Versículo destacado
Salmos 106:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
¡Aleluya! Den gracias al Señor, porque él es bueno, porque su amor es eterno.
Salmos 106:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 ¡Aleluya! Den gracias al Señor, porque él es bueno, porque su amor es eterno.
2 ¿Quién podrá describir las victorias del Señor? ¿Quién podrá alabarlo como merece?
3 Felices los que practican la justicia y hacen siempre lo que es justo.
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5 min
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Aquí se nos enseña a bendecir a Dios (Salmos 106:1-2). «Alaben al Señor» significa, en primer lugar, darle gracias por su bondad, por la manera en que la manifiesta hacia nosotros y por las muchas veces que lo ha hecho. Él es bueno y su misericordia permanece para siempre. Por eso debemos reconocer nuestra deuda con él y ofrecerle nuestro mejor amor y servicio.
También significa honrarlo por su grandeza y sus obras poderosas: esas manifestaciones de su fuerza todopoderosa mediante las cuales ha hecho grandes cosas. Nadie puede hablar de ellas plenamente, porque son tan numerosas que no se pueden contar y tan profundas que no se pueden describir por completo. Aun después de decir todo lo que podamos acerca de las obras poderosas del Señor, todavía no habremos contado toda la historia. Siempre habrá más que decir, porque este tema nunca se agota. Debemos proclamar su alabanza y podemos proclamar una parte de ella, pero nadie puede expresarla toda; ni siquiera los ángeles pueden hacerlo. Esto no debe servirnos de excusa para alabarlo menos, sino impulsarnos a hacer todo lo que podamos.
También se nos enseña a llamar dichoso al pueblo de Dios, porque verdaderamente es feliz (Salmos 106:3). Son dichosos quienes practican la justicia, porque están capacitados para alabar a Dios. El pueblo de Dios tiene principios firmes. Guarda la justicia, es decir, se mantiene en los principios de la sabiduría y de la verdadera fe, y hace que su conducta corresponda a ellos. Hace lo correcto tanto delante de Dios como delante de los demás, y permanece firme y constante en ello. Lo hace en todo momento, en cada área de la vida y en toda circunstancia, perseverando hasta el final.
También se nos enseña a buscar nuestra felicidad en el favor de Dios, a poner en él nuestra dicha y a procurar ese favor con sinceridad, como lo hace aquí el salmista (Salmos 106:4-5). Él mira la misericordia de Dios como la fuente de toda felicidad. «Acuérdate de mí, Señor», dice, pidiendo la misericordia y la gracia que necesita, junto con el favor que Dios muestra a su pueblo. Puesto que existe en el mundo un pueblo que pertenece a Dios de manera especial, también existe un favor especial que él le concede; por eso, toda persona que vive por la gracia de Dios debe desear participar de él. No necesitamos pedir nada más para ser verdaderamente felices.
El salmista también mira a la salvación de Dios —la gran salvación del alma— como el fundamento de la felicidad. «Ven a mí con tu salvación», dice. Es decir, pide el perdón y la gracia que necesita, así como la ayuda que no puede esperar de nadie más que de Dios. Desea que esa salvación sea suya para siempre y que las señales presentes de ella sean su consuelo ahora.
También anhela la dicha de los justos, porque en ella se encuentra todo bien (Salmos 106:5). Quiere ver el bien del pueblo escogido por Dios, ser tan feliz como los santos y no desear una felicidad mayor que la de ellos. Aquí se llama al pueblo de Dios sus escogidos, su nación y su herencia, porque él lo ha apartado para sí, lo ha unido bajo su propio gobierno y recibe de él servicio y honra. El pueblo escogido de Dios posee un bien que le pertenece de manera especial, y ese bien es a la vez su alegría y su motivo de orgullo, su deleite y su alabanza. El pueblo de Dios tiene razones para vivir con alegría y para gloriarse en él todo el día. Quienes poseen esa alegría y esa gloria no necesitan envidiar el placer ni el orgullo de nadie más. La alegría de la nación de Dios y la gloria de su herencia bastan para satisfacer cualquier corazón, porque conducen a un gozo y una gloria eternos.
De este capítulo
Salmos 106:2
"¿Quién podrá describir las victorias del Señor? ¿Quién podrá alabarlo como merece?"
Salmos 106:3
"Felices los que practican la justicia y hacen siempre lo que es justo."
Salmos 106:4
"Acuérdate de mí, Señor, cuando hagas bien a tu pueblo; tenme presente cuando vengas a salvar,"
Salmos 106:5
"para que yo vea la dicha de tus escogidos, para que me alegre y me enorgullezca con el pueblo que te pertenece."
Salmos 106:6
"Hemos pecado igual que nuestros padres; nos hemos pervertido; hemos hecho lo malo."
Salmos 106:7
"Nuestros padres, allá en Egipto, no dieron importancia a tus grandes hechos; se olvidaron de tu gran amor y, junto al Mar Rojo, se rebelaron contra ti."
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