Versículo destacado
Salmos 66:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
¡Naciones, bendigan a nuestro Dios! ¡Hagan resonar himnos de alabanza!
Salmos 66:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 ¡Naciones, bendigan a nuestro Dios! ¡Hagan resonar himnos de alabanza!
9 Porque nos ha mantenido con vida; no nos ha dejado caer.
10 Dios nuestro, tú nos has puesto a prueba; ¡nos has purificado como a la plata!
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En estos versículos, el salmista llama al pueblo de Dios a alabarlo de una manera especial. Que lo hagan todas las naciones, pero Israel de manera particular. «Bendigan a nuestro Dios» significa bendecirlo como nuestro propio Dios, el Dios del pacto con nosotros, que cuida de nosotros como de su pueblo. Que hagan oír la voz de su alabanza (Salmo 66:8), porque, si no hablan bien de él quienes son sus amigos escogidos y sus siervos cercanos, ¿quién lo hará?
Tenemos buenas razones para bendecir a Dios por dos cosas. Primero, por su protección general (Salmo 66:9). Él mantiene con vida nuestra alma, para que no se aparte de nosotros por sí sola. Nuestra vida está siempre en peligro, y es la providencia de Dios la que mantiene unido nuestro cuerpo y nuestra alma. Él nos da la vida y sigue renovando ese regalo mediante su cuidado. Su providencia es como un acto continuo de creación.
Cuando estamos a punto de desmayar y desfallecer, él restaura nuestra alma y, por así decirlo, nos concede una vida nueva con un consuelo renovado. La vida verdadera no consiste simplemente en existir, sino en disfrutar del bienestar. También estamos expuestos a muchos daños, tanto por accidentes mortales como por enfermedades, y en esas circunstancias también somos protegidos por el poder de Dios. Él no permite que nuestros pies resbalen. Nos libra de muchos peligros que ni siquiera llegamos a ver, y a él le debemos no haber caído hace mucho tiempo en la ruina. Él guardará los pies de sus santos.
Segundo, está el rescate especial de una gran aflicción. El salmo muestra ahora cuán grave era la angustia (Salmo 66:11-12). No se nos dice exactamente qué problema enfrentaba la iglesia, y pudo haber sido la dificultad de algunas personas o familias en particular. Fuera cual fuera su origen, quedaron atrapados como un ave en una trampa o un pez en una red. La aflicción los oprimía, como si llevaran una carga pesada sobre la espalda (Salmo 66:11).
Aun así, reconocieron la mano de Dios en todo aquello. Nunca estamos en la red si Dios no lo permite, ni bajo la aflicción si él no la pone sobre nosotros. El salmo dice que pasaron por el fuego y por el agua, es decir, por dificultades de distintos tipos. Cuando terminaba un peligro, comenzaba otro. Ese puede ser el camino incluso de los mejores santos de Dios, pero él ha prometido: «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y cuando pases por el fuego, no te quemarás» (Isaías 43:1).
A veces, las personas malvadas y crueles pueden ser tan peligrosas como el fuego y el agua, e incluso más. «Cuídense de los hombres» (Mateo 10:17). Cuando las personas se levantaron contra nosotros, fue como si enfrentáramos fuego, agua y toda clase de amenazas (Salmo 124:2-4). Ese parece ser el caso aquí. «Has permitido que los hombres cabalguen sobre nuestras cabezas», es decir, nos pisotearon, nos insultaron y nos trataron como esclavos. Les dijeron a nuestras almas: «Inclínate para que pasemos sobre ti» (Isaías 51:23). Los buenos gobernantes quieren gobernar en el corazón de su pueblo, pero los tiranos se enorgullecen de cabalgar sobre sus cabezas.
Aun así, la iglesia afligida siguió reconociendo la mano de Dios en todo ello: «Tú permitiste que nos trataran así». El opresor más feroz no tiene ningún poder que no le haya sido dado desde lo alto.
El salmo también muestra cuán bondadoso era el propósito de Dios al permitir esta angustia y este peligro (Salmo 66:10). «Tú, Dios, nos has probado y refinado». Somos más propensos a beneficiarnos de nuestras dificultades cuando las vemos de esta manera. Entonces podemos reconocer la gracia y el amor de Dios en el fondo de ellas, y nuestro propio bien y honor como su resultado final. Las aflicciones nos prueban como la plata en el fuego.
Esta prueba tiene dos buenos propósitos. Primero, nuestras virtudes pueden hacerse más evidentes por medio de la prueba, de modo que seamos aprobados, como la plata cuya autenticidad ha sido comprobada. Eso traerá alabanza cuando Jesucristo se manifieste (1 Pedro 1:7), y quizá incluso en este mundo. La integridad y la perseverancia de Job quedaron claras por medio de su sufrimiento. Segundo, nuestras virtudes pueden fortalecerse y volverse más activas al ejercitarlas, de modo que seamos transformados, como la plata que se refina en el fuego y se purifica al perder su escoria. Esto nos beneficia enormemente, porque así participamos de la santidad de Dios; es decir, compartimos de manera real y creciente su carácter santo (Hebreos 12:10). Las dificultades públicas también tienen el propósito de purificar a la iglesia (Daniel 11:35; Apocalipsis 2:10; Deuteronomio 8:2).
Por último, el resultado es glorioso. Las aflicciones de la iglesia ciertamente terminarán bien, y estas también terminaron así. La salida de la angustia es motivo de alegría. Estuvieron en el fuego y en el agua, pero lograron atravesarlos. No perecieron entre las llamas ni se ahogaron en las inundaciones. Cualesquiera que sean las dificultades que enfrente el pueblo de Dios, existe un camino para atravesarlas, y debemos bendecir a Dios por ello.
Aún mejor es entrar en un estado más favorable. «Nos sacaste a un lugar de abundancia» significa literalmente a un lugar bien regado, como los jardines del Señor, y por eso fértil. A veces Dios lleva a su pueblo a la aflicción para que el consuelo que viene después sea más dulce y para que el sufrimiento produzca el fruto apacible de la justicia. De esa manera, hasta el lugar más pobre del mundo puede convertirse en un lugar de abundancia.
De este capítulo
Salmos 66:1
"Canten a Dios con alegría, habitantes de toda la tierra;"
Salmos 66:2
"canten himnos a su glorioso nombre; cántenle gloriosas alabanzas."
Salmos 66:3
"Díganle a Dios: Tus obras son maravillosas. Por tu gran poder, tus enemigos caen aterrados ante ti;"
Salmos 66:4
"todo el mundo te adora y canta himnos a tu nombre."
Salmos 66:5
"Vengan a ver las obras de Dios, las maravillas que ha hecho por los hombres:"
Salmos 66:6
"convirtió el mar en tierra seca, y nuestros antepasados cruzaron el río a pie; ¡alegrémonos en Dios!"
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