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Salmos 143:7 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

Señor, ¡respóndeme pronto, porque ya se me acaba el aliento! No me niegues tu ayuda, porque entonces seré como los muertos.

Salmos 143:7

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí David nos dice lo que expresó cuando extendió sus manos hacia Dios. No comienza solamente con fervor, sino también con urgencia: «Escúchame pronto; no te demores, porque mi espíritu desfallece». Es como si dijera: «Estoy a punto de desmayarme. Ayúdame ahora, pronto, o no podré seguir». Esta no es la prisa de la incredulidad, sino la urgencia de un deseo intenso y de un amor santo.

David pide aquí tres cosas. Primero, pide señales del favor de Dios: que Dios se complazca en él y se lo haga saber. Él valora esto por encima de cualquier otro bien (Salmo 4:6). Teme el desagrado de Dios: «Señor, no escondas de mí tu rostro. No te enojes conmigo. No te alejes de mí como nosotros nos alejamos de alguien que nos desagrada». Pide no quedarse preguntándose si Dios está enojado con él. Quienes verdaderamente han recibido la gracia no pueden evitar anhelar evidencias de ella.

David afirma que la vida sin el favor de Dios sería miserable. «No me dejes bajo tu ira», dice, «porque entonces soy como los que descienden a la fosa»; es decir, a la tumba o incluso al infierno, al abismo sin fondo. A veces, incluso quienes han sido guardados por la gracia de llegar a esa fosa pueden sentirse tan aplastados por los terrores de Dios que creen estar descendiendo a ella. Los creyentes afligidos algunas veces han clamado bajo la ira de Dios como si ellos mismos fueran pecadores perdidos (Job 6:4; Salmo 88:6).

También pide la bondad de Dios: «Por la mañana hazme oír tu misericordia» (Salmo 143:8). David cree que Dios tiene palabras bondadosas para él, pero el ruido de sus problemas las ha ahogado. Por eso pide: «Señor, no solo me hables con bondad; ayúdame a escucharlo». Quiere oír «gozo y alegría» (Salmo 51:8). Dios habla por medio de su palabra y de su providencia, y en ambas debemos desear escuchar su misericordia (Salmo 107:43). David quiere recibirla cada mañana, para que sus primeros pensamientos de cada día sean acerca del amor de Dios.

Su razón es sencilla: «Porque en ti he confiado». Busca consuelo solamente en Dios. Por lo general, la bondad de Dios se manifiesta a quienes confían en él, a quienes por la fe se aferran a ella (Salmo 31:8).

En segundo lugar, David pide que la gracia de Dios obre en él. No quiere solamente señales del favor de Dios, sino también su ayuda para vivir correctamente. Ora pidiendo que Dios le enseñe su voluntad, y esta es la primera obra del Espíritu, porque Dios trata con nosotros como seres capaces de pensar. Pide: «Hazme conocer el camino por donde debo andar». A veces, las personas sinceras desean hacer lo correcto, pero aun así no saben cuál es el camino correcto. Por eso deben acudir a Dios y pedirle que les muestre el camino por medio de su palabra, su Espíritu y su providencia. Una persona íntegra no pregunta qué camino es más fácil o más agradable; pregunta cuál es el correcto.

Añade: «Enséñame a hacer tu voluntad». David no quiere solamente conocer la voluntad de Dios, sino aprender a cumplirla bien. Quiere poner sus manos hábilmente al servicio de su deber. Este es el deseo y el esfuerzo de todos los siervos fieles de Dios: conocer su voluntad y cumplirla por completo. Dice: «Tú eres mi Dios», es decir: «Tú eres mi guía y mi gobernante». Si tomamos sinceramente a Dios como nuestro Dios, podemos confiar en que él nos enseñará su voluntad, así como un amo enseña a su siervo.

También ora: «Guíame por el camino de la rectitud» (Salmo 143:10). Esto puede referirse a la comunión con el pueblo de Dios, esa tierra agradable donde habitan los rectos, o a una vida estable de santidad que conduce al cielo. El cielo es llamado la tierra de la rectitud porque allí la santidad será completa. Debemos desear que Dios nos guíe hasta allí con seguridad, no solo porque es un lugar de bendición, sino porque es el lugar donde la justicia alcanza la perfección. No podemos encontrar ese camino si Dios no nos lo muestra, ni podemos seguir andando por él si él no nos lleva de la mano. David fundamenta su petición diciendo: «Tu Espíritu es bueno». El Espíritu de Dios puede y quiere guiar a quienes no saben qué hacer. Quienes tienen al Señor como su Dios tienen su Espíritu como guía, y ser guiados por el Espíritu es tanto su señal como su privilegio.

David también pide recibir vida nueva para el servicio de Dios: «Vivifícame, Señor» (Salmo 143:11). Esto significa: «Haz que mis oraciones tengan vida. Despiértame para cumplir con mi deber y mantenme activo en él». Incluso los mejores creyentes suelen encontrarse apagados, sin fuerzas y lentos, por lo que oran pidiendo esta ayuda por amor al nombre de Dios.

En tercer lugar, David pide que la providencia de Dios actúe a su favor. Quiere ser librado de sus problemas en el tiempo y de la manera que Dios determine: «Líbrame, Señor, de mis enemigos, porque en ti busco refugio» (Salmo 143:9). Confía en que Dios lo protegerá en medio de la dificultad y por eso le pide que lo rescate de ella. La protección pasada de Dios es una garantía de la salvación futura, y quienes por la fe hacen de él su refugio descubrirán que verdaderamente lo es.

David lo explica nuevamente: «Saca mi alma de la angustia» (Salmo 143:11). No pide solamente ser liberado de la aflicción exterior, sino también de la angustia interior que amenaza con abrumarlo. Pase lo que pase, está pidiendo: «Señor, no permitas que mi corazón se turbe» (Juan 14:1). También ora para que Dios juzgue a los enemigos que causaron su angustia: «Por tu misericordia, destruye a mis enemigos y acaba con todos los que afligen mi alma» (Salmo 143:12). Son muchos y poderosos, pero David los deja en las manos de Dios.

Concluye fundamentando su oración en su relación con Dios: «Porque soy tu siervo». Está decidido a seguir siendo siervo de Dios, y por eso pide que Dios lo reconozca como suyo y lo proteja mientras le sirve. Esta oración también apunta al completo fracaso y ruina de todos los que se oponen obstinadamente a Jesucristo y a su reino, rechazan su autoridad, entristecen a su Espíritu y hacen daño a su pueblo, en cuyo sufrimiento él mismo es afligido.

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