Versículo destacado
Salmos 128:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Feliz eres tú, que honras al Señor y le obedeces.
Salmos 128:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Feliz eres tú, que honras al Señor y le obedeces.
2 Comerás del fruto de tu trabajo; serás feliz y te irá bien.
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Aquí se muestra que la piedad lleva consigo una promesa para esta vida y para la venidera. Una y otra vez, este salmo enseña una verdad clara: quienes son verdaderamente santos son verdaderamente felices. Las personas descritas aquí son las que temen al SEÑOR y andan en sus caminos; tienen una profunda reverencia por Dios y la demuestran mediante una obediencia constante.
Cuando el temor de Dios gobierna el corazón, la vida lo demuestra. Es inútil afirmar que tememos a Dios si no nos esforzamos por seguir cuidadosamente sus caminos y no apartarnos de ellos. Esas personas son bienaventuradas y seguirán siéndolo (Salmo 128:1, 4). Dios las bendice, y cuando las declara bienaventuradas, eso las hace serlo. Son bienaventuradas ahora, lo seguirán siendo y lo serán para siempre.
Esta bienaventuranza se promete a todos los santos, a toda persona que teme al SEÑOR, sin importar su posición o lugar en el mundo. En toda nación, la persona que teme a Dios y hace lo correcto es aceptada por él y, por tanto, es bienaventurada, sea de una posición alta o baja, rica o pobre. Si la piedad gobierna la vida de una persona, la protegerá y la enriquecerá. La promesa también se aplica a cada creyente en lo personal, no solamente a la iglesia en conjunto. Debemos apropiarnos de ella: «Bienaventurado serás» si temes a Dios y andas en sus caminos (Salmo 128:2). Esto significa que te irá bien. Pase lo que pase, algo bueno resultará de ello. Te irá bien mientras vivas, mejor cuando mueras y perfectamente bien por toda la eternidad.
El salmo también llama la atención sobre esta promesa: «Así será bendecido el hombre» (Salmo 128:4). Hay que contemplarla con fe en la promesa. Hay que observar cómo Dios la cumple. Hay que considerarla con seguridad, porque Dios es fiel. También hay que contemplarla con asombro, porque no merecemos de su parte semejante favor o bendición.
Después, el salmo presenta promesas específicas para las personas piadosas, en la medida en que contribuyen a la gloria de Dios y al bien de la persona; y eso es suficiente. En primer lugar, por la bendición de Dios, obtendrán un sustento honrado y podrán vivir cómodamente con él. La promesa no es que vivirán sin trabajo, preocupaciones ni esfuerzo. Es que comerán del trabajo de sus manos. Tendrán trabajo que realizar, lo cual es mejor que una vida ociosa, y tendrán la salud, la fuerza y la mente despejada para hacerlo. No se verán obligadas a depender de otros para recibir el alimento diario, como con frecuencia les sucede a las personas pobres con discapacidades. Es tanto una misericordia como un deber trabajar tranquilamente y comer nuestro propio pan (2 Tesalonicenses 3:12).
La promesa también es que su trabajo tendrá éxito, y que ellos y sus familias disfrutarán de lo que ganen. Otros no vendrán a quitarles el alimento de la boca, ni se lo arrebatarán gobernantes crueles o ejércitos invasores. Dios no arruinará su trabajo ni hará que fracase, como ocurrió en Hageo 1:9. Su bendición puede hacer que lo poco alcance para mucho. Es motivo de alegría disfrutar del fruto del propio trabajo. Así como el sueño es dulce para quien trabaja, también lo es el alimento.
En segundo lugar, las personas piadosas tendrán mucho consuelo en su vida familiar. Una esposa y unos hijos traen grandes responsabilidades al hombre, pero cuando la gracia de Dios los forma como deben ser, también son una gran fuente de alegría, uno de los consuelos más valiosos de la vida. La esposa será como una vid junto a las paredes de la casa: no solo hermosa, sino también fructífera y útil. Su fruto honrará tanto a Dios como a las personas, como en Jueces 9:13. La vid es una planta débil y delicada que necesita apoyo y cuidado, pero es valiosa. El lugar apropiado de la esposa está en la casa de su esposo, donde corresponde su trabajo y donde está segura.
No debe ser maltratada ni pisoteada, pero tampoco debe gobernar la casa con dureza. Su lugar está junto a la casa, como una costilla tomada del costado del hombre. Será una esposa amorosa, unida a la casa como una vid se aferra a la pared, y una esposa obediente, dispuesta a crecer y a dejarse guiar. También será fructífera, no solo en hijos, sino en sabiduría, rectitud y buena administración. Sus ramas pasarán por encima del muro (Génesis 49:22; Salmo 80:11), por así decirlo, porque sus buenos frutos se verán más allá del hogar.
Los hijos serán como plantas de olivo que con el tiempo crecen hasta convertirse en olivos. Aunque por naturaleza son silvestres, pueden ser injertados en el buen olivo y participar de su raíz y de su rica savia (Romanos 11:17). Para los padres es motivo de alegría, aun cuando tengan comida sencilla, ver a sus hijos reunidos alrededor de la mesa. Se alegran de tener a muchos hijos cerca, no dispersos y lejos de ellos. Job consideraba una de las principales señales de su prosperidad anterior el hecho de que sus hijos estuvieran a su alrededor (Job 29:5). A los padres les encanta tener a sus hijos en la mesa, alegrar la conversación familiar, verlos saludables y tenerlos como plantas de olivo, rectos y verdes, absorbiendo la buena instrucción que han recibido y encaminados a ser útiles con el tiempo.
Verás el bien de Jerusalén mientras vivas, aunque llegues a vivir muchos años, y tus alegrías privadas no serán arruinadas ni amargadas por los problemas públicos. Una persona buena puede encontrar poco consuelo en ver a los hijos de sus hijos si no ve también paz en Israel y no tiene la esperanza de transmitir plenamente la herencia de una religión pura a quienes vendrán después. Esa es la mejor herencia.
De este capítulo
Salmos 128:2
"Comerás del fruto de tu trabajo; serás feliz y te irá bien."
Salmos 128:3
"En la intimidad de tu hogar, tu mujer será como una vid cargada de uvas; tus hijos, alrededor de tu mesa, serán como retoños de olivo."
Salmos 128:4
"Así bendecirá el Señor al hombre que lo honra."
Salmos 128:5
"¡Que el Señor te bendiga desde el monte Sión! ¡Que veas el bienestar de Jerusalén todos los días de tu vida!"
Salmos 128:6
"¡Que llegues a ver a tus nietos! ¡Que haya paz en Israel!"
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