Versículo destacado
Salmos 146:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
¡Aleluya! Alabaré al Señor con toda mi alma.
Salmos 146:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 ¡Aleluya! Alabaré al Señor con toda mi alma.
2 Alabaré al Señor mientras viva; cantaré himnos a mi Dios mientras exista.
3 No pongan su confianza en hombres importantes, en simples hombres que no pueden salvar,
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Se considera que David escribió este salmo. Era un príncipe, incluso uno muy importante, pero eso no lo eximía de alabar a Dios. Algunos podrían pensar que bastaba con dejar esa tarea en manos de los sacerdotes y del pueblo, pero David no pensaba así. Mical creyó que David rebajaba su dignidad cuando danzó delante del arca, el cofre sagrado que manifestaba la presencia de Dios, pero él estaba decidido a dirigir personalmente la adoración (Salmo 146:1, Salmo 146:2).
David veía su posición como una razón para alabar más a Dios, no menos. Se animó a sí mismo y asumió esa responsabilidad: «¡Alaba al SEÑOR, alma mía!». Quería alabar a Dios con el corazón y con la boca. Al hacerlo, contemplaba a Dios como el SEÑOR, glorioso en sí mismo, y como su Dios, aquel que había establecido con él un pacto, una promesa firme. La alabanza es más dulce cuando adoramos a Dios como aquel que nos pertenece por medio de esta relación llena de gracia.
David también resolvió seguir alabando a Dios mientras viviera, cada día hasta el final de su vida. Más aún, quería alabarlo con todo su ser, con la esperanza de continuar haciéndolo en el cielo cuando terminara su vida en la tierra. Aquello para lo que Dios nos creó debe ser aquello en lo que empleemos nuestras fuerzas con alegría mientras vivamos. Nuestro tiempo y nuestras energías deben estar a su servicio.
También podría pensarse que, puesto que David había sido una bendición tan grande para su nación, el pueblo debía confiar en él, como las naciones paganas acostumbraban adorar a sus héroes y atribuirles honores divinos. Pero David dice: «No pongan su confianza en los príncipes» (Salmo 146:3). Quiere decir: no confíen en él ni en ningún otro gobernante como si fueran una ayuda segura. No dependan demasiado de sus promesas, porque algunos saben gobernar precisamente porque han aprendido a ocultar sus verdaderos pensamientos.
Aun si suponemos que son sabios y buenos, no podemos contar con su fuerza ni con su permanencia. Son hijos de Adán: débiles y mortales. En efecto, hay un Hijo del hombre, Jesucristo, en quien encontramos ayuda y salvación, y quien jamás les fallará a los que confían en él. Pero todos los demás gobernantes humanos son como el hombre de quien proceden: aunque haya recibido honra, no permanece para siempre en esa condición.
No podemos estar seguros de su capacidad. Incluso el poder de un rey puede reducirse tanto que ya no pueda hacer lo que esperábamos. El propio David dijo: «Hoy me siento débil, aunque fui ungido como rey» (2 Samuel 3:39). Por eso, muchas veces no hay ayuda ni salvación en un hijo de hombre. Puede estar confundido y sin recursos; y entonces, aunque sea poderoso, no puede salvar (Jeremías 14:9).
Tampoco podemos estar seguros de que permanecerán. Aunque un gobernante pueda ayudarnos mientras viva, puede ser apartado de repente justo cuando más lo necesitamos (Salmo 146:4). Su aliento se va, como sucede a cada instante, y eso indica que un día se irá para siempre. Entonces vuelve a la tierra. La tierra es suya por su origen, porque de ella fue tomado y a ella debe regresar, tal como Dios dijo después de la caída: «Polvo eres y al polvo volverás» (Génesis 3:19).
La tierra también es suya si ha vivido para el mundo y ha puesto su corazón en las cosas terrenales. Regresa a su propio lugar. O la tierra es suya porque posee terrenos en ella, aunque al final solo le quedará una tumba. Mientras viven, las personas pueden poseer mucho, y la tierra que Dios les dio a los seres humanos ha sido dividida y reclamada de muchas maneras. Pero, después de algún tiempo, la única parte de la tierra que realmente les pertenecerá será el lugar donde repose su cuerpo, y esa será suya mientras la tierra permanezca.
Cuando vuelve a su tierra, ese mismo día perecen sus pensamientos. Todos sus planes para ayudarnos desaparecen con él. Ya no puede hacer nada, y todos sus propósitos se interrumpen y quedan sepultados con él (Job 17:11). Entonces, ¿qué sucede con las esperanzas que ponemos en él? Los príncipes son mortales como los demás seres humanos, y no podemos depositar en ellos la misma confianza que podemos poner en el Gobernante eterno, el único que posee inmortalidad. Por eso debemos dejar de confiar en el ser humano, cuyo aliento está en sus narices y no permanecerá allí por mucho tiempo.
De este capítulo
Salmos 146:2
"Alabaré al Señor mientras viva; cantaré himnos a mi Dios mientras exista."
Salmos 146:3
"No pongan su confianza en hombres importantes, en simples hombres que no pueden salvar,"
Salmos 146:4
"pues cuando mueren regresan al polvo, y ese mismo día terminan sus proyectos."
Salmos 146:5
"Feliz quien recibe ayuda del Dios de Jacob, quien pone su esperanza en el Señor, su Dios."
Salmos 146:6
"Él hizo el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos. Él siempre mantiene su palabra."
Salmos 146:7
"Hace justicia a los oprimidos y da de comer a los hambrientos. El Señor da libertad a los presos;"
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