Versículo destacado

Lucas 6:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Un sábado, Jesús caminaba por los sembrados. Sus discípulos arrancaban espigas de trigo, las desgranaban con las manos y se comían los granos. "

Lucas 6:1

menu_book El versículo en contexto

1 Un sábado, Jesús caminaba por los sembrados. Sus discípulos arrancaban espigas de trigo, las desgranaban con las manos y se comían los granos.

2 Entonces algunos fariseos les preguntaron: —¿Por qué hacen ustedes algo que no está permitido hacer en sábado?

3 Jesús les respondió: —¿No han leído ustedes lo que hizo David en una ocasión cuando él y sus compañeros tuvieron hambre?

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Estas dos historias también aparecen en Mateo y Marcos, y esos evangelistas las presentan juntas (Mateo 12:1; Marcos 2:23; Marcos 3:1). Aunque ocurrieron en momentos distintos, ambas tenían el propósito de corregir los errores de los escribas y los fariseos acerca del día de reposo. Ellos daban demasiado peso al descanso físico y exigían una rigurosidad mayor de la que Dios había establecido.

Primero, Cristo defendió a sus discípulos en una situación de necesidad. Ese día, ellos arrancaban espigas para comer porque tenían hambre. Lucas añade un dato cronológico que los otros evangelistas no mencionan: ocurrió en el «segundo sábado después del primero» (Lucas 6:1). Algunos piensan que esto se refiere al primer sábado después del segundo día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, cuando comenzaba a contarse el período de siete semanas hasta Pentecostés. Sea correcta o no esa interpretación, el detalle exacto no es importante.

Aun así, podemos aprender varias cosas de este relato. Los discípulos de Cristo no deben ser demasiado exigentes con la comida, especialmente en el día de reposo. Deben conformarse con lo más sencillo de conseguir y recibirlo con gratitud. Estos discípulos simplemente arrancaron espigas y comieron los granos; un poco fue suficiente para ellos.

También vemos cuán frecuente es que quienes son culpables de pecados graves se apresuren a criticar acciones inofensivas en otras personas (Lucas 6:2). Los fariseos se quejaban de que los discípulos hacían algo que no estaba permitido en el día de reposo, mientras ellos mismos disfrutaban ese día de comidas más abundantes que en otros. Jesucristo defenderá a sus discípulos cuando otros los acusen injustamente, y aceptará aquello que algunos consideran prohibido cuando en realidad es inocente. Es un consuelo saber que los seres humanos no son nuestros jueces y que Cristo es nuestro Abogado.

Los mandamientos ceremoniales de Dios, es decir, las normas religiosas externas dadas a Israel, podían dejarse de lado en casos de necesidad. A David se le dieron los panes consagrados, que normalmente estaban reservados exclusivamente para los sacerdotes, cuando la providencia lo llevó a una situación apremiante y no tenía otra comida (Lucas 6:3-4). Si las propias normas establecidas por Dios podían dejarse de lado para alcanzar un bien mayor, con mayor razón pueden dejarse de lado las tradiciones humanas. Las obras necesarias están permitidas en el día de reposo, pero debemos tener cuidado de no usar esa libertad para justificar la pereza o el desprecio por el día de Dios.

Jesús también dejó claro que, aunque el trabajo necesario está permitido, el día de reposo todavía le pertenece a él y debe usarse para servirlo y honrarlo (Lucas 6:5). «El Hijo del Hombre es también Señor del día de reposo». En el reino del Redentor, el día de reposo llegaría a ser el día del Señor. En algunos aspectos, su uso cambiaría: ahora debía guardarse principalmente para honrar al Redentor, así como antes se guardaba en honor del Creador (Jeremías 16:14-15). Como señal de esto, recibió un nuevo nombre, el día del Señor, aunque sigue siendo un día de descanso, y pasó a observarse en un día nuevo: el primer día de la semana.

En segundo lugar, Cristo también se defendió al hacer obras de misericordia en el día de reposo. Entró en la sinagoga, el lugar judío de adoración, en ese día. Cuando tenemos la oportunidad, es nuestro deber santificar los días de reposo reuniéndonos para adorar. Debe haber una asamblea santa en ese día, y no debemos apartarnos de ella sin una razón verdaderamente importante.

En la sinagoga, Jesús enseñaba en el día de reposo. Recibir instrucción de Cristo y prestarle atención es una actividad apropiada para ese día y para la sinagoga. Cristo aprovechaba toda oportunidad para enseñar, no solo a sus discípulos, sino también a la multitud. Entre quienes lo escuchaban estaba el hombre que él sanaría, cuya mano derecha estaba paralizada. No se nos dice que esperara ser sanado, pero quienes desean recibir la gracia de Cristo también deben estar dispuestos a aprender sus enseñanzas.

Entre los que escuchaban a Cristo y veían sus milagros había otros que solo habían venido para tenderle una trampa (Lucas 6:7). Los escribas y los fariseos no le advirtieron con honestidad que considerarían una violación del cuarto mandamiento sanar en el día de reposo. Debieron hacerlo, porque nadie había sanado como él lo hacía. En cambio, lo vigilaban como un león observa a su presa, esperando encontrar una acusación contra él y llevarlo ante un tribunal.

Jesús no se avergonzó ni tuvo miedo de actuar con misericordia delante de quienes se le oponían, y sabía exactamente lo que estaban pensando (Lucas 6:8). Le dijo al hombre que se levantara y se pusiera de pie delante de todos, poniendo así a prueba también su fe y su valor. Luego apeló a la conciencia de ellos y les preguntó si el cuarto mandamiento tenía la intención de impedir que se hiciera el bien en el día de reposo, especialmente el bien que estaba delante de ellos y que no podía posponerse razonablemente (Lucas 6:9). «¿Es permitido en los días de reposo hacer el bien o hacer el mal?». Ninguna persona malvada es tan irracional como un perseguidor, que intenta hacerles mal a otros precisamente porque esos otros están haciendo el bien.

Jesús sanó al hombre y restauró por completo el uso de su mano derecha con una sola palabra, aunque sabía que sus enemigos se ofenderían y usarían ese hecho en su contra (Lucas 6:10). No debemos permitir que la persecución nos aparte de nuestro deber ni de nuestra utilidad. Sus opositores solo se enfurecieron aún más (Lucas 6:11). En vez de ver el milagro y reconocer que era un maestro enviado por Dios, y en vez de amarlo como alguien que ayudaba a la humanidad, se llenaron de rabia. Estaban enojados porque no podían intimidarlo para que dejara de hacer el bien ni podían impedir que su influencia creciera entre la gente. Cuando no pudieron detener ese milagro, comenzaron a discutir entre ellos qué podrían hacerle después a Jesús.

Bien podemos quedar asombrados de que los seres humanos pudieran ser tan malvados como para actuar de esa manera, y de que el Hijo de Dios pudiera ser tan paciente como para permitirlo.

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