Versículo destacado
Miqueas 5:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Entonces, en medio de muchos pueblos, los que queden del pueblo de Jacob serán como el rocío que envía el Señor, como las lluvias que caen sobre la hierba y no dependen de la voluntad del hombre. "
Miqueas 5:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Él traerá la paz. Cuando los asirios invadan nuestro país y entren en nuestros palacios, enviaremos contra ellos siete jefes y ocho hombres importantes.
6 Ellos gobernarán Asiria, el país de Nimrod, a filo de espada, y nos librarán de los asirios que hayan cruzado nuestras fronteras e invadido nuestra tierra.
7 Entonces, en medio de muchos pueblos, los que queden del pueblo de Jacob serán como el rocío que envía el Señor, como las lluvias que caen sobre la hierba y no dependen de la voluntad del hombre.
8 Entonces, en medio de muchas naciones, lo que quede del pueblo de Jacob será como un león entre los animales salvajes, como un león en un rebaño de ovejas, que al pasar las desgarra y las destroza, y no deja que ninguna escape con vida.
9 Así atacarás tú, Señor, y destruirás a todos tus enemigos.
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Aquí se dicen cosas gloriosas acerca del remanente de Jacob; es decir, acerca del pequeño grupo que el Señor preservará de entre los muchos que perecen. Parece ser el remanente levantado de aquella que estaba coja (Miqueas 4:7), el remanente al que el Señor nuestro Dios llamará (Joel 2:32), sobre el cual derramará su Espíritu, el remanente que será salvo (Romanos 9:27). El pueblo de Dios es solo un remanente, un pequeño rebaño en comparación con la multitud que queda expuesta a la muerte. Sin embargo, sigue siendo el remanente de Jacob: un pueblo que está en pacto con Dios y disfruta de su favor.
Aquí se promete, en primer lugar, que serán como el rocío entre las naciones (Miqueas 5:7). La iglesia de Dios está esparcida por todo el mundo, viviendo entre muchos pueblos como el oro dentro del mineral o como el trigo entre un montón de paja. Israel, por descendencia física, vivía apartado y no era contado entre las naciones; pero el Israel espiritual está esparcido entre muchos pueblos, como la sal de la tierra o como la semilla sembrada en el campo: un grano aquí y otro allá (Oseas 2:23). Este remanente será como el rocío que viene del Señor.
Vendrán del cielo, así como el rocío viene del Señor, quien es el Padre de la lluvia y produce las gotas de rocío (Job 38:28). Nacerán de lo alto y, en su corazón y en su manera de pensar, no pertenecerán a este mundo. También serán numerosos, como las gotas de rocío en una mañana de verano (Salmo 110:3). Serán puros y transparentes, no turbios ni corrompidos, como brillantes gotas de agua que dan vida. Su aparición será tranquila y casi imperceptible, como el rocío que cae suavemente y cuyo origen no alcanzamos a percibir; así es como el Espíritu suele obrar.
También vivirán en constante dependencia de Dios, recibiendo siempre de él, como el rocío que no espera al hombre ni aguarda a los hijos de los hombres. No se apoyarán en la ayuda ni en el poder humanos, sino en la gracia divina, porque saben que cada día son únicamente lo que la gracia gratuita de Dios hace de ellos. Además, serán una bendición para quienes los rodean, así como el rocío y la lluvia ayudan a crecer a la hierba sin intervención humana. Su enseñanza, ejemplo y oraciones suavizarán y refrescarán a los demás, y harán que den fruto. Sus palabras caerán como el rocío (Deuteronomio 32:2), y quienes los rodean esperarán recibirlas como se espera la lluvia (Job 29:23). Los pueblos entre los que viven serán como la hierba, que florece solo por la bendición de Dios y no por la capacidad humana.
Harán bien a los demás al atraer sobre ellos la bendición de Dios, como Jacob llevó bendición a la casa de Labán, y al apaciguar y aliviar la ira de Dios, que de otro modo los consumiría. Como observó el Dr. Pocock, actuarán con mansedumbre y amabilidad, como su Maestro, quien desciende como la lluvia sobre la hierba recién cortada (Salmo 72:6).
En segundo lugar, serán como un león entre las fieras del bosque, pisoteando y despedazando (Miqueas 5:8). Así como serán tranquilos, amables y dispuestos a compartir el bien con quienes reciben la verdad con amor, también serán valientes como un león al denunciar la corrupción de los tiempos y los lugares donde viven. Serán fuertes con la fuerza de Dios para resistir y vencer a los enemigos espirituales. Las armas de su lucha tienen poder en Dios para derribar fortalezas (2 Corintios 10:4-5). Tendrán un valor contra el cual ninguno de sus enemigos podrá mantenerse en pie (Lucas 21:15), así como nadie puede rescatar a una presa cuando un león la despedaza.
Cuando el escepticismo quede silenciado y la maldad deje de hablar; cuando los pecadores sean convencidos y transformados por el poder del evangelio, mediante la enseñanza de los ministros y la vida de los creyentes, entonces el remanente de Jacob será como un león. Esto se explica en Miqueas 5:9, donde la iglesia finalmente tendrá la victoria sobre todos los que se le oponen. Sus enemigos serán destruidos; es decir, su oposición llegará a su fin y su odio será quebrantado. Las flechas de convicción de Cristo atravesarán sus corazones, de modo que caerán delante de él y se rendirán a él (Salmo 45:5), para ser conquistados y gobernados por él con alegría (Salmo 110:2).
En tercer lugar, serán apartados de toda confianza mundana en la que hayan dependido. Por su providencia, Dios les dará tal seguridad que ya no necesitarán esas cosas; y por su gracia les hará ver su necedad y abandonarlas. Fue pecado de Israel llenarse de caballos y carros, y acudir a adivinos e ídolos (Isaías 2:6-8). Pero aquí Dios promete que ya no les darán valor. Esto concuerda con la paz del reino de Cristo, como en Zacarías 9:10, donde el Señor dice que quitará el carro de Efraín y el caballo de Jerusalén.
Es una gran misericordia ser privados de aquello en lo que hemos confiado más que en Dios, convertido en un apoyo humano, y que hemos seguido en lugar de él. Habían confiado en los carros y los caballos y los habían multiplicado (Salmo 20:7), pero Dios cortará sus caballos y destruirá sus carros (Miqueas 5:10), como David inutilizó en otro tiempo los caballos de los carros (2 Samuel 8:4). Ya no los tendrán, y así no serán tentados a confiar en ellos. También dependían de fortalezas y ciudades fortificadas para estar seguros, pero Dios hará que sean derribadas (Miqueas 5:11): cortará las ciudades de su tierra y destruirá sus fortificaciones. Es posible que sigan viviendo en ellas, pero ya no confiarán en ellas como defensas, porque Dios mismo será su lugar seguro, su torre alta y su libertador.
Muchos también confiaban profundamente en hechiceros, adivinos y quienes predecían la fortuna. Dios también eliminará estas prácticas, no solo porque son incapaces de ayudar, sino porque son malas y pueden arruinar a quienes las siguen (Miqueas 5:12). Él quitará de sus manos la hechicería, es decir, dejarán de aferrarse a ella y de apoyarse en ella, y ya no tendrán adivinos, porque reconocerán que sus afirmaciones son un fraude. La ley establecía que esas personas debían ser eliminadas (Levítico 20:27), y la predicación del evangelio hizo que muchos abandonaran las artes ocultas y las prácticas mágicas (Hechos 19:19).
Muchos habían dicho acerca de la obra de sus propias manos: «Ustedes son nuestros dioses». Por eso la idolatría será eliminada y abandonada (Miqueas 5:13). Dios cortará sus imágenes talladas y sus columnas sagradas, tanto los ídolos transportables como los que estaban fijos en un lugar. Serán destruidos por la ley de Moisés y abandonados bajo el evangelio de Cristo, de modo que ya no adorarán lo que sus propias manos fabricaron, sino que se avergonzarán de haber sido engañados de esa manera. Entre las señales de la idolatría, Dios dice que arrancará de en medio de ellos sus arboledas sagradas (Miqueas 5:14). Estas arboledas habían sido plantadas y conservadas en honor de los ídolos, y se usaban en su adoración. Se les había ordenado quemarlas (Deuteronomio 12:2-3), y si el pueblo no las quitaba, Dios mismo lo haría, para que no les quedara nada en lo que confiar.
Así que Dios dice: «Destruiré sus ciudades». Esto se refiere a las ciudades dedicadas a los ídolos, construidas alrededor de alguna deidad falsa y vergonzosa en la que el pueblo confiaba para su protección.
En cuarto lugar, quienes sigan resistiéndose al evangelio de Cristo y permanezcan unidos a sus ídolos y a la hechicería caerán bajo la ira de Dios y serán destruidos por ella (Miqueas 5:15). Dios dice que ejecutará su venganza con ira y furor contra las naciones; es decir, contra la adoración pagana misma. Ese juicio será algo que nunca antes hayan escuchado. La idolatría será eliminada y los idólatras quedarán avergonzados.
Algunos interpretan estas palabras así: «Ejecutaré mi venganza contra las naciones que no han escuchado», o que no quisieron escuchar ni recibir la enseñanza de Cristo. Dios entregará a su Hijo los corazones de sus enemigos o sus cuellos; en otras palabras, hará que sean seguidores dispuestos o enemigos conquistados, amigos suyos o el estrado de sus pies.
De este capítulo
Miqueas 5:1
"Pero ahora, Jerusalén, prepara tu defensa, porque has sido sitiada y van a castigar duramente al jefe de Israel."
Miqueas 5:2
"En cuanto a ti, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, de ti saldrá un gobernante de Israel que desciende de una antigua familia."
Miqueas 5:3
"Ahora el Señor deja a los suyos, pero solo hasta que dé a luz la mujer que espera un hijo. Entonces los israelitas que están en el destierro se reunirán con sus compatriotas."
Miqueas 5:4
"El rey se levantará para pastorear a su pueblo con el poder y la majestad del Señor su Dios, y ellos podrán vivir en paz, porque el Señor será engrandecido hasta el último rincón de la tierra."
Miqueas 5:5
"Él traerá la paz. Cuando los asirios invadan nuestro país y entren en nuestros palacios, enviaremos contra ellos siete jefes y ocho hombres importantes."
Miqueas 5:6
"Ellos gobernarán Asiria, el país de Nimrod, a filo de espada, y nos librarán de los asirios que hayan cruzado nuestras fronteras e invadido nuestra tierra."
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