Versículo destacado
Lucas 24:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Pero el primer día de la semana regresaron al sepulcro muy temprano, llevando los perfumes que habían preparado. "
Lucas 24:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Pero el primer día de la semana regresaron al sepulcro muy temprano, llevando los perfumes que habían preparado.
2 Al llegar, encontraron que la piedra que tapaba el sepulcro no estaba en su lugar;
3 entraron, pero no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.
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La manera en que el alma y el cuerpo de Cristo volvieron a unirse en su resurrección es un misterio. Es una de las cosas secretas que pertenecen a Dios y no a nosotros. Pero se nos ha revelado, para nuestro bien, la prueba segura de que verdaderamente resucitó de entre los muertos y fue mostrado como el Hijo de Dios. Lo que sigue presenta algunas de esas pruebas y, en esencia, cuenta la misma historia que Mateo y Marcos.
Primero vemos el amor y el respeto que las mujeres fieles mostraron a Jesús después de su muerte y sepultura (Lucas 24:1). En cuanto pudieron, una vez terminado el día de reposo, fueron al sepulcro para cuidar su cuerpo. No pensaban sacarlo de las telas de lino con las que José lo había envuelto. Más bien, querían ungirle la cabeza y el rostro, y quizá también sus manos y pies heridos, con especias aromáticas. Esto se parece a nuestra costumbre de poner flores en las tumbas de nuestros seres queridos, como muestra de afecto y para cubrir, en la medida de lo posible, la tristeza de la muerte.
Su devoción a Cristo permaneció firme. Las especias que habían preparado la tarde anterior al día de reposo, a un gran costo, no les parecieron después un desperdicio. Las llevaron muy temprano al sepulcro, la mañana siguiente al día de reposo. Cada persona debe dar según lo haya decidido en su corazón (2 Corintios 9:7). Lo que se prepara para Cristo debe usarse para él.
Se nos dan los nombres de estas mujeres: María Magdalena, Juana y María, la madre de Jacobo. Parecen haber sido mujeres serias y respetables. También había otras mujeres con ellas, aunque no habían ayudado a preparar las especias. Aun así, fueron con ellas al sepulcro. Parece que los amigos de Cristo aumentaron cuando él murió (Juan 12:24, Juan 12:32). Cuando las hijas de Jerusalén vieron con cuánto anhelo la novia buscaba a su amado, también quisieron buscarlo (Cantares 6:1). De la misma manera, el fervor de algunos despertó el de otros.
Después vemos lo sorprendidas que quedaron cuando encontraron la piedra removida y el sepulcro vacío (Lucas 24:2-4). Esto las desconcertó, aunque era algo que debían haber recibido con alegría. La piedra removida mostraba que se le había concedido la liberación; el sepulcro vacío mostraba que él había aprovechado esa liberación y había salido. Muchos cristianos se afligen por cosas que deberían consolarlos.
Luego recibieron un mensaje claro de dos ángeles, que aparecieron vestidos con ropas brillantes y resplandecientes. Primero se vio a uno de ellos afuera del sepulcro; después entró y se sentó allí con el otro. Uno estaba sentado donde había estado la cabeza de Jesús y el otro donde habían estado sus pies. Esto armoniza los diferentes relatos de los Evangelios. Las mujeres tuvieron miedo al ver a los ángeles. En vez de hablarles de inmediato, se inclinaron hasta el suelo y siguieron buscando a su Señor en el sepulcro. Preferían encontrarlo envuelto en telas de sepultura antes que ver ángeles vestidos con ropas resplandecientes. A los ojos de un creyente, un Jesús moribundo es más hermoso que los mismos ángeles. Como la novia del Cantar de los Cantares cuando los vigilantes la encontraron, ellas solo tenían una preocupación: «¿Han visto al que amo?».
Primero, los ángeles corrigieron la búsqueda de las mujeres: «¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?» (Lucas 24:5). Esto da testimonio de que Cristo vive. Es un consuelo para todos los creyentes: «Yo sé que mi Redentor vive». Porque él vive, nosotros también viviremos. Pero estas palabras también reprenden a quienes buscan a Cristo entre los muertos, como si fuera solo otro héroe muerto, o quienes lo buscan en una imagen, un crucifijo o las tradiciones e invenciones humanas. De la misma manera, quien espera encontrar plena felicidad en este mundo o perfección en esta vida está buscando entre los muertos al que vive.
Después, los ángeles les dijeron claramente que había resucitado de entre los muertos (Lucas 24:6): «No está aquí, sino que ha resucitado». Resucitó por su propio poder y dejó el sepulcro para siempre. Estos ángeles eran testigos dignos de confianza, porque habían sido enviados desde el cielo con instrucciones acerca de su liberación. Su informe es verdadero; ellos no podían mentir.
También dirigieron a las mujeres de nuevo a las propias palabras de Jesús: «Recuerden lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea». Si hubieran creído plenamente su anuncio y lo hubieran guardado en el corazón, habrían estado preparadas para este acontecimiento. Cristo les había dicho muchas veces que el Hijo del Hombre debía ser entregado en manos de hombres pecadores. Aunque esto ocurrió conforme al plan determinado y al conocimiento previo de Dios, los hombres que lo hicieron seguían siendo culpables.
Él también les había dicho que debía ser crucificado. Ellas habían visto esto con sus propios ojos, así que también debían haber recordado lo que siempre venía después: que al tercer día resucitaría. Estos ángeles del cielo no trajeron un evangelio nuevo. Les recordaron a las mujeres las propias palabras de Cristo, tal como deben hacerlo los mensajeros de la iglesia, y les enseñaron cómo usar y aplicar esas palabras.
Las mujeres quedaron satisfechas con esta explicación (Lucas 24:8). Cuando se les recordaron las palabras de Jesús, las recordaron. Entonces pudieron comprender que, si había resucitado, eso era exactamente lo que debían haber esperado. Ahora les daba vergüenza haberse preparado para embalsamar, al tercer día, a aquel que ya había dicho que resucitaría al tercer día. Un recordatorio oportuno de las palabras de Cristo nos ayuda a entender correctamente su providencia.
Por último, llevaron la noticia a los apóstoles. Regresaron del sepulcro y les contaron todo esto a los once y a todos los demás discípulos de Cristo (Lucas 24:9). Parece que no estaban todos reunidos en un mismo lugar. Estaban dispersos, cada uno en su alojamiento, quizá solo dos o tres juntos en una casa. Así que una mujer fue con algunos y otra con otros, y pronto, aquella mañana, todos escucharon la noticia. Pero cuando los apóstoles y los demás recibieron el informe, pensaron que era una tontería y no creyeron las palabras de las mujeres (Lucas 24:11).
Pensaron que las mujeres simplemente se estaban imaginando cosas. Atribuyeron el informe a la emoción y no lo tomaron en serio. Ellos también habían olvidado las palabras de Cristo, así que necesitaban que se les recordara no solo lo que él había dicho antes en Galilea, sino también lo que había dicho poco tiempo atrás, la noche en que fue traicionado: «Dentro de poco me verán otra vez» (Juan 16:16, 22).
Es difícil no asombrarse de lo lentos que fueron estos discípulos para creer. Muchas veces habían dicho que creían que Cristo era el Hijo de Dios y el verdadero Mesías. Se les había dicho repetidamente que él debía morir, resucitar y después entrar en su gloria. También lo habían visto resucitar a los muertos más de una vez. Sin embargo, todavía les costaba creer que pudiera resucitar por su propio poder. Más adelante, cuando la gente preguntara con razón: «¿Quién ha creído nuestro mensaje?», deberían recordar que hubo un tiempo en que esa pregunta también podía hacerse justamente acerca de ellos (Isaías 53:1).
Entonces Pedro investigó el asunto por sí mismo (Lucas 24:12). María Magdalena, una de las seguidoras de Jesús, le había llevado el informe, como Juan explica con más detalle después (Juan 20:1-2). Pedro se apresuró a ir al sepulcro, quizá avergonzado de que María Magdalena hubiera llegado antes que él. Aun así, tal vez no habría ido tan rápido si las mujeres no le hubieran dicho también que los guardias habían huido. Muchas personas son valientes cuando no hay peligro, pero se llenan de temor cuando lo hay. Ahora Pedro corría al sepulcro, aunque poco tiempo antes había huido de su Maestro.
Miró dentro del sepulcro y notó que las telas de lino estaban cuidadosamente dobladas y habían quedado allí, mientras el cuerpo ya no estaba. Observó todo con atención, casi como si confiara más en sus propios ojos que en el mensaje de los ángeles. Después se fue, pensando que no era más sabio que antes, simplemente preguntándose qué había ocurrido. Si hubiera recordado las palabras de Cristo, eso habría bastado para convencerlo de que Jesús había resucitado de entre los muertos. Pero como las había olvidado, solo podía maravillarse y no saber qué pensar. Muchas cosas nos confunden y nos afligen cuando serían claras y provechosas si tan solo entendiéramos las palabras de Cristo y las mantuviéramos presentes.
De este capítulo
Lucas 24:2
"Al llegar, encontraron que la piedra que tapaba el sepulcro no estaba en su lugar;"
Lucas 24:3
"entraron, pero no encontraron el cuerpo del Señor Jesús."
Lucas 24:4
"No sabían qué pensar de esto cuando, de pronto, vieron a dos hombres de pie junto a ellas, vestidos con ropas brillantes."
Lucas 24:5
"Llenas de miedo, se inclinaron hasta el suelo; pero aquellos hombres les dijeron: —¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que está vivo?"
Lucas 24:6
"No está aquí, sino que ha resucitado. Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea:"
Lucas 24:7
"que el Hijo del hombre tenía que ser entregado en manos de pecadores, que lo crucificarían, y que al tercer día resucitaría."
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