Versículo destacado
Proverbios 30:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Solo dos cosas te he pedido, oh Dios; concédemelas antes de que muera: "
Proverbios 30:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 El Señor protege a quienes confían en él; todas sus promesas son dignas de confianza.
6 No añadas nada a lo que él diga; de lo contrario, puede reprenderte y te hará quedar como mentiroso.
7 Solo dos cosas te he pedido, oh Dios; concédemelas antes de que muera:
8 aleja de mí la falsedad y la mentira, y no me hagas rico ni pobre; dame solo el pan necesario,
9 porque, si me sobra, podría renegar de ti y decir que no te conozco; y, si me falta, podría robar y ofender así tu divino nombre.
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Después de confesar su fe, Agur se vuelve a la oración. Aquí podemos observar tanto la oración misma como la manera cuidadosa en que se prepara para hacerla.
Antes de pedir, dice: «Dos cosas te he pedido»; es decir, dos peticiones. Es sabio pensar primero en lo que realmente necesitamos antes de orar. Debemos considerar qué requiere nuestra situación y qué queremos que Dios haga por nosotros. Así estaremos preparados para presentar nuestra petición cuando vengamos ante él.
También dice: «No me las niegues antes de que muera». Al orar, debemos recordar que la muerte se acerca y tenerlo presente. Agur pide perdón, paz y gracia antes de morir, porque cuando termina la vida ya no se puede hacer esa obra. En el sepulcro no hay sabiduría ni obra, y si Dios no concede su gracia ahora, la persona queda perdida. Mientras vivamos, debemos pedir permanecer bajo la dirección y el cuidado de Dios.
Lo primero que Agur pide es gracia para su alma. Dice: «Aleja de mí la falsedad y las mentiras». Quiere ser librado del pecado: de los pensamientos corruptos, los malos hábitos, los deseos equivocados y los errores que conducen al pecado. También quiere ser libre del amor al mundo, porque las cosas mundanas son vacías y engañosas. Algunos entienden esto como una súplica por el perdón, pues cuando Dios perdona el pecado, lo quita. De cualquier manera, el sentido es muy parecido a «no nos dejes caer en tentación». Nada nos hace más daño que el pecado; por eso, nada debería ser objeto de una oración más ferviente.
Lo segundo que pide es alimento adecuado para su cuerpo. Después de pedir la gracia de Dios, también pide su cuidado para la vida diaria, pero solo de una manera que ayude a su alma y no le haga daño. Pide recibir de Dios una porción apropiada de los bienes de esta vida, «el pan que me corresponde», es decir, el alimento y la provisión que Dios considere conveniente darle. Debemos dejar eso en manos de la sabiduría de Dios. Es como pedir el pan que corresponde a nuestro lugar y llamado en la vida, ya seamos ricos o pobres, trabajadores o responsables de un hogar.
También pide ser guardado de cualquier situación de vida que pudiera tentarlo a pecar. Primero, ora contra los dos extremos, la pobreza y las riquezas: «No me des pobreza ni riquezas». No quiere decir que la pobreza o la riqueza sean malas en sí mismas. Dios puede usar bien cualquiera de las dos por medio de su gracia. Sin embargo, muestra que las personas sabias y piadosas a menudo prefieren un camino intermedio, sin gran honor ni gran vergüenza. También muestra una santa preocupación por su propia debilidad, pues sabe que quizá no resistiría bien las tentaciones de ninguna de esas dos condiciones.
Da la razón de esta oración en el versículo siguiente. No dice que teme la pobreza únicamente por sus dificultades, ni las riquezas solamente por las incomodidades que puedan traer. Teme el pecado en cualquiera de las dos situaciones. Si fuera rico, podría llenarse de bienes y negar a Dios, como Jesurún, que engordó y rechazó al Señor que lo había creado (Deuteronomio 32:15). Podría volverse orgulloso, olvidarse de Dios y actuar como si no lo necesitara. La prosperidad suele llevar a las personas a preguntar: «¿Quién es el Todopoderoso para que le sirvamos?» (Job 22:17). Incluso las personas buenas temen esto, porque conocen la capacidad de engaño de su propio corazón, y ninguna cantidad de ganancias mundanas puede compensar siquiera un poco de culpa.
También teme la pobreza porque puede tentar a una persona a robar. La pobreza puede impulsar fuertemente a la deshonestidad, y muchas personas ceden ante ella. Algunos intentan justificar el robo diciendo que eran pobres, pero esa excusa no se sostendrá delante de Dios. Aun así, la principal preocupación de Agur no es el castigo, como ser golpeado, encarcelado o vendido como siervo. Le preocupa deshonrar a Dios. No quiere robar y avergonzar su fe, ni robar y después mentir cuando lo acusen. Sabe que un pecado suele conducir a otro, porque el pecado desciende rápidamente por una pendiente. Llama a Dios «mi Dios» y, debido a ese vínculo cercano, teme hacer cualquier cosa que lo ofenda.
De este capítulo
Proverbios 30:1
"Palabras de Agur, hijo de Jaqué de Masá. Agur habló a Itiel y a Ucal de esta manera:"
Proverbios 30:2
"Soy el más estúpido de los hombres; no hay en mí entendimiento humano."
Proverbios 30:3
"No he adquirido sabiduría ni sé nada acerca del Santísimo."
Proverbios 30:4
"¿Quién ha subido al cielo y ha bajado? ¿Quién puede contener el viento en su puño? ¿Quién envuelve el mar en su capa? ¿Quién estableció los límites de la tierra? ¡No me digas que sabes su nombre, y aun el nombre de su hijo!"
Proverbios 30:5
"El Señor protege a quienes confían en él; todas sus promesas son dignas de confianza."
Proverbios 30:6
"No añadas nada a lo que él diga; de lo contrario, puede reprenderte y te hará quedar como mentiroso."
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