Versículo destacado
Salmos 39:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Y así, Señor, ¿qué puedo esperar ya? ¡Mi esperanza está en ti! "
Salmos 39:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Me has dado una vida muy corta; mi vida no es nada delante de ti. ¡Todo hombre dura lo que un suspiro!
6 ¡Todo hombre pasa como una sombra! De nada le sirve amontonar riquezas, pues no sabe quién se quedará con ellas.
7 Y así, Señor, ¿qué puedo esperar ya? ¡Mi esperanza está en ti!
8 Líbrame de mis pecados; no dejes que los necios se burlen de mí.
9 Me hice el mudo y no abrí la boca, porque tú eres quien actúa.
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El salmista había estado pensando profundamente en lo corta e incierta que es la vida, y en lo vacíos y frustrantes que pueden ser incluso los consuelos de esta vida. Ahora levanta los ojos y el corazón hacia el cielo. Cuando nada en este mundo puede darnos una satisfacción duradera, tenemos que encontrarla en Dios y en la comunión con él. Y nuestras decepciones en el mundo deberían impulsarnos a acudir a él.
David muestra primero su dependencia de Dios (Salmos 39:7). Puesto que todo es vacío y el ser humano es tan frágil, deja de esperar felicidad de este mundo. Es como si dijera: «Ahora, Señor, ¿qué estoy esperando? No espero nada duradero de las cosas de esta vida. No tengo nada que desear ni que esperar de esta tierra». Pensar en lo vana y débil que es la vida humana debería enfriar nuestro deseo por las cosas del mundo y reducir nuestras expectativas respecto a ellas. Si el mundo es realmente así, entonces Dios debe impedir que lo hagamos nuestra porción o que siquiera lo busquemos como nuestra porción. No podemos contar con una salud estable, prosperidad o comodidad permanente en ninguna relación, porque todo es tan incierto como el tiempo que pasamos aquí. «Aunque antes, neciamente, me prometía a mí mismo una cosa u otra del mundo, ahora pienso de manera diferente».
Después afirma su esperanza en Dios: «Mi esperanza está en ti». Cuando falla nuestra confianza en las cosas creadas, es un consuelo saber que todavía tenemos a Dios, a quien podemos acudir y en quien podemos confiar. Esto debería impulsarnos a aferrarnos a él con más firmeza por medio de la fe.
También muestra su sumisión a Dios y su disposición a aceptar la santa voluntad de Dios (Salmos 39:9). Si nuestra esperanza de felicidad está en Dios y en el mundo venidero, entonces también podemos aceptar lo que su providencia trae a nuestra vida en este mundo. «Guardé silencio; no abrí la boca para quejarme ni murmurar». Había recuperado la calma que antes había perdido. Cualesquiera que fueran los consuelos que perdiera o las dificultades que tuviera que soportar, permanecería firme. «Porque tú lo hiciste», dice. No había sucedido por casualidad, sino por disposición de Dios.
Aquí vemos a un Dios bueno ordenando todo lo que nos sucede. De cada acontecimiento podemos decir: «Esto lo hizo el Señor», sin importar qué medios humanos se hayan usado. También vemos a un hombre bueno que guarda silencio por esa razón. No tiene nada que alegar contra Dios, ninguna acusación que presentar ni ninguna disputa que plantear. Todo lo que Dios hace es correcto.
Después David expresa su deseo de Dios y las peticiones que le presenta. Toda persona afligida debería orar como David lo hace aquí. Primero pide perdón por su pecado y protección contra la vergüenza (Salmos 39:8). Antes de orar: «Aparta de mí tu golpe» (Salmos 39:10), ora: «Líbrame de todas mis rebeliones». Esto significa que pide ser librado de la culpa que él mismo se ha acarreado, del castigo que merece y del poder de la corrupción que lo ha mantenido cautivo. Cuando Dios perdona nuestros pecados, verdaderamente nos libra de todos ellos.
También dice: «No permitas que los necios se burlen de mí». Las personas malvadas son necias, y demuestran su necedad sobre todo cuando creen que son inteligentes al burlarse del pueblo de Dios. Cuando David le pide a Dios que perdone sus pecados y no permita que se burlen de él, está pidiendo paz para su conciencia, como si dijera: «Señor, no me dejes bajo una tristeza tan pesada que los necios se rían de mí». También está pidiendo gracia: que Dios no lo abandone a tal grado que haga algo que avergüence su nombre. Esta es una razón importante para velar y orar contra el pecado, porque el honor de nuestra fe está estrechamente ligado a nuestra integridad.
Luego pide alivio de su sufrimiento, para que su carga presente sea quitada pronto (Salmos 39:10). «Aparta de mí tu golpe». Cuando estamos bajo la mano correctiva de Dios, debemos acudir a Dios mismo en busca de alivio, y no a otro lugar. Solo quien envía el golpe puede quitarlo. Podemos pedir con fe que la aflicción sea removida cuando nuestros pecados han sido perdonados (Isaías 38:17) y cuando la aflicción ha cumplido su propósito, nos ha humillado y nos ha llevado al lugar correcto delante de Dios.
David suplica mostrando cuán intenso se ha vuelto su sufrimiento, lo cual lo hace apto para recibir la misericordia de Dios: «Estoy agotado por el golpe de tu mano». Su enfermedad había avanzado tanto que sus fuerzas se habían debilitado, su ánimo había decaído y su cuerpo se consumía. El golpe, o conflicto, de la mano de Dios lo había acercado a la muerte. Nadie, ni siquiera la persona más fuerte y recta, puede resistir la ira de Dios.
Esto era cierto no solo de David, sino de cualquiera que entra en conflicto con Dios (Salmos 39:11). Cuando Dios nos corrige con reprensiones, no podemos cuestionar su justicia. Él siempre corrige a causa del pecado. Nuestros propios caminos y acciones traen problemas sobre nosotros, y somos golpeados con una vara que nosotros mismos hemos fabricado. Es la carga de nuestras transgresiones, aunque sea su mano la que la coloque sobre nosotros (Lamentaciones 1:14). Tampoco podemos resistir el resultado de su reprensión, porque él será demasiado fuerte para nosotros. Puesto que no podemos detener su juicio, tampoco tenemos manera de escapar de su ejecución.
Las reprensiones de Dios hacen que la belleza humana se marchite como una polilla. Muchas veces vemos, y a veces sentimos, cómo la enfermedad puede debilitar y desgastar rápidamente el cuerpo. El rostro cambia. ¿Dónde quedan las mejillas sonrosadas, los ojos brillantes, la mirada llena de vida y el rostro sonriente? Todo eso es reemplazado por lo contrario. ¡Qué poca cosa es la belleza y qué necias son las personas al sentirse orgullosas de ella o amarla tanto, si puede consumirse con tanta rapidez!
Algunos han entendido que la polilla representa al ser humano, que puede ser aplastado con la misma facilidad con que se aplasta una polilla bajo un dedo, como en Job 4:19. Otros ven la polilla como una imagen de las reprensiones de Dios, que nos desgastan silenciosa y lentamente, así como una polilla se come una prenda de vestir. Todo esto vuelve a mostrar lo que David había dicho antes: que todo ser humano es ciertamente vanidad, débil e indefenso. Así se encontrará cuando Dios venga a contender con él.
David también señala el buen efecto que su aflicción había producido en él. Esperaba que el propósito de la aflicción ya se hubiera cumplido y que por eso Dios debiera quitarla con misericordia. Si una aflicción no ha cumplido su propósito, aunque sea retirada, en realidad no ha sido quitada con misericordia. La aflicción lo había hecho llorar, y él esperaba que Dios lo hubiera notado. Cuando el Señor lo llamó a lamentarse, él respondió y se sometió a la disciplina. Por eso podía orar con fe: «Señor, no guardes silencio mientras lloro».
El Dios que no aflige ni entristece de buena gana a las personas, y mucho menos a sus propios hijos, no ignorará sus lágrimas. Hablará para librarlos y, cuando él habla, queda hecho; o hablará para consolarlos mientras esperan y les hará oír gozo y alegría.
La aflicción también lo había llevado a orar, y ese es uno de los buenos efectos que pueden tener las dificultades. Cuando las pruebas nos impulsan a orar más y mejor que antes, podemos esperar que Dios nos escuche y nos responda. La oración a la que la providencia de Dios mismo da lugar y que su Espíritu de gracia forma en nosotros no volverá vacía.
La aflicción también lo había ayudado a soltar su apego al mundo y a apartar de él su corazón. Ahora se veía más que nunca como un extraño y un peregrino aquí, igual que todos sus antepasados: no estaba en casa en este mundo, sino que lo atravesaba rumbo a una patria mejor. No se consideraría establecido hasta llegar al cielo. Por eso apela a Dios diciendo, en esencia: «Señor, mira mi situación y mis cargas, porque soy un extraño aquí y recibo un trato extraño. Me ignoran y me oprimen como a un extranjero; ¿a quién más puedo acudir en busca de ayuda sino a ti, aquel a quien pertenezco?».
También ora por un poco más de tiempo: «Señor, ten compasión de mí y levántame de esta enfermedad, para que recupere las fuerzas del cuerpo y del espíritu. Así podré alcanzar una disposición más tranquila y firme, y estar mejor preparado para el mundo venidero antes de dejar este por medio de la muerte y no volver a ser visto aquí». Algunos entienden esto como un clamor desesperado por ayuda inmediata, como en Job 10:20-21. Pero es mejor entenderlo como una oración piadosa en la que pide que Dios lo mantenga con vida hasta que la gracia lo haya preparado para morir y que pueda terminar la obra de su vida antes de que la vida misma termine. «Deja que mi alma viva, y te alabará».
De este capítulo
Salmos 39:1
"Yo había prometido cuidar mi conducta, no pecar con mi lengua y ponerle un freno a mis labios mientras hubiera malvados delante de mí."
Salmos 39:2
"Y me hacía el mudo: no decía nada. ¡Ni siquiera hablaba de lo bueno! Pero mi dolor iba en aumento;"
Salmos 39:3
"¡el corazón me ardía en el pecho! Mientras pensaba en ello, un fuego se encendió dentro de mí, y entonces dije con voz fuerte:"
Salmos 39:4
"Señor, hazme saber qué fin tendré y cuánto tiempo voy a vivir, para que comprenda cuán breve es mi vida."
Salmos 39:5
"Me has dado una vida muy corta; mi vida no es nada delante de ti. ¡Todo hombre dura lo que un suspiro!"
Salmos 39:6
"¡Todo hombre pasa como una sombra! De nada le sirve amontonar riquezas, pues no sabe quién se quedará con ellas."
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