Versículo destacado
Salmos 127:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Si el Señor no edifica la casa, de nada sirve el trabajo de los constructores; si el Señor no guarda la ciudad, de nada sirve la vigilancia de los centinelas.
Salmos 127:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Si el Señor no edifica la casa, de nada sirve el trabajo de los constructores; si el Señor no guarda la ciudad, de nada sirve la vigilancia de los centinelas.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí se nos enseña a tener presente la providencia de Dios en todos los asuntos de esta vida. A Salomón se le reconocía como un hombre sabio, y quizá podía sentirse tentado a confiar en su propio juicio y en sus propios planes. Por eso su padre le dice que mire más alto y que tome en cuenta a Dios en todo lo que haga. Como habría de dedicarse a administrar muchos asuntos, David le enseña a manejar sus responsabilidades bajo el gobierno de la fe.
Los padres deben adaptar sus consejos a la situación y a las necesidades de sus hijos. Debemos acudir a Dios en todos los asuntos del hogar, incluso en la casa real, porque los hogares de los reyes no son más seguros de lo que Dios permite que sean. Para criar una familia debemos depender de la bendición de Dios, no de nuestros propios planes. «Si el Señor no edifica la casa» significa que, a menos que Dios conceda éxito y bendición, los constructores trabajan en vano, aunque sean muy hábiles.
Esto puede referirse a una casa real. A menos que el Señor bendiga la construcción, el trabajo no sirve de nada, como ocurrió con los constructores de Babel o con Hiel, quien reconstruyó Jericó bajo maldición. Si el proyecto está motivado por el orgullo y la ambición vacía, o si sus fundamentos se ponen sobre la opresión y la injusticia (Habacuc 2:11-12), Dios ciertamente no está edificando allí. De hecho, si no se reconoce a Dios, no debemos esperar su bendición; y sin su bendición, todo termina en nada.
Es más probable que el versículo hable de hacer grande a una familia que antes era pequeña. Las personas intentan lograrlo mediante buenos matrimonios, cargos, empleos y compras, pero todo es inútil a menos que Dios levante a la familia. El proyecto mejor planeado fracasa si Dios no lo corona con éxito. Véase Malaquías 1:4.
Lo mismo sucede al mantener segura a una familia o a una ciudad, que es lo que el salmista menciona especialmente. Si los guardias de una ciudad no pueden protegerla sin Dios, mucho menos puede el cabeza de familia mantener su propia casa a salvo de la ruina. «Si el Señor no guarda la ciudad» significa que los vigilantes, aunque permanezcan alertas y nunca duerman, vigilan en vano si Dios no protege la ciudad del fuego o de los enemigos. Los guardias pueden morir, o la ciudad puede ser traicionada y caer debido a incontables acontecimientos que ningún vigilante ni gobernante puede evitar.
Lo mismo ocurre al intentar hacer rica a una familia. Esto requiere tiempo y reflexión, pero no puede lograrse sin el favor de Dios, así como tampoco puede lograrse el éxito repentino. Es inútil levantarse temprano y acostarse tarde, agotándose en la búsqueda de riquezas. Algunas personas están tan entregadas a las cosas de este mundo que hacen ambas cosas: sacrifican el sueño para alimentar sus preocupaciones. Casi no disfrutan ni siquiera de la comida, porque comen «pan de angustias». Ya estamos bajo la maldición de ganarnos el pan con el sudor de nuestro rostro, pero ellos van más allá, pasando todos sus días en ansiedad y oscuridad (Eclesiastés 5:17). La preocupación les llena el corazón, arruina sus momentos de descanso y hace pesada la vida.
Todo este esfuerzo tiene como meta conseguir dinero, pero es inútil a menos que Dios conceda el éxito, porque las riquezas no siempre llegan a los sabios (Eclesiastés 9:11). Quienes aman a Dios y son amados por él pueden vivir en paz sin toda esa tensión. A Salomón se le llamó Jedidías, que significa «amado del Señor» (2 Samuel 12:25). El reino le había sido prometido, así que era inútil que Absalón se levantara temprano y tratara de ganarse al pueblo, o que Adonías causara tanto alboroto diciendo: «Yo seré rey». Salomón podía descansar y, por ser amado por el Señor, Dios le dio tanto el sueño como el reino.
La enseñanza es clara. La preocupación excesiva por las cosas de este mundo es vacía y no produce fruto. Nos agotamos por cosas que desaparecen, y muchas veces nos agotamos en vano (Hageo 1:6, 9). El sueño del cuerpo es un regalo de Dios para quienes él ama. A su bondad le debemos que nuestro sueño sea seguro (Salmo 4:8) y agradable (Jeremías 31:25-26). Dios da sueño a sus amados cuando les concede la gracia de acostarse en reverencia ante él, haciendo que su alma vuelva a él y descanse en él. También les da sueño cuando despiertan y permanecen con él, usando en su servicio las fuerzas que el descanso les devuelve.
Dios también da sueño a sus amados en otro sentido: les concede tranquilidad mental, contentamiento y el disfrute sereno de lo que tienen ahora, junto con una esperanza tranquila de lo que está por venir. Nuestra responsabilidad es mantenernos en el amor de Dios. Entonces podemos vivir tranquilos, ya sea que tengamos poco o mucho de las cosas de este mundo.
El salmo también enseña, al hablar del crecimiento de la familia, que los hijos son un regalo de Dios. Si no se conceden hijos, es Dios quien los retiene (Génesis 30:2). Si se conceden, es Dios quien los da (Génesis 33:5). Para nosotros, los hijos serán aquello que Dios haga de ellos: motivo de consuelo o de aflicción. Salomón tuvo muchas esposas, en contra de la ley, pero no leemos que haya tenido más de un hijo. Quienes desean recibir hijos como una herencia del Señor deben recibirlos de la manera que Dios estableció: mediante el matrimonio legítimo con una sola esposa. Véase Malaquías 2:15. Los hijos son una herencia y una recompensa, y deben considerarse bendiciones, no cargas, porque quien da las bocas también dará el alimento si confiamos en él.
Obed-edom, quien cuidaba el arca, tuvo ocho hijos, porque el Señor lo bendijo (1 Crónicas 26:5). Los hijos son una herencia del Señor y también para el Señor. Son hijos de Dios, como él dice: «mis hijos, a quienes diste a luz para mí» (Ezequiel 16:20). Son una gran fuente de honor y consuelo cuando los criamos para él, como una generación que le pertenece a Dios.
Los hijos también son un buen regalo y un fuerte apoyo para la familia. «Como flechas en la mano de un guerrero» que sabe usarlas para protegerse y obtener ventaja, «así son los hijos de la juventud». Esto puede referirse a los hijos nacidos cuando sus padres son jóvenes, de modo que crecen a tiempo para servirles cuando lo necesiten. O puede referirse a los hijos que todavía son pequeños, pues aún pueden ser útiles para sus padres y su familia. Ellos pueden fortalecer el hogar frente a sus enemigos.
Una familia con muchos hijos es como una aljaba llena de flechas. Las flechas pueden ser de distintos tamaños, pero todas pueden resultar útiles en su momento. De la misma manera, los hijos, con sus diferentes capacidades y temperamentos, pueden servir a la familia de distintas maneras. Un hombre que tiene muchos hijos puede enfrentarse con confianza a su enemigo en la puerta, en los tribunales; y en la batalla no tiene que temer, porque cuenta con muchos ayudantes capaces, partidarios leales y jóvenes defensores fuertes (1 Samuel 2:4-5).
Observemos que los hijos nacidos durante la juventud de una persona son como flechas en la mano. Con cuidado y sabiduría, pueden dirigirse correctamente hacia el blanco, que es la gloria de Dios y el servicio útil a su propia generación. Pero una vez que han salido al mundo, son como flechas que ya no están en la mano. Entonces, muchas veces es demasiado tarde para inclinarlas en la dirección correcta.
Sin embargo, esas flechas que están en la mano con frecuencia llegan a convertirse en flechas clavadas en el corazón. Les causan un dolor duradero a los padres piadosos y, muchas veces, arrastran sus canas con tristeza hasta la tumba.
De este capítulo
Salmos 127:2
"De nada sirve trabajar de sol a sol y comer un pan ganado con dolor, cuando Dios se lo da a sus amigos mientras duermen."
Salmos 127:3
"Los hijos que nos nacen son ricas bendiciones del Señor."
Salmos 127:4
"Los hijos que nos nacen en la juventud son como flechas en manos de un guerrero."
Salmos 127:5
"¡Feliz el hombre que tiene muchas flechas como esas! No será avergonzado por sus enemigos cuando se defienda de ellos ante los jueces."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.