Versículo destacado

Números 26:5 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Los clanes descendientes de Rubén, el hijo mayor de Israel, fueron los de Henoc, Falú, "

Números 26:5

menu_book El versículo en contexto

3 Entonces Moisés y Eleazar ordenaron a los israelitas, en las llanuras de Moab, junto al río Jordán, frente a Jericó,

4 que se registraran todos los que tuvieran de veinte años para arriba, tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés. Estos eran los israelitas que habían salido de Egipto:

5 Los clanes descendientes de Rubén, el hijo mayor de Israel, fueron los de Henoc, Falú,

6 Hesrón y Carmí;

7 según el censo, los descendientes de Rubén sumaban cuarenta y tres mil setecientos treinta hombres.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Este es el registro de las tribus, tal como fueron contadas nuevamente y en el mismo orden que en el capítulo 1. Observemos, en primer lugar, el registro de las familias dentro de cada tribu. No se trata de lo que normalmente entendemos por familias, es decir, personas que viven en una misma casa, sino de los descendientes de los hijos de los patriarcas, los antiguos padres de Israel. Sus descendientes llevaban esos nombres con honor y los usaban para identificar sus respectivos linajes.

Las familias de las doce tribus fueron contadas de la siguiente manera. Dan tenía una sola familia, porque solo tenía un hijo; sin embargo, esa tribu llegó a ser la segunda más numerosa, después de Judá (Números 26:42-43). Su comienzo fue pequeño, pero al final creció mucho. Zabulón se dividió en tres familias; Efraín, Isacar y Neftalí, en cuatro cada uno; y Rubén, en cuatro. Judá, Simeón y Aser tenían cinco familias cada uno; Gad y Benjamín, siete cada uno; y Manasés, ocho. Benjamín tenía diez hijos cuando la familia de Jacob descendió a Egipto (Génesis 46:21), pero parece que tres de ellos murieron sin hijos o que sus linajes desaparecieron después, porque aquí solo quedan siete nombres. Esa tribu no estuvo entre las más numerosas, lo cual muestra que la providencia de Dios, al formar familias y naciones, no sigue las probabilidades humanas. «La estéril ha dado a luz siete hijos, pero la que tenía muchos hijos languidece» (1 Samuel 2:5).

Observemos también la cantidad de personas de cada tribu. Es útil compararla con el censo realizado en el monte Sinaí. El total fue casi el mismo: solo había 1,820 personas menos que antes, aunque siete tribus habían crecido. Judá había aumentado en 1,900; Isacar, en 9,900; Zabulón, en 3,100; Manasés, en 20,500; Benjamín, en 10,200; Dan, en 1,700; y Aser, en 11,900. Las otras cinco tribus habían disminuido lo suficiente como para equilibrar ese crecimiento. Rubén había disminuido en 2,770; Simeón, en 37,100; Gad, en 5,150; Efraín, en 8,000; y Neftalí, en 8,000.

Aquí podemos observar varias cosas. Las tres tribus que acampaban bajo el estandarte de Judá —Judá era antepasado de Cristo— habían aumentado. Esto concuerda con la promesa de que la iglesia de Cristo sería edificada y se multiplicaría. Además, ninguna tribu aumentó tanto como Manasés. En el censo anterior, Manasés era la tribu más pequeña, con solo 32,200 personas, pero aquí llegó a ser una de las más grandes. Su hermano Efraín, que antes había sido numeroso, ahora estaba entre las tribus más pequeñas. Jacob había cruzado sus manos al bendecirlos y había dado a Efraín el primer lugar sobre Manasés. Es posible que los efraimitas se hubieran vuelto orgullosos de ese favor y hubieran tratado mal a los manasitas. Pero cuando el Señor vio que Manasés era despreciado, lo multiplicó grandemente. Dios se glorifica al ayudar a los débiles y levantar a los que han sido humillados.

Observemos también que ninguna tribu disminuyó tanto como Simeón. Pasó de 59,300 a 22,200 personas, poco más de una tercera parte de su tamaño anterior. Una familia entera de esa tribu, la familia de Ohad (Éxodo 6:15), desapareció en el desierto. Esa es una de las razones por las que Simeón no aparece en la bendición de Moisés (Deuteronomio 33) y por las que su herencia en Canaán fue tan pequeña: solo una parte dentro del territorio de Judá (Josué 19:9). Algunos piensan que la mayoría de las 24,000 personas que murieron en la plaga causada por el pecado de Peor pertenecían a esa tribu. Zimri, quien encabezó ese pecado, era un jefe de Simeón, y es probable que muchos de los suyos siguieran su mal ejemplo.

Al hablar de Rubén, Moisés también menciona la rebelión de Datán y Abiram, rubenitas que se unieron con Coré, el levita (Números 26:9-11). Aunque esa historia se había contado solo unos capítulos antes, aquí se repite para que las generaciones posteriores la recordaran. Cada vez que miraran su linaje familiar y se sintieran orgullosos de su antigüedad o de su honor, debían recordar que también podían descender de rebeldes contra Dios. De Datán y Abiram se dicen dos cosas. Primero, alguna vez habían sido personas importantes dentro de la congregación, probablemente porque eran capaces, activos y aptos para el servicio público. Con el tiempo, Dios y Moisés podrían haberlos levantado para una tarea importante. Pero sus corazones orgullosos los llevaron a resistirse contra Dios y contra Moisés; y al luchar contra uno, lucharon también contra el otro. Segundo, aquellos que quizá habrían llegado a ser famosos se hicieron infames. Se convirtieron en una señal de advertencia (Números 26:10). Su ruina mostró la santa justicia de Dios, y su memoria quedó como advertencia para todas las personas de todas las épocas, para que no siguieran el orgullo y la rebelión.

El pasaje también señala que los hijos de Coré fueron preservados (Números 26:11). No murieron, a diferencia de los hijos de Datán y Abiram, sin duda porque se mantuvieron apartados de aquel pecado y se negaron a unirse incluso a su propio padre en la rebelión. Si no participamos en los pecados de los pecadores, tampoco participaremos en sus castigos. Más adelante, estos hijos de Coré llegaron a ser muy útiles para la iglesia. David los designó como cantores en la casa del Señor, y muchos salmos están relacionados con su nombre. Tal vez ese nombre se conservó durante tanto tiempo, en lugar del nombre de algún otro antepasado, en parte como advertencia para ellos y en parte para mostrar el poder de Dios, que puede producir un fruto precioso aun de una raíz amarga. Los hijos de familias marcadas por la vergüenza deben procurar, mediante un carácter excelente, quitar el oprobio de sus padres.

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