Versículo destacado
Jeremías 49:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Mensaje del Señor todopoderoso acerca de Edom: ¿Ya no hay sabiduría en Temán? ¿Ya no saben qué hacer los inteligentes? ¿Se echó a perder su sabiduría? "
Jeremías 49:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Pues bien, de todas partes voy a enviar terror sobre ti. Yo, el Señor todopoderoso, lo afirmo. Cada uno de ustedes saldrá corriendo por su lado, y no habrá nadie que los vuelva a reunir.
6 Pero después cambiaré la suerte de los amonitas. Yo, el Señor, lo afirmo.
7 Mensaje del Señor todopoderoso acerca de Edom: ¿Ya no hay sabiduría en Temán? ¿Ya no saben qué hacer los inteligentes? ¿Se echó a perder su sabiduría?
8 ¡Habitantes de Dedán, salgan corriendo, vayan a esconderse! Porque voy a destruir el pueblo de Esaú; ha llegado el tiempo en que voy a castigarlo.
9 Cuando se cosechan las uvas, se dejan algunos racimos; cuando por la noche llegan ladrones, solo se llevan lo que necesitan.
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Los edomitas son el siguiente pueblo que recibirá el juicio de Dios por medio de Jeremías. Durante mucho tiempo habían sido enemigos del pueblo de Dios, pero ahora se acerca, y está muy cerca, el momento de rendir cuentas. Esta advertencia no es solo para Edom, sino también para consuelo del pueblo de Dios, cuyo sufrimiento se agravó por la alegría de Edom ante su caída (Salmo 137:7).
Muchas de las palabras de esta profecía sobre Edom provienen de la profecía de Abdías, que también trata sobre Edom. Esto es apropiado, porque todos los profetas fueron guiados por un mismo Espíritu, y por eso sus mensajes concuerdan de una manera maravillosa. Aquí Jeremías anuncia dos cosas principales.
Primero, la tierra de Edom quedará arruinada y deshabitada. Dios traerá sobre ellos el desastre que se ganaron por sus antiguos pecados, y ese momento está cerca (Jeremías 49:8). Cuando Dios los llame a cuentas, huirán de la espada, retrocederán ante la batalla y se esconderán en cuevas profundas. El conquistador se llevará todo lo que poseen. Los que recogen uvas suelen dejar algunos frutos, e incluso los ladrones saben cuándo detenerse; pero quienes destruyan a Edom nunca quedarán satisfechos (Jeremías 49:9-10).
Edom será despojado por completo. Los invasores perseguirán hasta los tesoros escondidos y buscarán los lugares donde Edom creía que su riqueza estaba segura. Nada de lo que poseen, ni nadie de sus familias, estará a salvo. No podrán esconderse, y sus hijos también serán llevados cautivos. Sus vecinos, los moabitas y los filisteos, que quizá podrían haberlos ayudado o refugiado, también serán quebrantados y no podrán prestarles ayuda.
Jeremías dice que no quedará nadie que diga: «Deja a tus hijos huérfanos, y yo los mantendré con vida» (Jeremías 49:11). No quedará ningún pariente, amigo ni autoridad pública que cuide de las viudas y los hijos que queden atrás. Edom desaparecerá, y no habrá nadie que se haga cargo de los huérfanos. Si un padre es llevado, resulta consolador dejar a su familia bajo el cuidado de un amigo de confianza. Pero Edom no tendrá esa ayuda, porque todos sufrirán el mismo desastre.
La antigua versión caldea entiende estas palabras como una promesa de Dios para su propio pueblo, distinguiéndolo de Edom en medio del juicio. En esencia, dice que Israel no quedará sin cuidado, porque Dios mismo preservará a sus hijos y cuidará de sus viudas. Cualquiera que sea el destino de las viudas y los huérfanos de Edom, Dios cuidará de los de su pueblo. Esto es un profundo consuelo para los creyentes. Cuando estén cerca de la muerte, podrán dejar a su familia en las manos de Dios, confiar en que él la preservará y descansar en él, aunque no puedan prometerle una vida de prosperidad material.
Edom solo debe esperar ruina y vergüenza, porque Dios ya ha pronunciado su decreto. Ha jurado por sí mismo que sus ciudades serán destruidas y quedarán convertidas en ruinas permanentes (Jeremías 49:13). Aunque antes parecían poderosos, Dios los hará pequeños entre las naciones. Los que despreciaron al pueblo de Dios serán despreciados ellos mismos (Jeremías 49:15; Abdías 1:2). Su ruina será tan grande que la gente se asombrará al verla, y Edom se convertirá en una advertencia y un motivo de terror (Jeremías 49:17). Edom será como Sodoma y Gomorra: un lugar tan espantoso que nadie querrá vivir allí ni siquiera acercarse a sus ruinas (Jeremías 49:18).
Segundo, los instrumentos de esta destrucción serán audaces y poderosos. Vendrán con la comisión del propio Dios. Jeremías dice que ha escuchado un mensaje del SEÑOR y que un mensajero es enviado a las naciones para reunirlas contra Edom (Jeremías 49:14). El propósito de Dios está establecido. Su plan contra Edom ha sido determinado, y nadie puede resistirlo (Jeremías 49:20). Dios ha decidido que Edom quedará desolado, y el poder usado para hacerlo llegará con rapidez y fuerza.
Esto señala a Nabucodonosor. Vendrá como un león, feroz y hambriento, especialmente como un león expulsado de su refugio por la crecida del Jordán (Jeremías 49:19). Llegará rugiendo para devorar todo lo que encuentre a su paso. Atacará sus fortalezas y castillos, y Dios dice que lo traerá de repente a la tierra, de modo que los edomitas no estarán preparados. Dios escogerá al hombre adecuado para realizar esa tarea, un hombre capacitado para ella. Cuando Dios tiene una obra que hacer, sabe cómo encontrar los instrumentos apropiados.
Nadie puede desafiar a Dios ni fijarle el momento de actuar. Nadie puede enfrentarse a él cuando envía su juicio, así como ningún pastor podría detener a un león enviado contra su rebaño. Si Dios decide destruir a Edom y expulsarlo de su tierra, incluso el soldado más débil del ejército de Nabucodonosor será suficiente para hacerlos salir de sus escondites (Jeremías 49:20). El siervo de menor rango en ese campamento ayudará a obligarlos a huir o rendirse, y sus hogares quedarán desolados. Dios puede realizar las obras más grandes por medio de los recursos menos esperados. Cuando el ejército caldeo ataque a Edom, se usará toda mano, y hasta el soldado de menor rango tendrá una parte en su caída.
Nabucodonosor vendrá no solo como un león, el rey de las bestias, sino también como un águila, el rey de las aves (Jeremías 49:22). Se lanzará rápidamente sobre su presa y con gran fuerza, y extenderá sus alas sobre Bosra, la ciudad principal de Edom, para apoderarse de ella, como en Jeremías 48:40. De inmediato, el valor de los guerreros más poderosos desfallecerá, porque verán que se enfrentan a un enemigo al que no pueden resistir.
Los edomitas habían puesto su confianza en su sabiduría, pero esta no les serviría de nada. Esto es lo primero que se ataca en esta profecía contra Edom (Jeremías 49:7). Esa nación era conocida desde hacía mucho tiempo por sus sabios, y se consideraba que sus líderes tenían gran habilidad política. Sin embargo, ahora tomarían decisiones tan malas y fracasarían de tal manera en todos sus planes que la gente se preguntaría qué había sucedido con los edomitas. ¿Acaso ya no había sabiduría en Temán? ¿Se habían vuelto necios los sabios del oriente (1 Reyes 4:30)? Los que eran considerados tan prácticos quedarían indefensos, y el consejo desaparecería de los hombres entendidos. Eso es lo que sucede cuando Dios se propone derribar a un pueblo, porque al que se dispone a destruir, le quita la capacidad de razonar (Job 12:20). Su sabiduría se desvanecerá, se debilitará y se volverá inútil. Al final, no podrá ayudarlos cuando Dios venga contra ellos.
También confiaban en su fuerza, pero esta no los salvaría (Jeremías 49:16). Habían sido un motivo de terror para todos sus vecinos. Todos les temían y se sometían a ellos, y eso los hizo orgullosos y demasiado confiados. Como ninguna nación cercana se atrevía a desafiarlos, pensaron que ninguna nación en el mundo se atrevería a hacerlo. Gran parte de su territorio era montañoso, con muchos pasos estrechos, y creían que podían defender esos lugares contra cualquier atacante. Pero su temible reputación los engañó, al igual que su creencia de que nadie podía llegar hasta su tierra. No eran tan fuertes como parecían ni estaban tan seguros como se sentían. Aunque se consideraban elevados e inexpugnables, Dios los derribaría, porque no hay sabiduría ni poder capaz de resistir al SEÑOR (Abdías 1:3-4, 1:8).
Su destrucción sería segura y completamente pública. Dios la había determinado (Jeremías 49:12). Lo había dicho e incluso lo había jurado: los edomitas no quedarían sin castigo, sino que beberían la copa del temblor (Jeremías 49:13). Esa copa ya se les había dado a todos sus vecinos, incluso a algunos que merecían menos juicio que Edom. Algunas naciones no habían sido enemigas de Israel como lo había sido Edom, y aun Israel, el pueblo especial de Dios, tenía muchos que guardaban sus mandamientos y podían esperar misericordia. Sin embargo, ellos también habían tenido que beber de esa copa amarga. Entonces, ¿podían los edomitas esperar escapar? No; ciertamente también beberían de ella. Cuando Dios castiga a los menos culpables, es insensato que los más culpables piensen que quedarán libres. Y cuando el juicio comienza por la casa de Dios, también alcanza a los que están fuera.
El mundo entero se enteraría de lo que les sucedería (Jeremías 49:21). La tierra temblaría, y todas las naciones se alarmarían por el estruendo de la caída de Edom. La noticia los haría temblar. El clamor se escucharía hasta el mar Rojo, que bordeaba a Edom. Los gritos de los vencedores y los lamentos de los derrotados serían tan fuertes, y la noticia de la destrucción de Idumea se difundiría tanto, que hasta los barcos en el mar Rojo la escucharían y llevarían el informe hasta las costas más lejanas (1 Reyes 9:26). Cuando caen quienes hicieron mucho ruido con su orgullo y su poder, su ruina produce un estruendo aún mayor.
De este capítulo
Jeremías 49:1
"Mensaje del Señor acerca de Amón: ¿Dónde están los hijos de Israel? ¿Dónde están sus herederos? ¿Por qué el dios Milcom es ahora dueño de Gad? ¿Por qué los amonitas habitan en sus ciudades?"
Jeremías 49:2
"Pues bien, yo, el Señor, afirmo: Va a llegar el día en que haré que la ciudad amonita de Rabá escuche el grito de guerra; se convertirá en un montón de ruinas, y sus poblaciones arderán en llamas. Entonces Israel reconquistará sus ciudades. Yo, el Señor, lo afirmo."
Jeremías 49:3
"¡Gime, Hesbón, pues Ai ha sido destruida! ¡Hagan lamentación, mujeres de Rabá! ¡Vístanse de luto, golpéense el pecho! ¡Corran como locas, hiéranse el cuerpo! Porque el dios Milcom va al destierro con sus sacerdotes y gente importante."
Jeremías 49:4
"¿Por qué te jactas de tu fuerza? Tu fuerza ya se acaba, pueblo rebelde, que confías en las riquezas que has juntado y dices: “¿Quién me va a atacar?”"
Jeremías 49:5
"Pues bien, de todas partes voy a enviar terror sobre ti. Yo, el Señor todopoderoso, lo afirmo. Cada uno de ustedes saldrá corriendo por su lado, y no habrá nadie que los vuelva a reunir."
Jeremías 49:6
"Pero después cambiaré la suerte de los amonitas. Yo, el Señor, lo afirmo."
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