Versículo destacado
Salmos 7:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Señor, mi Dios, en ti busco protección. ¡Sálvame de todos los que me persiguen! ¡Líbrame! "
Salmos 7:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Señor, mi Dios, en ti busco protección. ¡Sálvame de todos los que me persiguen! ¡Líbrame!
2 Pues son como leones. No permitas que me despedacen sin que haya quien me salve.
3 Señor, mi Dios, en ti busco protección. Señor, mi Dios, ¿en cuál de estas cosas he incurrido? ¿Acaso he cometido un crimen?
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Shiggaion es un canto o salmo, y esta palabra aparece solamente aquí y en Habacuc 3:1. Algunos creen que significa un canto errante, con diferentes partes unidas hábilmente. Otros piensan que se refiere a un canto encantador, algo sumamente agradable. David no solo escribió este salmo; también lo cantó con devoción al Señor. Lo hizo a propósito de las palabras o acciones de Cus, el benjamita, quien probablemente era el mismo Saúl, cuyo trato cruel hacia David hacía que pareciera más un cusita, es decir, un etíope, que un verdadero israelita. Otra posibilidad es que se tratara de un pariente de Saúl llamado Cus, un enemigo encarnizado de David que lo presentó ante Saúl como un traidor y provocó aún más su enojo. Era uno de esos «hijos de Belial», hombres inútiles y perversos que causaban problemas entre David y Saúl (1 Samuel 26:19).
Cuando David fue tratado injustamente, acudió al Señor. Las injusticias que otros cometen contra nosotros deberían llevarnos a Dios, porque podemos confiarle nuestra causa. David incluso le cantó al Señor. Su espíritu no estaba perturbado ni abatido, sino que permanecía tan tranquilo y lleno de ánimo que todavía podía entonar cantos sagrados; no había una nota amarga en su arpa. Del mismo modo, cuando otros nos lastiman, sus ataques deberían impulsarnos a orar y adorar, no a responder con enojo.
En estos versículos, David primero se pone bajo la protección de Dios y corre hacia él en busca de ayuda y refugio (Salmo 7:1). Es como si dijera: «Señor, sálvame y líbrame del poder y de la mala intención de todos los que me persiguen, para que no logren hacer conmigo lo que quieren». Da varias razones. Primero, apela a su relación con Dios: «Tú eres mi Dios; ¿a quién más podría acudir sino a ti? Tú eres mi Dios, así que eres mi escudo» (Génesis 15:1). Segundo, apela a su confianza: «Señor, sálvame porque dependo de ti. En ti pongo mi confianza, no en la fuerza humana». Las personas honorables no deberían abandonar a quienes confían en ellas, especialmente cuando ellas mismas han invitado a esa confianza. Tercero, señala la violencia, el odio de sus enemigos y el peligro de que lo devoren. «Señor, sálvame o estoy perdido. Me despedazará como un león desgarra a su presa», con orgullo, placer, fuerza y crueldad. Pablo compara a Nerón con un león (2 Timoteo 4:17), y David compara a Saúl con uno. Cuarto, señala que no tiene otro ayudador: «Señor, por favor, líbrame, porque nadie más puede hacerlo» (Salmo 7:2). La gloria de Dios consiste en ayudar a quienes no pueden ayudarse a sí mismos.
En segundo lugar, David hace una declaración seria de su inocencia frente a las acusaciones que se han presentado contra él, y llama a Dios, quien examina los corazones, para que juzgue el asunto (Salmo 7:3-5). En general, cuando otros nos acusan falsamente, es un gran consuelo que nuestra propia conciencia nos declare inocentes. Sus mentiras pueden no sostenerse ante un tribunal (Hechos 24:13), y nuestro propio corazón también puede demostrar que son falsas, dándonos paz. Dios protege a quienes son inocentes y han sido tratados injustamente. David no tenía un tribunal terrenal al cual apelar. El príncipe que debía defenderlo era su enemigo declarado. Por eso acudió al tribunal celestial y a su justo Juez, a quien podía llamar su Dios.
Esta era la acusación que David negaba: se decía que estaba planeando traicionar el reinado y la vida de Saúl, que conspiraba para quitarle la vida y que estaba reuniendo un ejército para lograrlo. David lo niega firmemente. Nunca había hecho algo semejante, ni había maldad de ese tipo en sus manos (Salmo 7:3). Aborrecía siquiera pensarlo. Nunca le había pagado mal a Saúl mientras Saúl estaba en paz con él, ni tampoco había hecho eso con ninguna otra persona (Salmo 7:4). Algunos entienden que el sentido es que nunca devolvió mal por mal ni les hizo daño a quienes lo habían perjudicado.
También presenta pruebas de su inocencia. Es difícil demostrar que algo no ocurrió, pero David podía señalar evidencias claras: «He librado sin motivo a quien era mi enemigo» (Salmo 7:4). Esto demostraba sin lugar a dudas que David no tenía planes contra la vida de Saúl. En más de una ocasión, la providencia puso a Saúl al alcance de David, y los hombres que estaban con David habrían podido matarlo de inmediato. Pero David lo impidió con cuidado y honor, tanto cuando cortó un borde del manto de Saúl (1 Samuel 24:4) como después, cuando tomó su lanza (1 Samuel 26:12). Esas acciones mostraban lo que David pudo haber hecho y no hizo. El mismo Saúl reconoció que ambas eran pruebas contundentes de la integridad y la buena voluntad de David. Si devolvemos bien por mal y refrenamos nuestro enojo, eso puede hablar a nuestro favor algún día mucho más de lo que imaginamos.
David también dice qué juicio aceptaría si fuera culpable (Salmo 7:5): «Que el enemigo persiga mi vida hasta matarme, y persiga mi buen nombre aun después de mi muerte. Que arrastre mi honor por el polvo». Esto significa, en primer lugar, que si de verdad hubiera hecho daño a otros, tendría motivos para esperar recibir el mismo trato. Quien levanta la mano contra todos debe esperar que todos se vuelvan contra él. En segundo lugar, si fuera culpable, no podría acudir honestamente a Dios para pedirle ayuda o que defendiera su causa. Es peligroso que las personas culpables, que sufren justamente por sus actos, apelen a Dios como si fueran inocentes y hubieran sido tratadas injustamente. Deben humillarse, aceptar el castigo por su pecado y no esperar que el Dios justo defienda lo que está mal. En tercer lugar, David estaba completamente convencido de su propia inocencia. Como naturalmente deseamos nuestro propio bienestar, durante mucho tiempo se ha considerado un juramento muy serio pronunciar una maldición contra uno mismo si se está mintiendo. David usa aquí un juramento de ese tipo para confirmar su declaración de inocencia, aunque eso no significa que debamos hacer lo mismo en cualquier asunto pequeño. La situación que enfrentaba era muy seria.
En tercer lugar, después de contar con el testimonio de su conciencia, David le pide humildemente a Dios que actúe a su favor contra sus perseguidores. Apoya cada petición con una razón apropiada, demostrando que sabía presentar su caso delante de Dios. Le pide que manifieste su enojo contra sus enemigos y señala el enojo que ellos tienen contra él: «Señor, ellos están enojados conmigo injustamente; por eso, enójate justamente con ellos y hazlo evidente» (Salmo 7:6). Es como si dijera: «Levántate en tu enojo, siéntate como juez y muestra tu poder y tu justicia frente a la rabia, la furia y la violencia de mis enemigos». Quienes tienen a Dios en contra no necesitan temer el enojo humano. ¿Quién puede comprender plenamente el poder de su ira? Luego David le pide a Dios que defienda su causa.
Ora: «Despierta para hacer justicia por mí», es decir, «permite que mi caso sea escuchado». Esto apunta al poder de Dios, porque así como él concede eficazmente sus bendiciones, también ejecuta eficazmente sus juicios. Nadie puede impedir el juicio de Dios, y cuando él lo decreta, sin duda se cumplirá.
También apunta al propósito y a la promesa de Dios. David está pidiendo el juicio que Dios ya había determinado traer sobre los enemigos de su pueblo. Dios ha ordenado a los gobernantes y jueces terrenales que defiendan al agraviado y protejan al oprimido, así que David le pide que se levante para ejercer esa misma justicia. El que ama la justicia y exige que otros la practiquen ciertamente la practicará él mismo. Aunque por un tiempo parezca que Dios pasa por alto la maldad, como si estuviera dormido, despertará en el momento indicado (Salmos 78:65). Entonces quedará claro que su demora nunca fue negligencia.
David también ora: «Vuelve a lo alto» (Salmo 7:7). Le está pidiendo a Dios que reafirme su autoridad y vuelva a ocupar su trono real, al que sus enemigos han tratado con desprecio. Quiere que Dios se manifieste otra vez abiertamente, para que todos vean que el cielo mismo respalda la causa de David. Algunos entienden que esto apunta a Jesucristo, quien, después de regresar al cielo en su estado exaltado, recibió toda autoridad para juzgar. También puede anticipar la segunda venida de Cristo, cuando regresará en gloria para juzgar a todos. El pueblo de Dios que ha sido herido espera ese regreso, ora por él y apela a él cuando los seres humanos lo juzgan injustamente.
David vuelve a pedir: «Júzgame» (Salmo 7:8), es decir, «pronuncia una sentencia a mi favor». Para fortalecer esta petición, dice que el asunto ya ha llegado ante el juez correspondiente, porque «el Señor juzgará a los pueblos». Puesto que Dios es el Juez de toda la tierra, hará lo correcto y todos tendrán que aceptar su decisión. David también habla de su integridad en los asuntos entre él y Saúl, y pide ser juzgado de acuerdo con su justicia y con la sinceridad de su corazón en todo lo que ha hecho para llegar al trono.
También dice que sería un gran honor para Dios y una bendición para su pueblo que Dios se manifestara a su favor. Entonces «la congregación de los pueblos» se reuniría alrededor de Dios y lo alabaría. Lo harían con alegría, porque la ayuda de Dios a David y el cumplimiento de su promesa demostrarían su justicia, bondad y fidelidad de una manera que llenaría de gozo y alabanza a quienes lo adoran. David era amado por su pueblo, especialmente por quienes temían a Dios, así que su ascenso llevaría a muchos a darle gracias por el bien de la nación. Y si David llegaba al poder como Dios lo había prometido, usaría esa influencia para guiar al pueblo a adorarlo, de modo que el arca no fuera descuidada como lo había sido durante los días de Saúl (1 Crónicas 13:3).
Luego ora, de manera más general, por la conversión de los pecadores y el fortalecimiento de los justos (Salmos 7:9): «Que se acabe la maldad de los malvados, pero establece al justo». Todos deberíamos desear y esperar estas dos cosas. Primero, debemos orar para que el pecado llegue a su fin en nosotros y en los demás. Esto sucede cuando se da muerte a la corrupción, se abandonan los malos caminos y pensamientos, y la vida que antes corría tras el mundo y la carne vuelve su rumbo hacia Dios y el cielo. También sucede cuando hay una verdadera reforma de vida; cuando los ateos y los impíos son convencidos y convertidos; cuando se detiene la propagación del pecado; cuando a las personas malvadas no se les permite avanzar más; cuando su necedad queda al descubierto; cuando los planes perversos de los enemigos de la iglesia son frustrados, su poder quebrantado y el hombre de pecado destruido.
Segundo, debemos orar para que la justicia continúe y crezca: «Pero establece al justo». Mientras oramos para que los malvados lleguen a ser buenos, también oramos para que los buenos se fortalezcan. Pedimos que no sean apartados por las artimañas de los malvados ni sacudidos por su malicia, sino que se mantengan firmes en escoger los caminos de Dios y sean fortalecidos para seguir caminando en ellos. Oramos para que permanezcan firmes en la causa de Dios y en la verdadera fe, y para que sean diligentes en ayudar a poner fin a la maldad.
David respalda esta oración con esta razón: «Porque el Dios justo prueba los corazones y las mentes». Esto significa que Dios examina la vida interior, el corazón y la mente. Por eso conoce la maldad oculta de los malvados y sabe cómo ponerle fin. También conoce la sinceridad oculta de los justos y tiene maneras secretas de fortalecerlos. En la medida en que tengamos el testimonio de una conciencia limpia de que hemos sido tratados injustamente y acusados de manera falsa, podemos cantar estos versículos y presentar nuestro caso ante el Dios justo. Podemos estar seguros de que defenderá la causa justa y de que, a más tardar en el día final, sacará a la luz nuestra integridad.
De este capítulo
Salmos 7:2
"Pues son como leones. No permitas que me despedacen sin que haya quien me salve."
Salmos 7:3
"Señor, mi Dios, en ti busco protección. Señor, mi Dios, ¿en cuál de estas cosas he incurrido? ¿Acaso he cometido un crimen?"
Salmos 7:4
"¿Acaso le he pagado a mi amigo mal por bien? ¿Acaso he oprimido sin razón a mi enemigo?"
Salmos 7:5
"De ser así, que mi enemigo me persiga, que me alcance y me arrastre por el suelo, y que haga rodar por el suelo mi honor."
Salmos 7:6
"¡Levántate, Señor, con furor! ¡Haz frente a la furia de mis enemigos! Tú, que has decretado hacer justicia, ¡ponte de mi parte!"
Salmos 7:7
"Rodéate del conjunto de las naciones y pon tu trono en lo alto, por encima de ellas."
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