Versículo destacado
Lucas 6:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Jesús miró a sus discípulos y les dijo: Dichosos ustedes los pobres, pues de ustedes es el reino de Dios. "
Lucas 6:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 Habían llegado para oír a Jesús y para que los curara de sus enfermedades. Los que sufrían a causa de espíritus impuros también quedaban sanos.
19 Por eso, toda la gente quería tocar a Jesús, porque el poder que salía de él los sanaba a todos.
20 Jesús miró a sus discípulos y les dijo: Dichosos ustedes los pobres, pues de ustedes es el reino de Dios.
21 Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre, pues quedarán satisfechos. Dichosos ustedes los que ahora lloran, pues después reirán.
22 Dichosos ustedes cuando la gente los odie, cuando los expulsen, cuando los insulten y cuando desprecien su nombre como cosa mala por causa del Hijo del hombre.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí comienza una enseñanza práctica de Cristo, que continúa hasta el final del capítulo. La mayor parte se encuentra en el Sermón del Monte, en Mateo 5 y 7. Algunos piensan que Jesús pronunció estas palabras en otro momento y lugar, y que repitió la misma enseñanza, o una muy parecida, en diferentes ocasiones. Pero es más probable que Lucas presente una versión más breve de ese sermón, y quizá Mateo también. Las partes inicial y final son muy parecidas, y en ambos Evangelios el relato de la sanidad del siervo del centurión aparece inmediatamente después, aunque eso no es lo importante.
En estos versículos encontramos bendiciones pronunciadas sobre creyentes que sufren, llamados dichosos aunque el mundo se compadezca de ellos (Lucas 6:20). Jesús alzó los ojos hacia sus discípulos, no solo hacia los doce, sino hacia todo el grupo de seguidores que estaba con ellos (Lucas 6:17), y dirigió sus palabras a ellos. Después de sanar a los enfermos en la llanura, volvió a subir al monte para enseñar. Allí se sentó, como quien tiene autoridad, y la gente se acercó a él (Mateo 5:1). Les habló y aplicó su enseñanza a sus vidas, enseñándoles a aplicársela a sí mismos. Después de haber dicho: «Dichosos los pobres en espíritu», añadió: «Dichosos ustedes los pobres». Todos los creyentes que hacen suyos los mandatos del evangelio y viven conforme a ellos también pueden hacer suyas sus promesas y vivir de ellas.
Esta aplicación parece estar dirigida especialmente a animar a los discípulos ante las dificultades que encontrarían al seguir a Cristo: «Ustedes son pobres. Han dejado todo para seguirme. Están dispuestos a depender de la ayuda de otros mientras están conmigo, y no deben esperar prosperidad terrenal por servirme. Tendrán que trabajar arduamente y vivir con sencillez, como viven los pobres. Pero su pobreza no disminuye su felicidad. Más aún, son dichosos por causa de ella. Toda pérdida les será compensada plenamente, porque de ustedes es el reino de Dios: ahora tienen todos los consuelos y las gracias de su reino, y después tendrán toda su gloria y su gozo. Es de ustedes; ya les pertenece». Los pobres de Cristo son ricos en fe (Santiago 2:5).
«Ahora tienen hambre» (Lucas 6:21). No reciben todo lo necesario como otros. Muchas veces se despiertan con hambre y tienen poca comida. O están tan ocupados con su trabajo que ni siquiera tienen tiempo para comer. Se alegran de recoger unas cuantas espigas para preparar una comida. Ahora tienen hambre en este mundo, pero en el mundo venidero quedarán satisfechos. Ya no tendrán hambre ni sed.
«Ahora lloran». Con frecuencia derraman lágrimas: lágrimas de arrepentimiento y lágrimas de compasión. Están entre los que lloran por Sion. Pero son dichosos. Sus tristezas presentes no perjudicarán su gozo futuro; más bien, los están preparando para él. Reirán. Tienen un gozo reservado para el futuro. Ahora siembran con lágrimas, pero pronto cosecharán con alegría (Salmo 126:5-6). Quienes ahora sufren de una manera piadosa están acumulando consuelo para sí mismos; o mejor dicho, Dios está acumulando consuelo para ellos. Se acerca el día en que sus bocas se llenarán de risa y sus labios de alegría (Job 8:21).
«Ahora enfrentan el odio del mundo». Por causa de Cristo, deben esperar toda clase de trato cruel que un mundo hostil pueda darles. La gente malvada los odiará porque su enseñanza y su manera de vivir la dejan expuesta y la condenan. Quienes tienen autoridad en la iglesia los excluirán, o los obligarán a apartarse, y luego los quitarán de la comunión y los castigarán con los juicios más severos. Pronunciarán maldiciones contra ellos, como si fueran ofensores escandalosos e incorregibles. Lo harán con toda apariencia de seriedad y ceremonia, apelando al cielo, de modo que el mundo, y quizá incluso ellos mismos, piensen que esa sentencia está confirmada en el cielo. Así intentarán hacer que otros los odien y que ellos mismos tengan miedo. Este parece ser el significado correcto de aphorisōsin humas: «los apartarán de sus sinagogas». Si otros no tienen ese poder, de todos modos mostrarán su odio hasta donde puedan. Los insultarán, los acusarán de los peores delitos aunque sean completamente inocentes y les pondrán los peores nombres, aunque no los merezcan. Harán que su nombre sea tenido por malo: el nombre de cristianos y apóstoles. Harán todo lo posible para que esos nombres sean despreciados. Esta es la aplicación de la octava bienaventuranza en Mateo 5:10-12.
Tal trato puede parecer muy duro, pero dichosos ustedes cuando sean tratados así. Lejos de quitarles la felicidad, la aumenta mucho. Es un honor, como lo es para un soldado valiente servir a su rey en la guerra. Por eso, alégrense en ese día y salten de alegría (Lucas 6:23). No solo deben soportarlo, sino celebrarlo. Son honrados en el reino de la gracia, porque los tratan como trataron a los profetas antes que a ustedes. Por tanto, no deben avergonzarse, sino alegrarse, porque esto demuestra que caminan en el mismo Espíritu, siguen los mismos pasos, defienden la misma causa y participan en la misma obra que ellos. Y en el reino de la gloria recibirán una gran recompensa. No solo se tendrá en cuenta su servicio a Cristo, sino también su sufrimiento por él. Grande es su recompensa en el cielo. Entren en el sufrimiento con plena confianza en que la gloria del cielo compensará con creces todas estas dificultades. Aunque pierdan algo por causa de Cristo, al final no perderán nada por haberlo seguido.
Luego aparece una advertencia contra los pecadores prósperos, considerados miserables aunque el mundo los envidie. Estas advertencias no aparecen en Mateo. La mejor manera de entenderlas, junto con las bendiciones anteriores, es pensar en el hombre rico y Lázaro. Lázaro recibió la bendición de quienes ahora son pobres, tienen hambre y lloran, porque en el seno de Abraham se cumplieron en él todas las promesas hechas a personas así. Pero el hombre rico recibió las advertencias que siguen, porque encajaba en la descripción de quienes están bajo estos juicios.
Hay una advertencia para los ricos, es decir, para quienes confían en sus riquezas y tienen abundancia de bienes de este mundo, pero en vez de usarlos para Dios los emplean para satisfacer sus propios deseos. ¡Ay de ellos!, porque ya recibieron su consuelo: precisamente aquello en lo que pusieron el corazón y que estuvieron dispuestos a aceptar como su porción (Lucas 6:24). Durante su vida recibieron sus bienes, que desde su punto de vista eran las mejores cosas, y todos los bienes que probablemente recibirán de Dios. Quienes son ricos corren el peligro de poner el corazón en un mundo próspero y decir: «Alma, descansa en él. Este es mi descanso para siempre; aquí viviré». Entonces, ¡ay de ellos! La necedad de la gente mundana consiste en hacer de las cosas de este mundo su consuelo, cuando esas cosas fueron dadas solamente para su uso.
Con frecuencia, las personas disfrutan de estas cosas, se enorgullecen de ellas y las tratan como si fueran su cielo en la tierra. Para ellas, los consuelos de Dios parecen pequeños e insignificantes. Su verdadera desgracia es que esas cosas terrenales se convierten en su único consuelo. Que entiendan, para su temor, que cuando sean separadas de ellas, todo su consuelo llegará a su fin. No les quedará nada, excepto miseria y tormento interminables.
Aquí hay una advertencia para quienes están satisfechos (Lucas 6:25), quienes tienen más de lo que podrían desear o usar (Salmo 73:7). Su estómago está lleno de los tesoros ocultos de este mundo (Salmo 17:14). Cuando tienen abundancia, se sienten satisfechos y piensan que no necesitan nada más. Dicen: «Ahora estamos satisfechos, ahora somos ricos» (1 Corintios 4:8), y se llenan de sí mismos, sin Dios y sin Cristo. ¡Ay de esas personas!, porque tendrán hambre. Pronto serán despojadas y quedarán vacías de todo aquello de lo que se enorgullecen. Cuando dejen este mundo, llevarán consigo deseos que el mundo venidero jamás podrá satisfacer. Los placeres del cuerpo, que ahora las llenan tanto, les serán negados en el infierno y no tendrán parte en el cielo.
Aquí hay una advertencia para quienes ahora ríen, quienes siempre están despreocupados y siempre encuentran algo que disfrutar. No conocen otro gozo que el placer corporal y terrenal. Usan los dones de Dios solamente para alimentar esa clase de alegría y apartan de su corazón toda tristeza, incluso la tristeza piadosa. Siempre siguen la risa vacía del necio. ¡Ay de esas personas!, porque su risa durará muy poco. Pronto llorarán y se lamentarán, y lo harán para siempre, en un lugar donde solo habrá tristeza interminable, impotente e incesante.
¡Ay de aquellos de quienes todos hablan bien!, es decir, de quienes se preocupan sobre todo por obtener el elogio y la aprobación de la gente (Lucas 6:26). «¡Ay de ustedes!», porque sería una mala señal que no fueran fieles a su llamado ni al bien de las almas, y que predicaran de tal manera que nadie se sintiera ofendido. Su tarea es señalar las faltas de las personas y, si lo hacen correctamente, recibirán el rechazo que la verdad suele provocar. A los falsos profetas, que halagaban a sus antepasados en sus caminos pecaminosos y les hablaban con palabras agradables, los elogiaban y trataban bien. Por eso, si ustedes reciben elogios de la misma manera, es razonable sospechar que están actuando con el mismo engaño que ellos.
Debemos desear la aprobación de las personas sabias y buenas, y no ser indiferentes a lo que otros digan de nosotros. Pero, así como no debemos dejarnos perturbar por los insultos de los necios de Israel, tampoco debemos dejarnos llevar por sus elogios.
De este capítulo
Lucas 6:1
"Un sábado, Jesús caminaba por los sembrados. Sus discípulos arrancaban espigas de trigo, las desgranaban con las manos y se comían los granos."
Lucas 6:2
"Entonces algunos fariseos les preguntaron: —¿Por qué hacen ustedes algo que no está permitido hacer en sábado?"
Lucas 6:3
"Jesús les respondió: —¿No han leído ustedes lo que hizo David en una ocasión cuando él y sus compañeros tuvieron hambre?"
Lucas 6:4
"Entró en la casa de Dios, tomó los panes consagrados a Dios, comió de ellos y también dio a sus compañeros, aunque solamente a los sacerdotes se les permitía comer de ese pan."
Lucas 6:5
"Y añadió: —El Hijo del hombre tiene autoridad sobre el sábado."
Lucas 6:6
"Otro sábado, Jesús entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Allí había un hombre que tenía la mano derecha tullida;"
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.