Versículo destacado
Salmos 101:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Quiero alabar el amor y la justicia; quiero, Señor, cantarte himnos.
Salmos 101:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Quiero alabar el amor y la justicia; quiero, Señor, cantarte himnos.
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Aquí David se presenta a sí mismo y a los demás un modelo de lo que debe ser un buen gobernante y un buen cabeza de familia. Si quienes ocupan esas posiciones fueran cuidadosos en cumplir con su deber, eso contribuiría a producir una reforma mucho más amplia.
Observemos el tema del salmo: «Cantaré acerca de la misericordia y el juicio» (Salmos 101:1). Esto puede referirse a la misericordia y la justicia de Dios, al recordar cómo Dios había tratado a David desde que fue ungido por primera vez como rey. Durante ese tiempo, David recibió muchas reprensiones y enfrentó duras pruebas, pero también experimentó grandes rescates y abundantes dones de parte de Dios. Por eso cantaría a Dios acerca de ambas cosas.
La manera en que Dios trata con su pueblo generalmente incluye tanto misericordia como juicio, uno junto al otro. Él ha establecido días parcialmente nublados y parcialmente despejados, como la lluvia y el sol. Así fue también en la vida de David y en su familia: cuando el arca regresó con alegría, Uzá murió bajo el juicio de Dios. Cuando Dios nos concede misericordia y también permite que enfrentemos dificultades, debemos cantar, y cantarle a él, acerca de ambas cosas. Debemos tener una actitud correcta ante las dos y darle gracias a Dios por ambas.
La paráfrasis caldea lo expresa de esta manera: ya sea que Dios conceda misericordia o traiga juicio, David seguirá cantando sus himnos delante del Señor. Cualquiera que sea nuestra condición externa, alegre o dolorosa, todavía debemos darle gloria a Dios y alabarlo. Ni el éxito ni el sufrimiento deben silenciar nuestra adoración.
O quizá estas palabras se refieren a la misericordia y la justicia del propio David. En este salmo, él promete ser misericordioso y justo, o prudente, ya que «juicio» con frecuencia significa buen criterio y discernimiento. Hacer lo correcto y amar la misericordia es el centro de nuestro deber, y David se proponía ser fiel en la posición y el llamado que Dios le había confiado. Tanto las bendiciones como los problemas familiares son llamados a la adoración familiar.
David convirtió su promesa en una canción para poder mantenerla presente y repetirla con frecuencia. También quería que se transmitiera a otros y se conservara en su familia como un modelo para sus hijos y para quienes vinieran después de él.
Después, David resuelve conducirse con cuidado y con una conciencia limpia en su corte (Salmos 101:2). Esto incluye su conducta en general, es decir, la manera en que se comportaría en todo. Viviría conforme a una norma, no por impulso ni por casualidad. Aun como rey, se obliga mediante una promesa solemne a comportarse bien. Esto también incluye su conducta en su casa, no solo en público, donde las personas lo observaban menos, sino también en privado, donde Dios siempre lo veía.
No basta con actuar religiosamente cuando estamos en público. También debemos gobernarnos conforme a los caminos de Dios en nuestro hogar. Quienes ocupan cargos públicos no están exentos de cuidar a sus familias. De hecho, deberían ser aún más cuidadosos en dar un buen ejemplo y gobernar bien su propia casa (1 Timoteo 3:4). Aunque David tenía muchas responsabilidades públicas, todavía regresaba a su casa para bendecir a su familia (2 Samuel 6:20).
Primero, David resuelve actuar con honestidad e integridad. Caminará por un camino intachable, es decir, por el camino de los mandamientos de Dios, llamados perfectos porque la ley del Señor es perfecta. Lo hará con un corazón íntegro, es decir, con verdadera sinceridad y sin fingir delante de Dios ni de las personas. Cuando la Palabra de Dios es nuestra norma y la gloria de Dios es nuestro objetivo, caminamos por un camino perfecto con un corazón íntegro.
También resuelve actuar con cuidado y sabiduría: «Me conduciré sabiamente». Algunos entienden estas palabras como: «Entenderé o dirigiré mis pasos por un camino perfecto». En otras palabras, caminará con cautela. Todos debemos resolver usar la sabiduría cristiana en los caminos de la fidelidad cristiana. Nunca debemos abandonar el camino correcto con la excusa de ser sabios. Más bien, mientras permanecemos en el buen camino, debemos ser prudentes como serpientes.
David añade una oración: «¿Cuándo vendrás a mí?». Es algo deseable que una persona tenga a Dios presente y habitando con ella en su propia casa. Quienes caminan con un corazón íntegro por un camino perfecto pueden esperar la presencia de Dios. Si comparamos esto con el relato del historiador acerca de David (1 Samuel 18:14), vemos cuán exactamente coincidía con su propósito y su oración, y que ninguno de los dos fue inútil. Tal como David se había propuesto, actuó sabiamente en todos sus caminos; y tal como había orado, el Señor estaba con él.
Luego David resuelve no hacer ningún mal personalmente (Salmos 101:3). «No pondré delante de mis ojos cosa indigna». Quiere decir que no se propondrá nada que no sea la gloria de Dios y el bien de la comunidad. Nunca planeará enriquecerse perjudicando a su pueblo ni fortalecer su propio poder quitándoles sus derechos. En todo lo que hagamos en este mundo, debemos asegurarnos de que aquello que ponemos delante de nosotros sea correcto y bueno, y no una ganancia prohibida. Nunca debemos perseguir algo que no podamos obtener sin pecar. Una persona buena es aquella que cierra sus ojos para no contemplar el mal (Isaías 33:15).
En efecto, está diciendo: «Odio la conducta de quienes se apartan del camino de la justicia» (Job 31:7). No solo evitará esas cosas, sino que las detestará. No permitirá que ninguna mancha de injusticia se le adhiera. Si alguna maldad llegara a tocar sus manos, se propone limpiarla rápidamente.
También resuelve no conservar a malos servidores ni rodearse de personas perversas. No los apoyará ni les mostrará favor, porque eso los afirmaría en su pecado y animaría a otros a hacer lo mismo. No mantendrá una relación cercana con ellos ni permitirá que estén entre sus demás servidores, porque esparcirían el pecado por toda su casa. Tampoco confiará en ellos ni les dará autoridad, ya que quienes odian la reforma siempre se opondrán a lo bueno.
Al comenzar a mencionar a estas personas, no habla de borrachos, adúlteros, asesinos o blasfemos. Es poco probable que personas culpables de pecados tan evidentes fueran admitidas en su casa, así que no necesitaba hacer un voto especial contra ellas. En cambio, menciona a quienes tenían pecados menos visibles, pero igualmente peligrosos, y contra quienes necesitaba estar atento y actuar con sabiduría. En primer lugar, no tendrá nada que ver con personas rencorosas y maliciosas, aquellas de espíritu áspero que disfrutan llevar la contraria y guardar resentimiento, aun mientras les hacen daño a quienes no les agradan (Salmos 101:4). Un corazón perverso se apartará de mí, porque no es adecuado para una comunidad unida por el amor.
«No conoceré» significa: «No tendré trato, en la medida en que pueda evitarlo, con una persona tan perversa». Un poco de malicia y maldad se extiende rápidamente, como la levadura que hace fermentar toda la masa.
También resuelve mantenerse alejado de los calumniadores, aquellos que dañan en secreto la reputación de su prójimo (Salmos 101:5). Todo el que difunda mentiras privadas o historias dañinas acerca de otra persona, dice David, será expulsado de su casa y de su corte. Muchas personas intentan ganarse el favor de los gobernantes por medio de informes falsos, con la esperanza de agradarles. Pero si un gobernante escucha mentiras, todos sus servidores se vuelven malvados (Proverbios 29:12). David no solo se negará a escucharlos, sino que también impedirá que esas personas asciendan dentro de su servicio. Castigará no solo a los acusadores falsos que hablan abiertamente, sino también a quienes susurran mentiras a espaldas de otros. Es triste que David no recordara esta promesa en el caso de Mefiboset y Siba.
Tampoco mantendrá a su alrededor a personas orgullosas, engreídas y ambiciosas. Esa clase de personas causa mucho daño en una familia, una corte o una iglesia, porque el orgullo produce conflictos. Por eso dice que no tolerará a quien tenga una mirada altiva y un corazón orgulloso. No seguirá prestando atención a quienes siempre buscan ascender, porque por lo general buscan su propio honor y no el bien de los demás. Dios se opone a los orgullosos, y David hará lo mismo.
Tampoco tendrá nada que ver con personas engañosas, dispuestas a mentir o estafar (Salmos 101:7). Una persona que practica el engaño puede acercarse a él por un tiempo, pero cuando quede expuesta, no permanecerá en la casa de David. Con frecuencia, los grandes utilizan a personas hábiles para engañar como instrumentos para alcanzar sus propios propósitos, pero David no empleará a esa clase de personas. Quien diga mentiras no permanecerá ante sus ojos, sino que será expulsado en desgracia. David demostró que era un hombre conforme al corazón de Dios, porque Dios aborrece tanto la mirada orgullosa como la lengua mentirosa. También señaló hacia Cristo, quien finalmente expulsará de su presencia a todos los que aman y practican la mentira (Apocalipsis 22:15).
Después, David dice que pondrá a personas honestas y buenas en posiciones de confianza (Salmos 101:6). Sus ojos estarán sobre los fieles de la tierra. Al elegir servidores y funcionarios, buscará entre el pueblo de Israel, no entre extranjeros, y escogerá verdaderos israelitas, personas fieles en la tierra, aunque no todos los habitantes de esa tierra fueran fieles. Sus ojos los buscarán, porque esas personas suelen vivir tranquilamente en el campo en vez de tratar de abrirse camino en la ciudad. Quienes tienen menos interés en ocupar cargos elevados a menudo son los más aptos para ellos. Los gobernantes sabios buscarán a personas así en su vida privada y las incorporarán al servicio. Todo el que camine por un camino intachable, cuidando lo que dice y hace, le servirá. El reino debe buscar personas honestas para convertirlas en miembros de la corte, y debe preferirse a quien sea más apto.
Este fue un buen propósito de parte de David, aunque quizá no lo cumplió por completo, o se dejó engañar cuando hizo de Ahitofel uno de sus consejeros más cercanos. Todo cabeza de familia debe procurar, por su propio bien y por el de sus hijos, llevar al hogar siervos que parezcan temer a Dios. El Hijo de David, Cristo, tiene sus ojos puestos en los fieles de la tierra. Él comparte sus secretos con ellos, y ellos habitarán con él. Saúl escogió siervos por su buena apariencia (1 Samuel 8:16), pero David los escogió por su bondad.
David también se propuso extender su reforma más allá de la corte, hasta la ciudad y toda la tierra (Salmos 101:8). Dice: «Desde temprano destruiré a todos los malvados de la tierra», es decir, a todos los que sean descubiertos y declarados culpables, para que la ley siga su curso contra ellos. Hará todo lo posible por eliminar la maldad manifiesta, de modo que no quede nadie que practique abiertamente el mal. Lo hará sin demora, sin escatimar esfuerzos y con entusiasmo por promover el buen orden y frenar el pecado. Quienes desean hacer un bien verdadero deben levantarse temprano para cumplir con esa tarea.
Su objetivo no era solo proteger su gobierno y mantener la paz en la tierra, sino también honrar a Dios manteniendo pura a su iglesia. La «ciudad del SEÑOR» no era únicamente Jerusalén, sino toda la tierra y, en un sentido más amplio, también la iglesia del evangelio. Es para el bien de la ciudad del SEÑOR que sea limpiada de personas malvadas, porque ellas la avergüenzan y la debilitan. Por eso, cada persona debe hacer lo que pueda, desde el lugar que ocupa, por una obra tan buena y hacerlo con fervor. Se acerca el día en que el Hijo de David eliminará de la nueva Jerusalén a todos los que practican el mal, porque nada pecaminoso entrará allí.
De este capítulo
Salmos 101:2
"Quiero vivir con rectitud. ¿Cuándo vendrás a mí? Mi conducta será intachable incluso en mi propio palacio."
Salmos 101:3
"Jamás pondré la mira en propósitos perversos. Odio a quienes son desleales a Dios; ¡jamás permitiré que se me acerquen!"
Salmos 101:4
"Alejaré de mí los pensamientos perversos; ¡no quiero hacer nada malo!"
Salmos 101:5
"Haré callar a quienes hablan mal de su vecino a escondidas; ¡no soporto al altanero y arrogante!"
Salmos 101:6
"Pondré mis ojos en los hombres leales, para que vivan junto a mí; solo estará a mi servicio quien lleve una vida recta."
Salmos 101:7
"No habrá lugar para el tramposo en mi palacio; ¡ningún mentiroso podrá estar en mi presencia!"
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