Versículo destacado

Salmos 4:6 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Muchos dicen: «¿Quién nos mostrará la dicha?». ¡Señor, míranos con buenos ojos! "

Salmos 4:6

menu_book El versículo en contexto

4 ¡Tiemblen y no pequen más! Ya acostados y en silencio, examinen su propia conciencia;

5 ofrezcan sacrificios sinceros y confíen en el Señor.

6 Muchos dicen: «¿Quién nos mostrará la dicha?». ¡Señor, míranos con buenos ojos!

7 Tú has puesto en mi corazón más alegría que en quienes tienen trigo y vino en abundancia.

8 Yo me acuesto tranquilo y me duermo enseguida, pues tú, Señor, me haces vivir confiado.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos, en primer lugar, el deseo insensato de quienes viven según los valores del mundo. Muchos dicen: «¿Quién nos mostrará algún bien?». En otras palabras: «¿Quién nos hará felices?». El tipo de bien que tienen en mente queda claro en el versículo 7: piensan en el grano, el vino y las comodidades de esta vida, en una porción abundante de riquezas y placeres externos. Hacen bien en desear el bien, pero se equivocan en la clase de bien que buscan.

Preguntan, en general, quién puede hacerlos felices, pero no acuden a Dios, quien es el único que puede hacerlo. De esa manera muestran que preferirían depender de cualquier persona antes que de Dios. También buscan un bien que puedan ver, comodidades visibles y sensibles, mientras ignoran las cosas mejores que solo pueden conocerse por la fe (2 Corintios 4:18). Debemos aprender a confiar en el Dios invisible y también a buscar un bien que no se ve.

Piden cualquier bien, no el bien supremo. Quieren un bien externo, presente y limitado: buena comida, buena bebida, un buen negocio y buenas propiedades. Pero ¿de qué valen todas esas cosas sin un Dios bueno y un corazón bueno? La mayoría se conformará con cualquier clase de bien, pero un alma alcanzada por la gracia no quedará satisfecha con eso. Esta es la insensatez de quienes viven para las cosas del mundo, aunque muchos se unan a ella; y su juicio corresponderá a su elección: «Hijo, recuerda que durante tu vida recibiste tus bienes» (Lucas 16:25).

Luego vemos la sabia elección de las personas piadosas. David y los pocos fieles que estaban con él no se unen a esa petición. En cambio, oran: «SEÑOR, levanta sobre nosotros la luz de tu rostro». Ellos eligen el favor de Dios como su felicidad y lo valoran por encima de la vida y de todas las comodidades de esta vida.

Se diferencian de la multitud. Dios había apartado a David mediante una bondad especial, y David responde con un espíritu diferente. Los demás piden cualquier bien, especialmente un bien mundano, pero él no quiere pedir lo mismo. Sabe que las riquezas del mundo no pueden convertirse en una porción duradera para su alma, así que no puede descansar en ellas.

David y sus amigos están de acuerdo en considerar el favor de Dios como su verdadero gozo. Eso es lo que desean con mayor intensidad. Su oración es: «SEÑOR, concédenos tu favor y permítenos saber que lo tenemos. Eso basta para hacernos felices». Le piden a Dios que esté en paz con ellos, que los acepte, que se les manifieste y que los satisfaga con su amor fiel. Aunque en el versículo 7 David habla solo de sí mismo, aquí ora también por los demás al decir «sobre nosotros». Esto concuerda con la manera en que Cristo nos enseñó a orar: «Padre nuestro». Todos los creyentes se acercan al trono de Dios para recibir la misma bendición, y están unidos en esto: desean el favor de Dios como su bien principal. También debemos pedirlo para los demás, no solo para nosotros, porque en el favor de Dios hay suficiente para todos.

Esto es también lo que los llena de alegría. David dice: «Has puesto alegría en mi corazón» (versículo 7). Dios lo ha fortalecido y renovado muchas veces, pero ha hecho algo aún mayor: lo ha llenado de un gozo profundo. Por eso David sigue deseando esta bendición y continuará buscándola mientras viva. Cuando Dios concede gracia al corazón, también concede alegría al corazón. Ningún gozo se compara con el que las personas piadosas encuentran en el favor de Dios, ni siquiera la alegría de una cosecha abundante cuando aumentan el grano y el vino.

Este es un gozo interior y firme. La alegría mundana es apenas un destello y una sombra. Aunque la gente se ría, su corazón puede seguir triste (Proverbios 14:13). El verdadero gozo es un regalo de Dios, no la clase de gozo que ofrece el mundo (Juan 14:27). Los creyentes no tienen razón para envidiar la alegría superficial de quienes viven para las cosas del mundo. Más bien deben compadecerse de ellos, pues podrían conocer algo mejor, pero se niegan a hacerlo.

Esto es también aquello en lo que confían plenamente, y esa confianza los mantiene tranquilos (versículo 8). David ya se había acostado y había dormido antes (Salmo 3:5), y volverá a hacerlo. «En paz me acostaré», dice, «con tanto consuelo como quienes tienen abundancia de grano y vino». Puede descansar porque solo Dios lo hace vivir seguro. Aunque esté solo, no está desamparado, porque Dios está con él. Aunque no tenga guardias a su alrededor, el Señor mismo es suficiente para protegerlo. Dios puede mantenerlo a salvo cuando toda otra defensa fracasa.

Si David tiene la luz del rostro de Dios, puede disfrutar de la vida. Su alma vuelve a Dios y descansa en él; por eso se acuesta y duerme en paz. Tiene lo que realmente desea y sabe que, en última instancia, nada puede hacerle daño. Tampoco teme los ataques de sus enemigos, porque Dios se ha hecho responsable de su seguridad. Cuando llegue al sueño de la muerte y se acueste en la tumba, podrá partir en paz, como Simeón (Lucas 2:29). Confía en que Dios recibirá su alma y la mantendrá segura consigo, y que aun su cuerpo descansará seguro en la tumba.

David también entrega todos sus asuntos a Dios y deja el resultado en sus manos. Después de sembrar la semilla en la tierra, un agricultor duerme y se levanta de día y de noche, mientras la semilla crece, aunque no sepa cómo sucede (Marcos 4:26-27). De la misma manera, una persona íntegra, después de poner sus preocupaciones en las manos de Dios mediante la fe y la oración, puede dormir y descansar en paz. Deja todo en manos de Dios y está dispuesta a recibir su voluntad.

Al cantar estos versículos y orar con ellos, mantengamos las riquezas y los placeres del mundo en su justa perspectiva, pues no pueden hacernos felices. Busquemos con sinceridad el favor de Dios y encontremos nuestro deleite en él. Y, con un espíritu tranquilo respecto de todas nuestras preocupaciones terrenales, entreguémonos junto con todo lo que tenemos al cuidado y al gobierno de Dios. Entonces podremos descansar con la confianza de que todas las cosas cooperarán para nuestro bien, si permanecemos en el amor de Dios.

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