Versículo destacado
Proverbios 31:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" No es fácil hallar una mujer ejemplar; ¡vale más que las piedras preciosas! "
Proverbios 31:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Levanta la voz por quienes no tienen voz; ¡defiende a los indefensos!
9 Levanta la voz y hazles justicia; ¡defiende a los pobres y a los humildes!
10 No es fácil hallar una mujer ejemplar; ¡vale más que las piedras preciosas!
11 Su esposo confía plenamente en ella, y nunca le faltan ganancias.
12 Ella brinda a su esposo grandes satisfacciones todos los días de su vida.
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Esta descripción de la mujer virtuosa tiene el propósito de mostrar qué clase de esposas deben llegar a ser las mujeres y qué clase de esposa deben elegir los hombres. Consta de 22 versículos, cada uno de los cuales comienza con una letra del alfabeto hebreo, en orden, como sucede en algunos de los Salmos. Esto ha llevado a algunos a pensar que no formaba parte de la enseñanza que la madre de Lemuel le dio, sino que era un poema aparte; quizá uno que los judíos piadosos repetían con frecuencia y que se hacía más fácil de recordar gracias a su estructura alfabética.
El Nuevo Testamento presenta una versión breve de esta enseñanza en (Tito 2:9-10; 1 Pedro 3:1-6), donde el deber de las esposas concuerda con este retrato de una buena esposa. Es apropiado que se dé tanta importancia a este tema, porque pocas cosas ayudan tanto a mantener viva la fe en las familias como las madres sabias y temerosas de Dios. También tiene gran importancia para el bienestar y la prosperidad visibles del hogar. Un hombre que desea prosperar debe, como dice el refrán, pedirle permiso a su esposa.
En (Proverbios 31:10) se plantea la pregunta general acerca de esta mujer: ¿quién puede encontrarla? Primero, está la persona que se busca: una mujer virtuosa, es decir, una mujer de fortaleza. Aunque a las mujeres se les llama el vaso más débil, esta mujer recibe fortaleza por medio de la sabiduría, la gracia y el temor de Dios. La misma palabra se usa para referirse a los buenos jueces en (Éxodo 18:21), donde se les llama hombres capaces: hombres aptos para su trabajo, hombres veraces que temen a Dios.
Por tanto, una mujer virtuosa es una mujer de carácter firme. Sabe dominarse a sí misma y guiar sabiamente a los demás. Es piadosa y trabajadora, y es una verdadera ayuda para su esposo. Esto contrasta con la debilidad del corazón de una mujer orgullosa e inmoral en (Ezequiel 16:30). La mujer virtuosa también es constante y decidida. Una vez que se ha comprometido con buenos principios, permanece firme en ellos y no abandona su deber por causa de cambios de ánimo o dificultades.
Segundo, una mujer así es difícil de encontrar. La pregunta «¿quién puede encontrarla?» muestra que las buenas mujeres son poco comunes, y que muchas de las que parecen buenas no demuestran serlo. Un hombre puede pensar que ha encontrado a una mujer virtuosa y descubrir después que se equivocó, como quien esperaba recibir a Raquel y terminó con Lea. Cualquiera que piense casarse debe buscar cuidadosamente a una mujer así y mantener este objetivo principal a la vista.
No debe dejarse gobernar por la belleza, los modales vivaces, las riquezas, el apellido familiar, la ropa elegante o la habilidad para bailar. Todas esas cosas pueden estar presentes donde falta la virtud. También hay muchas mujeres verdaderamente virtuosas que no sobresalen por esas ventajas externas. Tercero, como una esposa así es tan poco común, tiene un valor inmenso. El hombre que tiene una esposa así debe valorarla mucho y demostrarlo dando gracias a Dios, y tratándola con bondad y respeto. Su precio supera con mucho el de los rubíes y el de todos los adornos costosos que llevan las mujeres vanidosas.
Cuanto más escasas son estas buenas esposas, más deben ser apreciadas. Luego sigue una descripción completa de ella y de sus excelentes cualidades. Se esfuerza mucho por ganarse el respeto y el afecto de su esposo. Quienes son buenos en sí mismos también serán buenos dentro del matrimonio. Una mujer buena, si se casa, será una buena esposa y procurará agradar a su esposo (1 Corintios 7:34). Aunque tiene carácter firme, su deseo está dirigido hacia su esposo. Quiere conocer su manera de pensar para adaptarse a ella, y está dispuesta a reconocer su autoridad.
Se comporta de tal manera que él puede confiar plenamente en ella. Él confía en su fidelidad conyugal, porque ella nunca le ha dado razones para dudar ni para sentir celos. Ella no es fría ni distante, sino modesta y seria, y su manera de hablar y comportarse demuestra claramente su virtud. Su esposo lo sabe, y por eso confía tranquilamente en ella. Vive en paz, y ella contribuye a que él conserve esa paz. También confía en su criterio, porque sabe que ella hablará y actuará sabiamente en cualquier situación, sin causarle daño ni vergüenza.
Él confía en que ella será fiel a sus intereses, porque sabe que nunca traicionará sus secretos ni separará sus propios intereses del bien de la familia. Cuando él sale a atender asuntos públicos, puede confiar en que ella administrará el hogar tan bien como él mismo lo haría. Una buena esposa es aquella en quien se puede confiar, y un buen esposo es aquel que deja los asuntos en manos de una esposa así.
Aunque no tiene que trabajar para ganarse el pan de cada día, porque posee bienes con los que puede vivir, no comerá en la ociosidad. Sabe que no fuimos creados para ser perezosos. Sabe que, cuando las personas no tienen nada que hacer, el diablo pronto les dará algo que hacer, y que no es correcto que coman quienes no quieren trabajar.
Algunas personas comen y beben simplemente porque no tienen otra cosa que las ocupe. Llenan su tiempo con visitas sociales y entretenimientos refinados, aun cuando esas visitas son innecesarias. Ella no desea esa clase de vida ociosa, porque ni hace ni recibe visitas inútiles ni conversaciones vacías.
Tiene cuidado de aprovechar bien su tiempo para no desperdiciarlo. Cuando termina la luz del día, no piensa que ha llegado el momento de dejar de trabajar, como deben hacerlo quienes trabajan al aire libre en los campos (Salmos 104:23). Su trabajo está dentro de la casa y vale la pena hacerlo a la luz de una lámpara; por eso alarga la jornada. Su lámpara no se apaga de noche (Proverbios 31:18). Es una bendición tener luz cuando termina el día, y es nuestro deber aprovecharla bien. Todavía decimos de un trabajo cuidadoso y bien terminado que «huele a lámpara».
Se levanta temprano, cuando todavía es de noche (Proverbios 31:15), para darles el desayuno a sus siervos. Así, ellos están listos y de buen ánimo cuando comienza el día. Ella no se parece en nada a quienes pasan la noche jugando a las cartas o bailando hasta la medianoche o más tarde, y después duermen hasta el mediodía. La buena esposa valora más su trabajo que su comodidad o su placer. Desea que la encuentren cumpliendo con su deber a cualquier hora del día. Obtiene una satisfacción más verdadera al alimentar temprano a su familia que la que otros obtienen del dinero que ganan, y mucho más que la que reciben de lo que pierden después de pasar toda la noche jugando. Quienes tienen una familia que cuidar no deben amar demasiado su cama por la mañana.
También se dedica al tipo de trabajo que corresponde a su función. No se ocupa del trabajo de un erudito, de un estadista ni de un agricultor, sino del trabajo propio de una mujer. Busca lana y lino, y elige lo mejor que puede conseguir al mejor precio. Mantiene provisiones tanto para trabajar con lana como con lino (Proverbios 31:13). Con ello no solo les da trabajo a los pobres, lo cual es algo muy bueno, sino que también trabaja ella misma con gusto y con sus propias manos. Trabaja con habilidad y buena disposición, como lo indica el texto. Se dedica a su labor con alegría y cuidado. Aplica a ella no solo sus manos, sino también su mente, y persevera sin cansarse de hacer el bien.
Pone sus propias manos en la rueca, o en el torno para hilar, y sostiene la vara de hilar con sus manos (Proverbios 31:19). No piensa que esto rebaja su libertad o su honor, ni considera que está por debajo de su descanso o dignidad. Aquí, la rueca y la vara de hilar se mencionan como parte de su honor, mientras que los adornos de las hijas de Sion aparecen como cosas que les causaron vergüenza (Isaías 2:18 y otros pasajes).
También hace todo con sus fuerzas, sin trabajar a medias (Proverbios 31:17). Ciñe de fuerza su cintura y fortalece sus brazos. No dedica su tiempo únicamente a trabajos sentada ni a tareas que solo requieren movimientos delicados de los dedos. Hay labores tan ligeras que casi equivalen a no hacer nada. Si es necesario, acepta trabajos que requieren toda su fuerza, y usa esa fuerza sabiamente, sabiendo que así puede obtener mayores beneficios.
También hace que su trabajo sea productivo al administrarlo sabiamente. No trabaja toda la noche para terminar sin obtener nada. Más bien, comprueba que su mercancía es buena (Proverbios 31:18). Sabe que todo su trabajo produce ganancias, y eso la impulsa a seguir adelante. Puede reconocer qué cosas puede hacer ella misma mejor y a menor costo que si las comprara. Al observar cuidadosamente, aprende qué parte de su trabajo le produce el mejor rendimiento y se dedica a ella con mayor empeño.
Trae todo lo que su familia necesita y desea (Proverbios 31:14). Ningún barco mercante, ni siquiera la flota de Salomón, trajo jamás una ganancia mejor que la que produce su trabajo. Los barcos traen mercancías extranjeras a cambio de lo que llevan consigo, y ella hace lo mismo con el fruto de su labor. Si su propia tierra no produce algo que necesita, puede conseguirlo intercambiando por ello los bienes que posee. Así trae su alimento desde lejos. No valora las cosas únicamente porque vengan de lugares lejanos; pero si algo está lejos y lo necesita, sabe cómo obtenerlo.
También compra terrenos y aumenta las propiedades de su familia (Pr 31:16). Examina un campo y lo compra. Piensa en cuánto provecho puede traerle a la familia y en el buen rendimiento que podría producir; por eso lo compra. O mejor dicho, aunque lo desee mucho, no lo compra hasta haberlo pensado cuidadosamente. Se pregunta si vale lo que cuesta, si puede apartar esa cantidad de sus recursos, si los documentos de propiedad están en orden, si el terreno corresponde a su descripción y si tiene suficiente dinero disponible para pagarlo. Muchas personas se han arruinado por comprar sin pensar, pero quienes quieren hacer buenas compras deben considerar primero y comprar después. También planta una viña, pero lo hace con el fruto de su trabajo. No pide dinero prestado ni se endeuda para hacerlo. Usa lo que ha ahorrado de las ganancias de su propia casa. Nadie debería gastar en lujos hasta que, por la bendición de Dios sobre su trabajo, tenga lo suficiente para pagarlos de antemano. Entonces el fruto de la viña es dos veces más dulce, porque proviene de un trabajo honrado.
También amuebla bien su casa y proporciona buena ropa para ella y para su familia (Pr 31:22). Hace cobertores de tela para sus habitaciones, y puede usarlos legítimamente, pues ella misma los confeccionó. Su propia ropa es fina y elegante, de lino y púrpura, apropiada para su posición y condición. No es vanidosa ni pasa mucho tiempo arreglándose. No hace de la ropa su principal adorno ni se enorgullece de ella. Aun así, tiene ropa fina y la usa con dignidad. Las prendas que viste su esposo, adecuadas para su posición como hombre destacado, son obra de sus propias manos; tienen mejor apariencia y duran más que cualquier prenda comprada ya hecha. También proporciona ropa abrigadora para sus hijos y uniformes para sus sirvientas. No tiene que temer al invierno más frío, porque tanto ella como su familia están bien provistos de ropa que los protege del frío, que es precisamente el propósito principal de la ropa. Toda su familia está vestida de escarlata, es decir, con una tela resistente, apropiada para el invierno y a la vez fina y atractiva. Algunos entienden que esto significa que están vestidos con doble ropa, tanto de invierno como de verano.
Produce más de lo que su familia necesita y, después de abastecer bien a los suyos, vende lino fino y cinturones a los comerciantes (Pr 31:24). Estos productos podían llevarse a Tiro, una ciudad comercial muy activa, o a alguna otra ciudad de mercado. Es probable que las familias prosperen cuando venden más de lo que compran, así como una nación prospera cuando exporta muchos de sus propios productos.
No es una deshonra para las personas de buena posición vender lo que les sobra, comerciar o enviar mercancías por mar. Ella también guarda provisiones para el futuro. Más adelante se alegrará porque ha acumulado una buena reserva para su familia y buenas porciones para sus hijos. Quienes trabajan con empeño durante sus mejores años disfrutarán de sus frutos en la vejez, tanto al recordar su trabajo con alegría como al recibir sus beneficios.
Cuida bien de su familia y de todos sus asuntos. Da alimento a los de su casa, a cada persona su porción a su debido tiempo (Pr 31:15), de modo que ninguna de sus sirvientas tiene motivos para quejarse de recibir poco o de ser tratada mal. También les da a sus criadas su porción, tanto de trabajo como de alimento, para que cada una conozca su deber y tenga una tarea asignada. Vigila cuidadosamente la conducta de los que viven en su casa (Pr 31:27). Observa el comportamiento de sus sirvientes para corregir lo que está mal y guiarlos a cumplir con su deber delante de Dios, unos con otros y con ella.
Al igual que Job, que apartó el mal de su casa, y David, que no permitía ninguna conducta perversa en la suya, mantiene el orden en su propio hogar. No se entromete en las familias ajenas. Considera suficiente cuidar bien de la suya.
También es generosa con los pobres (Pr 31:20). Está tan dispuesta a dar como a obtener. A menudo ayuda con sus propias manos a quienes tienen necesidad, y lo hace con libertad, alegría y generosidad, con las manos abiertas. No ayuda solamente a los pobres que viven cerca. También busca a quienes necesitan ayuda aun a la distancia, procurando oportunidades de hacer el bien y compartir con los demás. Eso es tan verdadero como cualquier otra cosa que hace para administrar bien su hogar.
Es sabia y amable al hablar. No se entrega a conversaciones vacías, críticas duras ni irritabilidad, como les sucede a algunas personas muy ocupadas. Más bien, abre la boca con sabiduría. Cuando habla, lo hace con sensatez y va al punto; cada palabra demuestra que la guía la sabiduría. No solo toma decisiones sabias, sino que también da buenos consejos a los demás.
Sin embargo, no lo hace como una gobernante que da órdenes, sino como una amiga bondadosa. En su lengua está la ley de la bondad. Todo lo que dice está guiado por esa norma. El amor y la bondad están escritos en su corazón, y se manifiestan en su manera de hablar. Si de verdad nos preocupamos unos por otros, eso se escuchará en la forma en que hablamos. Se llama ley de la bondad porque determina cómo trata a cada persona con la que conversa. Su sabiduría y su bondad juntas dan fuerza a sus palabras. Le ganan respeto y con frecuencia logran una respuesta dispuesta. Las palabras amables tienen poder.
Algunos entienden esto como la ley de la gracia o de la misericordia, lo que significa que también habla con frecuencia de la palabra de Dios. Se deleita en conversar sobre ella con sus hijos y sus sirvientas. Su manera de hablar está llena de conversaciones serias y piadosas, y trata estos temas con sabiduría. Eso demuestra cuán lleno está su corazón de la vida venidera, aun mientras sus manos están ocupadas con las cosas de este mundo.
Lo que completa y corona su carácter es esto: teme al Señor (Pr 31:30). Además de todas sus otras buenas cualidades, tiene lo más necesario. Es verdaderamente piadosa, y en todo lo que hace se deja guiar por la conciencia y la reverencia a Dios. Aquí esto se pone muy por encima de la belleza. La belleza se desvanece y puede engañar. No hace que una persona sea agradable delante de Dios ni es una señal segura de sabiduría o bondad. Muchos hombres se han dejado engañar por la belleza al escoger esposa.
Un cuerpo hermoso puede ocultar un alma impura y deformada. De hecho, la belleza ha llevado a muchos a tentaciones que arruinaron su virtud, su honor y su alma. En el mejor de los casos, la belleza es algo pasajero y, por eso, es vana y engañosa. Una enfermedad puede arruinarla rápidamente. Innumerables accidentes pueden destruir esa flor en la plenitud de su vida. La vejez ciertamente la marchitará, y la muerte y la tumba la consumirán. Pero el temor de Dios en el corazón es la verdadera belleza del alma. Lleva a la persona a disfrutar del favor de Dios, y ante sus ojos tiene un gran valor. Permanece para siempre, y ni siquiera la muerte puede destruirla. La muerte destruye la belleza del cuerpo, pero lleva a la belleza del alma a su plenitud.
La felicidad de esta mujer virtuosa también se muestra claramente. Ella disfruta en su interior del consuelo de su virtud (Pr 31:25). La fortaleza y el honor son su vestidura. Se reviste de ellos, los disfruta en su interior y los manifiesta exteriormente. Tiene firmeza y estabilidad de espíritu, de modo que puede soportar las muchas dificultades y decepciones que aun las personas sabias y buenas deben enfrentar en este mundo. La fortaleza y el honor son su vestidura, tanto para protegerla como para darle dignidad.
Trata a todos con honestidad y se alegra de hacerlo. Se regocijará en el futuro. Cuando envejezca, mirará atrás con consuelo y sabrá que no estuvo ociosa ni fue inútil durante su juventud. En el día de su muerte, será un consuelo para ella pensar que vivió con un buen propósito. Y más allá de eso, se alegrará en la vida venidera. Será recompensada por su bondad con un gozo pleno y placeres eternos.
También es una gran bendición para quienes están cerca de ella (Pr 31:28). Sus hijos se levantan y la llaman dichosa. Hablan bien de ella, y ellos mismos son un testimonio vivo de su valor. Oran por ella y le dan gracias a Dios por haberles dado una madre tan buena. Esa es una deuda que tienen con ella, parte del honor que exige el quinto mandamiento, y tanto un buen padre como una buena madre merecen doble honor.
Su esposo también se considera tan bendecido por tenerla que aprovecha toda oportunidad para hablar bien de ella como una de las mejores mujeres. Eso no es ninguna vergüenza. Es un buen ejemplo del amor matrimonial que los esposos hablen bien el uno del otro y se den el reconocimiento que merecen.
También adquiere un buen nombre entre sus vecinos, como Rut, a quien todos en su ciudad conocían como una mujer virtuosa (Rut 3:11). La virtud recibirá elogio (Fil 4:8). La mujer que teme al Señor recibirá alabanza de Dios (Ro 2:29) y también de las personas. Será muy elogiada, porque muchas han actuado noblemente. Parece que las mujeres virtuosas son joyas preciosas, aunque no tan escasas como Proverbios 31:10 podría haber dado a entender al principio.
Ha habido muchas mujeres buenas, pero ninguna puede compararse con esta. ¿Quién puede encontrar a alguien igual? Ella sobresale por encima de todas. Las personas de bien deberían procurar crecer en virtud. Muchas hijas han vivido sabiamente en la casa de su padre y durante su soltería, pero una buena esposa, si es virtuosa, las supera a todas. En su propio lugar hace más bien del que ellas pueden hacer en el suyo. Algunos entienden esto como que un hombre no puede mantener su casa tan bien con hijas buenas como con una esposa buena.
Ella será alabada sin discusión (Proverbios 31:31). A algunas personas se les alaba más de lo que merecen, pero los elogios que recibe esta mujer son solamente los que se ha ganado. Son el fruto de sus manos y le corresponden justamente. Se cometería una injusticia contra ella si no los recibiera. Quienes realizan obras dignas de alabanza deben ser alabados. El árbol se conoce por su fruto; por eso, si el fruto es bueno, al árbol se le debe reconocer como bueno.
Si sus hijos son obedientes y respetuosos, y viven como deben, entonces le entregan el fruto de sus manos. Ella cosecha la recompensa de todo el cuidado que les ha dado y siente que ha sido bien recompensada. Los hijos deberían procurar corresponder de esta manera a sus padres, y eso forma parte de mostrar una verdadera piedad en el hogar (1 Timoteo 5:4). Pero aunque las personas sean injustas, los hechos hablarán por sí mismos. Sus propias obras la alabarán en las puertas, públicamente y delante de todos.
Ella deja que sus obras la alaben y no persigue el aplauso humano. Las mujeres que aman escucharse alabadas no son verdaderamente virtuosas. Sus propias obras la alabarán. Aunque su familia y sus vecinos guarden silencio, sus buenas obras seguirán hablando por ella. Las viudas dieron el mejor testimonio de Dorcas cuando mostraron las túnicas y los vestidos que ella había hecho para los pobres (Hechos 9:39).
Como mínimo, sus vecinos deberían permitir que sus obras la alaben y no hacer nada para impedirlo. Quienes hacen lo bueno deben recibir reconocimiento por ello (Romanos 13:3). No debemos envidiar ese reconocimiento ni tratar de disminuirlo, sino dejar que nos impulse a esforzarnos santamente. Que nadie hable mal de ella, pues su vida ya da un buen testimonio de la verdad misma. Así llega a su fin este espejo para las mujeres: se les invita a mirarse en él y a arreglar su vida conforme a lo que muestra. Si lo hacen, su belleza se manifestará en alabanza, honor y gloria cuando Jesucristo aparezca.
De este capítulo
Proverbios 31:1
"Dichos del rey Lemuel de Masá, con los que su madre lo instruyó:"
Proverbios 31:2
"Hijo mío, fruto de mis entrañas, respuesta de Dios a mis ruegos, ¿qué más puedo decirte?"
Proverbios 31:3
"Que no gastes tu energía con mujeres, pues por ellas se pierden los reyes."
Proverbios 31:4
"Y no está bien, Lemuel, que los reyes y gobernantes beban vino y bebidas fuertes,"
Proverbios 31:5
"pues podrían olvidarse de la ley y violar los derechos de los más humildes."
Proverbios 31:6
"Deja el vino y las bebidas fuertes para los decaídos y deprimidos;"
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