Versículo destacado

Josué 9:3 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Sin embargo, los heveos que vivían en Gabaón supieron lo que Josué había hecho con las ciudades de Jericó y de Ai, "

Josué 9:3

menu_book El versículo en contexto

1 Los reyes hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos se enteraron de lo sucedido. (Estos reyes vivían en la orilla occidental del río Jordán, en las montañas, en la llanura y a lo largo de toda la costa del mar Mediterráneo hasta las regiones del Líbano.)

2 Entonces todos ellos se pusieron de acuerdo y se aliaron para enfrentarse con Josué y los israelitas.

3 Sin embargo, los heveos que vivían en Gabaón supieron lo que Josué había hecho con las ciudades de Jericó y de Ai,

4 y decidieron engañarlo. Se pusieron en camino, cargando sobre sus asnos costales y cueros de vino viejos, rotos y remendados;

5 también se pusieron ropa y sandalias viejas y remendadas, y llevaron para el camino únicamente pan seco y mohoso.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Los gabaonitas quisieron hacer las paces con Israel porque les había asustado el informe sobre la destrucción de Jericó (Josué 9:3). Otros escucharon la misma noticia y se animaron a luchar contra Israel. Pero los gabaonitas la oyeron y decidieron buscar la paz. En esto vemos que el mismo mensaje del evangelio, que manifiesta la gloria y la gracia de Dios, produce vida en unos y juicio en otros (2 Corintios 2:16). El mismo sol derrite la cera y endurece el barro.

La Escritura no menciona aquí a ningún rey de Gabaón. Si hubieran estado gobernados por un solo hombre poderoso, quizá su orgullo le habría impedido someterse a Israel y lo habría llevado a unirse a los otros reyes para luchar contra ellos. Pero estas cuatro ciudades aliadas, mencionadas más adelante (Josué 9:17), parecen haber sido gobernadas por ancianos o líderes (Josué 9:11). A ellos les importaba más la seguridad del pueblo que su propio honor. Los gabaonitas actuaron sabiamente para preservar su vida.

También usaron un plan ingenioso para salvarse. Sabían que todos los pueblos de Canaán estaban destinados a la destrucción. Es posible que algunos espías, entre quienes se habían reunido en el monte Ebal, hubieran escuchado la lectura de la ley y les hubieran comunicado el mandato de Israel (Deuteronomio 7:1-3). A Israel se le había ordenado no mostrar misericordia a los cananeos ni hacer pacto con ellos. Eso hizo que los gabaonitas tuvieran miedo de luchar y también significaba que no podían esperar ningún beneficio de una negociación abierta. Por eso, la única opción que les quedaba era disfrazarse y hacerle creer a Josué que venían de una tierra muy lejana, una tierra con la que Israel sí podía hacer la paz, o incluso tenía la obligación de ofrecerla (Deuteronomio 20:10, Deuteronomio 20:15). Si no lograban ser recibidos con ese pretexto, correrían la misma suerte que Jericó y Hai.

Aunque los gobernantes vecinos sabían que los hombres de Gabaón eran fuertes (Josué 10:2), y los propios gabaonitas también lo sabían, aun así no se atrevieron a oponerse a Israel, porque el Dios Todopoderoso estaba de parte de Israel.

Llevaron a cabo su plan con mucha habilidad. Se presentaron como embajadores de una nación extranjera, pensando que eso halagaría a los líderes de Israel. A menudo, a las personas les agrada recibir honores de quienes vienen de tierras lejanas, como más tarde le agradó a Ezequías recibir visitantes de un país distante (Isaías 39:3). También fingieron haber hecho un viaje muy largo y mostraron lo que parecían ser pruebas de ello. En aquellos días, los viajeros solían llevar su propia comida, a diferencia de los numerosos hoteles y posadas que tenemos ahora, por los cuales debemos estar agradecidos. Sus provisiones parecían viejas y desgastadas, aunque afirmaban que antes habían sido frescas. Sus sacos estaban gastados, sus odres de vino rotos, y sus sandalias y ropa se veían más viejas que las de los israelitas después de cuarenta años; su pan estaba mohoso (Josué 9:4-5, Josué 9:12-13).

De esta manera, el pueblo de Dios ha sido engañado muchas veces por algo que solo aparentaba ser antiguo. Como dijo el obispo Hall, los errores no son más antiguos solo porque se les hayan puesto remiendos para que parezcan viejos. Quien se deja engañar por esta artimaña de los gabaonitas no ha buscado el consejo de Dios. De manera semejante, algunas personas usan señales de pobreza y angustia para parecer necesitadas, aunque todavía poseen riquezas (Proverbios 13:7). Así desvían la ayuda de quienes realmente la necesitan.

Cuando los israelitas sospecharon que algo no estaba bien y preguntaron de dónde venían, los gabaonitas evitaron cuidadosamente mencionar su tierra hasta que se hubiera hecho el acuerdo. Los hombres de Israel percibieron el engaño y dijeron: «Tal vez ustedes viven entre nosotros, y entonces no podemos hacer un pacto con ustedes» (Josué 9:7). Esa advertencia podría haberlos detenido, pero los gabaonitas sabían que no tenían esperanza si permanecían firmes. Por eso, con valentía, eligieron rendirse. Parecían razonar que Israel quizá les perdonaría la vida, aunque la promesa se hubiera obtenido mediante engaño; y, si no, de todos modos morirían.

Josué también los interrogó: «¿Quiénes son ustedes y de dónde vienen?». Sabía que debía protegerse contra el engaño, no solo contra un ataque abierto. Nosotros también debemos estar atentos a las artimañas del diablo en el conflicto espiritual, porque él es tanto una serpiente astuta como un león rugiente. En todas nuestras amistades y alianzas debemos examinar primero y confiar después, para no lamentar más tarde los acuerdos hechos con demasiada rapidez.

Aun así, ellos no quisieron decir de qué país venían. Continuaron repitiendo que habían llegado de una tierra muy lejana (Josué 9:9). Querían que Josué pensara que era un lugar desconocido para él y que, por lo tanto, no podría comprobar su historia.

También hablaron con respeto del Dios de Israel para ganarse el favor de Josué. Podemos creer caritativamente que fueron sinceros en esta parte de su discurso: «Hemos venido por causa del nombre del SEÑOR su Dios» (Josué 9:9). Habían oído hablar de ese nombre, y lo que habían escuchado los convenció de que estaba por encima de todo otro nombre. Querían ese nombre y su protección.

También recordaron cosas que Dios había hecho en tiempos de Moisés, noticias que probablemente ya habían llegado a países lejanos. Mencionaron las plagas de Egipto y la destrucción de Sehón y Og (Josué 9:9-10), pero no dijeron nada acerca de Jericó y Hai, aunque esos acontecimientos eran la verdadera razón de su llegada (Josué 9:3). Querían que Josué pensara que habían salido de su tierra antes de que ocurrieran aquellas victorias. En realidad, nunca faltan razones para someternos al Dios de Israel, ya sea por sus obras antiguas o por las nuevas.

Por fin se rindieron de manera general y dijeron: «Somos sus siervos». Luego pidieron un pacto: «Hagan un pacto con nosotros» (Josué 9:11).

No discutieron condiciones especiales, sino que se alegraron de obtener la paz bajo cualquier condición. También sabían que no podían perder tiempo, porque la demora podía dejar al descubierto su engaño. Querían que el acuerdo se estableciera de inmediato. Si Josué hacía un tratado con ellos, habrían conseguido lo que buscaban, y esperaban que sus ropas rotas y sus sandalias remendadas no fueran tomadas en su contra. Dios e Israel no rechazan a nadie por ser pobre.

Aun así, en lo que hicieron hubo tanto algo bueno como algo malo. Su engaño no puede defenderse ni debe usarse como ejemplo. Nunca debemos hacer el mal para que venga el bien. Si hubieran reconocido honestamente dónde vivían, hubieran renunciado a la idolatría de su tierra y hubieran entregado su país a Israel y sus propias vidas al Dios de Israel, es razonable pensar que Josué habría recibido de Dios la dirección para perdonarles la vida. Entonces no habrían necesitado esas mentiras.

Vale la pena notar que, una vez que dijeron: «Hemos venido de una tierra muy lejana» (Josué 9:6), tuvieron que repetirlo (Josué 9:9), y después tuvieron que inventar más mentiras acerca de su pan, sus odres de vino y su ropa (Josué 9:12, Josué 9:13). Una mentira lleva a otra, y luego a otra más. Ese camino siempre va cuesta abajo.

Pero su fe y su sentido común merecen un reconocimiento sincero. Nuestro Señor incluso elogió al administrador deshonesto porque había actuado sabiamente pensando en su futuro (Lucas 16:8). Al someterse a Israel, aquellos hombres también se estaban sometiendo al Dios de Israel. Eso significaba apartarse de los dioses falsos a los que habían servido y aceptar la verdadera religión de la ley de Dios.

Habían escuchado lo suficiente para convencerse del gran poder del Dios de Israel. A partir de eso, también podían reconocer su sabiduría y su bondad. ¿Y qué podría ser mejor que entregarnos a la sabiduría perfecta y ponernos bajo la misericordia de un Dios perfectamente bueno?

Su sometimiento fue especialmente digno de reconocimiento porque fue inusual. Sus vecinos tomaron otro camino y esperaban que ellos se unieran a la lucha. También fue rápido. No esperaron hasta que Israel hubiera rodeado sus ciudades, porque entonces habría sido demasiado tarde para pedir la paz. Se acercaron mientras Israel todavía estaba lejos y solicitaron las condiciones de paz en ese momento.

La manera de escapar del juicio es enfrentarlo con arrepentimiento. Sigamos el ejemplo de estos gabaonitas y hagamos las paces con Dios vestidos con los harapos de la humildad, el dolor piadoso y el abandono del pecado, para que nuestro pecado no sea nuestra ruina. Convirtámonos en siervos de Jesús, nuestro bendito Josué, y hagamos un pacto con él y con el Israel de Dios; así viviremos.

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