por enfermedad o por la guerra, puede suceder a nuestro alrededor, a nuestro lado y a nuestra derecha. Tan solo verlo puede estremecernos, y si las personas caen por una plaga, su caída tan cerca de nosotros puede incluso hacernos pensar que probablemente nos contagiaremos. Sin embargo, no se acercará a nosotros; es decir, la muerte no se acercará, y ni siquiera el temor a la muerte debe dominarnos.
Quienes se mantienen puros cuando la corrupción es común pueden confiar en que Dios los protegerá cuando la ruina se extienda por todas partes. Cuando mueren grandes cantidades de personas a nuestro alrededor, debemos permitir que eso nos despierte y nos prepare para nuestra propia muerte. Aun así, no debemos aterrorizarnos ni vivir esclavizados al miedo, como muchos lo hacen durante toda su vida por temor a la muerte (Hebreos 2:15). La sangre en los postes de las puertas protegió a los primogénitos de Israel cuando miles fueron heridos de muerte.
Más aún, Dios promete a su pueblo el consuelo de ver cumplidas sus promesas en favor de ellos y ejecutadas sus advertencias contra quienes los odian (Salmos 91:8). «Solo con tus ojos mirarás y verás el castigo de los malvados». Esto puede referirse a la destrucción de los primogénitos de Egipto mediante una plaga, que fue tanto el juicio contra los opresores como el rescate de los oprimidos. Israel vio esto cuando comprobó que estaba a salvo y no había sido tocado.
Así como aumentará el castigo de los pecadores que vean con sus propios ojos la recompensa de los justos (Lucas 13:28), también aumentará mucho la alegría de los santos al ver con sus propios ojos la destrucción de los malvados (Isaías 66:24; Salmos 58:10).
De este capítulo
Salmos 91:2
"dice al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, ¡mi Dios, en quien confío!»"
Salmos 91:3
"Solo él puede librarte de trampas ocultas y de plagas mortales,"
Salmos 91:4
"pues te cubrirá con sus alas, y bajo ellas estarás seguro. ¡Su fidelidad te protegerá como un escudo!"
Salmos 91:5
"No tengas miedo de los peligros nocturnos ni de las flechas lanzadas de día,"
Salmos 91:6
"ni de las plagas que llegan con la oscuridad ni de las que destruyen a pleno sol;"
Salmos 91:7
"pues mil caerán muertos a tu izquierda y diez mil a tu derecha, pero a ti nada te pasará."
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