Versículo destacado
Salmos 89:5 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Oh Señor, todos los seres celestiales alaban tu fidelidad y tus maravillas. "
Salmos 89:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Hiciste una alianza con David; prometiste a tu siervo escogido:
4 «Haré que tus descendientes reinen siempre en tu lugar».
5 Oh Señor, todos los seres celestiales alaban tu fidelidad y tus maravillas.
6 ¡Ningún dios ni nadie en el cielo puede compararse contigo, Señor!
7 Dios grande y terrible, rodeado de seres celestiales.
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Estos versículos están llenos de alabanza a Dios. Primero debemos observar dónde se le alaba y quiénes lo hacen. Los ángeles en el cielo lo alaban: «Los cielos alabarán tus maravillas, oh SEÑOR» (Salmos 89:5). Esto significa que los seres gloriosos del mundo celestial celebran continuamente su gloria. Incluso los ángeles, que conocen a Dios mejor que nosotros, siguen maravillándose de sus obras. Cuanto más se conocen las obras de Dios, más se admiran y se alaban.
Esto debería hacer que amemos el cielo y anhelemos estar allí, porque allí no tendremos nada más que hacer que alabar a Dios y sus maravillas. Dios también recibe alabanza de las congregaciones de sus santos en la tierra. «La alabanza te espera en Sion» significa que la adoración está lista para él entre su pueblo. La alabanza de los creyentes está muy por debajo de la de los ángeles, pero Dios la ve, la acepta y se considera honrado por ella.
«Tu fidelidad y tu verdad» son alabadas en la congregación de los santos. Esto se refiere a que Dios cumple fielmente su promesa, la roca firme sobre la cual está fundada la iglesia. El pueblo de Dios le debe todo a esa fidelidad, y su consuelo constante es saber que él cumple su palabra. Es natural esperar que los santos de Dios en la tierra lo alaben, especialmente cuando se reúnen como iglesia. Cuantas más personas se unen en la adoración, más se parece esa reunión al cielo.
El salmo vuelve a decir que Dios es «muy temido en la congregación de los santos» (Salmos 89:7). Los santos deben reunirse para adorar, reconocer abiertamente su lugar delante de Dios y animarse unos a otros a honrarlo. En esas reuniones mantienen comunión con Dios y también unos con otros. Dios ha prometido manifestar su gracia en esas reuniones, pero también debemos recordar allí su gloria. Su cercanía nunca debe hacernos actuar con descuido, porque él es santo y digno de temor en sus lugares santos.
Un temor reverente de Dios debería llenarnos cada vez que nos acercamos a él, incluso en la oración privada. La adoración pública debería profundizar ese sentido de reverencia. Todos los que le sirven deben honrarlo con respeto. Véase Levítico 10:3. Solo quienes sirven a Dios con reverencia y temor piadoso le sirven correctamente (Hebreos 12:28).
Segundo, alabar a Dios significa reconocer que su grandeza es perfecta y que no tiene igual. «¿Quién en los cielos se compara al SEÑOR?» (Salmos 89:6). Si hubiera seres que pudieran pretender ser iguales a Dios, uno podría buscarlos entre los ángeles, pero aun ellos están muy por debajo de él. Se les llama «hijos de los poderosos», pero ninguno es como el SEÑOR. No existe una comparación verdadera entre Dios y ninguna criatura.
Esto se repite una vez más: «¿Quién es un SEÑOR fuerte como tú?» (Salmos 89:8). Ningún ángel ni gobernante terrenal puede igualar a Dios. Nadie tiene un brazo que se compare con su poder ni una voz semejante a su trueno. «Tu fidelidad te rodea» significa que Dios siempre es fiel a su palabra en todo lo que hace. Algunos entienden esta expresión como una referencia a sus ángeles, que están a su alrededor, son fieles y están listos para servirle. De cualquier manera, el punto es que Dios es fuerte y fiel al mismo tiempo. Los gobernantes humanos a menudo tienen el poder de no cumplir su palabra y, por eso, pueden ser descuidados al mantenerla. Dios puede hacerlo todo, pero jamás hará algo injusto.
Tercero, en nuestra alabanza debemos reconocer varias de las grandes obras de Dios. Una de ellas es su autoridad sobre la creación más indomable: «Tú gobiernas la furia del mar» (Salmos 89:9). Nada es más aterrador o salvaje, y nada está menos bajo el control humano. Sin embargo, el mar no puede elevarse más, avanzar más lejos, golpear con mayor fuerza ni durar más tiempo de lo que Dios permite. Cuando se levantan sus olas, él puede silenciarlas de inmediato, calmarlas y convertir la tormenta en quietud. Puesto que esto se presenta como una obra del poder de Dios, ¡qué clase de hombre era el Señor Jesús, a quien obedecían los vientos y los mares!
Otra razón para alabar a Dios es la manera en que ha derrotado a los enemigos de su iglesia. Su poder para calmar el mar era una imagen de esto. «Tú aplastaste a Rahab» (Salmos 89:10) significa que ha destruido a muchos enemigos orgullosos, especialmente a Egipto, que en ocasiones recibe el nombre de Rahab. Lo destrozó como a alguien que ha sido asesinado, incapaz de levantarse de nuevo. Después de quebrar su cabeza, Dios esparció lo que quedaba con el poder de su brazo. Dios tiene más de una manera de tratar con sus enemigos y con los enemigos de su iglesia. Tal vez pensemos que debería destruirlos de inmediato, pero a veces los dispersa para que se conviertan en recordatorios de su justicia (Salmos 59:11). El recuerdo de la derrota de Egipto consuela a la iglesia cuando Babilonia parece poderosa, porque Dios no ha cambiado.
También debemos alabar a Dios porque todo lo que existe en el cielo y en la tierra le pertenece legítimamente (Salmos 89:11-12). Las personas suelen honrar a quienes poseen grandes riquezas, pero «los cielos son tuyos, y también la tierra». Por eso lo alabamos, confiamos en él y no tememos lo que los seres humanos puedan hacer. El mundo y todo lo que hay en él, todas sus riquezas y todos sus habitantes, pertenecen a Dios. Él los creó, y el creador tiene derecho a poseerlos.
El salmo menciona especialmente las partes más lejanas del mundo: el norte y el sur, las tierras cercanas a los polos, poco conocidas y escasamente habitadas. Dios las creó, así que las conoce, cuida de ellas y recibe alabanza de ellas. También menciona las partes más altas del mundo, los montes Tabor y Hermón, uno al oeste y el otro al este. Ellos «se regocijan en tu nombre» porque están bajo el cuidado de Dios y producen ofrendas para su altar. También se dice que las colinas pequeñas se regocijan por su fertilidad (Salmos 65:12). Comúnmente se considera que Tabor es el monte de Galilea donde Cristo fue transfigurado, y en ese caso ciertamente se regocijaría por la voz que allí se escuchó: «Este es mi Hijo amado».
Dios gobierna el mundo con poder, justicia, misericordia y verdad, y dirige la vida de las personas. Él puede hacerlo todo porque es el Señor Dios Todopoderoso. Su brazo y su mano son poderosos y fuertes, capaces tanto de salvar a su pueblo como de destruir a sus enemigos. Nadie puede resistir la fuerza de su mano ni soportar su peso.
Su mano derecha está en alto y puede alcanzar incluso los lugares más elevados, aun a quienes hacen sus nidos entre las estrellas (Amós 9:2-3; Abdías 1:4). Su mano derecha es exaltada por lo que ha hecho, pues ha mostrado su poder en muchos lugares y momentos (Salmos 118:16). Sin embargo, nunca ha hecho ni hará algo injusto o insensato. La justicia y el derecho son el fundamento de su trono. Ninguno de sus mandatos o planes se ha opuesto jamás a la equidad o a la sabiduría, y nadie podría acusar a Dios con razón de haber obrado mal o con insensatez.
Algunos entienden esto como una afirmación de que la justicia y el juicio preparan su trono y también lo mantienen firme. Su gobierno, desde sus planes eternos hasta su resultado interminable, está marcado por la justicia y el juicio. Él siempre hace lo que es bueno para su pueblo y lo que está de acuerdo con la palabra que ha pronunciado. La misericordia y la verdad van delante de él como heraldos, preparando el camino: misericordia al hacer promesas, verdad al cumplirlas, verdad al permanecer fiel a su palabra y misericordia al dar incluso más de lo prometido. ¡Qué dignas de alabanza son estas cualidades en los gobernantes humanos, y cuánto más en el gran Dios, en quien existen de manera completa y perfecta!
De este capítulo
Salmos 89:1
"Señor, siempre cantaré que tú eres bondadoso; contaré constantemente que tú eres fiel."
Salmos 89:2
"Proclamaré que tu amor es eterno y que tu fidelidad es invariable, invariable como el cielo mismo."
Salmos 89:3
"Hiciste una alianza con David; prometiste a tu siervo escogido:"
Salmos 89:4
"«Haré que tus descendientes reinen siempre en tu lugar»."
Salmos 89:6
"¡Ningún dios ni nadie en el cielo puede compararse contigo, Señor!"
Salmos 89:7
"Dios grande y terrible, rodeado de seres celestiales."
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