Versículo destacado
Salmos 71:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Señor, en ti busco protección; ¡no me defraudes jamás!
Salmos 71:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Señor, en ti busco protección; ¡no me defraudes jamás!
2 ¡Líbrame y ponme a salvo, pues tú eres justo! Dígnate escucharme y sálvame.
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David pide aquí dos cosas en general: que él no sea avergonzado y que sus enemigos y opresores sean avergonzados. Ora para no quedar nunca avergonzado por confiar en Dios ni decepcionado después de creer en sus promesas. Todo creyente verdadero puede acudir con confianza a Dios y hacer esa petición, porque Dios nunca defrauda la esperanza que él mismo ha despertado.
Observa cómo David repite, de distintas maneras, que confía en Dios, y lo dice con alegría y gratitud. Presenta nuevamente esta confesión delante de Dios y la usa como motivo para pedir ayuda. Honramos a Dios y le agradamos cuando le decimos con sinceridad que dependemos completamente de él: «En ti, SEÑOR, pongo mi confianza» (Salmos 71:1). Sin importar lo que hagan los demás, David elige al Dios de Jacob como su ayuda. Quienes están plenamente satisfechos con el poder de Dios y con la verdad de sus promesas pueden decir esto de verdad, porque están dispuestos a hacer, sufrir, perder y arriesgarlo todo por él. Toda persona que quiera relacionarse con Dios debe hacerlo por medio de la confianza. Si nos reservamos algo y no nos entregamos por completo a él, eso demuestra que no confiamos en él.
David también dice: «Tú eres mi roca y mi fortaleza» (Salmos 71:3), y de nuevo: «Tú eres mi refugio, mi refugio fuerte» (Salmos 71:7). Lo que quiere decir es: «Corro hacia ti y sé que contigo estaré seguro. Si tú me proteges, nadie puede hacerme daño». También dice: «Tú eres mi esperanza y mi confianza» (Salmos 71:5). En otras palabras, Dios ya ha demostrado ser el objeto correcto de la esperanza y la confianza, y David ha comprobado que esperar en él nunca ha sido en vano.
La confianza de David también se fortalece por lo que ya ha experimentado: «Desde mi juventud he confiado en ti» (Salmos 71:5). Desde que podía distinguir su mano derecha de la izquierda, se apoyó en Dios y vio muchas razones para hacerlo. «Desde el vientre materno me he apoyado en ti» (Salmos 71:6). Desde que recibió la vida, también ha sido una prueba viviente del cuidado de Dios.
Esto debería impulsarnos a entregarnos temprano a Dios y a servirle con perseverancia. El que fue nuestra ayuda desde el nacimiento debe ser nuestra esperanza desde la juventud. Si recibimos tanta misericordia de Dios antes de poder hacer algo por él, no deberíamos perder tiempo una vez que podamos servirle. David menciona esto para respaldar su fe en medio de su dificultad actual. Dios no solo le dio la vida, sacándolo del vientre de su madre y trayéndolo al mundo, sino que también lo recibió desde temprano en su propia familia y bajo su cuidado del pacto, como un niño protegido bajo sus alas (Salmos 116:16). Por eso David razona que Dios lo protegerá ahora, ya que lo ha sostenido todo este tiempo. También concluye que debe entregarse por completo a Dios, para que su alabanza siempre tenga que ver con él.
Con esa confianza, David presenta sus peticiones. Pide no ser avergonzado (Salmos 71:1), es decir, que su esperanza en Dios no termine en decepción. Nosotros también podemos orar con fe por lo mismo: que confiar en Dios nunca llegue a ser motivo de vergüenza. Esperar en la gloria de Dios es una esperanza que no nos avergüenza. También pide ser librado de sus enemigos (Salmos 71:2). «Líbrame en tu justicia», dice, pidiéndole a Dios, como Juez justo, que defienda al herido y trate con los malvados. Dios siempre puede abrir una salida en medio de la prueba (1 Corintios 10:13). David le pide a Dios que escuche sus oraciones y lo salve de su angustia (Salmos 71:4), de aquellos que están listos para despedazarlo.
David da tres razones para pedir esta liberación. Primero, Dios ya le ha dado motivos para esperarla: «Tú has dado la orden de salvarme» (Salmos 71:3). Es decir, Dios lo ha prometido, y sus promesas son tan seguras que las Escrituras con frecuencia hablan de ellas como si fueran órdenes. Dios habla, y se cumple. Segundo, los enemigos de David son personas malvadas, injustas y crueles, así que honrará a Dios enfrentarse a ellos (Salmos 71:4). Dios es santo, justo y bueno, y esto está de acuerdo con su carácter. Tercero, muchos ojos están observándolo (Salmos 71:7). Él es «una señal asombrosa para muchos», lo que significa que la gente está observando para ver cómo terminarán una dificultad tan inusual y una confianza tan extraordinaria en Dios. O quizá está diciendo que lo tratan como a un monstruo y que todos lo evitan; por eso, si el Señor no es su refugio, está perdido. La gente puede abandonarlo, pero Dios no lo hará.
David también pide descanso y seguridad duraderos en Dios. «Sé para mí un hogar fuerte», dice, y «sé para mí una roca de refugio» (Salmos 71:3). Quienes viven cerca de Dios, siguen acudiendo a él con fe y oración, y mantienen sus ojos puestos en él, pueden contar con encontrar en él un hogar fuerte. Ese refugio no se derrumbará por sí solo, y ningún enemigo puede atravesarlo. Además, ellos siempre son bienvenidos cuando acuden a él; pueden seguir haciéndolo en todo momento sin que nadie los culpe por venir demasiado a menudo.
También pide una vida llena de alabanza. «Que mi boca se llene de tu alabanza» (Salmos 71:8), dice, «para que no sea avergonzado por mi esperanza y mis enemigos sean avergonzados por su orgullo». Quienes aman a Dios también aman alabarlo. Quieren hacerlo todo el día, no solo por la mañana y por la noche, ni únicamente en momentos establecidos, sino en todo lo que dicen. Se proponen alabarlo mientras vivan y esperan alabarlo para siempre en un mundo mejor.
Finalmente, David pide no ser abandonado en su vejez. «No me rechaces cuando llegue la vejez; no me abandones cuando me falten las fuerzas» (Salmos 71:9). Siente la debilidad que viene con la edad: sus fuerzas están disminuyendo.
En la vejez, la fuerza del cuerpo y de la mente comienza a fallar. La vista se vuelve menos clara, la voz se debilita, las extremidades pierden fuerza y la vida continúa con menos vigor. Esta es la carga y la tristeza mencionadas en (Salmos 90:10).
En medio de esa debilidad, David pide la presencia constante de Dios. En efecto, dice: «Señor, no me rechaces; no me abandones». Ser rechazado o abandonado por Dios es algo terrible en cualquier momento, pero especialmente cuando la edad ha quitado las fuerzas humanas. Dios mismo es la fuerza del corazón; por eso, si se aleja, la persona queda deshecha.
Sin embargo, la oración de David también muestra esperanza. Tiene razones para creer que Dios no lo abandonará, aun cuando envejezca y se debilite. Los siervos fieles de Dios pueden consolarse con esto: por lo general, el Señor no rechaza a sus siervos ancianos. Por eso David vuelve a orar: «Oh Dios, no te alejes de mí; no permitas que sienta que te retiras, porque entonces seré miserable. Dios mío, que estás unido a mí por el pacto, apresúrate a ayudarme, o moriré antes de que llegue la ayuda» (Salmos 71:12).
David también pide que sus enemigos sean avergonzados en sus planes contra él. No se limitaban a causarle problemas. Acechaban su vida, y su oposición estaba dirigida contra su alma, contra su misma vida (Salmos 71:10, Salmos 71:13). Se unieron para planear cuidadosamente, y sus palabras eran audaces y crueles: «Dios lo ha abandonado; persíganlo y atrápenlo».
Su razonamiento era completamente falso. Como David se encontraba en una gran dificultad y había permanecido en ella durante mucho tiempo, concluyeron que Dios lo había abandonado. Pero muchas personas no han sido abandonadas por Dios, aunque ellas crean que sí o aunque otros lo piensen. Su conclusión también era cruel. Si Dios realmente lo había abandonado, pensaban que ahora podían atacarlo sin temor. Eso es como añadir dolor a alguien que ya está herido por Dios, tal como se describe en (Salmos 69:26). Era el mismo tipo de burla que se usó contra Ezequías cuando Senaquerib trató de atemorizarlo afirmando que el Señor estaba en su contra (Isaías 36:10).
La oración de David es justa. Guiado por un espíritu profético, no por sentimientos de ira, pide: «Que sean confundidos y destruidos los que son enemigos de mi vida» (Salmos 71:13). Si no van a ser avergonzados por medio del arrepentimiento para ser salvos, entonces que sean avergonzados con una deshonra permanente y, de ese modo, destruidos. Dios avergonzará a quienes intentan avergonzar su gloria y el honor de su pueblo.
De este capítulo
Salmos 71:2
"¡Líbrame y ponme a salvo, pues tú eres justo! Dígnate escucharme y sálvame."
Salmos 71:3
"Sé tú mi roca protectora; ¡sé tú mi castillo de refugio y salvación! ¡Tú eres mi roca y mi castillo!"
Salmos 71:4
"Dios mío, líbrame de las manos del malvado, de las manos del criminal y del violento,"
Salmos 71:5
"pues tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud."
Salmos 71:6
"Cuando aún estaba yo en el vientre de mi madre, ya me apoyaba en ti. ¡Tú me hiciste nacer! ¡Yo te alabaré siempre!"
Salmos 71:7
"He sido motivo de asombro para muchos, pero tú eres mi refugio."
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