Versículo destacado
Juan 10:19 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando los judíos oyeron estas palabras, volvieron a dividirse. "
Juan 10:19
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
17 El Padre me ama porque yo doy mi vida para volver a recibirla.
18 Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que mi Padre me ordenó.
19 Cuando los judíos oyeron estas palabras, volvieron a dividirse.
20 Muchos de ellos decían: —¿Por qué le hacen caso, si tiene un demonio y está loco?
21 Pero otros decían: —Nadie que tenga un demonio puede hablar así. ¿Acaso un demonio puede darles la vista a los ciegos?
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Aquí leemos acerca de las distintas opiniones que la gente tenía sobre Cristo después de escuchar sus palabras. Hubo una división entre ellos porque no estaban de acuerdo acerca de él, y esto despertó fuertes sentimientos y formó bandos opuestos. Ya habían experimentado divisiones de este tipo (Juan 7:43; Juan 9:16), y cuando una división ocurre una vez, a menudo vuelve a ocurrir. Es más fácil provocar una ruptura que sanarla.
Esta división surgió por las cosas que Cristo dijo. Uno pensaría que sus palabras los habrían unido a todos alrededor de él como su centro, pero, en cambio, hicieron que unos se enfrentaran con otros, tal como Cristo había advertido (Lucas 12:51). Sin embargo, es mejor que las personas estén divididas por causa de la enseñanza de Cristo que unidas al servicio del pecado (Lucas 11:21). Veamos ahora cuál era el argumento.
Algunos hablaron mal de Cristo y de sus palabras. Es posible que lo hayan dicho abiertamente delante de la multitud, pues sus enemigos actuaban con atrevimiento, o quizá lo dijeron entre ellos. Dijeron: «Tiene un demonio y está loco. ¿Por qué lo escuchan?». Primero, lo insultaron como si estuviera poseído por un demonio. A menudo, las peores etiquetas se lanzan contra las mejores personas. Lo trataron como a un demente, como alguien que hablaba desvaríos y no valía la pena escuchar, semejante a una persona internada en una institución psiquiátrica. Aun hoy, cuando alguien habla con seriedad y sinceridad acerca de la vida venidera, algunos pueden llamarlo fanático y decir que sus acciones son producto de una mente alterada o de una imaginación descontrolada.
Segundo, se burlaron de quienes lo escuchaban: «¿Por qué lo oyen? ¿Por qué siguen prestándole atención?». Satanás arruina a muchas personas haciéndolas despreciar la palabra de Dios y las ordenanzas del culto, como si fueran cosas débiles y absurdas a las que no valiera la pena prestar atención. La gente no permitiría que se burlaran de ella hasta hacerla renunciar a los alimentos que necesita para el cuerpo, pero a menudo permite que la ridiculicen hasta apartarla de lo que su alma necesita aún más. Quienes escuchan a Cristo y confían en lo que oyen pronto podrán dar una buena razón de por qué lo escuchan.
Otros defendieron a Cristo y lo que había dicho. Aunque la multitud estaba en su contra, se atrevieron a ponerse del otro lado. Tal vez todavía no creían en él como el Mesías, pero no podían soportar que lo trataran con tanta vergüenza. Si no podían decir nada más, al menos podían afirmar que él estaba cuerdo, que no tenía un demonio, que no era necio ni malvado. Los ataques duros e injustos contra Cristo y su evangelio muchas veces han impulsado incluso a quienes sentían poco afecto personal por ellos a hablar en su defensa.
Dieron dos razones. Primero, señalaron la bondad de su enseñanza: «Estas no son palabras de alguien que tiene un demonio». Sus palabras no eran vacías. Una mente perturbada normalmente no habla de esa manera. No eran las palabras de alguien controlado por un demonio ni aliado con él. Si el cristianismo fuera falso, sería el mayor engaño que jamás se hubiera presentado al mundo, y entonces tendría que proceder del diablo, el padre de la mentira. Pero es evidente que la enseñanza de Cristo no es una enseñanza de demonios, porque ataca directamente el reino del diablo, y Satanás es demasiado astuto como para trabajar contra sí mismo. Hay tanta santidad en las palabras de Cristo que podemos reconocer que no son las palabras de alguien que tiene un demonio. Por tanto, son las palabras de alguien enviado por Dios: no vienen del infierno, sino del cielo.
Segundo, señalaron sus milagros: «¿Acaso un demonio, o una persona que tiene un demonio, puede abrirles los ojos a los ciegos?». Ni los dementes ni las personas malvadas pueden hacer milagros. Los demonios no tienen autoridad sobre el poder de la naturaleza de una manera que les permita realizar maravillas semejantes. Y aunque pudieran hacerlo, no serían amigos de la humanidad ni escogerían hacer tal bien. Es más probable que el diablo ciegue a las personas en vez de abrirles los ojos. Por lo tanto, Jesús no tenía un demonio.
De este capítulo
Juan 10:1
"Entonces Jesús dijo: Les aseguro que quien no entra por la puerta en el redil de las ovejas es un ladrón y un bandido."
Juan 10:2
"Pero quien entra por la puerta es el pastor que cuida las ovejas."
Juan 10:3
"El portero le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre; las ovejas reconocen su voz, y él las saca del redil,"
Juan 10:4
"y cuando todas han salido, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz."
Juan 10:5
"En cambio, no siguen a un desconocido, sino que huyen de él, porque no reconocen su voz."
Juan 10:6
"Jesús les presentó esta comparación, pero ellos no entendieron lo que quería decirles."
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