Versículo destacado
Salmos 69:30 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Alabaré con cantos el nombre de Dios; lo alabaré con gratitud, "
Salmos 69:30
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
28 ¡Bórralos del libro de la vida! ¡No los incluyas en la lista de los justos!
29 Pero a mí, que estoy enfermo y afligido, levántame, Dios mío, y sálvame.
30 Alabaré con cantos el nombre de Dios; lo alabaré con gratitud,
31 y el Señor quedará más complacido que si le ofreciera como sacrificio un toro o un novillo con cuernos y pezuñas.
32 Al ver esto, los afligidos se alegrarán, y se animará el corazón de los que buscan a Dios;
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Aquí el salmista, como figura de Cristo y ejemplo para los cristianos, termina el salmo con santo gozo y alabanza. Comenzó con quejas y dolor, pero lo concluye con confianza y acción de gracias.
Primero decide alabar a Dios personalmente, y no duda de que Dios aceptará esa alabanza (Salmos 69:30-31). «Alabaré el nombre de Dios», dice, no solo en mi corazón, sino también con mi canción, y lo honraré con acción de gracias. A Dios le agrada considerarse honrado por la alabanza agradecida de su pueblo. Esto también muestra que todos los cristianos deben glorificar a Dios con sus alabanzas, con salmos, himnos y cánticos espirituales. Y esto agradará al Señor por medio de Cristo, el Mediador, quien se interpone entre Dios y nosotros tanto en la oración como en la alabanza, más que los sacrificios legales de mayor valor, como un buey o un toro (Salmos 69:31). Aquí se insinúa claramente que, en los días del Mesías, llegarían a su fin no solo los sacrificios de expiación, sino también los sacrificios de alabanza y reconocimiento exigidos por la ley ceremonial. En su lugar, se aceptan sacrificios espirituales de alabanza y acción de gracias: los becerros de nuestros labios, no los becerros del establo (Hebreos 13:15). Es un gran consuelo saber que la alabanza humilde y agradecida agrada más a Dios que los sacrificios más costosos e impresionantes que jamás hayan existido.
Después anima a los demás piadosos a alegrarse en Dios y a seguir buscándolo (Salmos 69:32-33). Los humildes verán esto y se alegrarán. Notarán, para su consuelo, cuán dispuesto está Dios a escuchar a los pobres cuando claman a él y a concederles lo que le piden. También verán cuán lejos está de despreciar a sus prisioneros. Aunque otros los menosprecien, Dios todavía les muestra su favor mediante su cuidado lleno de gracia y escogerá el momento adecuado para liberarlos. Los humildes se alegran no solo porque, cuando una parte del pueblo de Dios recibe honra, todo el pueblo se alegra con ella, sino también porque esto los fortalece en sus propias pruebas para confiar en Dios. Ver más pruebas de que el Dios de Jacob nunca les ha dicho a sus hijos: «Búsquenme en vano», renueva el corazón de quienes buscan a Dios.
Esto también apunta a la exaltación del Salvador, pues el salmista ha estado hablando de él y de sí mismo como una figura de él. Cuando terminan los sufrimientos de Cristo y él entra en el gozo que le esperaba, cuando es escuchado y sacado de la prisión de la tumba, los humildes lo contemplarán y se alegrarán. Quienes buscan a Dios por medio de Cristo vivirán y serán consolados, sabiendo que, si sufren con él, también reinarán con él.
Finalmente, el salmista llama a toda la creación a alabar a Dios: los cielos, la tierra y el mar, junto con todo lo que vive en ellos (Salmos 69:34). Los cielos y la tierra, con todos sus ejércitos, fueron hechos por él; por eso, que los cielos y la tierra lo alaben. Los ángeles en el cielo y los santos en la tierra tienen razones suficientes para alabarlo continuamente, cada uno en el lugar que le corresponde. Incluso los peces del mar, aunque se caracterizan por su silencio, deben alabar al Señor, porque el mar le pertenece y él lo hizo.
Las alabanzas del mundo también deben ofrecerse por la misericordia de Dios hacia su iglesia (Salmos 69:35-36). Dios salvará a Sion, el monte santo donde se conservaba su adoración. Salvará a todos los que han sido santificados y apartados para él, a todos los que le sirven en la adoración y a todos aquellos sobre quienes reina Cristo, pues él era Rey en Sion, el monte santo. Tiene misericordia preparada para las ciudades de Judá, la tribu de la que vino Cristo. Dios hará grandes cosas por la iglesia del evangelio, y todos los que se preocupan por ella deben alegrarse.
La iglesia será llena y habitada, y se le añadirán cada vez más personas que serán salvas. Las ciudades de Judá serán reconstruidas, y se establecerán y organizarán iglesias locales conforme al modelo del evangelio. Así habrá allí un remanente que vivirá en ellas, las considerará suyas, disfrutará de sus bendiciones y prestará el servicio que requieren. Quienes aman su nombre, es decir, quienes respetan la religión en general, abrazarán la fe cristiana y ocuparán su lugar en la iglesia cristiana. Vivirán allí como ciudadanos y miembros de la familia de Dios.
La iglesia también continuará y será transmitida a las siguientes generaciones. El cristianismo no estaba destinado a durar solo una época. No; la descendencia de sus siervos la heredará. Dios conservará y levantará un pueblo para sí que le sirva, y ese pueblo recibirá las bendiciones que recibieron sus padres. La promesa es para ustedes y para sus hijos, como lo fue desde hace mucho tiempo: «Seré Dios para ti y para tus hijos después de ti». La tierra prometida nunca se quedará sin herederos, porque Dios puede levantar hijos para Abraham aun de las piedras si fuera necesario, y lo hará antes que permitir que la línea se extinga. David nunca carecerá de alguien que permanezca delante de él. El Redentor verá a su descendencia y prolongará sus días en ella hasta que se cumpla el plan de Dios y el cuerpo de Cristo sea reunido por completo.
Y puesto que la descendencia santa sostiene al mundo, y este pronto llegaría a su fin si todos ellos fueran retirados de él, es justo que los cielos y la tierra alaben a Dios por la seguridad de que él los preservará.
De este capítulo
Salmos 69:1
"Sálvame, Dios mío, porque estoy a punto de ahogarme;"
Salmos 69:2
"me hundo en un pantano profundo y no tengo dónde apoyar los pies. He llegado a lo más hondo del agua, y la corriente me arrastra."
Salmos 69:3
"Ya estoy ronco de tanto gritar; me duele la garganta; ¡mis ojos están cansados de tanto esperar a mi Dios!"
Salmos 69:4
"Los que me odian sin motivo son más numerosos que los pelos de mi cabeza; han aumentado mis enemigos, los que me destruyen sin razón y me exigen que devuelva lo que no he robado."
Salmos 69:5
"Dios mío, tú sabes cuán necio he sido; no puedo ocultarte mis pecados."
Salmos 69:6
"Señor, Dios todopoderoso, ¡que por mi culpa no pasen vergüenza los que confían en ti! Dios de Israel, ¡que por mi causa no se decepcionen los que te buscan con ansia!"
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