Versículo destacado
Lucas 18:35 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando Jesús ya se encontraba cerca de Jericó, un ciego que estaba sentado junto al camino pidiendo limosna, "
Lucas 18:35
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
33 Lo golpearán y lo matarán, pero al tercer día resucitará.
34 Ellos no entendieron nada de esto ni sabían de qué les hablaba, pues eran cosas que no podían comprender.
35 Cuando Jesús ya se encontraba cerca de Jericó, un ciego que estaba sentado junto al camino pidiendo limosna,
36 al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué estaba sucediendo.
37 Le dijeron que Jesús de Nazaret pasaba por allí,
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Cristo vino no solo para traer luz a un mundo oscuro, de modo que pudiéramos ver las cosas correctas hacia las cuales dirigirnos. También vino para dar vista a las almas ciegas, sanando los ojos del corazón para que pudieran mirar esas cosas correctamente. Como señal de esto, sanó a muchos que eran ciegos físicamente. Aquí leemos acerca de un hombre a quien dio la vista cerca de Jericó. Marcos habla de un ciego, da su nombre y dice que Jesús lo sanó cuando salía de Jericó (Marcos 10:46). Mateo habla de dos ciegos sanados cuando Jesús salía de Jericó (Mateo 20:30). Lucas dice que ocurrió cuando Jesús estaba cerca de Jericó, lo cual puede referirse tanto a su entrada como a su salida de la ciudad.
Este pobre ciego estaba sentado junto al camino, pidiendo limosna (Lucas 18:35). No solo era ciego, sino también pobre. No tenía medios para mantenerse ni una familia que cuidara de él. Esto lo convierte en una imagen apropiada de la humanidad, a la que Cristo vino a sanar y salvar. Las personas son miserables porque son pobres y ciegas en las cosas espirituales (Apocalipsis 3:17). Como no podía trabajar para ganarse la vida, tenía que pedir. Quienes, por la providencia de Dios, no pueden ganarse el sustento deben recibir ayuda generosa. No debemos ignorar a quienes se sientan junto al camino y tienen necesidad. Cristo miró con bondad a un mendigo común. Hay estafadores entre quienes piden limosna, pero eso no significa que debamos sospechar de todos.
Cuando oyó el ruido de una multitud que pasaba, preguntó qué significaba aquello (Lucas 18:36). Esto no se nos había dicho antes. Nos enseña que es bueno hacer preguntas y que las personas curiosas a menudo se benefician de ello. Quienes no pueden ver deben aprovechar bien el oído. Si no pueden aprender con sus propios ojos, pueden usar los ojos de otros al preguntar qué está sucediendo. Eso hizo este ciego, y así se enteró de que pasaba Jesús de Nazaret (Lucas 18:37). Es bueno encontrarse en el camino de Cristo. Cuando tenemos la oportunidad de acercarnos a él, no debemos dejarla pasar.
Su oración mostraba tanto fe como un fuerte deseo: «Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí» (Lucas 18:38). Llamó a Cristo Hijo de David, es decir, el Mesías prometido. Creía que Jesús era un Salvador y que tenía poder para ayudarlo. Por eso pidió misericordia con fervor; es decir, perdón, compasión y alivio de su sufrimiento. Cristo es un Rey misericordioso. Quienes acuden a él como el Hijo de David descubrirán que es misericordioso, y piden lo suficiente para sí mismos cuando dicen: «Ten misericordia de nosotros». La misericordia de Cristo incluye todo lo que necesitan.
Quienes de verdad desean las bendiciones de Cristo no se dejarán apartar por la oposición ni por los reproches. Las personas que caminaban con Jesús le dijeron al ciego que se callara, como si estuviera molestando al Maestro. Pensaban que hacía demasiado ruido y que su comportamiento era inapropiado. Pero él siguió pidiendo. Su reproche fue como una represa que bloquea una corriente fuerte y solo hace que el agua suba más. Él gritó todavía más fuerte: «Hijo de David, ten misericordia de mí». Quienes desean tener éxito en la oración deben orar con perseverancia. Esta historia, al final del capítulo, enseña la misma lección que la parábola del principio: debemos orar siempre y no rendirnos.
Cristo recibe de buena gana a los pobres que otros desprecian. Los invita a acercarse a él y está dispuesto a recibirlos con alegría: mandó que llevaran al hombre ante él. Cristo siente más ternura y compasión por las personas afligidas que cualquiera de sus seguidores. Aunque Jesús estaba de camino, se detuvo, permaneció quieto y ordenó que llevaran al hombre ante él. Las mismas personas que antes habían intentado callarlo ahora tuvieron que ayudarlo a acercarse a Cristo.
Aunque Cristo conoce todas nuestras necesidades, aun así quiere que se las contemos (Lucas 18:41). Preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?». Cuando exponemos nuestro caso ante Dios y describimos claramente nuestras necesidades y cargas, aprendemos a valorar la misericordia que estamos buscando. Debemos hacerlo así; de lo contrario, no estamos preparados para recibirla como corresponde. El hombre abrió su corazón delante de Cristo cuando dijo: «Señor, quiero recibir la vista». En la oración, debemos ser así de específicos cuando la necesidad es específica.
La oración de fe, cuando es guiada por las promesas alentadoras de Cristo y se basa en ellas, no fracasará (Lucas 18:42). No solo recibirá una respuesta que trae paz, sino que también dará gloria a Dios. Cristo dijo: «Recibe la vista; tu fe te ha salvado». La verdadera fe conduce a una oración ferviente y, juntas, traen abundantes bendiciones de Cristo. Esas bendiciones son especialmente dulces cuando llegan de esa manera, cuando somos salvos por la fe.
Siempre debemos dar gracias por la gracia de Cristo, para la gloria de Dios (Lucas 18:43). Primero, el hombre cuya vista había sido restaurada siguió a Cristo y glorificó a Dios. Cristo vivió para glorificar a su Padre, y quienes recibieron sanidad de él le agradaban especialmente cuando alababan a Dios. Del mismo modo, quienes honran a Cristo agradan más a Dios. Confesar que Jesús es el Señor da gloria a Dios Padre. Seguir a Cristo, como lo hizo este hombre después de que sus ojos fueron abiertos, también da gloria a Dios. Segundo, las personas que presenciaron lo ocurrido no pudieron evitar alabar a Dios, quien había dado tal poder al Hijo del Hombre y, por medio de él, había mostrado tanta bondad a los seres humanos. También debemos alabar a Dios por sus misericordias hacia otras personas, además de agradecerle por las misericordias que recibimos nosotros.
De este capítulo
Lucas 18:1
"Jesús les contó una parábola para enseñarles que debían orar siempre sin desanimarse."
Lucas 18:2
"Les dijo: En un pueblo había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres."
Lucas 18:3
"En ese mismo pueblo también había una viuda que tenía un pleito y acudió al juez para pedirle justicia contra su adversario."
Lucas 18:4
"Durante mucho tiempo, el juez no quiso atenderla, pero después pensó: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres,"
Lucas 18:5
"como esta viuda no deja de molestarme, voy a defenderla para que no siga viniendo y termine con mi paciencia.”"
Lucas 18:6
"Y el Señor añadió: Esto es lo que dijo el juez malo."
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