Versículo destacado
Levítico 15:19 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando una mujer tenga su período normal de menstruación, será considerada impura durante siete días. Cualquiera que la toque será considerado impuro hasta el anochecer. "
Levítico 15:19
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
17 Toda ropa o cuero sobre el que caiga parte del semen deberá lavarse con agua y quedará impuro hasta el anochecer.
18 Si un hombre y una mujer tienen relaciones sexuales, ambos deberán lavarse con agua y quedarán impuros hasta el anochecer.
19 Cuando una mujer tenga su período normal de menstruación, será considerada impura durante siete días. Cualquiera que la toque será considerado impuro hasta el anochecer.
20 Todo aquello sobre lo que ella se acueste durante su período de menstruación será considerado impuro. Todo aquello sobre lo que se siente será considerado impuro.
21 Cualquiera que toque el lugar donde ella se haya acostado deberá lavar su ropa y lavarse con agua, y será considerado impuro hasta el anochecer.
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Este pasaje trata sobre la impureza ceremonial que las mujeres experimentaban debido a ciertos flujos corporales. Algunos eran normales y formaban parte de la vida natural (Levítico 15:19-24). Otros eran anormales, excesivos y señales de enfermedad. Un ejemplo es el de la mujer que padeció un flujo de sangre durante doce años y fue sanada cuando tocó el borde del manto de Cristo. Había gastado todo lo que tenía en médicos y medicinas, pero nada la había ayudado. Ese flujo hacía impura a la mujer (Levítico 15:25), y todo lo que ella tocaba también quedaba impuro (Levítico 15:26-27). Si se recuperaba y, después de siete días de comprobación, se confirmaba que estaba completamente libre del flujo, debía llevar dos tórtolas o dos pichones para su purificación y hacer expiación por ella (Levítico 15:28-29).
Toda conducta perversa, especialmente la idolatría, se compara con la impureza de una mujer durante su período menstrual (Ezequiel 36:17). De manera semejante, se dice que Jerusalén tenía «suciedad en sus vestidos» (Lamentaciones 1:9), por lo que, como afirma el versículo siguiente, fue tratada como una mujer impura. Esta imagen busca mostrar cuán aborrecible es el pecado ante los ojos de Dios.
Las razones de estas leyes, que quizá nos parezcan innecesarias, aparecen en Levítico 15:31. En primer lugar, fueron dadas «para que mantengan a los israelitas apartados de su impureza». Estas leyes se aplicaban solamente a Israel, junto con sus siervos y los extranjeros que se unían al pueblo. De este modo, los israelitas aprendían el honor y el privilegio que tenían. Habían sido apartados para Dios como un pueblo especial, destinado a ser una nación santa y un reino de sacerdotes. Lo que era una contaminación para ellos no tenía el mismo significado para las demás naciones.
También aprendían cuál era su deber. Debían proteger el honor de su santidad y mantenerse alejados de toda contaminación pecaminosa. Si incluso una impureza corporal natural e inevitable podía hacerlos temporalmente incapaces de tener comunión con Dios y con otras personas, entonces los pecados cometidos contra la conciencia —como la borrachera, el adulterio, el fraude y otros semejantes— eran mucho más vergonzosos y corruptores. Esos pecados manchan la mente y la conciencia misma. Y si la impureza ceremonial solo podía quitarse mediante sacrificios y ofrendas, entonces se necesitaba algo mucho mayor para limpiar el alma de la impureza del pecado.
En segundo lugar, estas leyes impedían que murieran en su impureza si se acercaban al santuario estando impuros. Eso los pondría bajo el juicio de Dios. Es peligroso morir en impureza, y somos responsables si eso sucede. La ley de Dios nos advierte claramente contra aquello que nos contamina, y su evangelio ofrece misericordia y limpieza cuando estamos contaminados.
En tercer lugar, estas leyes mostraban un cuidado especial por el honor del tabernáculo, para que nadie se acercara a él en impureza y lo contaminara. Dios usó estas normas para mantener a un pueblo propenso al descuido en un estado constante de temor y reverencia ante su gloria y su presencia en el santuario. Cuando el tabernáculo de Dios estaba entre los seres humanos, era fácil que el pueblo se familiarizara demasiado con las cosas santas, y la familiaridad puede llevar al desprecio. Por eso, la ley consideraba impuras ceremonialmente muchas cosas comunes y hacía que esas situaciones mantuvieran a las personas alejadas del santuario, bajo pena de muerte. Así aprendían a no acercarse a Dios de manera casual, sino con temor humilde, preparación cuidadosa y una preocupación seria por estar aptos para su presencia.
Este pasaje nos enseña, en primer lugar, a agradecerle a Dios que ya no estamos bajo la carga de estas normas externas. Ahora, nada puede destruirnos ni contaminarnos excepto el pecado. Quienes hoy pueden participar de la Cena del Señor no podían entonces comer de las ofrendas de paz. Y la impureza cotidiana que contraemos por nuestras faltas comunes puede limpiarse ahora en privado mediante nuevos actos de arrepentimiento y fe, sin lavarnos con agua ni llevar una ofrenda al tabernáculo.
En segundo lugar, debemos alejarnos cuidadosamente de todo pecado, porque contamina la conciencia. Debemos huir especialmente de los deseos carnales, es decir, de los deseos pecaminosos del cuerpo. Tenemos que mantener nuestro cuerpo en santidad y honor, no entregarlo a deseos vergonzosos que contaminan el alma y luchan contra ella.
En tercer lugar, debemos comprender cuán necesaria es la verdadera santidad si esperamos alcanzar la felicidad futura. Necesitamos que nuestros corazones sean purificados por la fe para poder ver a Dios. Por eso, al preguntar quién puede estar en el lugar santo de Dios, la Escritura responde: «El que tiene las manos limpias y el corazón puro» (Salmo 24:3-4). Porque sin santidad nadie verá al Señor.
De este capítulo
Levítico 15:1
"El Señor habló a Moisés y Aarón y les dijo:"
Levítico 15:2
"Digan a los israelitas lo siguiente: Cuando un hombre tenga flujo de su miembro, ese flujo será impuro."
Levítico 15:3
"La impureza del hombre causada por el flujo existirá tanto si su miembro deja salir el semen como si queda obstruido a causa de este. De todos modos, es impuro."
Levítico 15:4
"Todo lugar donde ese hombre se acueste y donde se derrame su flujo será considerado impuro. Todo objeto sobre el que se siente será considerado impuro."
Levítico 15:5
"Cualquiera que toque el lugar donde ese hombre se acostó deberá lavar su ropa y lavarse con agua, y será considerado impuro hasta el anochecer."
Levítico 15:6
"Cualquiera que se siente sobre el objeto donde ese hombre se haya sentado deberá lavar su ropa y lavarse con agua, y será considerado impuro hasta el anochecer."
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