Versículo destacado
Mateo 4:23 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Jesús recorría toda Galilea y enseñaba en la sinagoga de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba a la gente de todas sus enfermedades y dolencias. "
Mateo 4:23
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
21 Un poco más adelante, Jesús vio a otros dos hermanos: Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en una barca arreglando las redes. Jesús los llamó,
22 y enseguida ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.
23 Jesús recorría toda Galilea y enseñaba en la sinagoga de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba a la gente de todas sus enfermedades y dolencias.
24 Se hablaba de Jesús en toda la región de Siria, y le llevaban a cuantos sufrían diferentes males, enfermedades y dolores, y a los endemoniados, los epilépticos y los paralíticos. Y Jesús los sanaba.
25 Mucha gente de Galilea, de los pueblos de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la región al oriente del Jordán seguía a Jesús.
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Aquí vemos, en primer lugar, cuán activo era Cristo como predicador. Recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y predicando el evangelio del reino. El reino de los cielos, es decir, el reino de la gracia y de la gloria, era el gran mensaje que anunciaba: un reino que ya estaba llegando y que es superior a todos los reinos terrenales. El evangelio es el acta fundamental de ese reino: la promesa bondadosa del Rey de perdonar, proteger y salvar a su pueblo, y también el compromiso de ese pueblo de obedecerlo y honrarlo.
Predicaba en las sinagogas, no exclusivamente allí, pero sí especialmente allí, porque eran los lugares donde la gente se reunía. La sabiduría debe alzar su voz donde las personas están escuchando (Proverbios 1:21). Además, eran lugares de adoración, donde los corazones quizá ya estaban preparados para escuchar las buenas noticias. Como allí se leían las Escrituras del Antiguo Testamento, era fácil pasar de ellas al evangelio del reino.
Cristo también mostró un gran esfuerzo en su predicación. Recorría toda Galilea enseñando. Podía haber enviado una orden y hecho que la gente acudiera a él, pero eligió ir hacia ellos. Esto mostró su humildad y la bondad de su gracia, porque vino a buscar y a salvar. Josefo dice que Galilea tenía más de doscientas ciudades y aldeas, y Cristo las visitó todas, o la mayoría de ellas. Él iba haciendo el bien, y ningún predicador recorrió los caminos con mayor fidelidad que él.
Este es un ejemplo para los ministros. Deben dedicarse por completo a hacer el bien y continuar predicando con perseverancia, sea o no el momento que parezca más conveniente. Cristo iba de un lugar a otro rogando a los pobres pecadores que se reconciliaran con Dios. No esperaba primero a que la gente acudiera a él, y tampoco deberían hacerlo quienes lo sirven.
En segundo lugar, vemos cuán poderoso médico era Cristo. No solo recorría los lugares enseñando, sino también sanando, y hacía ambas cosas por medio de su palabra, para que su palabra fuera honrada por encima de todo. Él envió su palabra y los sanó. Sanaba toda clase de enfermedad y dolencia. Algunas enfermedades vencen a los médicos humanos, pero solo hacían que su poder resplandeciera con mayor claridad, porque él las sanaba todas, por más resistentes que fueran. Su palabra era una verdadera cura para todo.
El texto usa tres términos amplios para mostrar el alcance total de sus sanidades. Sanaba toda enfermedad, como la ceguera, la cojera, la fiebre y la hidropesía. Sanaba toda dolencia, como las enfermedades que consumen el cuerpo y las debilidades prolongadas. También sanaba los tormentos, como la gota, los cálculos, las convulsiones y otros trastornos dolorosos. Fuera repentina o prolongada, dolorosa o debilitante, ninguna enfermedad era demasiado difícil para que Cristo la sanara con una palabra.
Se mencionan tres casos específicos: la parálisis, que deja el cuerpo muy débil; la locura, que es un gran trastorno de la mente; y la posesión por el demonio, que es la mayor miseria del cuerpo y del alma. Sin embargo, Cristo los sanaba a todos. Él es el gobernante tanto del alma como del cuerpo, y tiene autoridad sobre toda enfermedad.
También tenía muchos pacientes porque era fácil acercarse a él, su éxito estaba asegurado y no cobraba nada. Sanaba de inmediato, sin hacer que las personas esperaran en una angustia dolorosa y sin usar remedios agresivos que pudieran ser peores que la enfermedad. Por eso acudían a él grandes multitudes desde todas partes, no solo de Galilea y de los lugares cercanos, sino también de Jerusalén y Judea, que quedaban más lejos. Su fama se extendió por toda Siria, no solo entre los judíos, sino también entre las naciones vecinas.
Esta fama tan extendida prepararía a muchas personas para recibir después su evangelio, cuando llegara hasta ellas. Lo que escuchamos acerca de Cristo por medio de otros debería llevarnos hacia él. La reina de Sabá se sintió motivada por la fama de Salomón a visitarlo. De la misma manera, la fama invita: «Vengan y vean». Cristo enseñaba y sanaba. Quienes acudían por sanidad también escuchaban acerca de las cosas que traían paz. Es bueno que cualquier medio lleve a las personas a Cristo, y quienes llegan a él encuentran más de lo que esperaban.
Muchos de aquellos sirios, como Naamán el sirio, acudieron en busca de sanidad y fueron guiados hacia bendiciones más profundas (2 Reyes 5:15, 2 Reyes 5:17). Buscaron salud para el cuerpo y encontraron salvación para el alma, como Saúl, que salió en busca de unas asnas perdidas y encontró un reino. Sin embargo, el resultado mostró que muchos de los que se alegraban en Cristo como sanador lo olvidaban como maestro.
En cuanto a estos milagros, debemos observar su carácter milagroso, su misericordia y su misterio. Primero, consideremos su carácter milagroso. Fueron realizados de una manera que mostraba claramente un poder divino e inmediato, y demostraban que Dios lo había enviado. La naturaleza no podía hacer estas cosas; solo el Dios de la naturaleza podía hacerlo. Las sanidades fueron numerosas e incluyeron enfermedades que la capacidad humana no podía curar, personas de muchos lugares y personas de toda edad y condición.
Fueron realizadas públicamente, delante de muchos testigos, entre multitudes diversas que habrían negado los hechos si hubieran podido hacerlo. Ninguna sanidad fracasó, y ninguna fue puesta en duda después. Fueron realizadas rápidamente, no de manera gradual como suele ocurrir en la recuperación natural; además, fueron completas y se produjeron con una sola palabra. Todo esto demuestra que él era un maestro enviado por Dios, porque nadie podía hacer las obras que él hacía si Dios no estaba con él (Juan 3:2). Cristo señaló estas obras como prueba de su autoridad (Mateo 11:4-5; Juan 5:36). Se esperaba que el Mesías hiciera milagros, especialmente milagros como estos (Juan 7:31; Isaías 35:5-6). Esto demuestra claramente que Jesús es el Mesías. Nadie había actuado así antes.
Por eso, sus sanidades y su predicación iban con frecuencia de la mano: las sanidades confirmaban la predicación. De esta manera, comenzó a hacer y a enseñar (Hechos 1:1).
En segundo lugar, observemos la misericordia de estas obras. Los milagros que Moisés hizo para demostrar su misión fueron en su mayoría plagas y juicios, que mostraban la seriedad de aquel pacto, aunque también procedían de Dios. En cambio, los milagros que Cristo hizo fueron principalmente sanidades, y todos ellos, excepto la maldición de la higuera estéril, fueron bendiciones y actos de bondad. La era del evangelio está edificada sobre el amor, la gracia y la mansedumbre. Su manera de actuar no busca atemorizarnos para que obedezcamos, sino atraernos a la obediencia. Cristo usó sus sanidades para ganar a las personas, hacer que tanto él como su enseñanza fueran queridos por ellas y atraerlas con lazos de amor (Oseas 11:4).
Los milagros de Jesús demostraban que su enseñanza era verdadera y convencían la mente de las personas. Sus actos de misericordia también mostraban que su mensaje merecía ser aceptado y movían el corazón. No solo eran grandes obras, sino también buenas obras, que él hacía por encargo de su Padre (Juan 10:32). Dios quiso que esa bondad llevara a las personas al arrepentimiento, es decir, a un cambio de corazón y de vida (Romanos 2:4). También muestra que la bondad, la generosidad y hacer el bien a todos, en la medida de nuestras posibilidades, son partes esenciales de la religión santa que Cristo vino a establecer.
Estos milagros también tienen un significado más profundo. Al sanar enfermedades del cuerpo, Cristo mostró que su misión principal en el mundo era sanar la enfermedad espiritual. Él es el Sol de justicia, que se levanta trayendo sanidad bajo sus alas. Como aquel que hace volver a los pecadores a Dios, es el Médico de las almas, y nos enseñó a llamarlo así (Mateo 9:12-13). El pecado es la enfermedad, la dolencia y el dolor del alma, y Cristo vino a quitar el pecado y a sanar esa herida.
Los relatos de sanidad en los Evangelios pueden aplicarse espiritualmente como ilustraciones, pero también parecen destinados a enseñarnos verdades espirituales. Nos muestran la manera en que Cristo obra en la conversión, es decir, al volver a un pecador hacia Dios, y en la santificación, es decir, al hacer más santo a un creyente. Las sanidades que se registran suelen ser las que mejor enseñan esta lección. Deben entenderse y usarse para honrar y alabar a ese glorioso Redentor, quien perdona todos nuestros pecados y sana todas nuestras enfermedades.
De este capítulo
Mateo 4:1
"Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo pusiera a prueba."
Mateo 4:2
"Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer, y después sintió hambre."
Mateo 4:3
"Entonces el diablo se acercó a Jesús para ponerlo a prueba y le dijo: —Si de veras eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en panes."
Mateo 4:4
"Pero Jesús le respondió: —La Escritura dice: “No solo de pan vivirá el hombre, sino también de toda palabra que salga de los labios de Dios.”"
Mateo 4:5
"Luego el diablo lo llevó a la santa ciudad de Jerusalén y lo subió a la parte más alta del templo"
Mateo 4:6
"y le dijo: —Si de veras eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque la Escritura dice: “Dios mandará que sus ángeles te cuiden. Te levantarán con sus manos para que no tropieces con piedra alguna.”"
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