Versículo destacado
Jueces 8:22 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Entonces los israelitas le dijeron: —Ya que tú nos has librado del poder de los madianitas, queremos que tú y tus descendientes nos gobiernen. "
Jueces 8:22
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
20 Enseguida le ordenó a Jéter, su hijo mayor: —¡Levántate y mátalos! Pero Jéter todavía era muy joven y no se atrevió a sacar su espada.
21 Entonces Zébah y Salmuná le dijeron a Gedeón: —¡Pues mátanos tú! ¡Al hombre se le conoce por su valentía! Gedeón se levantó y los mató, y tomó los adornos que llevaban al cuello los camellos de Zébah y Salmuná.
22 Entonces los israelitas le dijeron: —Ya que tú nos has librado del poder de los madianitas, queremos que tú y tus descendientes nos gobiernen.
23 Pero Gedeón les respondió: —Ni yo ni mi hijo los gobernaremos a ustedes. El Señor será quien los gobierne.
24 Lo que sí quiero es pedirles que me den los anillos que han capturado. Los soldados enemigos usaban esos anillos de oro porque eran gente del desierto.
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Aquí vemos la humildad de Gedeón después de su gran victoria, cuando rechazó el gobierno que el pueblo le ofrecía.
Primero, el pueblo hizo bien en ofrecérselo. Dijeron: «Gobierna sobre nosotros, porque nos has librado» (Jueces 8:22). Pensaban que era justo que el hombre que había enfrentado el peligro y realizado el esfuerzo para rescatarlos recibiera también el honor y la autoridad propios del liderazgo. Además, habían visto claramente que Dios estaba con Gedeón en aquella crisis. Podemos aplicar esto al Señor Jesús: él nos ha rescatado de nuestros enemigos espirituales, los peores y más peligrosos, así que es justo que gobierne sobre nosotros. Nadie puede gobernarnos mejor que aquel que cuenta con el favor del cielo y tiene tanta bondad hacia este mundo. Hemos sido librados para servirle sin temor (Lucas 1:74-75).
Segundo, Gedeón hizo bien en rechazar la oferta. Dijo: «Yo no gobernaré sobre ustedes» (Jueces 8:23). Lo que había hecho tenía como propósito servir al pueblo, no engrandecerse a sí mismo. Su objetivo era que ellos estuvieran seguros, en paz y felices, no exaltarse. No trataba de establecer un poder para sí mismo, ni quería transmitirlo a su familia: «Mi hijo tampoco gobernará sobre ustedes. El Señor gobernará sobre ustedes». Esto muestra su humildad y lo poco que pensaba de su propia importancia. Creía que el honor de hacer el bien era recompensa suficiente. También muestra su respeto por el gobierno de Dios. No aceptaría para sí ningún honor que perteneciera únicamente a Dios. Si el pueblo ya se estaba apartando del gobierno directo de Dios y buscaba un rey como las demás naciones, Gedeón no los ayudaría a hacerlo bajo la autoridad de su propio nombre. Ningún hombre bueno se complace en recibir un honor que le quite a Dios lo que le pertenece: «¿Fueron bautizados en el nombre de Pablo?» (1 Corintios 1:13).
III. El celo menos sensato de Gedeón por mantener vivo el recuerdo de esta victoria mediante la fabricación de un efod con lo mejor del botín.
Pidió a los hombres de Israel que le dieran los aretes que habían tomado del enemigo, pues los soldados derrotados llevaban muchos de ellos. Los pidió quizá porque eran de oro de la mejor calidad y apropiados para un uso sagrado, o porque en otro tiempo se habían usado con algún propósito supersticioso que él valoraba demasiado. En una ocasión, Aarón había pedido aretes para fabricar el becerro de oro (Éxodo 32:2), y aquí Gedeón pidió aretes (Jueces 8:24). El pueblo se los entregó con gusto, pues ya le había ofrecido una corona y difícilmente rechazaría esta petición (Jueces 8:25). También añadió el botín que había tomado de los reyes de Madián, el cual parece haberle correspondido (Jueces 8:26). Con frecuencia, los líderes recibían la parte más espléndida del botín, incluso las prendas decoradas (Jueces 5:30).
Con todo esto fabricó un efod (Jueces 8:27), una vestidura sagrada que usaban los sacerdotes. La idea quizá parecía bastante razonable. Tal vez quería conservar en su propia ciudad un recuerdo permanente de una victoria tan grande. Pero fue muy imprudente convertir ese recuerdo en un objeto sagrado. Quiero interpretar de la mejor manera posible las acciones de un hombre bueno, y Gedeón ciertamente era un hombre bueno. Aun así, hay razones para pensar que este efod tenía relacionado, como sucedía con frecuencia, algún ídolo o imagen doméstica (Oseas 3:4). Como ya había construido un altar por mandato de Dios (Jueces 6:26), aunque equivocadamente pensaba que todavía podía usarlo para ofrecer sacrificios, quizá quiso que este efod sirviera como un objeto de consulta, algo que la gente buscara cuando necesitara dirección. Eso es lo que piensan algunos comentaristas entendidos.
Ahora cada tribu actuaba cada vez más por su cuenta, y el pueblo estaba demasiado dispuesto a mantener su religión cerca de casa. En el libro de Jueces se habla muy poco de Silo, donde estaba el arca. A veces por permiso de Dios, y mucho más a menudo por el pecado humano, la ley que exigía adorar en un solo altar no se obedecía con el debido cuidado. Lo mismo sucedió después, incluso en los días de reyes buenos, cuando no se quitaron los lugares altos. Esto nos ayuda a entender que la ley apuntaba más adelante, hacia Cristo, por cuya mediación —es decir, por su obra como aquel que une a Dios y a las personas— toda nuestra adoración es aceptada.
Así que Gedeón pecó al fabricar este efod, aunque sus intenciones fueran buenas. Silo no estaba lejos, pero se encontraba en el territorio de Efraín, y esa tribu lo había ofendido recientemente (versículo 1). Por eso quizá prefirió tener algo más cercano para consultar en busca de dirección. Sin importar cuán sinceramente pudo haber comenzado aquello, y aunque al principio pareciera causar poco daño, con el tiempo se volvió peligroso. Israel comenzó a seguir el efod en lugar del altar y el sacerdocio establecidos por Dios. El pueblo se inclinó hacia la adoración falsa, en parte porque las personas siempre están deseosas de cambios, y en parte porque podían justificar su respeto por aquel efod diciendo que el propio Gedeón lo había establecido. Con el tiempo, ese respeto se volvió cada vez más supersticioso. Muchas personas son conducidas al error por un solo paso equivocado que da un hombre bueno. El pecado suele comenzar, especialmente la idolatría y la religión inventada por los seres humanos, como el agua que se abre paso al romperse un dique. Por eso es necesario detenerlo antes de que cobre fuerza. También se convirtió en una trampa para Gedeón mismo. En su vejez, debilitó su celo por la casa de Dios y causó un daño aún mayor a su familia, que fue arrastrada al pecado por medio de aquel objeto, hasta contribuir a la ruina de todo el hogar.
Gedeón también dio paz a Israel (Jueces 8:28). Los madianitas, que tanto los habían afligido, nunca volvieron a molestarlos. Gedeón no quiso tomar el título ni el poder de un rey, pero gobernó como juez e hizo todo el bien que pudo por su pueblo. La tierra tuvo paz durante cuarenta años. Hasta este momento, los períodos de los jueces de Israel habían seguido con frecuencia el número cuarenta. Otoniel juzgó durante cuarenta años; Aod, durante ochenta, es decir, dos períodos de cuarenta; Barac, durante cuarenta; y ahora Gedeón, durante cuarenta. Dios parece haber dispuesto las cosas de esta manera para recordarles los cuarenta años que sus antepasados pasaron vagando por el desierto: «Durante cuarenta años estuve enojado con aquella generación» (Salmo 95:10). Véase también Ezequiel 4:6. Después de esto, Elí gobernó durante cuarenta años (1 Samuel 4:18); Samuel y Saúl, cuarenta años cada uno (Hechos 13:21); David, cuarenta; y Salomón, cuarenta. Cuarenta años equivalen aproximadamente a la duración de una generación.
De este capítulo
Jueces 8:1
"Los de la tribu de Efraín se enojaron y discutieron con Gedeón porque él no los había mandado llamar cuando salió a luchar contra los madianitas."
Jueces 8:2
"Pero él les respondió: —¿No se dan cuenta de que ustedes hicieron aún más de lo que yo hice? Lo poco que ustedes hicieron vale más que lo mucho que hicimos nosotros."
Jueces 8:3
"Dios les entregó a Oreb y a Zeeb, los jefes madianitas. ¿Qué hice yo que pueda compararse con lo que ustedes hicieron? Cuando los de Efraín oyeron estas palabras de Gedeón, se les pasó el enojo contra él."
Jueces 8:4
"Gedeón y sus trescientos hombres llegaron al Jordán y lo cruzaron, aunque estaban agotados de tanto perseguir al enemigo."
Jueces 8:5
"En Sucot, Gedeón les pidió a los que vivían allí: —Por favor, den algo de comer a los que vienen conmigo, porque están agotados. Estamos persiguiendo a los reyes madianitas Zébah y Salmuná."
Jueces 8:6
"Pero los jefes de Sucot le respondieron: —¿Acaso ya has capturado a Zébah y Salmuná para que alimentemos a tu ejército?"
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