Versículo destacado
Salmos 51:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Líbrame de cometer homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación, y anunciaré con cantos que tú eres justo.
Salmos 51:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 Hazme sentir de nuevo el gozo de tu salvación; sostenme con tu espíritu generoso,
13 para que yo enseñe a los rebeldes tus caminos y los pecadores se vuelvan a ti.
14 Líbrame de cometer homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación, y anunciaré con cantos que tú eres justo.
15 Señor, abre mis labios, y con mis labios te cantaré alabanzas.
16 Pues tú no quieres ofrendas ni holocaustos; yo te los daría, pero no es lo que te agrada.
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David ora contra la culpa del pecado y pide la gracia de Dios, fundamentando ambas peticiones en la gloria de Dios, a quien promete alabar. Primero pide ser librado de la culpa del pecado y luego dice que alabará a Dios por ello en Salmos 51:14. El pecado que tiene en mente es la culpa por derramamiento de sangre, porque había provocado la muerte de Urías por medio de la espada de los amonitas. Al principio quizá había tranquilizado su conciencia con la débil excusa de que no había matado a Urías con sus propias manos, pero ahora reconoce que él era el verdadero asesino. Al saber que la sangre clama a Dios por justicia, ahora clama a Dios por misericordia.
Todos debemos orar con fervor contra la culpa de sangre. David mira a Dios como el Dios de la salvación. Quienes conocen a Dios como el Dios de la salvación también encontrarán liberación de la culpa, porque la salvación que él da es salvación del pecado. Podemos suplicarle con estas palabras: «Señor, tú eres el Dios de mi salvación; por eso, líbrame del dominio del pecado». David también promete que, si Dios lo libra, su lengua cantará en voz alta acerca de la justicia de Dios. En este contexto, la justicia de Dios suele referirse a su gracia, especialmente en la justificación, que es la obra de Dios por la cual declara justos delante de él a los pecadores, y en la santificación, que es su obra de hacerlos santos. David dice que hallará consuelo en esa gracia y que hablará de ella a otros con alegría.
David también pide gracia y promete usarla para honrar a Dios en Salmos 51:15: «Señor, abre mis labios». Se refiere a algo más que enseñar a los pecadores, aunque ni siquiera el mejor predicador puede hacerlo bien si Dios no le da las palabras y el espíritu correcto. También quiere decir que su boca pueda alabar abiertamente a Dios, con palabras agradecidas y con un corazón dispuesto a adorar. La culpa había cerrado sus labios y casi había detenido sus oraciones. Se sentía demasiado avergonzado y atemorizado para acercarse al Dios a quien había ofendido, y su corazón lo condenaba; por eso tenía poca confianza delante de Dios. Esa misma culpa había oscurecido especialmente su alabanza. Cuando perdió el gozo de la salvación, fue como si su arpa estuviera colgada en los sauces. Por eso pide a Dios que abra sus labios y vuelva a preparar su corazón para la alabanza. A quienes han quedado sin palabras por causa de la culpa, la seguridad del perdón les dice: «Ábrete». Una vez abiertos, los labios deben hablar de la alabanza de Dios, como lo hizo Zacarías (Lucas 1:64).
David ofrece entonces a Dios el sacrificio de un corazón arrepentido, sabiendo que esto es lo que agrada a Dios. Sabe que los sacrificios de animales, por sí solos, no significan nada para Dios en Salmos 51:16. Si el sacrificio pudiera traer perdón y paz por sí mismo, él lo ofrecería con gusto. Un pecador verdaderamente convencido no escatimaría ningún costo para obtener el perdón y evitar el juicio (Miqueas 6:6-7). Pero Dios no valora los sacrificios por algún mérito propio. Sí los exigió como actos de obediencia y como figuras que señalaban a Cristo, pero no podían pagar por el pecado. Dios no se deleita en ellos aparte del amor y el deber que expresan hacia él.
David también sabe cuán aceptable es para Dios el verdadero arrepentimiento en Salmos 51:17. «Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado». Este espíritu quebrantado es la obra interior que Dios busca en todo penitente verdadero. Es un corazón quebrantado y contrito, un corazón en el que Dios ha obrado y que él ha humillado delante de su presencia. No es desesperación, sino el dolor y la humildad que exige el pecado. Es un corazón que se aparta del pecado, se somete a la palabra de Dios y permanece paciente bajo la disciplina de Dios. Es sensible, como el corazón de Josías, y tiembla ante la palabra de Dios. ¡Ojalá tuviéramos un corazón así!
Este quebrantamiento es llamado «los sacrificios de Dios» porque ocupa el lugar de todas las ofrendas quemadas y los demás sacrificios. El cuerpo quebrantado de Cristo es el único sacrificio que puede quitar el pecado, porque solo ese sacrificio puede hacer expiación. Pero nuestros corazones quebrantados son sacrificios de reconocimiento, ofrecidos a Dios porque él los exige y los prepara. Él es quien provee el cordero para la ofrenda quemada, y aceptará el corazón que se acerca a él de esta manera. Dios no se agrada simplemente de alimentar a un animal, sino de entregarlo como sacrificio. De la misma manera, no se agrada de consentir los deseos de nuestra carne, sino de darle muerte al pecado. El sacrificio era atado, sangraba y ardía; así también, el corazón arrepentido queda atado por la convicción, sangra de dolor y arde con un celo santo contra el pecado y a favor de Dios. El sacrificio se ofrecía sobre el altar que hacía santa la ofrenda; de la misma manera, el corazón quebrantado solo es aceptable por medio de Jesucristo. No hay verdadero arrepentimiento sin fe en él. Este es el sacrificio que Dios no despreciará.
Las personas pueden despreciar lo que está quebrantado, pero Dios no despreciará un corazón quebrantado y contrito. Él no consideraba valiosos a los animales quebrantados que se ofrecían en sacrificio, pero no rechaza un corazón desgarrado por la convicción y el dolor. No lo pasará por alto, no lo rechazará ni lo desechará. Ese corazón no puede compensar el mal causado por el pecado, pero Dios no lo desprecia. El fariseo orgulloso menospreciaba al cobrador de impuestos de corazón quebrantado, y el cobrador de impuestos tenía una opinión muy baja de sí mismo. Pero Dios no lo despreció. Aquí se expresa más de lo que se dice directamente. El gran Dios, que llena el cielo y la tierra, mira con favor al corazón quebrantado y contrito (Isaías 66:1-2; Isaías 57:15).
Luego David intercede por Sion y Jerusalén teniendo en cuenta el honor de Dios. Le importa profundamente el bien de la iglesia de Dios en Salmos 51:18. Pide: «Haz bien a Sion conforme a tu buena voluntad». Esto puede referirse, en primer lugar, a todos los adoradores de Sion, a todos los que aman y reverencian el nombre de Dios. Pide a Dios que los guarde de caer en pecados escandalosos y dañinos como el suyo, y que proteja a todos los que temen su nombre. Quienes han pasado por dificultades espirituales suelen estar mejor preparados para compadecerse de otros que se encuentran en la misma condición y orar por ellos. O quizá se refiere al bienestar público de Israel.
David sabía cuánto daño había causado su pecado a Judá y Jerusalén. Había debilitado las manos y entristecido el corazón de las personas buenas, y también había dado a sus enemigos razones para hablar contra ellos. Además, temía que, por ser una figura pública, su pecado trajera juicio sobre la ciudad y sobre todo el reino. Por eso pide a Dios que proteja y haga prosperar aquellos intereses públicos que él había perjudicado y puesto en peligro.
Pide a Dios que detenga los juicios nacionales que su pecado merecía. Le pide que siga concediendo las bendiciones que ya estaban presentes y que continúe la buena obra que su pecado había amenazado con retrasar o detener. No le pide solamente que haga bien a Sion, es decir, a Jerusalén, como lo hace con otros lugares por medio de su providencia, sino que lo haga mostrando su favor especial. Ese era el lugar que Dios había escogido para que su nombre habitara allí, y David quiere que los muros de Jerusalén, que quizá estaban en reparación, sean reconstruidos y que la obra llegue a término.
Esto nos enseña dos cosas. Primero, aunque tengamos muchas necesidades graves que presentar delante de Dios, no debemos olvidar orar por la iglesia de Dios. De hecho, nuestro Señor nos enseñó a comenzar así nuestras oraciones diarias, con peticiones como «Santificado sea tu nombre» y «Venga tu reino». Segundo, cuando pensamos en el daño que nuestros pecados han causado al bien público, eso debe impulsarnos a servir ese bien tanto como podamos, especialmente por medio de la oración.
Si Dios mostraba que estaba en paz con David y con su pueblo, como David había pedido, entonces ellos continuarían con la adoración pública en la casa de Dios. Lo harían con alegría, porque la bondad de Dios hacia ellos ensancharía su corazón para alabarlo y obedecerlo. Irían a su tabernáculo con ofrendas quemadas, es decir, sacrificios destinados por completo a honrar a Dios, y ofrecerían becerros, los sacrificios más costosos, sobre su altar.
También lo harían de una manera agradable a Dios. David quiere decir: «Tú te agradarás de ellos», o: «Tendremos buenas razones para creer que te agradan, una vez que veamos quitado el pecado que parecía dispuesto a estorbar nuestra adoración». Es un gran consuelo para una persona piadosa pensar en la comunión entre Dios y su pueblo durante sus reuniones públicas: cómo él es honrado por su adoración humilde y cómo ellos reciben alegría por su aceptación llena de gracia.
De este capítulo
Salmos 51:1
"Por tu amor, oh Dios, ten compasión de mí; por tu gran ternura, borra mis culpas."
Salmos 51:2
"¡Lávame de mi maldad! ¡Límpiame de mi pecado!"
Salmos 51:3
"Reconozco que he sido rebelde; mi pecado no se borra de mi mente."
Salmos 51:4
"Contra ti he pecado, y solo contra ti, haciendo lo malo, lo que tú condenas. Por eso, tu sentencia es justa; tu juicio es irreprochable."
Salmos 51:5
"En verdad, soy malo desde que nací; soy pecador desde el seno de mi madre."
Salmos 51:6
"En verdad, tú amas al corazón sincero, y en lo íntimo me has dado sabiduría."
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