Versículo destacado
Marcos 1:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Por aquellos días, Jesús salió de Nazaret, que está en la región de Galilea, y Juan lo bautizó en el Jordán. "
Marcos 1:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 En su proclamación decía: Después de mí viene uno más poderoso que yo, ante quien ni siquiera merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias.
8 Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.
9 Por aquellos días, Jesús salió de Nazaret, que está en la región de Galilea, y Juan lo bautizó en el Jordán.
10 En el momento de salir del agua, Jesús vio que el cielo se abría y que el Espíritu bajaba sobre él como una paloma.
11 Y se oyó una voz del cielo que decía: «Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido».
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Aquí tenemos un breve relato del bautismo y la tentación de Cristo, acontecimientos que se describen con más detalle en Mateo 3 y 4.
Su bautismo fue su primera aparición pública, después de haber vivido tranquilamente en Nazaret durante muchos años. ¡Cuánto valor oculto hay en este mundo! A veces queda sepultado bajo el desprecio, y la gente nunca lo reconoce. Otras veces está cubierto por la humildad, y la gente no lo ve. Pero tarde o temprano se dará a conocer, como se dio a conocer el valor de Cristo.
Observa con cuánta humildad reconoció a Dios al venir para ser bautizado por Juan el Bautista, quien predicaba el arrepentimiento y bautizaba en el río Jordán. De esta manera cumplió toda justicia. Tomó la semejanza de la carne pecaminosa; es decir, entró plenamente en nuestra condición humana, aunque él mismo era perfectamente puro y sin pecado. Fue lavado como si hubiera estado impuro y, por causa nuestra, se consagró a sí mismo para que nosotros también fuéramos consagrados y bautizados con él (Juan 17:19).
Observa también cómo Dios lo reconoció públicamente con honor cuando se sometió al bautismo de Juan. A quienes declaran que Dios tiene la razón y se someten a su voluntad —como lo hicieron los que fueron bautizados por Juan—, Dios los honrará (Lucas 7:29-30).
Jesús vio los cielos abiertos. Esto mostraba que era reconocido como el Señor que viene del cielo y le permitía vislumbrar la gloria y el gozo que estaban delante de él, la recompensa prometida por su obra. Mateo dice que los cielos se abrieron para él; Marcos dice que él los vio abiertos. Muchas personas tienen el cielo abierto para recibirlas, pero no lo ven. Cristo tuvo una visión clara no solo de su sufrimiento, sino también de su gloria.
Vio al Espíritu descender sobre él como una paloma. Podemos considerar que el cielo se abre para nosotros cuando vemos al Espíritu obrar en nuestro interior y venir sobre nosotros con poder. La buena obra de Dios en nosotros es la prueba más segura de su favor hacia nosotros y de lo que ha preparado para nosotros. Justino Mártir dijo que, cuando Cristo fue bautizado, se encendió un fuego en el Jordán; y una antigua tradición afirma que una gran luz resplandeció alrededor del lugar, porque el Espíritu trae tanto luz como calor.
También oyó una voz destinada a animarlo a continuar con su obra. La voz dijo: «Tú eres mi Hijo amado». Dios dejó claro que no lo amaba menos porque Cristo se hubiera humillado y hubiera ocupado un lugar tan bajo. Aunque se había despojado de sí mismo y había tomado una posición humilde, seguía siendo su Hijo amado. Dios también mostró que lo amaba aún más por causa de esta obra bondadosa que había asumido. Dios se complace en él como aquel que resuelve todo lo que debe resolverse entre Dios y la humanidad; y, al complacerse en él, se complace también en nosotros por medio de él.
Después vino su tentación. El mismo Espíritu bueno que descendió sobre él lo llevó al desierto (Marcos 1:12). Pablo menciona un patrón parecido como prueba de que recibió su enseñanza de Dios y no de los seres humanos: cuando fue llamado, no subió a Jerusalén, sino que se fue a Arabia (Gálatas 1:17). El tiempo apartado del mundo permite una comunión más libre con Dios, y aun quienes han sido llamados a una gran obra pueden necesitar en ocasiones retirarse por un tiempo.
Marcos señala que Jesús estaba con las fieras. Esto era una señal del cuidado de su Padre, porque lo mantuvo a salvo de ser despedazado por ellas. Probablemente también lo animó a confiar en que su Padre proveería para él cuando tuviera hambre. La protección especial es una promesa de provisión futura. También insinuaba la crueldad de las personas de aquella generación entre las que viviría. No eran mejores que las fieras del desierto y, en muchos sentidos, eran peores.
En aquel desierto, los espíritus malignos actuaban contra él. Satanás lo tentó, no por medio de un pecado interior, porque el gobernante de este mundo no tenía nada en él de qué apoderarse, sino mediante presiones y sugerencias externas. La soledad suele darle ventaja al tentador, por lo que dos son mejor que uno. Cristo fue tentado no solo para mostrarnos que ser tentados no es pecado en sí mismo, sino también para dirigirnos hacia aquel que puede ayudarnos cuando somos tentados: aquel que sufrió al ser tentado y que puede compadecerse verdaderamente de nosotros.
Los espíritus buenos también estaban actuando. Los ángeles lo atendieron, le proporcionaron lo que necesitaba y le sirvieron fielmente. El ministerio de los ángeles buenos es un gran consuelo cuando los ángeles malos actúan contra nosotros. Pero encontramos un consuelo aún mayor en el Espíritu que habita en nuestro corazón, porque quienes han nacido de Dios están tan protegidos que, mientras esa vida nueva gobierne en ellos, el maligno no puede tocarlos y mucho menos triunfar sobre ellos.
De este capítulo
Marcos 1:1
"Comienzo de la buena noticia de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios."
Marcos 1:2
"Está escrito en el libro del profeta Isaías: Envío a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino."
Marcos 1:3
"Una voz grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto”."
Marcos 1:4
"Y así se presentó Juan el Bautista en el desierto. Decía a todos que debían volverse a Dios y ser bautizados para que Dios les perdonara sus pecados."
Marcos 1:5
"Todos los de la región de Judea y de la ciudad de Jerusalén salían a oírlo. Confesaban sus pecados, y Juan los bautizaba en el río Jordán."
Marcos 1:6
"La ropa de Juan estaba hecha de pelo de camello y se la sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; comía langostas y miel del monte."
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