Versículo destacado
Salmos 57:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Mi corazón está dispuesto, Dios mío; mi corazón está dispuesto a cantarte himnos.
Salmos 57:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Dios mío, tú estás por encima del cielo. ¡Tu gloria llena toda la tierra!
7 Mi corazón está dispuesto, Dios mío; mi corazón está dispuesto a cantarte himnos.
8 Despierta, alma mía; despierten, arpa y salterio. ¡Despertaré al nuevo día!
9 Te alabaré con himnos, Señor, en medio de pueblos y naciones.
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Qué sorprendente es el cambio de tono. Las oraciones y lamentos de David se transforman de pronto en alabanza y acción de gracias por el poder vivificante de la fe. Su cilicio ha desaparecido; ahora está vestido de alegría, y sus aleluyas son tan sinceras como antes lo habían sido sus clamores de auxilio. Esto debería llevarnos a amar la oración, porque con el tiempo la oración se convertirá en alabanza.
Observemos primero cómo se prepara para alabar a Dios: «Mi corazón está firme, oh Dios, mi corazón está firme» (Salmo 57:7). Después de haber estado abatido en el versículo anterior, su corazón ahora se eleva. En primer lugar, está firme con respecto a la providencia de Dios, es decir, a la manera sabia en que Dios ordena todos los acontecimientos. David está preparado para lo que venga, porque está anclado en Dios (Salmo 112:7; Isaías 26:3). Si la gracia de Dios nos lleva a este estado de calma y estabilidad, tenemos muchas razones para darle gracias.
En segundo lugar, su corazón está firme con respecto a la adoración de Dios. Está preparado para cantar y alabar. Esto demuestra que el corazón es lo principal en toda adoración: nada en la vida de fe se hace verdaderamente bien si no se hace de corazón. El corazón debe estar firme, preparado para cumplir con ese deber y entregado por completo a él, con toda la atención puesta en el Señor y sin distracciones.
Observemos también cómo se anima a sí mismo a alabar a Dios (Salmo 57:8). Cuando dice «despierta, alma mía» —o «despierta, gloria mía»— puede estar refiriéndose a su lengua, porque la lengua es nuestra gloria, especialmente cuando se usa para alabar a Dios. También puede referirse a su alma, que debe despertar primero. Una devoción apagada y adormecida nunca agradará a Dios. Debemos despertar todo lo que hay en nosotros para alabarlo. El sacrificio debe encenderse con fuego santo y elevarse como una llama sagrada.
La lengua de David guiará, y el arpa y la lira la seguirán en estos cantos de alabanza. Cuando dice «yo mismo despertaré», expresa algo más que «no seré perezoso ni descuidado en esta tarea». Está diciendo: «Estaré completamente despierto y lleno de vida, como quien acaba de descansar». Se levantará temprano para esta tarea, comenzará el día con Dios y lo alabará desde temprano, cuando la misericordia se manifieste por primera vez. Cuando Dios se acerca a nosotros con sus bendiciones, debemos salir a su encuentro con nuestra alabanza.
Después observemos cómo David se alegra de esta tarea y se deleita en ella (Salmo 57:9). No le da vergüenza reconocer lo que le debe a Dios ni admitir cuánto lo necesita. Decide alabarlo entre los pueblos y cantarle entre las naciones. Esto significa, primero, que su propio corazón fue profundamente conmovido y ensanchado al alabar a Dios. Haría resonar la tierra con cantos sagrados, para que todos pudieran ver cuánto le debía a la bondad de Dios.
En segundo lugar, quería que otros se unieran a él para alabar a Dios. Difundiría la alabanza de Dios entre los pueblos, para que crecieran el conocimiento de Dios, la reverencia hacia él y el amor por él, y para que los confines de la tierra pudieran ver su salvación. Cuando David fue obligado a vivir en tierras extranjeras, no se inclinó ante sus dioses. Más bien, declaró abiertamente su devoción al Dios de Israel. Llevó consigo su fe a dondequiera que fue, procuró atraer a otros hacia ella y dejó tras de sí su dulce fragancia.
En sus salmos, que llenan a toda la iglesia y seguirán haciéndolo, David todavía alaba a Dios entre los pueblos y le canta entre las naciones, porque todo el pueblo de Dios usa sus palabras en la adoración. De esa manera, se dice que Juan volvió a profetizar delante de muchos pueblos y naciones (Apocalipsis 10:11).
Luego David se presenta a sí mismo razones abundantes para alabar a Dios (Salmo 57:10). Lo que antes había sido motivo de su esperanza y consuelo —que Dios enviaría su misericordia y su verdad (Salmo 57:3)— ahora se convierte en motivo de su acción de gracias. «Tu misericordia es grande hasta los cielos» significa que supera todo lo que podemos medir o describir por completo. «Tu verdad llega hasta las nubes» significa también que está más allá de nuestro conocimiento pleno, porque ningún ojo puede alcanzar lo que está oculto entre las nubes.
La misericordia y la verdad de Dios llegan hasta los cielos porque llevarán al cielo a todos los que atesoran en ellas y edifican su esperanza sobre ellas. También son alabadas hasta los cielos, es decir, por todos los seres resplandecientes y bienaventurados del mundo celestial, que siempre elevan la alabanza de Dios al lugar más alto, mientras David, en la tierra, procura extenderla tanto como puede (Salmo 57:9).
Finalmente, David deja en manos de Dios la glorificación de su propio nombre (Salmo 57:11). «Exaltado seas, oh Dios» es el mismo lenguaje que había usado al orar en Salmo 57:5, y aquí lo repite en su alabanza, no como una repetición vacía. Está diciendo: «Señor, quiero honrar tu nombre y quiero que todas tus criaturas lo honren. Pero ¿qué podemos hacer aun los mejores de nosotros? Toma tú mismo esta obra en tus manos. Hazla tú. Exaltado seas, oh Dios».
En las alabanzas de la iglesia celestial, Dios es exaltado hasta los cielos; y en las alabanzas de la iglesia terrenal, su gloria llena toda la tierra. Sin embargo, él está por encima de toda la bendición y la alabanza de ambas (Nehemías 9:5). Por eso David le pide al Señor que se exalte por encima de los cielos y sobre toda la tierra. Es lo mismo que decir: «Padre, glorifica tu propio nombre. Ya lo has glorificado; glorifícalo otra vez».
De este capítulo
Salmos 57:1
"Ten compasión de mí, Dios mío, ten compasión de mí, pues en ti busco protección. Quiero refugiarme debajo de tus alas hasta que haya pasado el peligro."
Salmos 57:2
"Clamaré al Dios altísimo, al Dios que en todo me ayuda."
Salmos 57:3
"Él enviará desde el cielo su amor y su verdad, y me salvará de quienes me persiguen con rabia."
Salmos 57:4
"Estoy tendido en el suelo, entre leones que se comen a la gente; sus dientes son como lanzas y flechas, y su lengua es una espada afilada."
Salmos 57:5
"Dios mío, tú estás por encima del cielo. ¡Tu gloria llena toda la tierra!"
Salmos 57:6
"Mis enemigos me pusieron una trampa para doblegar mi ánimo; hicieron un hoyo a mi paso, pero ellos mismos cayeron en él."
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